La emoción violenta es una conmoción psicológica que se destaca por su intensidad y se
caracteriza por el arrebato, la obnubilación de la conciencia, la ofuscación y la agitación del
ánimo.
La emoción es el estado de conmoción del ánimo que genera una modificación momentánea
de la personalidad. Dicha emoción debe ser violenta, es decir, llegar a un nivel de intensidad en
el que dificulte considerablemente el control de los impulsos, atenuando la capacidad de
reflexión y disminuyendo los frenos inhibitorios.
Se trata de una disminución pero no una anulación.
Dicha emoción violenta debe obedecer a causas externas al sujeto que la padece, y deben ser
eficientes para producirla. Puede darse por acumulación de antecedentes y no necesariamente
un solo hecho.
El recuerdo de un hecho pasado puede dar lugar a un estado de emoción violenta según el
caso.
El intervalo de tiempo entre la causa y la comisión es un indicio, pero no resulta determinante.
Lo relevante es que haya actualidad de la emoción respecto a la acción homicida.
Debe ser excusable conforme a las circunstancias del caso, es decir, la causa de la emoción
violenta debe ser aquella que comprensiblemente puede suscitar una emoción de esa índole,
aquello razonable, esperable. Lo excusable es la emoción y no la muerte.
No se pretende premiar al hiperemotivo, sino cuando constituye una reacción explicable,
comprensible, de una conciencia normal.