Abril 10, 2014.
El Caballero de la Armadura Oxidada
La novela de Robert Fisher se me hizo muy interesante debido a que me pude identificar
completamente con el caballero, su orgullo y su zona de confort reflejado por su armadura.
También pude proyectar en la paloma y en la ardilla a muchas personas en mi vida como son
mis familiares directos y mejores amigos, los cuales, siempre en cualquier tipo de situación
dura o difícil que he me ha tocado vivir, están conmigo para darme el mejor consejo y apoyo,
y muchas veces por no querer escuchar, por cerrarme en el dolor o no querer salir realmente
del problema no he tomado en serio.
Hay una parte en la lectura en la que el caballero toma una manzana del árbol y comienza a
platicar con Merlín acerca de la ambición y del tiempo que él había dedicado a intentar ser el
mejor caballero del reino, y platicaba de cómo el ser ambicioso por estos logros lo hacía ser
feliz, o que lo que quería conseguir definitivamente lo iba a hacer ser feliz... yo siento que
muchas veces me ha pasado eso. Ser ejecutiva es ver las oportunidades de dinero por todos
lados. Considero que trabajo mucho aún cuando tengo otras prioridades en mi vida como lo
son mi bebé y pasar tiempo con mi familia, y aún así, hace como 6 meses me cambiaron de
sucursal y lugar de trabajo a una a la que va gente de más nivel económico, y por esto mismo
por el tipo de gente que visitaba el banco me empezó a ir mejor en cuanto a rendimiento,
puntos, y dinero que ganaba. Me gustó estar ganando más y tuve una racha en donde hasta
aún cuando no trabajo Sábados, me apuntaba para ir a visitar clientes para darles
invitaciones de préstamos, tarjetas o créditos o ir a alguna otra sucursal a terminar de hacer
llamadas para que tenga prospectos que me visiten durante la semana y cierre ventas. Así
estuve como dos meses hasta que me cansé, físicamente me sentía muy agotada por estar
trabajando casi todos los días de 8 a 8. Ya no descansaba tanto. El primer Sábado que no
trabajé, sentí que estaba perdiendo dinero al no ir al banco ese día, pero estuve todo el día
con mi bebe y mi familia y lo disfruté tanto que hasta me sentí mal de haberme vuelto tan
ambiciosa y de no disfrutar que tengo los Sábados para ellos y en vez de convivir todo el fin
de semana, me la pasaba la mitad trabajando. Mi mamá me recuerda a la paloma en esto
que cuento, ya que ella siempre me preguntaba que para qué estaba trabajando extra, y yo
le contestaba que era para ganar más dinero para comprarle cosas al bebé o para estar
mejor económicamente cuando en realidad, no me hace falta nada, estoy muy bien con lo
que he ganado y con el apoyo de mis papas, pero siempre se aparece de vez en cuando el
diablito de la ambición.
Cuando estaba estudiando la universidad, tenía mucho tiempo libre entre clases o habían
días entre semana que no asistía a la universidad porque no tenía clases programadas para
esos días, y siempre buscaba a dónde ir que no sea mi casa, o alguna fiesta en donde estar, o
estar con algún novio o amigos. Era tanto el tiempo que ocupaba, que no le dediqué tiempo
a mi familia. Hoy que siento que la vida me ha ayudado a madurar, me arrepiento porque
por el trabajo que tengo y el horario que manejo no puedo permitirme por más que quiera
pasar tiempo con ellos, y disfrutarlos como lo pude haber hecho en días pasados. Me aferré
más a estar en fiestas, en viajes con amigos, o en cosas materiales, que en realmente ver,
como dice Merlín en el libro, que las cosas más sencillas son las que producen felicidad. No
disfruté los últimos años de mi abuela por estar ocupada saliendo, ni sus historias de vida y
enseñanzas, siempre me daba consejos pero por prisas no tenía tiempo de escucharla. Y es
difícil voltear hacia atrás y recordar que pude haberle dedicado muchas horas que
desperdicié en momentos que no me dejaron nada, ni un aprendizaje, ni experiencias,
simplemente las considero horas de diversión vacía.
El final de la novela, cuando el caballero se deja caer al abismo, y cuentan que mientras caía
recordó varios momentos de su vida en los que le había echado la culpa a sus padres,
amigos, etc. de sus desgracias, y que mientras caía, veía con mas claridad su vida hasta que
tomó total responsabilidad de sus actos, es la parte que más me impactó, ya que en
momentos de crisis, le he echado la culpa a mi papá de que yo tenga que estar trabajando
tanto y todo el día para ganar dinero, mientras mis amigas con las que crecí no saben lo que
es trabajar porque sus papas las han apoyado en todo económicamente; y esto es algo con
lo que casi diario me peleo, el pensar que mi papá pudo haber hecho las cosas de mejor
manera, que pudo haber sido un poco menos egoísta cuando pensó en rehacer su vida y
dejar de poyarnos, y es un cuento de nunca acabar el estarle echando la culpa de todo lo
que tengo que hacer, o de lo que sufrí y de todo lo que me pasa. Me cuesta aceptar que la
única culpable de mis actos y consecuencias soy yo misma. No entiendo por completo cómo
liberarme de esto que no considero dolor porque considero que ya lo pasé, o ya no tiene
tanta importancia ni es tanto drama como era antes, pero sí lo recuerdo cuando necesito
buscar respuestas o cuando se me juntan muchas cosas o siento el estrés del trabajo que se
combina con el estrés familiar, cuestiones de tiempo, etc. Y sí, siento que lo que necesito es
poder dejarme caer como el caballero y liberarme de todos esos prejuicios que me hacen
daño y sigo cargando pero no he logrado soltarlos por completo.
La novela del Caballero de la Armadura Oxidada definitivamente es una novela para volver a
leer más detenidamente y aprovechar los buenos consejos que dan para vencer cada uno de
los castillos que he creado a lo largo de mi vida, así como brincar las dificultades y miedos
que he ido construyendo en mi mente e imaginación. Siempre hay alguna ardilla, alguna
paloma o algún Merlín que nos acompañan en el trayecto.
María Teresa González Castro.