¿Por qué nos quejamos?
Cerebro y decisiones
Nuestro cerebro es una máquina de emitir juicios, realizar pronósticos y sacar conclusiones. Así
trata de adivinar el comportamiento de los demás o lo que pasará en el futuro utilizando para
ellos recuerdos del pasado. Eso nos ayuda a tomar decisiones rápidas que pueden sernos muy
útiles para nuestra supervivencia, especialmente en tiempos de nuestros antepasados. Pero
por otro lado, al realizarlas tan velozmente también nos hace cometer muchos errores de
predicción.
Lo que es y lo que debería ser
La queja aparece cuando aparece una discrepancia entre algo que ha sucedido con algo que
creías que debería haber pasado. Tú creías que las cosas deberían haber sido de una
determinada manera y no fueron así. Creaste una plantilla en tu mente con la expectativa de
cómo tendría que ser la realidad y esta no encajó. Te dices: “La vida tendría que haber sido
diferentes a lo que ha sido, se debería haber ajustado más a expectativas”. Te enfocas en la
carencia, en lo que falta, en que la situación no se realizó de la manera que tú querías o en lo
que sobresale o no se rellenó de esa plantilla imaginaria que diseñaste de la realidad futura.
Hay un juicio negativo con respecto a algo o alguien. En definitiva, es un rechazo a la situación
presente.
Puede que no seas consciente de ello pero esperas que todas las situaciones se desenvuelvan
de una determinada manera, que se ajusten a tus planes, a tus deseos o a tus intereses. Y
cuando la realidad no es así, te quejas. Aparece la comparación entre tu imagen mental y la
realidad. Así, la causa de la queja es nuestra idea sobre lo que debería ser y su comparación
con lo que es. No es nada del exterior. La realidad presente no tiene la culpa de que hayas
creído que tendría que ser de una determinada manera. Es tu interpretación la que la hace
negativa.
A través de tus recuerdos tratas de adivinar lo que ocurrirá a continuación para tomar la mejor
decisión posible. Por lo que lanzas muchas hipótesis tratando de ajustarse a la realidad. Así,
cada pronóstico o idea es una posibilidad no la realidad. Pero cuando tomamos un de esos
pronóstico como la realidad, creemos que será así y si este no se cumple pues aparece la
decepción, el desengaño y la queja.
La situación real es la verdad, la expectativa de tu mente una ilusión. No obstante, cuando esta
realidad no se ajusta a tu ilusión te molestas. Crees que las cosas deberían ser como te
imaginaste. Nos molestamos por cosas que imaginamos, que no existen. Es como pronosticar
que el cielo será de colores mañana y al verlo azul te enfadaras. No importa si crees que tus
suposiciones sí son “lógicas” y “razonables”.
Malos pronosticadores
Afortunadamente, en muchos casos, es bueno que no aciertes en algunas de tus predicciones
¿Cuántas cosas malas te has imaginado que no se han cumplido? Algún ser querido no llega a
la hora que te dijo y lo primero que te viene a la cabeza es que algo malo le ha pasado. Por
suerte no somos buenos haciendo predicciones y ese ser querido llega un poco después y te
comenta que había un atasco enorme. Pero nos fijamos en lo que creemos que sí tendría que
ser, en lo que hubiera sido mejor (para mí) y no fue.
Parece en definitiva que la queja o la negatividad aparece ante una expectativa incumplida. O
al menos no cumplida de la manera que tú querías. Si culpas al mundo no aprenderás de tus
errores al achacárselos al exterior, a cosas que no dependen de ti.
Pero ha sido sólo una idea, nadie nos confirmará que lo que creemos que va a ocurrir acabe
pasando. Son estimaciones. Y son magníficas para ir ajustando nuestro criterio e ir
aprendiendo, pero no para resistirte a lo que sí ocurra. Estos pronósticos tienen que ser
flexibles y maleables, no rígidos. Con actitud curiosa y no juiciosa. Responsabilizamos al mundo
por no atenerse a nuestras expectativas y no a nuestros fallos en las mismas.
Así que usa los deberías como orientación no como la realidad futura. Compara, pero desde la
curiosidad no desde la indignación, el reproche o la negación. Aprende de los desajustes entre
hipótesis y realidad. E irás haciendo mejores predicciones.
Pon atención en las cosas que sí han ocurrido como te imaginaste, que sí confirmaron tus
hipótesis. Puede que de todo lo ocurrido algunas cosas sí hayan pasado como pronosticaste
aunque otras no. También habrá habido situaciones que te resultaron más fáciles de lo que
creías o que alguien te ayudó para que fuera más rápida y cómoda alguna gestión y en otras
incluso conseguiste más de lo que esperabas. Pero estas cosas se olvidan pronto. Y si solo te
fijas en lo malo o en lo que no ocurrió pues llegará la queja y el malestar.
“Nadie se queja de tener lo que no merece” Jane Austen
Esto no me gusta
Muchas veces nos quejamos por la opinión o la interpretación que hacemos de algo que
alguien a dicho o hecho. O por el resultado de algo, o por determinado procedimiento o por las
opiniones que tienen otros con respecto a cualquier cosa. Piensas que las cosas se tendrían
que haber hecho de otra manera o que no me tendría que haber dicho esto o lo otro. Por
ejemplo, discusiones de parejas, conflictos con compañeros de trabajo o de estudios,
desavenencias con familiares. Pero es nuestro juicio el que genera el malestar no la acción en
sí misma. Una vez más decimos “no” a la realidad.
Un pasado difícil
Otra fuente de quejas es nuestro pasado. Cosas que deberían haber ocurrido o no. Que tus
padres o profesores deberían haber sido más comprensivos o cariñosos, o haberte hecho más
caso. También pudieron ocurrir algunos eventos desagradables. Te puedes reprochar cosas
que no hiciste y otras que sí. Situaciones en la que supuestamente no estuviste a la altura.” Si
hubiera sido más valiente, más listo, más divertido, más trabajador…”
A todo esto le añadimos también los atributos físicos. “Si fuera más alta, más guapo, más
delgado, sin esta enorme nariz…”Todos tenemos muchas oportunidades de quejarnos si vamos
buscando errores o comparándonos constantemente con los demás.
Pero parece claro que el pasado es inamovible y no podemos modificarlo. Tampoco podemos
cambiar determinados atributos físicos, pero hay otras muchas cosas que sí podemos
modificar, pero hay que emprender acciones y trabajar. Podemos modificar nuestra actitud
ante los hechos, enfocarnos en lo positivo y en los beneficios que hay en casi todas las
situaciones. Únicamente con la queja no se producirá el cambio.
Ideas ilusorias
Pensamos, a veces inconscientemente, que si nos quejamos y enfadamos podremos corregir el
desajuste y que las cosas se modificarán a como deberían haber sido por arte de magia. Gasto
de energía inútil en muchos casos. El enfado o la ira puede dar resultado a corto plazo, pero a
la larga no es la mejor estrategias para andar por la vida.
Si unes la historia de tu pasado con tus juicios e ideas sobre lo que crees que eres en el
presente formaras una idea de ti que, si la asumes con tu verdadera identidad, te limitará en
muchas de las cosas que hagas y decisiones que tomes .Te sentirás condicionado y atrapado en
una vida y una persona que no te agradan, pero de la que crees que no tienes escapatoria.
Ideas erróneas
Tenemos unas expectativas generalizadas de que todo nos tendría que ser fácil, cómodo,
rápido y sin molestias. Que los demás tendrían que ser amables, solícitos y colaboradores con
nosotros y estar pendientes de nuestras necesidades. Que yo tendría que haber hecho las
cosas perfectas o haber sido más... y que el pasado determina mi yo presente y futuro por lo
que estamos condicionado irremisiblemente. Y nos resistimos a invalidar estas creencias a
pesar de las numerosas pruebas en contra que hemos tenido. No queremos aprender la
lección que nos dan una y otra vez y seguimos aferrados a ellas, quejándonos y enfadándonos
cuando no se cumplen.
Nuestros cuerpos son “perezosos” y le gusta ahorrar la mayor cantidad de energía posible y
vivir de manera rutinaria y sin obstáculos ni contratiempos. Pero esto no pasa habitualmente.
Suele haber contratiempos, imprevistos y errores de cálculo que nos dificultan muchas de
nuestras acciones. Si a eso le añadimos malestar, nerviosismo, enfado, impaciencia o
frustración complicaremos aún más la situación.
Reclama cuando sea necesario
Utiliza la queja cuando se vulneren tus derechos o por incumplimiento de contrato, reclama si
es necesario, Di “no”, pon límites y enfócate en lo importante. Pero haz todo esto desde la
serenidad no desde la reactividad ni la negatividad. Y si no lo haces, acepta la situación, pero
no te quejes sin actuar.
“Si algo no te gusta cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud, pero no te quejes.”
Maya Angelou
Valora
Aprecia lo bueno que hay en la situación, en tu vida, en el comportamiento ajeno, en lo malo
que no ha ocurrido y que solemos olvidarlo. No es lo mismo que alguien llegue 15 minutos
tarde a tu cita a que no llegue, que se le haya olvidado a que le haya ocurrido algo importante.
Date cuenta que muchas de las conductas de los demás que te han desfavorecido no tenía esa
intención. Nadie es perfecto, nos equivocamos, y muchas veces perjudicamos a alguien
aunque no era esa nuestra intención. Seguro que a ti también te ha pasado.
Si percibimos que nuestro perjuicio no fue a propósito se reduce el sentimiento de injusticia e
indignación y la queja no suele aparecer.
¿Qué pierdes?
Para terminar, pregúntate. Ante la queja, ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Hay cosas positivas que
valorar o aprender? ¿La negatividad me nubla demasiado para ver la situación con mayor
claridad? ¿Importará esto en una semana o en un año? ¿Merece la pena desperdiciar este
momento con emociones negativas? ¿La queja me ayuda a aprender de mis errores de
pronósticos?
Conclusión
Hay cosas que no dependen de mí y aunque deseemos controlar el mundo y a los demás no
podemos. Aunque nos gustaría predecir lo que pasará a continuación o lo que hará alguien
fallamos demasiado como para aferrarnos a esas hipótesis y darles marchamo de certezas.
Vendrán cosas malas, dolor y sufrimiento. A todo el mundo le pasa acéptalo y prepárate para
ello. Podremos quejarnos por ello pero ocurrirán igualmente y añadiremos mayor malestar.
Aprecia todas las cosas buenas que hay y todas las cosas malas que no han pasado.
Toma conciencia de todo lo que te estás perdiendo cuando te estás quejando. Si se activa el
modo víctima o indignado, de nuestra mente surgirán una serie de pensamientos negativos
sobre todo. Perderemos nuestra estabilidad, las emociones nos arrastrarán e impedirán que
utilicemos la razón de manera adecuada y aprender de la situación para mejorarlas en un
futuro.
El pasado no condiciona irremediablemente tu futuro.
Lo que crees que eres no determinará tu vida si crees que puedes cambiar dicha idea.
“Si tu mal tiene remedio ¿Por qué te quejas? Si no lo tiene ¿Por qué te quejas?” Proverbio
oriental.