Dolor
Dolor
del dolor y su intensidad, las limitaciones que impone en los diferentes ámbitos de la vida,
la importancia otorgada por el paciente al tratamiento y la adherencia a este.
Conceptualizaciones acerca del dolor agudo
Bonica define al dolor agudo como
[...] una constelación compleja de experiencias sensoriales, perceptuales y emocionales, y
ciertas respuestas autonómicas, psicológicas, emocionales y de comportamiento.
Invariablemente el dolor agudo y estas respuestas asociadas son provocados por estímulos
nocivos producidos por lesiones o enfermedades de la piel, estructuras somáticas profundas
o vísceras, o funciones anormales de músculos o vísceras que no producen daños en
tejidos en sí. Por más que los factores psicológicos tienen una profunda influencia en las
experiencias de dolor agudo, con rara excepción el dolor agudo se debe primariamente a
influencias psicopatológicas o del entorno (Bonica, 1990).
Arbitrariamente se maneja que el dolor agudo tiene una duración de tres a seis meses,
aunque parece más sensato asociarlo al tiempo de resolución esperado para reparar el
daño, ya sea a partir del tratamiento médico o por la propia autorregulación del organismo.
Consideraciones generales sobre la comunicación con pacientes con dolor agudo
El proceso de comunicación se verá alterado con un paciente con un alto nivel de dolor
agudo, superior a 7/10 en la escala visual analógica.
El dolor agudo genera una vivencia sensorial y perceptual desagradable, que llega a ser
intolerable para la persona que lo sufre. Este padecimiento hace que se alteren las
funciones cognitivas basales; se altera el nivel de conciencia (tendiendo al estado de
hiperalerta) y la atención (focalizada casi exclusivamente en la experiencia dolorosa). Por
otra parte, se afectan las funciones cognitivas superiores con reacciones emocionales y
comportamentales intensas y desajustadas al entorno. A nivel fisiológico se producen
ciertas respuestas autonómicas.
Por lo tanto, para conceptualizar y planificar una entrevista con un paciente que sufre de
dolor agudo, hay que saber que existe una barrera fisiopsicológica en el receptor, que se
transforma en fuerte obstáculo para la comunicación. Esto implica una dificultad para que
los mensajes que emitamos sean decodificados adecuadamente y para que los mensajes
que recibamos (distorsionados) puedan ser interpretados adecuadamente.
Por otra parte, es importante tener en cuenta los datos de estudios internacionales que nos
alertan sobre la trascendencia del problema; estos nos informan que el dolor agudo se
encuentra subtratado en los centros de salud (Richardson & Mustard, 2009) y constatan que
los pacientes con dolor agudo no controlado sufrirán trastornos psicológico-psiquiátricos que
afectarán la comunicación con el equipo de salud (Yuxiang, y otros, 2012).
Comisión Sectorial de Enseñanza
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Pautas y herramientas prácticas: una buena comunicación con pacientes con dolor agudo
Para sacar parcialmente al paciente de esa vivencia intensa, debemos captar su atención
con paciencia y creatividad.
El primer paso para lograr una buena comunicación con el paciente es establecer un vínculo
de confianza. Para esto, es necesario que el paciente sienta que lo comprendemos, que
perciba que contactamos con su experiencia, que empatizamos. El punto de partida
adecuado para iniciar el vínculo debe ser la validación del dolor del paciente, principal foco
de su preocupación y atención.
Lo que no hay que hacer
Un error que se realiza a menudo, en el momento de establecer el vínculo con un paciente
con dolor agudo intenso, es acercarnos desde una postura que pone en duda su padecer y
brindar pautas unilaterales sobre lo que tiene que hacer. Frases del estilo: «no le puede
doler tanto», «Ud. está exagerando» u «otros pacientes que están peor que usted no se
quejan tanto».
También son perjudiciales los comentarios a la interna del equipo en la línea de desacreditar
la vivencia de dolor. O peor aún, ignorar —desde la práctica— la vivencia del paciente, sin
brindar la analgesia necesaria o evitando el contacto directo.
Otro error en momentos de intenso dolor agudo son largas entrevistas o «interrogatorios»
sobre aspectos que son secundarios a la situación actual de dolor. Es importante dejar todo
lo que sea posible posponer para cuando el dolor ceda.
Por más destrezas y habilidades comunicacionales que tengamos, va a ser imposible
sostener una comunicación efectiva sin bajar previamente los niveles de dolor.
Desde las primeras horas de contacto con el paciente es necesario monitorear
periódicamente los niveles de dolor para que se encuentren dentro de niveles adecuados.
Para eso contamos con la Escala Visual Analógica (eva). Hasta un 5 en esa escala es, en
general, lo que un paciente puede tolerar. Cuando el dolor llega a extremos de 9 y 10 en la
escala, el sujeto experimentará la pérdida de control sobre el dolor. Esto genera la cognición
que el estresor derrumbó su capacidad de afrontamiento, quedando así vulnerable, sin
defensa alguna para afrontar la situación; se produce en las redes de memoria un
almacenamiento desadaptativo de la vivencia traumática. Luego de esto podrá aparecer una
sintomatología ansiosa durante el tratamiento, ante procedimientos o situaciones que se
asocien y recuerden con esa experiencia, percibida como devastadora de sus mecanismos
de defensa y afrontamiento. Por ello, son necesarios niveles de analgesia adecuados para
no llegar a un grado de dolor que afecte psicológicamente al paciente, interfiriendo en la
comunicación y en el tratamiento, y generando desconfianza con el equipo asistencial.
Para comunicarnos adecuadamente con un paciente, es necesario lograr niveles de dolor
tolerables a través de la farmacología analgésica.
Universidad de la República
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La ansiedad es un síntoma habitual en los pacientes con dolor agudo, que funciona como
un obstáculo para la comunicación.
La ansiedad se caracteriza por una preocupación excesiva, en nuestro caso, por el dolor.
Pero no solo por el actual, sino por el dolor que puede llegar a aparecer o reaparecer
(ansiedad anticipatoria). Se asociará fácilmente a la preocupación por la enfermedad, por el
tiempo de tratamiento, por los procedimientos (quirúrgicos, por ejemplo), por el pronóstico o
por las secuelas a futuro. Es importante, entonces, detectar precozmente los cuadros de
ansiedad en pacientes con dolor agudo y tratarlos a través de:
a. Un suministro adecuado de psicofármacos: ansiolíticos u otros.
b. Establecer una comunicación adecuada tendiente a indagar y comprender las situaciones
y fantasías que desencadenan la sintomatología ansiosa.
Recordemos que una buena estrategia para bajar considerablemente los niveles de
ansiedad es brindar información clara y certera desde el saber científico, que permita
disminuir la brecha entre las fantasías del paciente y la realidad del tratamiento y la
enfermedad médica.
Debemos ser cuidadosos de que nuestras afirmaciones siempre estén dentro de los
parámetros de la realidad médica, psicológica y familiar del paciente.
Es fundamental mantener una comunicación fluida entre todos los miembros del equipo del
salud y conocer cómo evalúan al paciente las otras disciplinas
Conceptualización del dolor crónico
A diferencia del agudo, el dolor crónico persiste más allá del estímulo que lo provocó e
incluso puede presentarse espontáneamente sin la presencia de ningún estímulo,
constituyéndose así en la enfermedad propiamente dicha. Deja de tener un valor adaptativo,
útil, de protección, para convertirse en lo que algunos autores llaman dolor inútil. Aquí, el
dolor como síntoma pierde su función de alerta.
Es en este punto donde se complejiza el diagnóstico y el tratamiento del dolor, porque
enfrenta al clínico a la situación de «no evidencia». El examen clínico y los estudios
complementarios no muestran alteraciones anatomofisiológicas que logren explicar el
cuadro doloroso. Quedó atrás la vieja conceptualización de verdadero dolor si hay causa
orgánica y dolor psicógeno cuando predominan los factores psicológicos. El componente
emocional está implícito en la conceptualización del dolor. El dolor siempre duele (Dapueto,
2005).
El dolor no es la actividad inducida por el estímulo nocivo en el receptor de dolor y en las
vías nociceptivas, es siempre un estado psicológico, incluso cuando se pueda apreciar con
claridad que el dolor tiene una causa física» (Merskey, 1996; Dapueto, 2005).
El diagnóstico de cronicidad se hace cuando la duración del trastorno, luego de haber sido
diagnosticado y tratado, es mayor a seis meses.
La definición de la iasp —mencionada al comienzo del capítulo— resulta insuficiente para
explicar la cronicidad. «El dolor crónico puede definirse como un estado sensibilizado de
percepción del dolor con la impronta genética, afectiva, cultural y adaptativa individual»
(Montes, Retamoso, & Vázquez, 2012, pág. 37).
Consideraciones generales sobre la comunicación con pacientes con dolor crónico
En este punto nos referiremos a la comunicación con el paciente portador de dolor crónico
de difícil tratamiento. La comunicación con estos pacientes tiene algunas particularidades.
La entrevista constituye el primer paso del tratamiento. Muchas veces el alivio se logra
luego de escuchar activamente al paciente, con una actitud empática y abierta a la escucha.
Lo más importante en la primera entrevista es lograr un vínculo de confianza que facilite una
segunda consulta y logre la adhesión al tratamiento.
Para lograr una mejor aproximación y comprensión del fenómeno, permanentemente
debemos tener en cuenta la dimensión subjetiva. En este punto, resulta útil recurrir a la
diferenciación entre enfermedad, síntoma o lesión orgánica y la vivencia o sufrimiento que
ella conlleva. Hay que tener en cuenta la forma en que el dolor es percibido, el significado
que se le atribuye, la forma de afrontarlo, la búsqueda de ayuda, el tipo de ayuda que se
espera recibir, la forma de comunicar el dolor y cuánto repercute en su vida cotidiana. Estos
son, entre otros, algunos factores que ayudan a la comprensión y evaluación del paciente
con dolor crónico. Es imprescindible entender que el sufrimiento que implica para la persona
no siempre se correlaciona con la enfermedad o lesión orgánica, en caso de que la hubiera.
Reiteramos lo mencionado anteriormente con relación a que el dolor se describe en
términos objetivables y medibles, en tanto que el sufrimiento siempre va a ser individual y
hace que el dolor crónico se constituya en una experiencia exclusivamente personal.
Detrás de la sintomatología siempre se encuentra el paciente en tanto persona, con su
historia de vida, sus rasgos de personalidad, sus mecanismos de defensa y afrontamiento,
los sucesos vitales que muchas veces son desencadenantes o preámbulos de empujes
dolorosos o episodios de agudización del dolor crónico.
En la biografía de estos pacientes es frecuente encontrar historias de maltrato o abuso,
trabajo infantil, vivencia de carencia afectiva o ausencia de figuras protectoras o poco
disponibles en la infancia, episodios traumáticos y otros familiares cercanos con historias de
dolor crónico que pueden haber operado como modelos identificatorios.
Todas estas dimensiones son variables que el médico debe tener en su esquema referencial
para conocer y comprender al paciente que tiene frente a sí mismo y que le comunica su
sintomatología dolorosa.
El dolor crónico puede haber comenzado:
a. después de una enfermedad o un accidente de los que la persona se recuperó hace
tiempo (fracturas, traumatismos);
b. debido a una enfermedad crónica (polineuropatía);
c. puede ocurrir sin que existan lesiones previas ni evidencia de enfermedad (cefaleas,
migrañas, lumbalgias).
La nocicepción implica la estimulación de los nervios que transmiten al cerebro la
información sobre el daño tisular potencial. En contraste, el dolor es la percepción subjetiva
que resulta de la transducción, trasmisión y la modulación de la información sensorial.
Es importante entonces remarcar que:
a. las emociones pueden aumentar el estímulo nociceptivo;
b. la nocicepción no conduce necesariamente a una experiencia dolorosa;
c. puede ocurrir la experiencia dolorosa sin estímulo nociceptivo;
d. tratar el dolor implica más que tratar la nocicepción;
e. el tratamiento tiene componentes nociceptivos y no nociceptivos.
En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación
Estadounidense de Psiquiatría en su quinta versión (dsm-5), el dolor crónico se encuentra
dentro de los trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados, y se lo clasifica
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como trastorno de síntomas somáticos (300.82). Describe a los síntomas como altamente
significativos, alteradores de la vida diaria, con presencia de pensamientos
desproporcionados y permanentes que generan diversas emociones, centrándose en
preocupaciones por los síntomas de dolor. El tiempo y energía que el dolor crónico conlleva
es desproporcionado y altera fuertemente las diferentes áreas de la vida cotidiana.
Para poder clasificar un dolor crónico se debe tener en cuenta también la evolución y tiempo
transcurrido; la sintomatología debe estar presente y persistir por un mínimo de seis meses.
Se pueden presentar períodos de oscilación en cuanto a la intensidad, pero el síntoma dolor
se encuentra de manera permanente. Ello también da cuenta de otra variable que define al
dolor crónico y lo diferencia del agudo, y es que el dolor crónico puede persistir aún en
ausencia del estímulo que lo desencadenó, o bien ese desencadenante no explica
suficientemente la repercusión funcional que presenta la persona.
Si bien no hay evidencia de que exista una personalidad específica que sea más propensa
a padecer este cuadro, podemos ver, a través de la clínica, que existen factores a veces
vinculados a la personalidad que pueden amplificar o contribuir a perpetuar el dolor crónico
como síntoma.
Resulta indispensable para abordar este tema la relación existente entre cuerpo y psiquis y,
a su vez, la influencia de las variables socioculturales. En este punto pensamos al dolor
como síntoma o expresión alojado en el cuerpo que sufre, «marcado» por la experiencia
dolorosa que lo atraviesa.
En este sentido, el paciente «espera-busca» la ayuda del médico para el alivio de ese
sufrimiento. En ese alivio busca una explicación, también un sentido a eso que le ocurre.
Por lo tanto, podemos pensar al dolor siguiendo esta línea de razonamiento y desde el
punto de vista de la comunicación como un mensaje a interpretar por parte del médico.
Pautas y herramientas prácticas para una buena comunicación con estos pacientes
La importancia del manejo emocional ante un diagnóstico clínico desfavorable
Janette Williams Hernández1
RESUMEN. Cuando un paciente está próximo a recibir una noticia negativa con respecto a
su diagnóstico, es indispensable contemplar los aspectos emocionales del mismo para que
cuente con las herramientas necesarias y se encuentre preparado para enfrentar su
realidad. La labor del psicólogo clínico, en conjunto con el equipo médico es de vital
importancia para dichos efectos.
Palabras clave: Manejo emocional adecuado del diagnóstico.
ABSTRACT. When a patient is close to receiving a negative diagnosis, it is of the outmost
importance to contemplate his emotional aspects, so he can have the necessary tools and
be prepared to face his reality. The labor of the Clinical Psychologist, with the adjoining
medical team, is vital for the achievement of these purposes.
Key words: Adequate emotional management of the diagnosis.
No se puede ignorar o pasar por alto que existe la unidad cuerpo-mente y que el individuo,
además de contar con órganos vitales, también posee sentimientos, emociones, miedos,
actitudes y conductas, una estructura de perso- nalidad, y que además pertenece a un
entorno familiar y social que indiscutiblemente se ve afectado y alterado a distintos niveles
cuando se presenta e instala una enfer- medad. Ya Hipócrates planteaba lo importante que
era ver qué clase de persona tiene una enfermedad y no qué enfermedad tiene esa
persona.
Al hacer integral el nivel asistencial, es necesario to- mar en consideración los factores
individuales de la per- sona, tales como las diversas formas de reacción al do- lor tanto
físico como emocional, su reacción al sufrimiento, a la incertidumbre ante un diagnóstico, la
hospitalización, los diversos tratamientos, la ansiedad que provoca estar
1 Psicóloga Clínica. Clínica de Enfermedades Intersticiales del Parénquima Pulmonar.
enfermo y en un lugar extraño y los factores que retardan o impiden su recuperación,
desafortunadamente no siem- pre física, pero sí emocional.
Mediante procesos cognitivos y afectivos, se busca crear empatía con el paciente y su
familia y de esta for- ma llegar a comprender la interrelación existente entre las fuerzas
situacionales o precipitantes y los mecanis- mos internos que son movilizados por la
enfermedad. De este modo, se logra una legítima y verdadera considera- ción para con los
pacientes.
Cuando se trata de una enfermedad crónica, la actitud del paciente será de preocupación
por la calidad de su vida. El paciente tendrá que aprender a favorecer su au- toestima, el
crecimiento emocional e incrementar la au- toaceptación.
Parte del efecto de la mente sobre la salud es directa y consciente, en la medida en que nos
cuidamos, ya que se determina qué tanto confiamos en nosotros mismos, aprendiendo a
manejar el estrés y si tenemos o no con- ductas autodestructivas (fumar, ingerir alcohol,
etc.).
El aceptar su propia muerte le da la oportunidad al
Comunicación de interés
Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias «Ismael Cosío Villegas».
Correspondencia y solicitud de sobretiros:
Psicóloga Janet Williams Hernández
Clínica de Enfermedades Intersticiales del Parénquima Pulmonar. Instituto Nacional de
Enfermedades Respiratorias «Ismael Cosío Villegas».
Teléfono 56 66 45 39, Ext. 276
E-mail: wookie@[Link]
paciente de participar en el manejo de su enfermedad y en la aceptación del padecimiento,
poniéndose en juego su espíritu de lucha para lograr el control sobre su vida, sea el tiempo
que fuere.
La actitud del equipo médico y paramédico es crucial para el éxito del tratamiento; la forma
más eficaz de de- sarrollar confianza en el paciente es simplemente com- portarse como un
humano, compartiendo sus debilida-
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NEUMOLOGÍA Y CIRUGÍA DE TÓRAX, Vol. 66, No. 4, 2007
[Link]
L
des y miedos, evitando jugar un papel mecanizado: sólo la empatía puede edificar la
conexión necesaria para ha- cer más llevadera su enfermedad.
El paciente puede llegar a presentar actitudes o emo- ciones que entorpezcan el manejo de
la enfermedad, como son la negación, autocompasión, sentimientos de culpa, la sensación
de pérdida de control sobre su vida, estrés, dependencia, pasividad, aislamiento, tendencias
regresi- vas (tornarse infantil y manipulador) y depresión. De ahí la importancia del manejo
psicológico en conjunto con el tratamiento médico.
ADENTRÁNDOSE EN EL DIAGNÓSTICO
Ante la sospecha del médico, avalada por los estudios clínicos practicados y su experiencia
de que el diagnós- tico, y por ende el pronóstico, serán negativos para la vida del paciente
(ya sea en cantidad o en calidad), es importante echar mano de otro miembro del equipo de
salud, el psicólogo clínico. La función de éste será pre- sentarse con el paciente, y por
medio de un interrogatorio sencillo y cálido, lograr la confianza del enfermo. Lo más
favorable y deseable es que antes de que el médico dé su diagnóstico sepa con qué cuenta
el paciente interna- mente (fuerza yoica), el nivel cognitivo y emocional, sa- ber cómo ha
manejado otras situaciones de crisis, si cuen- ta o no con redes de apoyo familiar, cuál es
su actitud ante la muerte y si tiene o no creencias religiosas o algún nivel de espiritualidad.
El psicólogo clínico llevará de la mano al paciente du- rante los días previos a que el médico
haga de su cono- cimiento y de su familia el diagnóstico, pronóstico y alter- nativas de
tratamiento. Apoyará al paciente en los días posteriores a que reciba la noticia; lo auxiliará
durante las etapas del duelo anticipatorio, tanto al enfermo como a su familia.
En ocasiones, el paciente pedirá al médico que no le indique a su familia lo que sucede,
todo deberá salir a la luz con cautela, convenciendo al paciente que necesita el apoyo
familiar. En otras situaciones, los papeles se invertirán y será la familia la que deseé que su
paciente no sea alertado sobre su condición. De no suceder esto, todas las emociones y
miedos del paciente saldrán sin control en forma de ira, frustración y culpa. Citando al
to del paciente como de la familia si se trata de una per- sona joven, si es la madre de
infantes, si es el proveedor del hogar, etc.). Aunado a esto, es importante buscar el
momento oportuno, siendo preferible dada su importan- cia, que no se dé la noticia en un
día viernes o anterior a un fin de semana largo, ya que al haber menos personal, el paciente
contará con menor apoyo y se sentirá solo y desprotegido.
Otro punto a considerar al dar la información a los fa- miliares es el lugar físico apropiado
(no en los pasillos de los pabellones), escuchar con atención y tiempo suficiente todas sus
dudas y preguntas, utilizar palabras sencillas hasta donde sea posible, para que el paciente
y su fami- lia puedan comprender sin dificultad las noticias recibi- das. Mostrar empatía y
reconocer que se debe tratar a las demás personas como nos gustaría ser tratados no-
sotros y nuestros familiares en una situación similar, que tarde o temprano se puede
presentar.
EL MANEJO EMOCIONAL DE LA INFORMACIÓN
Aunque el paciente recurra al mecanismo de defensa de la negación («esto no puede estar
sucediendo», «seguro hay un error», etc.), no insistir en que el paciente acepte la situación
de inmediato, debe contar con tiempo para asimilarla.
El médico, idealmente, debe averiguar lo que el pa- ciente sabe o intuye y hasta dónde
quiere saber de su diagnóstico y pronóstico (quiere que le expliquen los de- talles de su
enfermedad, prefiere ser informado o no quiere serlo, desea que esté presente un familiar o
no). Una ne- gación persistente significa que el enfermo aún no esta- ba preparado
emocionalmente para escuchar la noticia. Es importante estar listos para la siguiente etapa
del duelo. Nos referimos a la ira, en donde el paciente puede inclu- so enfrentarse
verbalmente con el médico, enfermeras y demás personal. Esto es un proceso normal que
casi siem- pre continúa con tristeza y depresión, dándose por venci- do, con alteraciones del
sueño, comiendo poco y aislán- dose de los demás.
El punto culminante de este proceso tan delicado es decir la verdad pero sin quitar
totalmente la esperanza al enfermo. Esto no quiere decir mentir, pero sí debemos recordar
que ningún humano puede vivir sin una esperan-
Doctor Gómez Sancho (Aran, 1999), «negando la ver- za, que va desde «se mejorará su
dolor físico con el 1 [Link]
dad al enfermo terminal, se le impide vivir como protago- nista en la última fase de su vida».
En la comunicación del diagnóstico, el médico debe considerar diversos elementos, como el
equilibrio psico- lógico del enfermo, gravedad y evolución de la enferme- dad, edad del
paciente, el impacto emocional que le pro- vocará el pronóstico y el rol social que juega el
enfermo dentro de su núcleo familiar (es diferente la reacción tan-
medicamento indicado», «veremos qué le ofrece otro pro- fesional (como un oncólogo)»,
«trataremos de que tenga la mejor calidad de vida como le sea posible», «cuenta con
mucha gente que lo quiere y lo apoya» o «sus creen- cias religiosas lo sostendrán y le
darán alivio emocio- nal», etc. Es conveniente poner en alerta al paciente y la familia con
respecto a charlatanes (gente que ofrecerá curas milagrosas y remedios hechizos), que
pueden apro-
NEUMOLOGÍA Y CIRUGÍA DE TÓRAX, Vol. 66, No. 4, 2007
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J Williams Hernández