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Dosis Personal Santiago Apraéz Oct.-2011

El Tribunal Superior de Medellín revoca la decisión del Juzgado 20 Penal del Circuito que negó la preclusión del caso de Juan David Mejía Sánchez, procesado por tráfico de estupefacientes, argumentando que la cantidad incautada de marihuana excede la dosis personal. La Sala analiza la jurisprudencia sobre el consumo de estupefacientes y concluye que el porte de sustancias para consumo personal no debe ser penalizado si no afecta a terceros. Se establece que es necesario evaluar la historia personal del imputado y la relación entre el consumo y el porte de la sustancia.
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Dosis Personal Santiago Apraéz Oct.-2011

El Tribunal Superior de Medellín revoca la decisión del Juzgado 20 Penal del Circuito que negó la preclusión del caso de Juan David Mejía Sánchez, procesado por tráfico de estupefacientes, argumentando que la cantidad incautada de marihuana excede la dosis personal. La Sala analiza la jurisprudencia sobre el consumo de estupefacientes y concluye que el porte de sustancias para consumo personal no debe ser penalizado si no afecta a terceros. Se establece que es necesario evaluar la historia personal del imputado y la relación entre el consumo y el porte de la sustancia.
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TRIBUNAL SUPERIOR DE MEDELLÍN

SALA DE DECISIÓN PENAL

FICHA DE REGISTRO
Fecha 18/10/2011
Magistrado Santiago Apráez Villota.
Ponente
Radicado - 050016000206201180081
CUI
Procesado Juan David Mejía Sánchez.
Delito Tráfico de Estupefacientes
Decisión Revoca decisión.
Tema Procesal Penal- Preclusión.
Tesis Dosis personal

Aprobado Acta No. 171.

Medellín, octubre dieciocho (18) de dos mil once (2011).

Por vía de apelación debe entrar la Sala a resolver la juridicidad y


acierto de la determinación adoptada en audiencia celebrada el pasado
8 de agosto por el Juzgado 20 Penal del Circuito –con funciones de
conocimiento- de Medellín, que negó la preclusión solicitada por el
representante de la Fiscalía.

ANTECEDENTES

1. Luego de superada la audiencia de imputación, en la cual el procesado


no se allanó a cargos, el Fiscal 179 Seccional presentó escrito de
acusación en contra de Juan David Mejía Sánchez por el delito de porte
de estupefacientes –artículo 376 del código penal-, con base en los
siguientes hechos:

“El día 3 de abril de 2011 siendo las 5:45 de la tarde agentes de la Policía
Nacional al mando del patrullero Luís Fernando Bustamante, mientras
realizaban patrullaje por el barrio Trinidad vía pública –cra. 65 con
calle 25- requisaron a quien dijo llamarse Juan David Mejía Sánchez
notándole un abultamiento en la pretina del pantalón y este –sic- saca
de allí 1 bolsa plástica color negra la cual contiene material verdoso y
vegetal con características similares a la marihuana. Inmediatamente le
dan a conocer sus derechos como capturado. De acuerdo a prueba
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

preliminar de campo PIPH la sustancia corresponde a marihuana en un


peso neto de 87.3 gramos”.

2. Presentado el escrito de acusación, la actuación fue repartida al


Juzgado 20 Penal del Circuito –con funciones de conocimiento-, cuyo
titular citó para audiencia de formulación de acusación, en desarrollo de
la cual el representante de la Fiscalía General de la Nación expresó que
en lugar de la acusación iba a solicitar la preclusión a favor del
imputado en los términos de la causal 4ª del artículo 332 de la ley 906
de 2004 (atipicidad del hecho investigado), ante lo cual el juez, luego de
escuchar a la defensora, la negó aduciendo que: i) el problema de la
cantidad no resulta irrelevante y en ese sentido la Sala de Casación
Penal de la Corte Suprema de Justicia ha admitido la atipicidad por
cantidades no desproporcionadas, que no alcancen a duplicar la
llamada dosis personal, lo cual no sucede en este caso donde la cantidad
incautada es superior en cuatro (4) veces a la legalmente permitida; ii) el
consumo de marihuana y cigarrillo no sirven para paliar la crisis
asmática; iii) Los testimonios obtenidos por la defensa para acreditar el
consumo tienen un sesgo de parcialidad por provenir de familiares y
amigos cercanos del procesado, aparte que, si bien no existe tarifa
probatoria, la prueba pericial podría dar luces al respecto, máxime en
este caso en que se afirma que el procesado consume 7 veces diarias sin
aportar una prueba contundente al respecto; y iv) no se trata de buscar
un ahorro a la administración de justicia y, por tanto, habría que contar
con elementos de juicio suficientes, que al no haberse presentado por la
Fiscalía aconseja a la continuación de la investigación.

Como abrió la posibilidad de interponer recursos contra su


determinación, tanto el fiscal como la defensora interpusieron el recurso
de apelación.

2.1. Al sustentar oralmente el recurso, el representante de la Fiscalía


expresó en síntesis que para probar la adicción no existe tarifa
probatoria y que en este caso se acreditó a través de testimonios; que no
sabe cuál sería la prueba técnica cuya presentación demanda el juez y la
manera de recaudarla; que no se trata de cantidades, sino de la
presentación de evidencias sobre el consumo; que la cantidad incautada,
atendiendo al lugar de residencia del imputado y su ocupación, avala la
pretensión de revocatoria de preclusión; y, que aquí no se busca
establecer si la cantidad incautada se requería como paliativo para el
asma.

2
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

2.2. La defensora coadyuvó los argumentos del fiscal, en orden a


demandar la revocatoria de la determinación adoptada por el juez y, en
consecuencia, la preclusión por atipicidad del comportamiento
atribuido al imputado.

SE CONSIDERA:

1. El tema propuesto por los representantes de la Fiscalía y la defensa


obliga a la Sala a analizar, en primer lugar, el concepto de dosis personal
a la luz de la legislación colombiana y los lineamientos jurisprudenciales
sobre la materia; y, en segundo lugar, si la información aportada por la
Fiscalía entrega suficientes elementos de juicio que permitan considerar
que el imputado portaba la cantidad de marihuana incautada para su
propio consumo y, de ser así, si hay lugar a la preclusión solicitada por los
censores por atipicidad del hecho investigado en los términos del
numeral 4º del artículo 332 de la ley 906 de 2004.

2. Como se ha venido reconociendo en varias decisiones, el tema


relacionado con el compromiso penal de los consumidores de
estupefacientes no ha sido pacífico en estrados judiciales, pues distintas
posiciones y corrientes se han materializado en fallos de las altas Cortes,
los tribunales y juzgados.

En términos generales se puede señalar, empero, que el desarrollo


legislativo y jurisprudencial ha pasado de considerar sujeto de reproche
penal al consumidor a estimar que resulta merecedor de medidas
distintas de carácter pedagógico, profiláctico o terapéutico; no sin dejar
de anotar que a partir de la sentencia C-221/94 de la Corte
Constitucional se ha venido considerando que en protección del derecho
al libre desarrollo de la personalidad el Estado no puede interferir
indebidamente en un comportamiento que pertenece al fuero interno
del individuo y, por ende, ni siquiera puede obligarlo a someterse a tales
medidas.

Los antecedentes sobre el tema han sido abordados en numerosos


pronunciamientos de este Tribunal; así en reciente pronunciamiento
emitido por la Sala de Asuntos Penales para Adolescentes, con ponencia
de quien cumple igual cometido, que seguiremos inicialmente para
respaldar nuestra postura.1
1
Tribunal Superior de Medellín, Sentencia de junio 24/11, Radicado 2008-80370, M.P. Santiago Apráez
Villota.
3
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

Allí se refirió que por un tiempo se consideró que la ley 30 de 1986, al


fijar topes al porte de sustancias estupefacientes en el literal j) del
artículo 2º, había resuelto el problema de quienes siendo consumidores
eran sorprendidos en posesión de distintas cantidades de marihuana,
hachís, cocaína, sustancia a base de cocaína y metacualona. Bastaba,
pues, que una persona fuera encontrada portando un (1) gramo de
cocaína o de sustancia a base de cocaína (basuco), por ejemplo, para que
fuera sometida a juicio y considerada infractor de la ley penal.

En otras palabras, pareciera ser que con la expedición de la ley 30 de


1986, el legislador había anticipado la antijuridicidad material al
reducir el concepto de dosis personal a términos simplemente
cuantitativos, al punto que bastaba con fijar la cantidad de droga que la
persona llevaba consigo para que se optara por la represión penal frente
al comportamiento del indiciado, con lo cual la labor del operador
jurídico se vio reducida a la simple constatación de la tipicidad objetiva.

Con la expedición de la nueva Constitución, que se orientó por


garantizar la dignidad de las personas y dar prevalencia a los derechos a
la intimidad y al libre desarrollo de la personalidad (artículos 15 y 16), y
particularmente con la entrada en vigencia de un nuevo código penal
(ley 599 de 2000), aquella situación de los consumidores de
estupefacientes que otrora fue preocupación en estrados judiciales
recobró nuevamente su importancia; y si bien para una mayoría la ley
30 de 1986, en lo atinente a la cantidad legalmente permitida,
continuaba teniendo incidencia a la hora de definir el compromiso penal
de los consumidores, el aspecto subjetivo del delito terminó imponiendo
sus condiciones y a partir de allí el porte en cantidades mayores a las
fijadas en esa ley podía resultar inocuo penalmente cuando estaban
destinadas al propio consumo, al entender que frente a la nueva
dogmática imperante para que una conducta resulte punible se requiere
que lesione o ponga efectivamente en peligro, sin justa causa, el bien
jurídicamente tutelado en la ley.

En este Tribunal numerosas fueron las decisiones de la Sala Penal que


abordaron el tema de los consumidores, entre las que se recuerda el auto
de 13 de marzo de 2006 recaído dentro del Radicado 2006-014512; al
cual le siguieron los emitidos el 18 y 21 de abril siguientes3; y la sentencia

2
T.S. de M., Sala de Decisión Penal, M.P. Santiago Apráez Villota.
3
T.S. de M., Sala de Decisión Penal, Radicados 2006-02449 y 2006-01064, [Link]. Jhon Jairo Gómez
Jiménez y Miguel Humberto Jaime Contreras.
4
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

de septiembre 11 de ese mismo año4; entre otros numerosos


pronunciamientos.

En la primera de las providencias emitida por la Sala presidida por


quien cumple hoy igual cometido, se expresó sobre el particular:

“La persona que adquiere sustancia estupefaciente para su propio consumo,


independientemente de su cantidad –hay quien adquiere únicamente la dosis que
requiere para un solo consumo y otros que se aprovisionan de cantidades
superiores- no vulnera con ello la salubridad pública.

En otras palabras, el portar sustancia estupefaciente –que es el específico


comportamiento que se endilga al procesado en este caso-, implica necesariamente
en su realización típica la vulneración efectiva de un bien jurídico propio del
colectivo social, dimensión que no se cumple cuando quien desarrolla el
comportamiento lo limita al campo de la salud personal y si se quiere, por virtud
del conocido pronunciamiento de la Corte Constitucional citado por el señor
Delegado de la Fiscalía, al ámbito del derecho al libre desarrollo de su
personalidad, conducta socialmente lícita que no puede ser objeto de reproche
penal.

Lo contrario implicaría desconocer la dogmática sobre la cual se asienta nuestro


estatuto de penas, tan cara en cuanto a los principios de la dignidad de la persona
humana, necesidad de intervención, acto y de lesividad del bien jurídico, para
otorgarle en últimas a un enfermo, si así se quiere tomar el caso de Carlos José
Mejía, el tratamiento de un delincuente, específicamente de un traficante de
estupefacientes.

Encuentra la Sala desafortunadamente que el nuevo paradigma del derecho


penal, estrechamente vinculado al modelo de estado que nos rige a partir de la
Constitución Política de 1991, no ha sido asumido por muchos funcionarios
judiciales; al punto de seguir insistiendo a la simple objetividad en este tipo de
realizaciones comportamentales para dar por sentada la responsabilidad; basta que
el sujeto sea sorprendido con una cantidad superior a los límites cuantitativos que
contenía el artículo 2º, literal j), de la ley 30 de 1986, para de manera acrítica
proceder a su acusación y su posterior condena con fundamento en la sola
objetividad del comportamiento”.

Siguiendo esos lineamientos jurisprudenciales es que se afirma que en la


actualidad impera acreditar en cada caso, en primer lugar, la historia
personal del portador de la droga; en segundo lugar, la relación existente
entre el consumo y el porte de la sustancia; y, finalmente, la ausencia de
prueba sobre distribución a terceros a título gratuito u oneroso.

4
T.S. de M., Sala de Decisión Penal, Radicado 2006-03855, M.P. Santiago Apráez Villota.
5
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

Todo ello independientemente de la cantidad incautada, pues como se


dijo hay quienes adquieren únicamente la dosis que requieren para un
solo consumo –situación que apareja con la llamada dosis personal-,
como hay otros que se aprovisionan de cantidades mayores para varios
períodos de consumo –dosis de aprovisionamiento-, sin que en ninguno
de los casos se pueda descartar que la persona la lleve consigo para
calmar su propia adicción.

La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia no ha sido


ajena a esta temática, aunque es de resaltar que en varias de sus
sentencias terminó por ligar la cuestión a términos de insignificancia, en
nuestro entender de difícil concreción, como se analizará más adelante,
que además deja de lado la llamada dosis de aprovisionamiento, referida
a aquellas situaciones en que el consumidor es sorprendido en posesión
de cantidades mayores destinadas al consumo periódico.

Pero es de resaltar que sobre el postulado recogido en el articulo 11 del


código penal, reiteradamente la Corte ha sostenido:

“Del concepto así expresado se destaca entonces la trascendencia que tiene la


noción de lesividad en el derecho penal, por la cual, como sistema de control lo
hace diferente de los de carácter puramente ético o moral, en el sentido de señalar
que, además del desvalor de la conducta, que por ello se torna en típica, concurre el
desvalor del resultado, entendiendo por tal el impacto en el bien jurídico al
exponerlo efectivamente en peligro de lesión o al efectivamente dañarlo, que en
ello consiste la llamada antijuridicidad material contemplada en el artículo 11 del
Código Penal.

Pero, además, se relaciona este principio con el de la llamada intervención mínima,


conforme al cual el derecho penal sólo tutela aquellos derechos, libertades y
deberes imprescindibles para la conservación del ordenamiento jurídico, frente a
los ataques más intolerables que se realizan contra el mismo, noción en la que se
integran los postulados del carácter fragmentario del derecho penal, su
consideración de última ratio y su naturaleza subsidiaria o accesoria, conforme a los
cuales el derecho penal es respetuoso y garante de la libertad de los ciudadanos,
por lo cual sólo ha de intervenir en casos de especial gravedad y relevancia, ante
bienes jurídicos importantes y cuando, los demás medios de control resultan
inútiles para prevenir o solucionar los conflictos, esto es, reclamando como
necesaria la intervención del derecho penal.

Sobre estos postulados, la Corte ha establecido que ante la insignificancia de la


agresión, o la levedad suma del resultado, “es inútil o innecesaria la presencia de la

6
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez
actividad penal, como tal es el caso de los llamados delitos de resultado de
bagatela”5.

Con la expedición del acto legislativo 002 de 2009, resulta claro para
la sala que el concepto de dosis legal de estupefacientes a que se refiere
el literal j) del artículo 2º de la ley 30 de 1986 fue implícitamente
derogado, si es que no se admitiera que lo fue con la entrada en vigencia
del código penal del 2.000, pues lo que allí se dijo es que, si bien el porte
y el consumo de sustancias estupefacientes o psicotrópicas estaba
prohibido –salvo prescripción médica-, la ley debía establecer para
quienes fueran sorprendidos llevando consigo tales sustancias para su
propio consumo únicamente “medidas y tratamientos administrativos de
orden pedagógico, profiláctico o terapéutico”, con lo cual es de
entender que, sin importar la cantidad, el tratamiento al adicto o
consumidor de estupefacientes dejó de ser un asunto de índole penal
para pasar a ser un problema de salud a cargo del Estado, a quien se
impuso su atención a través de programas especializados.

Una atenta lectura del acto legislativo y la exposición de motivos dejan


claro que quien es sorprendido con cualquier cantidad de sustancia
estupefaciente para su propio consumo, no es considerado penalmente
responsable y, por tanto, el Estado adquiere el deber de ayudar en su
tratamiento y recuperación a través de medidas administrativas de
orden terapéutico.

No se trató de una simple reforma, sino de un cambio radical en el


tratamiento de los adictos o consumidores de sustancias estupefacientes
o psicotrópicas, si nos atenemos a los siguientes apartes de la exposición
de motivos:

“Cabe destacar la iniciativa que se somete a consideración del honorable


Congreso de la República por el Gobierno Nacional, no pretende privatizar con
medida privativa de la libertad al consumidor, sino acompañarlo con medidas
pedagógicas, profilácticas y terapéuticas que ayuden a él y a su familia a superar
las dificultades. Si bien durante la vigencia de la ley 30 de 1986, el porte y
consumo de cualquier estupefaciente era penalizado, lo cual significaba que a
quien se le detuviera bajo los efectos de una droga psicoactiva, o se le descubriera
la posesión de la misma, estaría destinado a ir a la cárcel; en esta ocasión, el
Gobierno ha considerado pertinente proponer en consonancia con su política
nacional e internacional en la lucha contra este flagelo y dirigida a la protección
de derechos individuales y colectivos de la población, particularmente de los

5
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal, Sentencia del 8 de agosto de 2005, Rad.
18609, citada en la del 26 de abril de 2006, Rad. 24612.
7
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez
jóvenes y niños, así como con el compromiso del Gobierno asumido por el
Presidente de la República frente a sus conciudadanos, para que sea el legislador el
que reglamente las medidas especiales para quienes sean detenidos o capturados
consumiendo sustancias alucinógenas o adictivas para uso personal,
distinguiéndolos de aquellos que portan las sustancias prohibidas con fines de
provecho económico ilícito” .

Para rematar diciendo que en “en relación con las preocupantes cifras del
consumo, el Gobierno Colombiano prepara un conjunto de iniciativas que
comprenden la comprensión de una nueva instancia basada en la aproximación de
la salud pública, que sin penalizar el consumo desde la perspectiva punitiva
tradicional tampoco permita su liberalización y menos la legalización de la
producción y distribución de las drogas ilícitas. El Gobierno regulará y coordinará
con las entidades del sector de la salud la provisión de tratamientos necesarios y
propondrá la eliminación de la dosis personal bajo el respeto de los principios
constitucionales, reconociendo que el derecho al libre desarrollo de la
personalidad tiene límites en los derechos de los demás y en el respeto del orden
jurídico”6

En la Gaceta del Congreso No. 281 de 2009 se lee también que es


“necesario aclarar que el proyecto de Acto Legislativo que presentó el Gobierno
Nacional y que pretende prohibir el porte y consumo de dosis personal de
estupefacientes no establece unas sanción penal, esto es, la fijación de una pena por
la realización de una conducta reprochable, un delito, sino que, por el contrario, se
limita a reconocer medidas pedagógicas o terapéuticas a los consumidores y para
los adictos medidas de protección coactivas, en el entendido que estos constituyen
un grupo marginado de la sociedad que se encuentra en estado de debilidad
manifiesta, es decir aquellas personas que por sus problemas de drogadicción ,
requieren atención y tratamiento médico especializado por parte del Estado” e
insistir que por lo anterior “debe quedar en claro que este Acto Legislatrivo no
pretende penalizar la dosis personal, sino prohibirla y acompañar a quienes sufren
estados de alteración derivados del consumo de estupefacientes, de medidas de
protección que conserven su dignidad y su vida”, para señalar finalmente que “el
Gobierno Nacional y nosotros como ponentes, nos apartamos del concepto de
penalización y en cambio hablamos de medidas de protección coactiva”.

No hay duda de la vigencia actual del Acto Legislativo 002 de 2009 y


por ende, en sentir de la Sala, si una persona es sorprendida en posesión
de cualquier sustancia estupefaciente o psicotrópica destinada a su
propio consumo, independientemente de su cantidad, no incurre en
ninguna infracción a la ley penal, por lo que al hacerse sujeto de
medidas simplemente administrativas se puede afirmar sin ambages que
un tal comportamiento dejó de ser típico objetivamente al no encontrar

6
Presentación del proyecto de acto legislativo 285 de 2009. Gaceta Legislativa 161 de 2009.
8
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

acomodo en ninguno de los encuadramientos normativos del código de


penas.

Que dicho acto legislativo no haya sido reglamentado hasta el


momento, ninguna incidencia tiene pues se trata de una norma superior
que rige a partir de su vigencia, esto es a partir del 21 de diciembre de
2009, fecha de su promulgación en el Diario Oficial No. 47.750, no
existiendo duda que debe aplicarse por favorabilidad a situaciones
anteriores que se refieran a consumidores y adictos sorprendidos en
flagrancia portando droga con esa única finalidad.

Corresponderá en cada caso, entonces, analizar por parte de la autoridad


encargada si una persona porta o no la sustancia incautada para su
propio consumo; en caso positivo, su situación deberá encausarse por la
autoridad administrativa a quien corresponda la atención especializada
a que se refiere el acto legislativo; y solo de acreditarse que la llevaba
consigo con fines distintos, independientemente también de su cantidad,
deberá iniciarse por la Fiscalía General de la Nación la investigación
correspondiente.

Como viene de verse, las distintas soluciones que en estrados judiciales


se le han dado al tema de los consumidores de estupefacientes y
específicamente en punto de la llamada “dosis personal”, se pueden
resumir en las siguientes:

1. Quienes consideran que es penalmente responsable quien porte


cualquier cantidad de sustancia, sin importar su cantidad y destinación.

Esta tesis resulta hoy insostenible, básicamente a partir de la sentencia


C-221/94, a través de la cual la Corte Constitucional declaró la
inexequibilidad del artículo 51 de la ley 30 de 1986 y despenalizó el
consumo y porte de la dosis personal.

No obstante lo anterior, es de mencionar que a raíz de la modificación del


artículo 49 de la Carta a través del Acto Legislativo 02 de diciembre 21
de 2009 y de la ley 1453 de 2011, que en su artículo 11 modificó el
artículo 376 del código penal, algunas voces dentro de la comunidad
jurídica se alzaron a decir que el concepto de dosis personal había
desaparecido del ordenamiento jurídico y que no era posible hoy
afirmar la impunidad de las conductas del adicto encaminadas a
proveerse de la droga en las cantidades fijadas en el literal j) del artículo
2º de la ley 30 de 1986 o en montos ligeramente superiores a aquellas.
9
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

Con buen criterio la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de


Justicia, también en reciente pronunciamiento7 desestimó esa postura,
aunque para arribar a la conclusión contraria partió en nuestro sentir,
con el respeto debido a la alta Corporación, de una falsa premisa, al
declarar que existía un conflicto entre el artículo 49 de la Constitución
Política –con la modificación introducida por el Acto Legislativo 02 de
diciembre 21 de 2009- que prohíbe el porte y consumo de lo conocido
en nuestra comunidad como dosis personal y el artículo 16 que consagra
el derecho al libre desarrollo de la personalidad, lo cual la llevó a dirimir
ese conflicto a través de hacer prevalecer este último derecho por su
mayor contenido axiológico.

No existe en sentir de este Tribunal tal conflicto normativo, pues no es


cierto que el citado artículo 49, tal como quedó modificado por el acto
legislativo, criminalice el porte y consumo de sustancias estupefacientes
o psicotrópicas; simplemente lo prohíbe, salvo prescripción médica,
imponiendo al infractor medidas y tratamientos administrativos de
orden pedagógico, profiláctico o terapéutico para los consumidores e
incluso para no desacatar la sentencia C-221 de 1994 establece la
posibilidad de que aquél manifieste su consentimiento para someterse a
las mismas, en respeto al derecho al libre desarrollo de la personalidad.

Por ese mismo no era necesario acudir, como lo hizo la Corte, al contenido
literal del artículo 11 de la ley 1453 de 2011, que modificó el artículo 376
del código penal del 2000 –en cuanto suprimió la frase “salvo lo
dispuesto sobre dosis para uso personal”-, pues resulta claro que es esta
norma –y no los preceptos constitucionales entre sí- la que entra en
aparente conflicto con los artículos 16 y 49 de la Constitución Política,
pero por ser norma de inferior categoría debe interpretarse en
consonancia con aquéllas, en el sentido de señalar que únicamente
resulta objeto de reproche penal el porte de cualquier sustancia de las
allí enunciadas, distinto a aquella cantidad que la persona lleva consigo
para su propio consumo.

De otra parte, la conclusión a que llega la Corte, si bien resulta acertada


en cuanto defiende la imposibilidad de castigar a quien porta sustancia
estupefaciente para su propio consumo aún por encima de los límites
fijados en el literal j) del artículo 2º de la ley 30 de 1986, resulta en
nuestro sentir errada en tanto termina, de una parte, ligando el concepto
7
Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, Sentencia de 17 de agosto de 2011, Radicado 35978,
M.P. Fernando Alberto Castro Caballero.
10
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

de dosis personal a los topes allí establecidos y, por tanto, declarando la


vigencia de la norma sin suministrar una explicación concreta al
respecto8 y, de otra, al darle prioridad a una solución eminentemente
cuantitativa.

La nueva dogmática introducida a raíz de la expedición del código


penal del 2000 y el contenido del Acto Legislativo 02 de 2009, indican
que tales topes establecidos para las cantidades de sustancias
“penalmente” permitidas, fueron efectivamente derogados como se
explicó con anterioridad y que aquello que importa realmente, en punto
de la intervención penal, radica en establecer si la persona porta la
sustancia para fines distintos al consumo, independientemente de la
cantidad decomisada.

Una lectura aislada del pronunciamiento de la Sala de Casación de la


Corte Suprema de Justicia ha servido incluso a los detractores de la
llamada dosis personal a sostener que como el literal j) del artículo 2º de
la ley 30 de 1986 sigue manteniendo su vigencia, no hay siquiera la
posibilidad de plantearse la no intervención penal en aquellos casos que
se supera los límites establecidos, aunque el sentido de la decisión de la
alta Corporación sea otro, como se lee del contenido de la citada
sentencia de agosto 17 de 2011.

2) Es penalmente responsable quien porte cantidades superiores a veinte


(20) gramos de marihuana; 5 gramos de marihuana hachís; 1 gramo de
cocaína o de sustancia a base de cocaína; y 2 gramos de metacualona.
Criterio introducido por la ley 30 de 1986 y mantenido por algunos
jueces por largos períodos, sin considerar si las dosis en exceso eran o no
para consumo personal. En ese sentido se puede mencionar la sentencia
de casación recaída dentro del Radicado No, 4771 de julio de 1991 en la
cual la Corte dijo que “no será dosis personal la que “exceda” de la
cantidad que de modo expreso se señala, tampoco la que aún por debajo
del tope fijado, no se halle destinada al “propio consumo”, ni la que tenga
por destinación su distribución o venta”;

Esta postura también resulta insostenible hoy, pues de no admitirse que


tales límites desaparecieron del ordenamiento jurídico, la verdad es que
la tendencia jurisprudencial actual considera admisible que aún en
cantidades que los superan no se requiere la intervención penal, en
tratándose de cantidades de sustancia no significativas que la persona

8
Ver página 17 del fallo de agosto 17 de 2001.
11
Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

lleve consigo para su propio consumo. En ese sentido varios han sido los
fallos de la alta Corporación, a los cuales por brevedad nos remitimos.

3) No es penalmente responsable quien porte tales sustancias para su


propio consumo, en dosis que aunque superiores a esos límites resulten
cercanas a los mismos o que no desborden el límite de razonabilidad en
punto al factor cantidad.

Esta postura, al parecer mayoritaria en estrados judiciales, encuentra


apoyo en varias sentencias de la Corte Suprema de Justicia, incluso en
fallos de tribunales y jueces que han dicho que el verdadero sentido de
tales fallos de la Corte es que quien sea sorprendido en cantidades que
superen en el doble a aquellos límites debe responder penalmente, sin
importar si la sustancia la porta o no para su propio consumo.

La sentencia de agosto 17 pasado de la alta Corporación, que hemos


venido citando, explica esta postura, a la cual esta Sala del Tribunal no
se adhiere por las siguientes razones:

Resulta de difícil, sino de imposible, concreción, establecer cuando la


cantidad de sustancia incautada desborda el “límite de razonabilidad” en
el contexto abordado por la Corte, cuando en el caso sometido a su
consideración expresó que “mal puede aceptar la Corte este argumento para
disculpar la acción de….al portar marihuana en una cantidad superior en cuatro
veces a la dosis tolerada, pues claramente esa cuantía, desborda el límite de
razonabilidad…”.

En nuestro sentir ningún criterio cuantitativo es válido, ni siquiera aquél


de la “doble cantidad” del límite establecido en el citado literal j) como se
ha venido pregonando caprichosamente por algunos, pues el problema
no es simplemente matemático sino de orden cualitativo. La cantidad
requerida por cada persona para calmar su propia adicción involucra
múltiples factores, en el entendido que el efecto estupefaciente no sólo
varía en función a la cantidad, naturaleza y pureza de la droga o
sustancia, sino también en razón de la constitución y grado de adicción
de la persona e incluso de su situación socioeconómica y estado de
ánimo, al punto que en este campo es muy relativo el valor del dictamen
médico –no obstante, ha de calificarse, cuanto contiene fundamentos
racionales y ha sido practicado con observancia de las reglas científicas,
como un buen criterio de orientación-, siendo los jueces los llamados a
establecer, con base en el material probatorio recaudado, cuando una

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Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

cantidad incautada de estupefacientes puede ser o no consumida


gradualmente en dosis personales.

En sentencia de agosto 3 de 2009, la Sala de este mismo Tribunal


presidida por el Magistrado John Jairo Gómez Jiménez, al responder a
quienes creyeron ver en los fallos de la Corte y este Tribunal una
solución cuantitativa fija de la dosis legalmente permitida, expresó:

“Para comenzar, lo dijo también el juez acertadamente, el concepto de


insignificancia no es matemático sino racional en la medida en que en su definición
se mezclan valoraciones sobre las circunstancias de vida e incautación de los
elementos.

Es cierto que el ejercicio de modulación de las sentencias de la Sala de Casación


Penal de la Corte, esa insignificancia nunca ha sido reconocida en un supuesto de
una cantidad superior al cincuenta por ciento de porte de estupefaciente
autorizado. Por ejemplo, de un lado, en la sentencia expedida en el expediente
29183 del 18 de noviembre del año anterior, la absolución recayó en una cantidad
del 49.5 por ciento superior a la dosis autorizada y en la del pasado 8 de julio de
2009, proferida en el expediente 31531, correspondió al treinta por ciento de
exceso. De otro, cuando a la Corte le correspondió examinar un supuesto superior al
cien por ciento, sentencia del 26 de abril de 2006, expediente 24612, fijó su
conclusión del evidente porte lesivo que expresaba esa cantidad.

Empero, siguiendo la misma perspectiva de la Corte de Casación, no es el peso neto


de la sustancia lo definitivo, sino el estudio de cada historia de vida lo que le otorga
sentido. En el expediente 29183 expresó sobre esta conclusión “…el análisis de
asuntos como el que ocupa la atención de la Sala, referidos a la posesión de
pequeñas cantidades de estupefacientes (o cualquier otra droga restringida:
sicotrópica, alucinógena, sintética, etc.) , debe hacerse desde la perspectiva de la
dosis personal, esto es, estableciendo si el agente tiene la sustancia para su propio
consumo, o si la situación en que se encuentra involucra o insinúa el tráfico de
drogas”.

Lo anterior, con mayor razón considerando la sentencia del pasado 8 de julio,


expediente 31531, en la que la Corte Suprema admite la posibilidad de reconocer
la dosis de aprovisionamiento. Reflexionó sobre este punto en particular, de la
siguiente forma:

‘Bien puede afirmarse que al concepto de dosis personal se liga el de


“aprovisionamiento”, el cual se evidencia en dependientes (habituales,
disfuncionales, destructivos) o experimentadores y ocasionales9 apenas en proceso

9 El principio de impunidad del consumidor implica defender la no incriminación de todas las conductas
relacionadas con la droga, no sólo la tenencia o posesión, que tengan como exclusivo objeto el
autoconsumo de la misma por el agente. (…) La impunidad no alcanza sólo al toxicómano o adicto a la
droga, que [Link]., cultiva o posea droga para su consumo, sino también al consumidor ocasional, es decir, al
que no presenta dependencia ni física ni psíquica y consume esporádicamente droga. La no exigibilidad
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de iniciación en ese mundo, a quienes como “consumidores hormiga” se les
sorprende llevando consigo marihuana, cocaína (derivados) o cualquier otra droga
que produzca dependencia física, psíquica y fenómenos de tolerancia, en
cantidades escasas que sobrepasen los topes legalmente permitidos, eventos en los
que antes que producir un daño o peligro de menoscabo al bien jurídico socio
colectivo de la salud pública de que trata el Título XIII de la Ley 599 de 2000, lo
que se pone de presente es un comportamiento “auto–destructivo” o de “auto-
lesión” el cual incumbe los ámbitos exclusivos de la libertad de esa persona, es
decir, a un fenómeno singular carente de antijuridicidad material (ausencia de
lesividad) y que, por ende, no es punible’.

Concluyendo:

‘En esa mirada valorativa es que como se entiende que en los eventos de llevar
consigo dosis personal o de aprovisionamiento de sustancias estupefacientes, se
trata de comportamientos intranets en un todo individuales que no afectan la
amenidad singular o colectiva de una comunidad concreta, y no se puede pregonar
entonces antijuridicidad material pues, por exclusión de efectos, la ausencia de
lesividad social resalta, amén que pueden converger figuras de exoneración de
responsabilidad delictiva como la atipicidad (Prieto Rodríguez), estado de
necesidad (Antonio Beristain), causal de inculpabilidad, ya como trastorno mental
que implica inimputabilidad o como no exigibilidad de otra conducta por el acoso
de la dependencia (Bacigalupo), y por ende, no se torno jurídico imponer una pena
sino, por el contrario, absolver, como aquí se debe proceder’.

A propósito, no puede contrariar el ejercicio de este tipo de valoraciones el


sentimiento de inseguridad que puede generar para los operadores jurídicos. Para
responder a este planteamiento expresado tácitamente por el delegado de la
fiscalía, es suficiente con traer a colación la siguiente reflexión de Zafaroni: “No es
válida la objeción de que es difuso el límite entre la insignificancia y la
significación de la lesión: las zonas grises nunca son pretexto que legitime la
extensión del poder punitivo, Bastaría cualquier ideólogo del derecho penal
autoritario radicalizar las dudas sobre cualquier límite para llegar a los mismos
resultados del derecho penal totalitario”.

Es que, la función del juez es la de juzgar conductas conforme a la justicia, el


derecho y una realidad histórica que se modifica y evoluciona, y si hay espacios de
valoración, que en todas las situaciones van a existir, su definición hace parte de su
actividad”

No obstante esa postura de la Corte a que hace referencia la trascripción


anterior, en nuestro sentir, cuando desarrolla el tema en la sentencia de
agosto 17 pasado, deja por fuera la llamada “dosis de aprovisionamiento

de responsabilidad criminal en estos casos deriva de la falta de tipicidad del consumo, como acto final o
fin objetivo en sí mismo considerado. JAVIER IGNACIO PRIETO RODRÍGUEZ, El delito de tráfico y el consumo
de drogas en el ordenamiento jurídico penal español, Barcelona, Editorial Bosch, 1986, página 221.

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personal”, en el entendido que una cosa es la cantidad de estupefaciente


de que dispone una persona y que usualmente ingiere de una sola vez,
que aquella de que se provee para varios consumos; piénsese no más en
aquel adicto que prefiere hacerse a mayores cantidades de sustancia
estupefaciente para calmar la adicción de varios días, que adquirirla
diariamente para un consumo único, caso en el cual la situación no
resulta distinta desde el punto de vista de la llamada dosis personal.

De vieja data este Tribunal ha tratado el tema, al señalar que la


“cantidad que constituya la dosis personal es variable en razón de cada
droga o sustancia y también de cada persona. Su determinación no es
asunto de la fijación de un arbitrio tope aritmético, sino de determinar la
cantidad que una persona dada debe consumir para que se produzca el
efecto estupefaciente o alivie por un lapso razonable de tiempo la
ansiedad de la drogadicción. Es tan absurdo e imposible fijar
aritméticamente esa cantidad, como determinar, en la marihuana, por
ejemplo, el número de fumadas o aspiraciones que la constituyen. Esa
dosis tampoco coincide con la cantidad que el paciente suele o puede de
hecho consumir….”10

Esta decisión del Tribunal, con ponencia de quien recientemente fue


homenajeado merecidamente por la Universidad de Medellín, estuvo
precedida de un brillante concepto fiscal emitido el 8 de febrero de ese
mismo año por el doctor J. Guillermo Escobar M., quien al cuestionar los
fundamentos de un examen médico legal sobre dosis personal habría de
manifestar:

“Empero –cómo negarlo-, para bien o para mal, nuestra tendencia ha sido siempre
iconoclasta. Más que a quien habla, paramos mientes a lo que dicen. Y a fe que
nada nos convence la opinión del Instituto de Medicina Legal de Medellín,
transcrita por el señor Juez del Circuito. Al contrario: creemos que quien posee tal
motivación, necesariamente debe concluir contrariamente a como,
desventuradamente, lo ha hecho. En primer el carácter de intoxicado crónico,
precisamente, por su dependencia, reclama, casi como normalidad de su
anormalidad, el aprovisionamiento que en lugar de destruir su índole de
intoxicado, resulta ratificándolo. La mejor probanza del aserto anterior, nos la da el
Instituto de Medicina Legal, con el ejemplo del fumador corriente que compra una
cajetilla de aprovisionamiento. Si se nos permitiera lo anecdótico personal,
diríamos que somos esclavos del vicio del cigarrillo, a punto tal que ya dimos al
cáncer la diferente interpretación de “Una enfermedad que, como cualquiera otra,
truncará algún día nuestra vida”; y por ello somos miopes para leer la connotación
legal de todo paquete de cigarrillos: “El tabaco es nocivo para la salud”; por esto,

10
Tribunal Superior de Medellín, Sentencia de abril 14 de 1980, M.P. Dr. Juan Fernández Carrasquilla.
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por nuestro hábito, sentimos la necesidad de aprovisionamiento, y así como ahora,
cuando dictábamos este concepto, a pesar de tener casi media cajetilla sobre el
pupitre, sentimos el impulso de aprovisionamiento y, compelidos por él, bajamos a
la calle para aprovisionarnos. Ya tranquilos, fumaremos nuestros cigarrillos uno a
uno. Es nuestra dosis personal”.

Tampoco el rechazo a la falta de lesividad de un tal comportamiento


puede apoyarse “con la presunción que opera sobre la puesta en riesgo
de bienes jurídicos como la salud pública, el orden económico y social,
entre otros intereses, cuando alguien es sorprendido en poder de droga
en una cantidad importante, pues si es ostensiblemente superior a lo
definido como dosis personal, no es posible concluir que esté destinada al
consumo, sino a cualquiera de las conductas consideradas lesivas y por
tanto, objeto de sanción penal”, como agrega enseguida la Corte.

Aparte que en materia de responsabilidad penal la presunción


únicamente opera a favor del reo, la puesta en peligro de bienes jurídicos
no puede reducirse a términos de cantidad. Lo verdaderamente
importante es preguntarse si la cantidad de sustancia que la persona
lleve consigo para su propio consumo alcanza a vulnerar materialmente
la salud pública, el orden económico y social y otros intereses colectivos.
La Sala no lo cree, precisamente por lo que se dijo en la sentencia C-221
de 1994 de la Corte Constitucional, que la misma Corte Suprema de
Justicia transcribe al inicio de su providencia, en el sentido que la
naturaleza del derecho es “tener como objeto de regulación el
comportamiento interferido, esto es, las acciones de una persona en la
medida en que interfieren en la órbita de acción de otra u otras, se
entrecruzan con ella, la interfieren. Mientras esto no ocurra, es la norma
moral la que evalúa la conducta del sujeto actuante (incluyendo la
conducta omisiva dentro de la categoría genérica de la acción). Por eso
se dice, con toda propiedad, que mientras el derecho es ad alterum, la
moral es ab agenti o, de otro modo, que mientras la norma jurídica es
bilateral, la moral es unilateral”, para señalar a continuación que las
normas que consideran el consumo de drogas un delito, son contrarias a
la Constitución Política.

El carácter pluriofensivo del delito de porte de estupefacientes sólo se


entiende enmarcado dentro de los comportamientos propios del tráfico
de estupefacientes –incluida su distribución a título gratuito-, pues de
llegar a abarcar la conducta del adicto que es sorprendido con sustancia
destinada a su propio consumo se termina por equiparar la situación de
éste con la del traficante de droga, que es a donde realmente se dirige el
reproche en materia penal, y de dar un tratamiento punitivo al
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comportamiento de un enfermo –si así se quiere llamar al adicto-, que en


lugar de ser un sujeto que hace parte de la cadena de traficantes,
termina siendo una víctima más del ilícito comercio.

Sostener que, si el fármaco-dependiente pretende que su


comportamiento sea excusado dada su condición, debe conformarse con
portar la dosis en las cantidades permitidas o que las superen
mínimamente, es desconocer la realidad en la cual se desenvuelve un
fenómeno que únicamente toca con la libertad del consumidor y que no
alcanza en lo más mínimo a vulnerar intereses colectivos.

Según ese pensamiento tendrá el adicto que conformarse con salir, por
ejemplo, en búsqueda de un máximo de veinte (20) gramos de
marihuana –o de una indeterminaba cantidad mayor que resulte
insignificante-, cada vez que requiera para calmar su ansiedad, pero no
puede adquirir de una sola vez cantidades mayores que tengan la misma
destinación, lo cual resulta un absurdo, no sólo en punto de la falta de
lesividad de la conducta, como quiera que el resultado es el mismo, sino
en consideración a la realidad que toca con los consumidores, quienes de
tener los medios prefieren proveerse de una sola vez de cantidades
mayores para graduales consumos que estar acudiendo a los expendios
clandestinos en forma permanente y con mayor riesgo de ser
sorprendidos por las autoridades.

Claro que aquí no se está hablando de cantidades enormes de sustancia


estupefacientes, que probarían en forma indiscutible que no son para el
propio consumo, que sí de cantidades moderadas que podrían dar cuenta
que el consumidor requiere más de los límites señalados por la Corte o
que se trata de provisiones para consumos periódicos, todo lo cual reduce
el problema a un asunto de tipo probatorio.

4. Es atípica objetivamente la conducta de quien porte sustancia para su


propio consumo, sin importar su cantidad, y por tanto no debe responder
penalmente y únicamente debe ser sometido a medidas de carácter
pedagógico, profiláctico o terapéutico. Tesis que se apoya en la
expedición del acto legislativo 02 de diciembre 21 de 2009, pues se
afirma que este acto legislativo derogó implícitamente el literal j) del
artículo 2º de la ley 30 de 1986.

5. Es atípica subjetivamente –por falta de lesividad de la conducta-, la


conducta de quien porta sustancia para su propio consumo, sin importar
su cantidad, y por tanto no debe responder penalmente, haciéndose
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Juan David Mejía Sánchez

acreedor únicamente a las anteriores medidas de tipo administrativo o


contravencional.

6. Por último está quienes sostienen, que eventos como los anteriores, si
bien son de conocimiento de la jurisdicción penal, deben ser resueltos a
través de la aplicación del principio de oportunidad, para lo cual se
apoyan fundamentalmente en lo dispuesto en la causal 13 del artículo
324 del código de procedimiento penal (“Cuando el juicio de reproche
de culpabilidad sea de tan secundaria consideración que haga de la
sanción penal una respuesta innecesaria y sin utilidad social”). Se trata
de una renuncia a la acción penal de escasa utilización por los
operadores jurídicos, más por las trabas que su reglamentación ha
establecido, y que en nuestro sentir parte de reconocer que la conducta
que ocupa nuestro estudio es penalmente relevante.

A estas seis posturas se reduce realmente la respuesta que en estrados


judiciales se ha dado al problema de la dosis personal y de los
consumidores de estupefacientes.

Por lo que se ha dicho, la Sala considera que ya sea por atipicidad


objetiva o subjetiva no hay lugar al reproche penal en los casos de
consumidores que porten sustancias prohibidas para su propio consumo,
independientemente de su cantidad, para lo cual en cada caso –y eso es
lo realmente importante- impera acreditar la historia personal del
portador de la droga, la relación existente entre el porte y el consumo y,
finalmente, la ausencia de prueba sobre distribución a terceros a título
gratuito u oneroso.

Es de anotar que existe unanimidad legislativa y jurisprudencial en


castigar penalmente a quien, sin importar la cantidad de sustancia
estupefaciente, sea sorprendido portándola para fines distintos al
consumo personal, esto es para su distribución o venta, a cualquier título
–no importa si quien la distribuye lo hace de manera gratuita-.

De todas maneras el criterio definitivo debe radicar en el elemento


subjetivo de la conducta, atendiendo al ánimo que inspira al agente o la
finalidad que persigue, de manera que jamás puede ser tratado como
traficante aquel que porta la sustancia para su propio consumo.

3. En el caso sometido a estudio de la Sala se tiene que Juan David Mejía


Sánchez fue sorprendido portando 87.3 gramos de marihuana.

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Se trata de una cantidad moderada, como quiera que en un consumidor


de marihuana bien puede caber la posibilidad que pudiera ser
consumida gradualmente en escasos días.

Está descartado que la yerba estuviera destinada para su distribución


gratuita u onerosa, como quiera que nadie acompañaba al imputado en
el momento de su captura en flagrancia y tampoco el informe de
retención refiere nada al respecto, incluso porque fue sorprendido en un
sitio que no es reconocido como lugar de expendio público.

No existe siquiera evidencia que Mejía Sánchez esté dedicado al


expendio de estupefacientes, pues aparte que no registra antecedentes
penales, se sabe que se encuentra dedicado desde hace mucho tiempo a
la ebanistería, como así lo acreditan las entrevistas recogidas y las
investigaciones realizadas por el grupo de apoyo de la Fiscalía.

Precisamente, los entrevistados Yurany Andrea Mejía Sánchez, Luisa


Fernanda Mejía Ramírez, Luís Alfredo Muñoz Ramírez, Pablo Andrés
Ramírez Espinal, Uriel Rendón Londoño y Juan David Mejía Sánchez,
todos del entorno familiar, social y laboral del imputado y quienes
tenían porqué saberlo, aludieron a su condición de consumidor de
marihuana de muchos años. Decir que por ser familiares y amigos
cercanos del procesado –no todos lo son, pues también rindió entrevista
su jefe laboral- tienen un sesgo de parcialidad, como lo dice el juez,
carece de seriedad, cuando lo indicado era que analizara el contenido de
sus entrevistas para llegar a su conclusión, lo cual no hizo. Es que si bien
hay que tener mayor cuidado en el análisis de los testimonios de los
parientes o amigos cercanos, no por el hecho de serlo pueden ser
rechazados. Y en este caso, no se sabe qué otros declarantes podrían
acudir a informar al respecto, cuando en realidad son las personas
cercanas al consumidor quienes tienen una información privilegiada de
su adicción, y no terceras personas que no permanecen en su compañía.

Por si fuera poco, en la copia de la historia clínica aportada por el


representante de la Fiscalía se lee que el 4 de septiembre de 2006 en
consulta externa el médico se refirió a su condición de consumidor de
marihuana 2 veces al día (fl. 60 de la carpeta), lo cual confirma que los
entrevistados no inventaron dicha adicción para ayudar a su conocido,
como sucede en algunos casos.

Si bien el dictamen médico puede dar luces al respecto, no es prueba que


se considere obligatoria en estos casos, cuando difícilmente un perito
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podría en casos de dosis personal de aprovisionamiento descartar que


una tal cantidad no pueda ser consumida en escasos días por el
procesado, que es lo que entendemos probado en este caso, si lo único
que podría decirnos como criterio de orientación es que no es una
cantidad que pueda ser consumida de una sola vez, lo cual puede ser así,
pero que en últimas no descarta que la cantidad incautada se portaba
para el propio consumo, por las evidencias que anteriormente se
anotaron.

Finalmente, aquello que sugiere el funcionario de conocimiento acerca


de la incompatibilidad entre la enfermedad sufrida al parecer por el
procesado y las ingesta de la sustancia estupefaciente, constituye una
simple elucubración, sin apoyo científico, que no puede constituirse en
prueba en contrario a la pretensión de los censores.

En este caso, por demás, ya ni siquiera cabe la posibilidad de seguir


investigando los hechos, como ordenó el juez, si tenemos en cuenta que
luego de la formulación de imputación el fiscal tiene que optar por
acusar o solicitar preclusión, por lo que mal se hace en ordenarle que
continúe con las investigación cuando éste se encuentra convencido, con
información que así lo acredita, que el procesado portaba la sustancia
para su propio consumo, por lo que al menos por virtud del favor rei el
procedimiento debe terminar en la forma pretendida por los censores.

Se revocará, entonces, la determinación de primera instancia y, en su


lugar, se dispondrá la preclusión.

Por lo expuesto, esta Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de


Medellín,

RESUELVE:

Revocar la determinación emitida el pasado 8 de agosto por el Juez 20


Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Medellín y, en su
lugar, se dispone la preclusión a favor de Juan David Mejia Sánchez en
aplicación de la causal 4ª del artículo 332 de la ley 906 de 2004.

Realizada la audiencia de lectura de esta providencia, en la cual se


notificará su contenido, regrese inmediatamente la carpeta al juzgado de
origen, para su conocimiento y archivo de la actuación.

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Segunda instancia 2011-80081 (065-2001)
Juan David Mejía Sánchez

Contra esta determinación no procede ningún recurso.

CÚMPLASE.

SANTIAGO APRÁEZ VILLOTA


Magistrado

OSCAR BUSTAMANTE HERNÁNDEZ


Magistrado

ÁLVARO CERÓN CORAL


Magistrado

21

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