TEMA 3.
La Tectónica de placas
Introducción
La superficie terrestre es el resultado de un equilibrio dinámico entre procesos que
actúan desde el interior del planeta y otros que lo hacen desde el exterior. Estos
procesos se estudian a través de la geodinámica, que se divide en geodinámica interna
y geodinámica externa. Mientras que la primera es responsable de la creación del
relieve, la segunda se encarga de su desgaste y modelado. Ambos tipos de procesos
actúan de manera opuesta, pero complementaria, y explican la diversidad de paisajes
existentes en la Tierra.
1.2. El motor interno de la tierra
La geodinámica interna se basa en la energía que posee el interior del planeta. La
fuente principal de esta energía es la desintegración radioactiva de elementos como
el uranio, el torio y el potasio, a la que se suman el calor remanente de la formación de
la Tierra, el calor liberado por la cristalización del núcleo y la energía gravitatoria. Este
calor interno genera corrientes de convección en el manto, que son el motor de la
Tectónica de Placas, teoría fundamental para comprender la dinámica terrestre.
1.3. Litosfera y placas tectónicas
Según esta teoría, la parte externa de la Tierra está formada por la litosfera, una capa
rígida compuesta por la corteza y la parte superior del manto. La litosfera no es
continua, sino que está fragmentada en grandes bloques denominados placas
litosféricas, que se desplazan lentamente, a unos pocos centímetros al año, sobre la
astenosfera, una capa más caliente y dúctil. El movimiento de estas placas explica
fenómenos como la formación de océanos, cordilleras, volcanes y terremotos.
1.4. Tipos de bordes de placas
Las placas interactúan entre sí en zonas llamadas bordes o límites de placa, que pueden
ser de tres tipos. Los bordes divergentes se producen cuando dos placas se separan. En
estas zonas asciende material del manto que, al solidificarse, forma nueva corteza
oceánica, dando lugar a las dorsales oceánicas. Este tipo de borde se caracteriza por la
presencia de vulcanismo abundante y terremotos de intensidad moderada.
Los bordes convergentes se originan cuando dos placas chocan. Si una de ellas es
oceánica, subduce bajo la otra por ser más densa, lo que provoca la destrucción de
corteza oceánica, la formación de fosas y un intenso vulcanismo. En la colisión entre
una placa oceánica y una continental se forman grandes cordilleras volcánicas, como los
Andes. Cuando el choque se produce entre dos placas continentales, ninguna subduce y
la corteza se pliega y engrosa, originando grandes cordilleras como el Himalaya. Estos
bordes se asocian a terremotos de gran intensidad.
Los bordes transformantes se producen cuando dos placas se deslizan lateralmente
una respecto a la otra. En este caso no se crea ni se destruye corteza, pero la
acumulación de tensiones da lugar a terremotos, a menudo muy destructivos. La
tectónica de placas explica así la distribución mundial del vulcanismo y la sismicidad,
que se concentran principalmente en los límites de placa.
TEMA 4.
La Orogenia formación de montañas
Dentro de la geodinámica interna destaca la orogenia, es decir, el conjunto de procesos
responsables de la formación de montañas. A lo largo de la historia geológica se han
producido varias orogenias importantes. La orogenia Caledoniana, desarrollada en el
Paleozoico temprano, afectó al norte de Europa. Posteriormente, al final del Paleozoico,
tuvo lugar la orogenia Herciniana o Varisca, relacionada con la formación de Pangea;
sus relieves fueron posteriormente erosionados y transformados en zócalos. La más
importante para el relieve actual es la orogenia Alpina, iniciada en el Cenozoico y aún
activa, responsable de cordilleras como los Alpes, los Pirineos, las Béticas y el
Himalaya.
Relieves plegados
La orogenia da lugar a distintos tipos de relieve estructural. Los relieves plegados se
forman cuando las rocas se deforman plásticamente bajo esfuerzos compresivos. En un
anticlinal, los materiales más antiguos se sitúan en el núcleo, mientras que en un
sinclinal los materiales más modernos ocupan el centro. Cuando la presión es muy
intensa, los pliegues pueden romperse, originando cabalgamientos y mantos de
corrimiento, en los que grandes masas rocosas se desplazan varios kilómetros.
Relieves fallados
Los relieves fallados se originan por fracturas de la corteza llamadas fallas, en las que
se produce desplazamiento de bloques. Las fallas pueden ser normales, cuando
predominan fuerzas distensivas; inversas, cuando dominan fuerzas compresivas; o de
cizalla, cuando el desplazamiento es horizontal. La combinación de fallas da lugar a
formas características como los horst, que son bloques elevados, y los graben, que son
bloques hundidos.
Vulcanismo, sismicidad y movimientos verticales
Otros procesos internos importantes son el vulcanismo, que se produce cuando el
magma alcanza la superficie y se transforma en lava, y el plutonismo, cuando el magma
solidifica en profundidad formando intrusiones como diques o batolitos. La sismicidad
consiste en movimientos bruscos de la corteza que liberan energía acumulada y
provocan terremotos, medidos actualmente mediante la escala de magnitud de
momento (MW). Además, existen movimientos verticales lentos denominados
epirogénesis, y procesos de isostasia, que ajustan el equilibrio de la corteza según su
peso.
TEMA 5. AGENTES EXTERNOS Y MODELADO DEL RELIEVE
Frente a los agentes internos actúa la geodinámica externa, que depende
fundamentalmente de la energía solar y de la gravedad, y es responsable de la
meteorización, erosión, transporte y sedimentación. Su acción está condicionada por
factores como el clima, la litología, la estructura geológica, el tiempo y la intervención
humana.
Factores que influyen en el modelado del relieve
El modelado del relieve no es uniforme, sino que depende de varios factores. El clima
determina la intensidad de los procesos erosivos; la litología condiciona la resistencia
de las rocas; la estructura geológica influye en la forma del relieve; el tiempo permite
la acumulación de los efectos; y la acción humana puede acelerar o modificar los
procesos naturales.
Meteorización y agentes climáticos
La meteorización es la alteración de las rocas en el lugar donde se encuentran. La
temperatura provoca fragmentación por dilatación y contracción, fenómeno conocido
como termoclastia, mientras que la humedad favorece la meteorización química,
dando lugar a procesos como la descamación. El viento actúa como agente erosivo y de
transporte, especialmente en zonas áridas.
La acción del agua
El agua es el principal agente erosivo continental. Las aguas pluviales producen
erosión superficial, originando surcos, cárcavas y barrancos. Las aguas fluviales
excavan valles y transportan sedimentos, organizándose en una red fluvial en la que se
distingue un curso alto, dominado por la erosión; un curso medio, donde predomina el
transporte; y un curso bajo, caracterizado por la sedimentación.
Aguas marinas, hielo y otros agentes
Las aguas marinas erosionan el litoral mediante el impacto y la succión de las olas,
formando acantilados, playas, terrazas marinas, flechas litorales y tómbolos. El hielo, a
través de los glaciares, modela el relieve formando circos, valles en U y morrenas, y en
zonas frías se desarrollan procesos periglaciares como la crioclástia.
Finalmente, los seres vivos contribuyen a la formación del suelo y a la alteración de las
rocas, mientras que el ser humano actúa como un potente agente externo capaz de
acelerar los procesos erosivos mediante actividades como la minería, la urbanización o
la agricultura intensiva.
En conjunto, el relieve terrestre es el resultado de la interacción constante entre fuerzas
internas que construyen y fuerzas externas que destruyen y remodelan, configurando los
paisajes actuales de la Tierra.
TEMA 6. Atmosfera y dinámica atmosférica
Concepto y composición
La atmósfera es la capa gaseosa que envuelve la Tierra y que se mantiene unida al
planeta gracias a la gravedad. Está formada principalmente por nitrógeno y oxígeno,
además de pequeñas proporciones de otros gases como el dióxido de carbono, el ozono
o el vapor de agua, junto con partículas en suspensión. Esta mezcla gaseosa no solo
permite la vida, sino que también protege la superficie terrestre de la radiación solar
más dañina, regula la temperatura global y desintegra la mayoría de los meteoritos antes
de que alcancen el suelo.
Estructura de la atmósfera
Su estructura se organiza en capas según el comportamiento de la temperatura con la
altitud.
La más cercana al suelo es la troposfera, donde se desarrollan todos los fenómenos
meteorológicos y donde se concentra la mayor parte del aire. En ella la temperatura
disminuye con la altura siguiendo el gradiente térmico vertical. Su límite superior, la
tropopausa, marca una zona de transición donde la temperatura deja de descender y
donde circulan las corrientes en chorro.
Por encima se encuentra la estratosfera, caracterizada por movimientos horizontales y
por la presencia de la capa de ozono, que absorbe la radiación ultravioleta y provoca un
aumento progresivo de la temperatura.
Tras la estratosfera aparece la mesosfera, la capa más fría de la atmósfera, donde se
queman los meteoritos y se forman las nubes noctilucentes. Su límite superior, la
mesopausa, da paso a la termosfera, donde la temperatura aumenta bruscamente debido
a la absorción de radiación de alta energía, y donde se producen las auroras polares.
Finalmente, la exosfera constituye la transición hacia el espacio exterior, con aire
extremadamente tenue.
Funciones de la atmosfera
La atmósfera cumple funciones esenciales: actúa como reservorio de gases
imprescindibles para la vida, protege de la radiación y de los meteoritos, y regula la
temperatura mediante el efecto invernadero natural, que mantiene el planeta a unos 15
ºC de media. Sin este efecto, la Tierra sería un mundo helado con temperaturas medias
cercanas a –18 ºC.
2. Dinámica Atmosférica
La dinámica atmosférica se basa en el movimiento de las masas de aire dentro de la
troposfera, impulsadas por diferencias de temperatura y presión. Entre las fuerzas que la
controlan destacan tres principales: la rotación terrestre, que genera el efecto Coriolis y
desvía los movimientos hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el
sur; la insolación diferencial, que calienta más el ecuador que los polos y origina
movimientos convectivos; y la propia rotación de la Tierra, que imprime inercia al aire.
A estas fuerzas se suman otras menores, como la distribución desigual de mares y
continentes o la presencia de grandes cordilleras, que modifican los flujos de aire y
pueden generar fenómenos como el efecto Foehn.
Circulación general atmosférica
El resultado de estas interacciones es la circulación general atmosférica, organizada
en tres grandes células por hemisferio: Hadley, Ferrel y Polar.
La célula de Hadley, situada entre el ecuador y los 30º, explica la formación de los
vientos alisios y de las zonas de altas presiones subtropicales donde se ubican los
grandes desiertos.
La célula de Ferrel, entre 30º y 60º, está dominada por los vientos del oeste,
responsables del clima de las latitudes medias.
La célula Polar, entre 60º y 90º, genera vientos fríos del este. La interacción entre estas
células crea zonas clave como la ZCIT, donde convergen los alisios y se producen
intensas lluvias, o el Frente Polar, donde chocan masas de aire cálido y frío y se
originan borrascas.
TEMA 7. Dinámica atmosférica en latitudes medias y clima
mediterráneo
En las latitudes medias, donde se sitúa la Península Ibérica, la dinámica atmosférica está
dominada por los vientos del oeste, el Frente Polar y la corriente en chorro. La posición
del chorro polar determina la llegada de borrascas atlánticas: cuando desciende en
invierno, facilita la entrada de aire frío y húmedo; cuando asciende en verano, permite
que el anticiclón de las Azores se desplace hacia el norte y bloquee la llegada de
frentes, generando tiempo estable, seco y caluroso.
La Península recibe además la influencia de diversas masas de aire: desde las frías y
secas de origen ártico o polar hasta las cálidas y secas procedentes del norte de África,
responsables de las olas de calor y de las calimas. El Mediterráneo también desempeña
un papel importante, especialmente en otoño, cuando sus aguas aún cálidas favorecen la
formación de DANAs y episodios de lluvias torrenciales.
TEMA 8. Elementos y factores climáticos
Elementos del clima
Los elementos del clima —temperatura, precipitación, presión, viento, humedad,
insolación, nubosidad y evaporación— describen el estado de la atmósfera y permiten
caracterizar los distintos climas. La temperatura depende de la insolación, la altitud y la
continentalidad; la presión disminuye con la altura; el viento se desplaza de altas a bajas
presiones; y las precipitaciones pueden ser orográficas, convectivas o frontales, según
su origen. La humedad, la nubosidad y la evaporación completan el conjunto de
variables que definen el comportamiento atmosférico.
Los factores del clima
Los factores del clima explican por qué estas variables cambian de un lugar a otro. La
latitud determina la cantidad de radiación recibida; la circulación general atmosférica
organiza los grandes patrones de viento; las corrientes oceánicas redistribuyen el calor;
la altitud enfría el aire; el relieve actúa como barrera; y la distancia al mar regula la
amplitud térmica.
En este contexto se enmarca el clima mediterráneo, característico de las latitudes
medias y presente en la cuenca mediterránea, California, Chile central, el suroeste de
Australia y el sur de Sudáfrica. Se define por inviernos suaves y lluviosos, veranos
cálidos y secos y máximos de precipitación en primavera y otoño. Existen varios
subtipos: el mediterráneo típico, con veranos secos y temperaturas moderadas; el
continentalizado, con mayor amplitud térmica; el semiárido, muy cálido y con
precipitaciones escasas; el húmedo, influido por el relieve; y el mediterráneo oceánico,
que suaviza las temperaturas y reduce la sequía estival.
TEMA 9 y 10. Hidrosfera y Criosfera
1. Introducción
La hidrosfera engloba todas las aguas del planeta en sus distintos estados y
localizaciones: océanos, mares, ríos, lagos, glaciares, aguas subterráneas, casquetes
polares y la pequeña fracción presente en la atmósfera y en los seres vivos. Aunque el
agua cubre la mayor parte de la superficie terrestre, solo un 2,5% es dulce, y casi toda se
encuentra congelada en forma de hielo o nieve en la criosfera. Esta distribución
convierte al agua dulce en un recurso escaso y estratégico, esencial para los ecosistemas
y para las actividades humanas.
2. Principales conceptos
Aguas marinas
Las aguas marinas, que representan la inmensa mayoría del agua del planeta, se
distribuyen en cinco grandes océanos y numerosos mares. Estas masas de agua están en
constante movimiento debido a las corrientes marinas, las mareas y las olas.
Corrientes marinas
Las corrientes marinas son desplazamientos de grandes volúmenes de agua
impulsados por los vientos dominantes, las diferencias de temperatura y salinidad, la
densidad del agua y el efecto de Coriolis, que desvía los movimientos hacia la derecha
en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el sur. Las corrientes superficiales, que
afectan a los primeros cientos de metros, forman grandes giros oceánicos que
transportan agua cálida desde el ecuador hacia los polos y agua fría en sentido inverso.
Entre ellas destacan la Corriente del Golfo, la de California, la de Canarias o la de
Humboldt. Las corrientes profundas, llamadas termohalinas, se originan por
diferencias de densidad y constituyen una circulación global lenta pero fundamental
para el equilibrio térmico del planeta.
Los océanos actúan como un gigantesco regulador climático. Se calientan y enfrían más
lentamente que la tierra, suavizando las temperaturas de las zonas costeras y reduciendo
las amplitudes térmicas. Además, absorben grandes cantidades de calor y CO₂, lo que
amortigua el calentamiento global, aunque también provoca cambios en la acidez del
agua y en la estratificación oceánica, con consecuencias ecológicas importantes. El
calentamiento de las aguas superficiales aporta más energía y humedad a la atmósfera,
favoreciendo fenómenos extremos como huracanes, borrascas intensas o noches
tropicales cada vez más frecuentes en regiones mediterráneas.
Mareas y Olas
Las mareas, causadas por la atracción gravitatoria de la Luna y el Sol, alternan entre
pleamar y bajamar. Las olas, generadas principalmente por el viento, presentan
características como altura, longitud y periodo, y pueden ser constructivas, depositando
sedimentos, o destructivas, erosionando la costa. También existen olas de traslación,
capaces de desplazar grandes volúmenes de agua y causar daños en zonas costeras.
Aguas continentales
Las aguas continentales, aunque escasas, son esenciales para la vida y para las
sociedades humanas. Los ríos son corrientes de agua que discurren desde su nacimiento
hasta su desembocadura, atravesando un curso alto dominado por la erosión, un curso
medio donde se combinan erosión y sedimentación, y un curso bajo donde predominan
los depósitos que pueden formar deltas o estuarios. Los ríos pueden ser permanentes o
temporales, como las ramblas mediterráneas. En España existe una gran variedad de
tipos de ríos debido a la diversidad geológica y climática del territorio.
Los lagos son masas de agua acumuladas en depresiones. Pueden ser endógenos,
formados por procesos internos como fallas o volcanes (Bañolas, Campo de Calatrava),
o exógenos, originados por agentes externos como el hielo, el agua o el viento. Entre
estos destacan los lagos glaciares de circo (ibones pirenaicos), los lagos formados por
morrenas (Sanabria), los lagos kársticos (Lagunas de Ruidera) y los lagos endorreicos,
típicos de zonas áridas, donde el agua no llega al mar y se evapora dejando sales (Tablas
de Daimiel).
Las aguas subterráneas se almacenan en acuíferos formados por la infiltración de la
lluvia. Son recursos valiosos por su estabilidad térmica y química, aunque vulnerables a
la contaminación y a la sobreexplotación. En España existen más de cuatrocientos
acuíferos, esenciales en regiones como Baleares y Canarias.
Concepto de la Criosfera e importancia climatica
En este punto entra en escena la criosfera, que constituye la parte helada de la
hidrosfera: glaciares, casquetes polares, hielo marino, nieve estacional y suelos
permanentemente congelados (permafrost). Aunque a menudo se estudia por separado,
la criosfera es en realidad una extensión de la hidrosfera en estado sólido y desempeña
un papel crucial en el sistema climático global.
Los glaciares, presentes en zonas polares y en altas montañas, son masas de hielo que
fluyen lentamente por gravedad. Erosionan el terreno, transportan sedimentos y
modelan paisajes característicos como circos, valles en U, morrenas o lagos glaciares.
Los casquetes polares, como los de Groenlandia y la Antártida, almacenan la mayor
parte del agua dulce del planeta. Su superficie altamente reflectante contribuye al
albedo, devolviendo gran parte de la radiación solar al espacio y ayudando a mantener
bajas las temperaturas globales.
El hielo marino, que se forma en los océanos polares, no eleva el nivel del mar al
fundirse, pero influye en la circulación oceánica y en el clima regional. La nieve
estacional actúa como aislante térmico y como reserva de agua que se libera en
primavera. El permafrost, presente en latitudes altas, almacena grandes cantidades de
carbono orgánico que pueden liberarse como CO₂ o metano si se descongela,
amplificando el calentamiento global.
La interacción entre hidrosfera y criosfera es constante. El ciclo del agua conecta
evaporación, condensación, precipitación, escorrentía, infiltración y almacenamiento en
forma de hielo. El aire cálido retiene más vapor de agua que el frío, lo que explica la
mayor humedad estival y la mayor capacidad de generar tormentas.
Las regiones donde predomina la precipitación se consideran húmedas, mientras que
aquellas donde domina la evaporación son áridas. En el contexto del cambio climático,
la criosfera es uno de los componentes más sensibles. El retroceso acelerado de
glaciares, la pérdida de hielo marino y el deshielo del permafrost están alterando el nivel
del mar, la circulación oceánica y los ecosistemas polares. En el Mediterráneo, estos
cambios se manifiestan en un aumento de las temperaturas, una mayor frecuencia de
episodios de lluvias torrenciales, una intensificación de las sequías y un incremento de
las noches tropicales. Todo ello convierte a la región en un punto caliente del cambio
climático global.