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Sentencia: Ufeb7Wuubchbyfasjv5Y5Q

La sentencia J.O882/18 del Tribunal Superior de Andalucía aborda una demanda de nulidad de una cláusula abusiva en un contrato de préstamo hipotecario entre María Sonia Rueda García y Banco Santander, donde la actora reclama la eliminación de la cláusula y el reembolso de 3.407,06 euros. Se argumenta que la cláusula en cuestión no fue negociada individualmente, lo que la califica como abusiva según la normativa europea y española sobre protección al consumidor. La demandada se opone a la reclamación alegando transparencia en la contratación, pero el tribunal considera que no hay evidencia de retraso desleal en la acción de la actora.

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Sentencia: Ufeb7Wuubchbyfasjv5Y5Q

La sentencia J.O882/18 del Tribunal Superior de Andalucía aborda una demanda de nulidad de una cláusula abusiva en un contrato de préstamo hipotecario entre María Sonia Rueda García y Banco Santander, donde la actora reclama la eliminación de la cláusula y el reembolso de 3.407,06 euros. Se argumenta que la cláusula en cuestión no fue negociada individualmente, lo que la califica como abusiva según la normativa europea y española sobre protección al consumidor. La demandada se opone a la reclamación alegando transparencia en la contratación, pero el tribunal considera que no hay evidencia de retraso desleal en la acción de la actora.

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27/04/2021

SENTENCIA

J.O882/18
ST N.º438 /21

Dña. Ivana Aisa Muiños Romero, Magistrada- juez de Adscripción Territorial


del Tribunal Superior de Andalucía, Ceuta y Melilla (provincia de Málaga) ha visto
los autos de juicio ordinario registrados con el número882/18 en los que han sido
parte demandante MARIA SONIA RUEDA GARCIA representados por el/la
Procurador de los Tribunales Sr./Sra. LARA CRUZ y asistida del/la Letrado Sr./Sra
CAMINERO LABELA y parte demandada BANCO SANTANDER representada
por el/la Procurador de los Tribunales Sr./Sra. BALLENILLA ROS y asistida
del/la Letrado Sr./[Link] RUBIO ,

Málaga 22 de abril de 2021

ANTECEDENTES DE HECHO

PRIMERO.- El Juzgado Decano de esta ciudad turnó escrito a este Juzgado


por el que la actora formulaba demanda contra el antedicho demandado en
reclamación de sentencia acorde con el suplico de aquél solicitando asimismo la
expresa condena en costas de la demandada, todo ello en atención a los hechos y
fundamentos de Derecho que estimaba aplicables

SEGUNDO.- Admitida a trámite la demanda y emplazada la parte demandada


a contestarla, compareció por escrito en el que contestaba a la demanda, oponiéndose
a ella; señalada audiencia previa,para el día 22.04.2021.

TERCERO.-Llegado el día y abierto el acto, se requirió a la actora por plazo


de 20 días para que aportase las facturas acreditativas de los gastos reclamados .
A continuación se procedió a la proposición de prueba, limitada a la
documental obrante en autos, aportada la documental, en fecha 15 de abril de 2021,
de conformidad con el art. 429.8 L.E.C., quedaron los autos vistos para sentencia.

CUARTO- La suma efectivamente reclamada por la actora asciende a


3.407,06 euros, pese a que a los estrictos efectos del art. 255 L.E.C. el procedimiento
haya sido tramitado como de cuantía indeterminada.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

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PRIMERO.- Objeto de debate

En el presente procedimiento, la parte actora ejercita una acción de nulidad de


condiciones generales de la contratación, en concreto, la cláusula nº5 ( gastos),
incluida en un contrato de préstamo hipotecario firmado entre las partes en fecha
4.11.05 suscrito ante Notario/-a Sr./Sra. MARTIN ROMERO (protocolo Nº
7.312), interesando, a su vez, que se condene a la demandada a su eliminación, y a
que abone las sumas pagadas por la actora en aplicación de las referida cláusula nula,
todo ello con imposición de costas.

Sustenta la parte su pretensión, en la normativa europea sobre cláusulas abusivas en


contratos celebrados con consumidores (Directiva 93/13, de 5 de abril, CEE) , así
como en la legislación interna sobre la materia y en concreto, el texto refundido de la
Ley general para la defensa de Consumidores y Usuarios (RD Legislativo 1/2007 de
16 de noviembre) y la Ley 7/1998, de 13 de abril, sobre Condiciones Generales de la
Contratación además de toda la Jurisprudencia que la desarrolla.

Frente a esto se opone la demandada calificando el relato del actor de parcial y


sesgado; entiende, en síntesis, que la contratación se desenvolvió en un contexto de
clara transparencia, pues sin dificultad se desprende de los documentos impugnados
el contenido y relevancia económica de los pactos alcanzados, pactos que, además,
respetan escrupulosamente las exigencias de reciprocidad, buena fe y justo equilibrio
de las prestaciones derivadas de la Directiva 93/13 citada así como del RDLeg.
1/2007, de 16 de noviembre. Todo lo cual conduce a la demandada a solicitar la
desestimación de la demanda con imposición de costas a la actora.

No ha resultado controvertida la condición de consumidor del demandante


firmante del contrato de préstamo hipotecario que nos ocupa , (recordar no obstante,
que la Directiva 93/13/CEE entiende por consumidor "toda persona física que, en los
contratos regulados por la presente Directiva, actúe con un propósito ajeno a su
actividad profesional (artículo 26 )". Nuestra legislación amplía el concepto de
consumidor a " las personas físicas que actúen con un propósito ajeno a su actividad
comercial, empresarial, oficio o profesión y las personas jurídicas y las entidades sin
personalidad jurídica que actúen sin ánimo de lucro en un ámbito ajeno a una
actividad comercial o empresarial" (artículo 3 del RD 1/2007, TRLGDCU )", y sí el
carácter de Condiciones generales de la contratación. En cualquier caso, tiene la carga
la demandada que lo alega de acreditar el carácter negociado de la cláusula.

SEGUNDO.- Excepción procesal. Retraso desleal.

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Procede previamente dar respuesta a la excepción procesal planteada por la parte en
su escrito de contestación, en el que alega la existencia de retraso desleal en el
ejercicio de la acción.

Pues bien, como es sabido, la jurisprudencia ha declarado reiteradamente que el


retraso desleal, que opera necesariamente antes del plazo de prescripción de la acción
de que se trate, tiene su fundamento específico la contravención del principio de
buena y el abuso de derecho del art. 7.1 CC, y que por ello, para su apreciación,
además de la omisión del ejercicio del derecho y el transcurso de un dilatado periodo
de tiempo, es necesario probar una deslealtad objetiva respecto de la razonable
confianza suscitada en que la otra parte ya no ejercitará la acción.

Tal doctrina no es de aplicación a este juicio, como igualmente ha declarado


jurisprudencia reiterada, por un lado, porque dicha doctrina es de aplicación a los
supuestos de anulabilidad en los que hay plazo de caducidad o prescripción, y en el
presente caso, se está ejercitando una acción de nulidad de una cláusula abusiva, que
como es sabido, es una nulidad absoluta o de pleno derecho e imprescriptible;
debiendo quedar el consumidor indemne de las consecuencias de dicha cláusula
conforme al principio de efectividad del Derecho de la Unión Europea. La condena al
pago del interés legal desde el abono (que debe entenderse desde la fecha de las
facturas aportadas), es la única forma de asegurar la indemnidad de quien sufrió el
perjuicio por la aplicación de una cláusula abusiva, y en consecuencia nula, en
coherencia con el principio de no vinculación que dispone el art. 6.1 Directiva
93/13/CEE. Por otro lado, el retraso desleal tampoco es apreciable porque, pese al
tiempo transcurrido desde que se firmó la escritura, no ha sido hasta que los
tribunales han comenzado el examen en profundidad y la declaración de la nulidad de
estas cláusulas abusivas (en particular, a partir de las sentencias del Tribunal Supremo
y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ilicitud que hasta ese momento no se
había planteado), cuando los consumidores prestatarios han empezado a tomar
verdadera conciencia del abuso sufrido, gracias a la repercusión social de las
sentencias dictadas en esta materia, más aún cuando la propia jurisprudencia tarda un
tiempo en asentarse. Por todo ello, resulta muy difícil advertir mala fe, precisamente,
en la parte más débil del contrato, por lo que no puede apreciarse exista esa “objetiva
deslealtad e intolerabilidad del ejercicio de la acción” a que se han referido los
tribunales como fundamento del retraso desleal.
En conclusión, ningún retraso desleal puede apreciarse cuando la reclamación
de las cantidades se insta al mismo tiempo que la nulidad de pleno derecho de la
cláusula, y por tanto, la alegación de la parte demandada ha de ser desestimada.

TERCERO.- Normativa aplicable

En el caso que nos ocupa, dda la complejidad de la normativa aplicable, procede


previamente al análisis de la cuestión de fondo, realizar siquiera brevemente, unas

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consideraciones jurídicas de tipo general.

En el ámbito comunitario, las Directivas 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de


1993, sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, y
2011/83/UE del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2011
sobre los derechos de los consumidores, por la que se modifican la Directiva
93/13/CEE del Consejo y la Directiva 1999/44/CE del Parlamento Europeo y del
Consejo y se derogan la Directiva 85/577/CEE del Consejo y la Directiva 97/7/CE
del Parlamento Europeo y del Consejo.

El art. 3 de la Directiva 93/13/CEE ( la cual no se aplica, según determina su artículo


1.2, a las cláusulas contractuales que reflejen disposiciones legales o reglamentarias
imperativas ni disposiciones de convenios internacionales donde los Estados
miembros o la Comunidad son parte) define las cláusulas abusivas en los siguientes
términos: “1. Las cláusulas contractuales que no se hayan negociado
individualmente se considerarán abusivas si, pese a las exigencias de la buena fe,
causan en detrimento del consumidor un desequilibrio importante entre los derechos
y obligaciones de las partes que se derivan del contrato. 2. Se considerará que una
cláusula no se ha negociado individualmente cuando haya sido redactada
previamente y el consumidor no haya podido influir sobre su contenido, en particular
en el caso de los contratos de adhesión. El hecho de que ciertos elementos de una
cláusula o que una cláusula aislada se hayan negociado individualmente no excluirá
la aplicación del presente artículo al resto del contrato si la apreciación global lleva
a la conclusión de que se trata, no obstante, de un contrato de adhesión. El
profesional que afirme que una cláusula tipo se ha negociado individualmente
asumirá plenamente la carga de la prueba. 3. El Anexo de la presente Directiva
contiene una lista indicativa y no exhaustiva de cláusulas que pueden ser declaradas
abusivas.”

Por tanto, se considera que una cláusula no negociada es abusiva cuando causa, en
detrimento del consumidor, un desequilibrio importante entre los derechos y
obligaciones que se derivan del contrato; teniéndose en cuenta para la apreciación del
carácter abusivo de una cláusula contractual la naturaleza de los bienes o servicios
que son objeto del contrato; las circunstancias que concurran en la celebración del
contrato; y las demás cláusulas del contrato o de otro contrato del que dependa.

En el ámbito nacional, serán de aplicación: El Real Decreto Legislativo 1/07, de 16


de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General para
la Defensa de los consumidores y usuarios, establece en su artículo 3, modificado
por la Ley 3/2014, de 27 de marzo, que establece que “A efectos de esta norma y sin
perjuicio de lo dispuesto expresamente en sus libros tercero y cuarto, son
consumidores o usuarios las personas físicas que actúen con un propósito ajeno a su
actividad comercial, empresarial, oficio o profesión. Son también consumidores a
efectos de esta norma las personas jurídicas y las entidades sin personalidad

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jurídica que actúen sin ánimo de lucro en un ámbito ajeno a una actividad comercial
o empresarial. ”

En el caso presente, como se ha dicho, no es controvertida la la condición de


consumidor de la parte actora .

El art. 80 de Ley General para la defensa de los Consumidores y Usuarios, establece


los siguientes requisitos de las cláusulas no negociadas individualmente: a)
Concreción, claridad y sencillez en la redacción, con posibilidad de comprensión
directa, sin reenvíos a textos o documentos que no se faciliten previa o
simultáneamente a la conclusión del contrato, y a los que, en todo caso, deberá
hacerse referencia expresa en el documento contractual; b) Accesibilidad y
legibilidad, de forma que permita al consumidor y usuario el conocimiento previo a la
celebración del contrato sobre su existencia y contenido; c) Buena fe y justo
equilibrio entre los derechos y obligaciones de las partes, lo que en todo caso excluye
la utilización de cláusulas abusivas.

Y, en concreto, en su art. 82.1 encontramos la definición de cláusula abusiva,


señalando que “Se considerarán cláusulas abusivas todas aquellas estipulaciones no
negociadas individualmente y todas aquéllas prácticas no consentidas expresamente
que, en contra de las exigencias de la buena fe causen, en perjuicio del consumidor y
usuario, un desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes que
se deriven del contrato.”

El carácter abusivo de una cláusula debe apreciarse teniendo en cuenta la naturaleza


de los bienes o servicios objeto del contrato y considerando todas las circunstancias
concurrentes en el momento de su celebración, así como todas las demás cláusulas
del contrato o de otro del que éste dependa.

Específicamente, el art. 82.4 TRLCU considera en todo caso cláusulas abusivas las
que vinculen el contrato a la voluntad del empresario, limiten los derechos del
consumidor y usuario, determinen la falta de reciprocidad en el contrato, impongan al
consumidor y usuario garantías desproporcionadas o le impongan indebidamente la
carga de la prueba, resulten desproporcionadas en relación con el perfeccionamiento
y ejecución del contrato, o contravengan las reglas sobre competencia y derecho
aplicable; precepto que es desarrollado en los arts. 85 a 90.

La Ley 7/1998, de 13 de abril sobre Condiciones Generales de la Contratación


(LCGC), que tiene por objeto la transposición de la Directiva 93/13/CEE, del
Consejo, de 5 abril 1993, sobre cláusulas abusivas en los contratos celebrados con
consumidores, así como la regulación de las condiciones generales de la contratación,
señala en su artículo 1.1 “Son condiciones generales de la contratación las cláusulas
predispuestas cuya incorporación al contrato sea impuesta por una de las partes,
con independencia de la autoría material de las mismas, de su apariencia externa, de

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su extensión y de cualesquiera otras circunstancias, habiendo sido redactadas con la
finalidad de ser incorporadas a una pluralidad de contratos”.

La Exposición de Motivos de la LCGC se refiere a las cláusulas abusivas y contiene


una remisión al la Ley General de Consumidores y Usuarios, referencia que debe
entenderse al Texto Refundido de la misma de 16 de noviembre de 2007. Señala la
Exposición de Motivos de la LCGC: “Una cláusula es condición general cuando
está predispuesta e incorporada a una pluralidad de contratos exclusivamente por
una de las partes, y no tiene por qué ser abusiva. Cláusula abusiva es la que en
contra de las exigencias de la buena fe causa en detrimento del consumidor un
desequilibrio importante e injustificado de las obligaciones contractuales y puede
tener o no el carácter de condición general, ya que también puede darse en contratos
particulares cuando no existe negociación individual de sus cláusulas, esto es, en
contratos de adhesión particulares. Las condiciones generales de la contratación se
pueden dar tanto en las relaciones de profesionales entre sí como de éstos con los
consumidores. En uno y otro caso, se exige que las condiciones generales formen
parte del contrato, sean conocidas o -en ciertos casos de contratación no escrita-
exista posibilidad real de ser conocidas, y que se redacten de forma transparente,
con claridad, concreción y sencillez. Pero, además, se exige, cuando se contrata con
un consumidor, que no sean abusivas. El concepto de cláusula contractual abusiva
tiene así su ámbito propio en la relación con los consumidores. Y puede darse tanto
en condiciones generales como en cláusulas predispuestas para un contrato
particular al que el consumidor se limita a adherirse. Es decir, siempre que no ha
existido negociación individual. Esto no quiere decir que en las condiciones
generales entre profesionales no pueda existir abuso de una posición dominante.
Pero tal concepto se sujetará a las normas generales de nulidad contractual. En este
sentido, sólo cuando exista un consumidor frente a un profesional es cuando opera
plenamente la lista de cláusulas contractuales abusivas recogidas en la ley, en
concreto en la disp. adic. 1ª Ley 26/1984 de 19 julio, General para la Defensa de los
Consumidores y Usuarios, que ahora se introduce. De conformidad con la directiva
transpuesta, el consumidor protegido será no sólo el destinatario final de los bienes
y servicios objeto del contrato, sino cualquier persona que actúe con un propósito
ajeno a su actividad profesional.”

El art. 8 de la LCGC sanciona con nulidad a las condiciones generales que sean
abusivas. Dicho precepto, tras declarar en su apartado 1º que son nulas de pleno
derecho las condiciones generales que contradigan en perjuicio del adherente lo
dispuesto en la LCGC o en cualquier otra norma imperativa o prohibitiva, salvo que
en ellas se establezca un efecto distinto para el caso de contravención, en su apartado
2º, declara nulas en particular, las condiciones generales que sean abusivas, cuando el
contrato se haya celebrado con un consumidor, remitiéndose a la normativa de
consumidores y usuarios (en la dicción literal, al art. 10 bis y disp. adic. 1ª L 26/1984
de 19 julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, y tras el
RDLeg. 1/2007, habrá que entender por tales las enumeradas en los arts. 85 a 90

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TRLGCU, a los que nos hemos referido en el apartado anterior)

Y el art. 10 LCGC regula los efectos la de la declaración de no incorporación al


contrato de las cláusulas de las condiciones generales o de nulidad de las mismas,
previendo que las mismas no determinarán la ineficacia total del contrato si éste
puede subsistir sin tales cláusulas, extremo sobre el que deberá pronunciarse la
sentencia. La parte del contrato afectada por la no incorporación o por la nulidad se
integrará con arreglo a lo dispuesto por el art. 1258 CC y disposiciones en materia de
interpretación contenidas en el mismo (arts. 1281 a 1289 CC).

El presente procedimiento debe resolverse atendiendo a la legislación mencionada en


los fundamentos anteriores y asumiendo el criterio mantenido por el Tribunal
Supremo en sentencia de 9 de mayo de 2013 a cuyo tenor para que se aprecie el
carácter abusivo de una cláusula contractual es preciso que concurran los siguientes
requisitos:

A) Que la cláusula en cuestión forme parte de un contrato celebrado entre un


profesional y un consumidor. En este sentido, el Tribunal Supremo, en la sentencia
indicada, ha especificado que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha
declarado de forma reiterada que el sistema de protección que establece la Directiva
93/13 se basa, precisamente, en la idea de que el consumidor se halla en posición de
inferioridad respecto al profesional con el que contrata. Por lo tanto, no resulta de
aplicación la legislación tuitiva existente en materia de cláusulas abusivas cuando el
crédito en cuestión no se concede para financiar una operación destinada a satisfacer
una necesidad personal, sino claramente empresarial, pues en tal caso, no nos
encontramos ante un consumidor. En este sentido el artículo 3 TRLGDCU,
modificado por la Ley 3/2014, de 27 de marzo, establece que “A efectos de esta
norma y sin perjuicio de lo dispuesto expresamente en sus libros tercero y cuarto, son
consumidores o usuarios las personas físicas que actúen con un propósito ajeno a su
actividad comercial, empresarial, oficio o profesión. Son también consumidores a
efectos de esta norma las personas jurídicas y las entidades sin personalidad jurídica
que actúen sin ánimo de lucro en un ámbito ajeno a una actividad comercial o
empresarial.”
En el presente caso, como se ha dicho, no se ha puesto en duda la condición de
consumidor de los demandantes.

B) Que la cláusula contractual cause un desequilibrio importante en los


derechos y obligaciones del contrato en contra de las exigencias de la buena fe. No
olvidemos que en los préstamos hipotecarios es notorio que el consumidor confía en
la apariencia de neutralidad de las concretas personas de las que se vale el empresario
(personal de la sucursal) para ofertar el producto.
C) Que el desequilibrio perjudique a un consumidor. Por lo tanto, la parte
ejecutada que plantea el incidente tiene que tener la condición de consumidor con
relación al título en el que se encuentra incluida la cláusula contractual. Recuérdese
que, tal como ha puesto de manifiesto el Tribunal Supremo en la aludida Sentencia

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de 9/05/13, el ámbito de la Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de 1993,
se circunscribe a los contratos con consumidores. En el presente caso, como se ha
dicho , no ha sido discutida la condición de consumidor de los demandantes.

D) Que la estipulación no haya sido negociada individualmente. Efectivamente, las


cláusulas contractuales prerredactadas (sean condiciones generales –sometidas a la
Ley sobre Condiciones Generales de la Contratación- o particulares –no sujetas a
dicha norma-) deben tenerse por impuestas cuando no han sido negociadas
individualmente. A estos efectos, el Tribunal Supremo mantiene en la citada
Sentencia que el empresario o profesional que afirme que una cláusula ha sido
negociada individualmente, tiene la carga de la prueba respecto a dicha cuestión
fáctica. Así mismo, el Tribunal Supremo en Sentencia dictada con fecha 22/04/15
especifica que para que la cláusula quede excluida del control de abusividad es
preciso que el profesional o empresario explique y justifique las razones
excepcionales que le llevaron a negociarla individualmente con ese concreto
consumidor, en contra de lo que, de modo notorio, es habitual en estos sectores de la
contratación y acorde a la lógica de la contratación en masa, y que se pruebe
cumplidamente la existencia de tal negociación y las contrapartidas que ese concreto
consumidor obtuvo por la inserción de cláusulas que favorecen la posición del
profesional o empresario.
En este extremo, existe una orfandad probatoria, toda vez que la entidad demandada
nada acredita al respecto, sin que sea razonable asumir que el consumidor asuma de
buen grado el pago de todos los costes de la escritura en beneficio del banco.

E) Que la cláusula contractual no se refiera al objeto principal del contrato,


salvo que la misma no sea clara y comprensible. Efectivamente, como pone de
manifiesto el Tribunal Supremo, el art. 4.2 de la citada Directiva 93/13 especifica que
la apreciación del carácter abusivo de las cláusulas no se referirá a la definición del
objeto principal del contrato siempre que dichas cláusulas sean claras y
comprensibles, por lo que a sensu contrario debe entenderse que las estipulaciones
referidas a la definición del objeto principal del contrato se someterán a control de la
naturaleza abusiva única y exclusivamente si no son claras y comprensibles. Por lo
tanto, las citadas cláusulas no quedan exentas de un doble control de transparencia
(control de incorporación -transparencia documental- y control de comprensibilidad
real de su importancia y trascendencia económica y jurídica en el desarrollo
razonable del contrato).

Por su parte, el artículo 3 de la mencionada Directiva 93/13/CEE dispone que,


“Las cláusulas contractuales que no se hayan negociado individualmente se
considerarán abusivas si, pese a las exigencias de la buena fe, causan en detrimento
del consumidor un desequilibrio importante entre los derechos y obligaciones de las
partes que se derivan del contrato. Se considerará que una cláusula no se ha
negociado individualmente cuando haya sido redactada previamente y el consumidor
no haya podido influir sobre su contenido, en particular en el caso de los contratos de
adhesión. El hecho de que ciertos elementos de una cláusula o que una cláusula

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aislada se hayan negociado individualmente no excluirá la aplicación del presente
artículo al resto del contrato si la apreciación global lleva a la conclusión de que se
trata, no obstante, de un contrato de adhesión. El profesional que afirme que una
cláusula tipo se ha negociado individualmente asumirá plenamente la carga de la
prueba. El Anexo de la presente Directiva contiene una lista indicativa y no
exhaustiva de cláusulas que pueden ser declaradas abusivas”.

CUARTO.- Análisis de la cláusula de atribución de gastos

Por lo que se refiere a la cláusula objeto de litis, en la que se pretende atribuir al


consumidor diversos gastos de la hipoteca, ha tenido ocasión de pronunciarse la
Sentencia del Pleno del Tribunal Supremo 705/2015, de 23 de diciembre, con cita del
artículo 89.3 RDLeg. 1/2007, que entiende abusivas, en todo caso, “… la transmisión
al consumidor y usuario de las consecuencias económicas de errores administrativos
o de gestión que no le sean imputables …” (numero 2º), como “… la imposición al
consumidor de los gastos de documentación y tramitación que por ley corresponda al
empresario …” (numero 3º). Partiendo de dicha base, la S.T.S. nº 148/2018, de 15 de
marzo, también declara abusiva en la misma línea que la jurisprudencia anterior una
cláusula que atribuye indiscriminadamente al consumidor todos los gastos asociados
a un contrato en el que ambas partes ostentan intereses sin que en ella se haga una
distribución adecuada en atención a las obligaciones y, en su defecto, los indicados
intereses que afectan a cada una de las partes.

Partiendo de los indicados preceptos, la Sentencia citada analiza, previamente a


abordar la formulación genérica de la cláusula de atribución de gastos en términos de
abusividad, qué conceptos se asocian a obligaciones o intereses de una u otra parte o,
incluso, cuáles son de común afectación, lo cual reviste una indudable relevancia en
orden a las consecuencias de la abusividad que aprecia (pues no todos los conceptos
pueden ser restituibles al prestatario). Pero, tras estas reflexiones, la Sentencia
concluye sin duda que “... la cláusula controvertida es abusiva, y no solo
parcialmente, como resuelve la Audiencia Provincial, sino en su totalidad, en cuanto
que, sin negociación alguna, atribuye al prestatario/consumidor el pago de todos los
impuestos derivados de la operación, cuando la ley considera sujetos pasivos al
prestamista o al prestatario en función de los distintos hechos imponibles. O incluso
en cuanto considera exentos de tributación determinados actos que, sin embargo, son
incluidos en la condición general litigiosa como impuestos a cargo del prestatario ...”.
Es decir, redactada del modo en que se somete a la consideración del Tribunal
Supremo, entiende que la cláusula es abusiva -reiterando aquí las consideraciones de
la S.T.S. nº 705/2015, de 23 de diciembre, que reproducimos- porque “... no solo no
permite una mínima reciprocidad en la distribución de los gastos producidos como
consecuencia de la intervención notarial y registral, sino que hace recaer su totalidad
sobre el hipotecante, a pesar de que la aplicación de la normativa reglamentaria
permitiría una distribución equitativa, pues si bien el beneficiado por el préstamo es
el cliente y dicho negocio puede conceptuarse como el principal frente a la
constitución de la hipoteca, no puede perderse de vista que la garantía se adopta en

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beneficio del prestamista. Lo que conlleva que se trate de una estipulación que
ocasiona al cliente consumidor un desequilibrio relevante, que no hubiera aceptado
razonablemente en el marco de una negociación individualizada; y que, además,
aparece expresamente recogida en el catálogo de cláusulas que la ley tipifica como
abusivas (art. 89.2 TRLGCU ) ...”. Por tanto, a juicio de quien suscribe, hasta este
punto del razonamiento el Tribunal Supremo se limita a considerar abusiva y, por
ende, nula (sin que pueda ser sin más extensivo al siguiente eslabón del argumento,
esto es, a las consecuencias restitutorias de la nulidad declarada) toda cláusula que
impone sin distinción los gastos de la operación de préstamo hipotecario al
consumidor e ignora deliberadamente que, con arreglo a las normas legales y
reglamentarias, una distribución equitativa de tales cargas sería posible y deseable.

Ello es lo que acontece en nuestro caso: la atribución indiscriminada al consumidor


de todos los gastos, servicios y tributos asociados a la operación, sin consideración a
cuáles corresponden o no por norma imperativa al empresario o, en su defecto, a una
mínima noción de equidad, no puede ser sino producto de una absoluta falta de
negociación individual y de reciprocidad contractual, consecuencia proscrita por los
arts. 80 y 89 del RDLeg. 1/2007 y, por ello, en la medida en que ha sido producto, no
de la voluntad libremente formada del consumidor, sino de la imposición derivada de
la distinta posición entre prestamista y banco, que además impone la cláusula como
condición general (lo cual abunda aún más en la ausencia de negociación real), debe
ser declarada abusiva, estimando con ello la petición de nulidad formulada.

§ Cuestión distinta, continúa la S.T.S. nº 148/2018, de 15 de marzo, es que “... una


vez declarada la abusividad de la cláusula y su subsiguiente nulidad ( art. 8.2 LCGC
y 83 TRLGCU), haya que decidir cómo ha de distribuirse entre las partes el pago de
los gastos e impuestos derivados del contrato de préstamo con garantía hipotecaria.
Pero eso no afecta a la nulidad en sí, por abusiva, de la estipulación contractual
examinada, sino a las consecuencias de dicha nulidad ...” en razonamiento extensible
al resto de los gastos atribuidos en exclusiva al prestatario. En este aspecto, como ya
se ha anunciado antes, el Tribunal Supremo guarda buen cuidado en recordar (pues
sus reflexiones en la S.T.S. de 23 de diciembre de 2015 cuando razonaba, por
ejemplo, sobre el ITP y AJD se referían a la estricta declaración de nulidad de la
cláusula), que tales consecuencias deben extraerse caso por caso: insiste en que la
previa S.T.S. de 23 de diciembre de 2015 “… no se pronunció sobre el resultado
concreto de la atribución de gastos (en sentido amplio) entre las partes de un contrato
de préstamo hipotecario sino que, en el control realizado en el marco de una acción
colectiva en defensa de los intereses de consumidores y usuarios, declaró abusivo que
se imputaran indiscriminadamente al consumidor todos los gastos e impuestos
derivados de la operación …”, probablemente respondiendo a las muchas críticas que
recibió dicha sentencia desde el campo administrativista cuando, apresuradamente, se
entendió que el Alto Tribunal se había pronunciado sobre quién debía soportar el
impuesto cuando, en realidad, “… en materia tributaria, lo que se reprochó es que se
atribuyera en todo caso al consumidor el pago de todos los impuestos o tasas, cuando
según la legislación los sujetos pasivos pueden ser diferentes, en función de hechos

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imponibles también diferentes …”. Ello así, y tras reconocer dicha sentencia con
mero carácter prejudicial (art. 42 L.E.C.) que la legislación tributaria en armonía con
la jurisprudencia de la Sala III del Tribunal Supremo atribuye el pago del impuesto al
prestatario, despejando la incógnita a propósito de este concepto, y tras repentinos y
posteriores giros jurisprudenciales representados, primero, por -entre otras- las
Ss.T.S. (Sala III) nº 1505 y 1523/2018, de 16 y 22 de octubre (cuyo efecto fue atribuir
el pago de los gastos a la prestamista), y más tarde, por las Ss.T.S. (Sala III) nos.
1569, 1570 y 1571/2018, de 27 de noviembre (que vuelven al criterio anterior,
declarando que el sujeto pasivo IAJD cuando el documento sujeto es una escritura
pública de constitución de préstamo hipotecario es el prestatario al amparo del art. 29
del RDLeg. 1/1993, de 24 de septiembre y, sin que sea de aplicación a este supuesto
la reforma del citado precepto por obra del Real Decreto-Ley 17/2018, de 8 de
noviembre, que claramente deja establecido que la atribución al prestamista que
establece es aplicable únicamente a los hechos imponibles que “... se devenguen en
adelante, es decir, a las escrituras públicas que se formalicen a partir de la entrada en
vigor de la norma...”), debemos insistir -otra vez- en que, despejada la incógnita
respecto del impuesto (salvo en lo referido a la expedición de copias al prestamista, y
si se prueba el gasto), la S.T.S. (Sala I) de 15 de marzo de 2018 no se pronuncia
respecto de los restantes gastos de la operación (aranceles de notaría y Registro,
gestoría, tasación, etc.) de donde la única norma que puede extraerse sigue siendo -a
entender de quien suscribe- la de restablecer una situación que permita una
distribución equitativa de las cargas que haga honor al común interés de las partes al
contratar, lo cual deberá ser objeto de resolución por los Tribunales. Y, a día de hoy,
quien suscribe no conoce más criterio de distribución equitativa que el reparto
igualitario, moderado en beneficio de ambas partes (es decir, por mitad) de todos los
gastos asociados a la operación que por norma vinculante no estén expresamente
atribuidos a la entidad bancaria. Efectivamente, en el ámbito de esta provincia sólo
podemos citar (salvo error u omisión) la Sentencia nº 237/2017, de 17 de abril, de la
Sección 4ª de la Ilma. Audiencia Provincial de Málaga, que no se pronuncia sobre la
cuestión pues confirma una sentencia de instancia que resuelve en exclusiva sobre la
nulidad de la cláusula sin pronunciarse sobre sus consecuencias al amparo del art.
1303 C.c. Y, respecto de lo resuelto en otras provincias, prima la consideración -a
juicio de quien suscribe algo voluntarista- de que sólo el prestamista tiene interés en
la inscripción de la garantía lo que supone olvidar que la hipoteca es sólo parte de un
conjunto (el crédito hipotecario) en el que ambos contratantes ostentan igual interés;
así -literalmente- lo afirma el Tribunal Supremo (S. 23/12/2015) cuando, tras
reconocer que si bien el principal interesado en la documentación e inscripción de la
hipoteca es el prestamista (pues obtiene así un título ejecutivo), a continuación insiste
en que la atribución indiscriminada de tales gastos al prestatario olvida una “mínima
reciprocidad”, destacando asimismo que “… el beneficiado por el préstamo es el
cliente y dicho negocio puede conceptuarse como el principal frente a la constitución
de la hipoteca ...” por lo que finalmente aboga, en “aplicación de la normativa
reglamentaria” por una “distribución equitativa”. Y una distribución equitativa (es
decir, moderada en beneficio de ambas partes de un contrato -vid. DRAE, equidad,
acepción 4ª-) es aquélla que hace recaer las cargas por igual sobre ambos contratantes

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(“mínima reciprocidad”). Y ese principio de distribución equitativa ha sido objeto de
posterior precisión en Ss.T.S. nos. 44, 46, 47, 48 y 49/2019, de 23 de enero que, en
atención a la interpretación de los aranceles de Registro y de Notaría, alcanzan la
conclusión (por razones que no es necesario reproducir aquí al estarlo debidamente
en dichas sentencias) de que (i) los gastos de constitución registral de la carga
corresponden a la entidad bancaria, los de cancelación al cliente, (ii) los gastos
notariales son de común interés de los contratantes por lo que procede su distribución
al 50%, incluyendo los del otorgamiento de sucesivas escrituras de ampliación o
novación salvo la escritura de cancelación cuyo interés es exclusivo del cliente, (iii)
respecto de los gastos de gestoría, al no constituir una intervención necesaria sino
que, por el contrario, se trata de la contratación de servicios profesionales que
facilitan la ejecución de trámites de interés común, asimismo se distribuye por mitad
entre ambos contratantes; (iv) finalmente, sin perjuicio de que las indicadas
sentencias no se pronuncian sobre el particular, respecto de los gastos de tasación del
inmueble, la Sentencias nº 153 y 701/2019, de 19 de febrero y 19 de julio,
respectivamente, de la Sección 6ª de la Audiencia Provincial de Málaga, distingue a
propósito de la figura del beneficiado por dicho gasto según que la escritura se haya
otorgado antes o después del 15 de mayo de 2013, fecha de entrada en vigor de la Ley
1/2013, de 14 de mayo: antes de dicha norma, la tasación tenía por objeto
exclusivamente la inscripción de las cláusulas de ejecución especial de la hipoteca
(por tanto, se trataba de una previsión de exclusivo interés de banco). Con
posterioridad, sin embargo, se introducen en materia de tasación determinadas
modificaciones que tienen por fin evitar el malbaratamiento del bien en sede
ejecutiva y que, en suma, protegen al consumidor en la medida en que estabiliza -al
establecer porcentajes de adjudicación- el valor del bien a efectos de ejecución del
bien dado en garantía, de donde se colige que la cláusula redunda en interés de ambas
partes. Así, según que la escritura haya sido otorgada antes o desde el 15 de mayo de
2013 en adelante, los gastos de tasación serán repercutibles al 100% a la entidad o a
ambas partes por igual.

Conviene recordar, finalmente, que la S.T.S. nº 725/2018, de 19 de diciembre, al


tratar de las consecuencias de la nulidad que nos ocupa, trata de enhebrar la
obligación judicial de resolver conforme al mandato legal de expulsión de la cláusula
nula como si nunca hubiera existido en las reglas de nuestro sistema civil ordinario
que pueden condicionar el resultado de una distribución equitativa de los gastos entre
ambos contratantes Expresa, en este sentido, el Tribunal Supremo su inquietud por
mantener la lógica del sistema dado que los efectos de la nulidad de la cláusula de
gastos conforme al art. 6.1 de la Directiva 93/13 (norma que esta Sentencia reconoce
equivalente a las disposiciones nacionales de orden público -pues se sobrepone a las
mismas disposiciones nacionales-, al igual que los restantes preceptos de la Directiva
“... indispensables para la realización del objetivo pretendidos por el precepto ...”,
entre tales objetivos aquél conforme cual “... no vincularán al consumidor, en las
condiciones estipuladas por sus derechos nacionales, las cláusulas abusivas que
figuren en un contrato celebrado entre éste y un profesional ...”) no son exactamente
reconducibles al art. 1303 C.c. “... en tanto que no son abonos hechos por el

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consumidor al banco que éste deba devolver (como intereses o comisiones), sino
pagos hechos por el consumidor a terceros (notario, registrador de la propiedad,
gestoría, tasador, etc.), en virtud de la imposición contenida en la cláusula abusiva ...”
y ello debido a que aquel precepto contempla la restitución de prestaciones recíprocas
lo que, afirma, no es el caso. Entiende, más bien, que la reparación de los efectos de
la nulidad de la cláusula conducen a una “... situación asimilable a la del
enriquecimiento injusto, en tanto que el banco se habría lucrado indebidamente al
ahorrarse unos costes que legalmente le hubiera correspondido asumir y que,
mediante la cláusula abusiva, desplazó al consumidor. Puesto que la figura del
enriquecimiento sin causa, injusto o injustificado tiene como función corregir un
desplazamiento o ventaja patrimonial mediante una actuación indirecta: no se elimina
o anula la transacción que ha generado el desplazamiento patrimonial (el pago al
notario, al gestor, etc.), pero se obliga al que ha obtenido la ventaja a entregar una
cantidad de dinero al que, correlativamente, se ha empobrecido ...”. Destaca
igualmente las “... similitudes analógicas con el pago de lo indebido, en los términos
de los arts. 1895 y 1896 C.c., en cuanto que el consumidor habría hecho un pago
indebido y la entidad prestamista, aunque no hubiera recibido directamente dicho
pago, se habría beneficiado del mismo, puesto que, al haberlo asumido
indebidamente el prestatario, se ahorró el pago de todo o parte de lo que le
correspondía ...” de donde, a efectos de la determinación de la obligación de la
entidad bancaria de abonar intereses por la suma en la que se enriqueció injustamente
a consecuencia del indebido pago por su cuenta impuesto al consumidor (“... de lo
que se trata es de la compensación o retribución al consumidor por un gasto que
asumió en exclusiva y que, total o parcialmente, correspondía al profesional, pero que
no recibió éste, sino que se pagó a terceros ...”), deduce, en aplicación de la
jurisprudencia consolidada relativa a las instituciones mencionadas, que “... cuando
haya de restituirse una cantidad de dinero deberá abonarse el interés legal desde el
momento en que se recibió el pago indebido -en este caso, se produjo el beneficio
indebido- (sentencia 727/1991, de 22 de octubre) ...”.

Las conclusiones que pueden extraerse de las resoluciones citadas deben ser objeto de
ciertas revisiones a la luz de la STJUE de 16 de julio de 2020 (asuntos acumulados C-
224/19 y C-259/19), que recuerda que el Derecho de a Unión Europea debe producir
un efecto disuasorio para el profesional respecto del uso de cláusulas eventualmente
abusivas, efecto disuasorio que los Juzgados deben promover decididamente; tal
disuasión no tendría lugar si el profesional pudiera prever simplemente que, ante una
eventual declaración de nulidad, sus efectos se limitaran a aplicar una solución
equitativa o de compromiso de modo que en el peor caso se pudiera exponer a la
reconducción del contrato a los márgenes de justa reciprocidad y equilibrio que
abandonó por razón de la cláusula abusiva impuesta; en este sentido, el juez nacional
debe tratar la cláusula sin más como si no hubiera existido de modo que ello, en
materia de gastos, conduce a estimar que el consumidor debe ser restituido de todas
aquellas sumas que pagó como consecuencia de su aplicación salvo aquéllas cuyo
pago le impongan estrictamente las normas nacionales de aplicación; ello significa,
de entrada, que el TJUE considera contraria a la cláusula de no vinculación prevista

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en el art. 6 de la Directiva 93/13 cualquier distribución equitativa de los gastos
carente de sustento legal expreso. En consecuencia, en materia de arancel de Registro
(norma 8ª del Anexo II del Real Decreto nº 1427/1989, de 17 de noviembre), la
solución, conforme indica la S.T.S. nº 457/2020, de 24 de julio, debe ser la misma
que la adoptada hasta ahora al atribuir dicha norma el pago del arancel a la entidad
bancaria a favor de la cual se inscribe la hipoteca; en materia de aranceles de Notarios
(norma 6ª del Anexo II del Real Decreto nº 1426/1989, conforme al cual la obligación
de pago de los derechos corresponde a quienes hubieran requerido la prestación de
funciones o los servicios del notario o, en su caso, a los interesados según las normas
sustantivas y fiscales) es obvio que son ambos, prestatario y prestamista, quienes,
interesados por igual en obtener y conceder crédito, requieren la intervención notarial
(esta conclusión se alcanza sin necesidad de interpretar ni integrar, resulta claramente
de la citada norma). Los gastos de gestoría y tasación, sin embargo,carecen de norma
expresa determinante del obligado al pago y, por ello, con independencia de que una
solución equitativa hubiese sido en el momento de la celebración del contrato
aceptable por no abusiva, por equilibrada, hoy día, apreciada la nulidad de la
cláusula, deben ser restituidos en su integridad al consumidor, en criterio confirmado
respecto de los gastos de gestoría por S.T.S. nº 555/2020, de 26 de octubre. Y,
naturalmente, tras lo desarrollado en párrafos anteriores, es obvio que la cuota del
IAJD corresponde al consumidor como sujeto pasivo expresamente designado por la
norma, como igualmente recuerda a mencionada S.T.S. nº 457/2020, de 24 de julio.

Recientemente, se ha pronunciado respecto de los gastos de tasación en la STS


35/21, de 27 de enero de 2021, que establece que los gastos de tasación cuando no
sea aplicable la ley 5/19, de 15 de marzo reguladora de los contratos de crédito
inmobiliario , incumben al banco y no al consumidor.

Esta doctrina supone que que los consumidores tiene derecho a la restitución de
todos los gastos pagados en concepto de registro de la propiedad, gestoría y tasación,
así como la mitad de los gastos notariales, . Sobre el Impuesto de Actos Jurídicos
Documentados, en el que las normas tributarias, establecen expresamente que el
principal sujeto pasivo será el prestatario, corre a cargo de los consumidores.

En consecuencia , declarada la nulidad de la cláusula y a efectos de decidir sobre sus


consecuencias, habrá de examinarse la concreta naturaleza del concepto cuya
restitución se pretende. Y, así, el arancel de Registro debe ser atribuido al 100% al
prestamista, los notariales distribuidos al 50% entre ambas partes, y los gastos de
gestoría y tasación impuestos al 100% a la demandada, sin que haya lugar a
moderación o distribución equitativa alguna.

En el caso que nos ocupa, la parte reclama los siguientes conceptos, conforme a la
documental aportada previo requerimiento judicial, consistente en la liquidación de
la provisión de fondos:

a)100% de los gastos de Notaría.( 521,89 euros)

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b)100% de los gastos de Registro .( 192,37 euros)

c)100% de los gastos de Gestoría .( 250 euros)

d)100% de los gastos de Impuesto de Transmisiones Patrimoniales(2.472,80 euros) .

En consecuencia, acreditado el pago de los gastos que ahora se reclaman mediante la


documental precitada, procede la devolución de 703,31 euros . A su pago se
condena a la demandada incrementada en la que resulte de aplicarle el interés legal
desde la fecha en la que el actor realizó cada pago indebido en beneficio de la
demandada, sin perjuicio del art. 576 L.E.C. desde la fecha de esta sentencia.

QUINTO.- Efectos genéricos de esta sentencia respecto de las consecuencias de


la declaración de nulidad de las cláusulas que preceden.

El art. 1303 C.c., en cuanto a los efectos de esta sentencia, debe ser puesto en
relación con los arts. 247 y 400.2 L.E.C. Así, si “... declarada la nulidad de una
obligación los contratantes deben restituirse recíprocamente las cosas que hubieren
sido materia del contrato y el precio con sus intereses ...”, ello debe conducir a que la
sentencia que acoja dicha pretensión de nulidad debe pronunciarse sobre todas las
consecuencias existentes a la fecha en que se dictó, esclareciendo definitivamente la
situación jurídica derivada de la declaración lo que, además, responde a una
consideración elemental de seguridad jurídica, piedra basal de nuestra Constitución
(art. 9.3). Así, una adecuada interpretación del art. 1303 C.c. conduce a entender que
la declaración de nulidad y la fijación de sus efectos son producto del ejercicio de una
sola acción, inescindible (declarada la nulidad los contratantes deben …) que debe
dar lugar en el momento de la declaración al esclarecimiento definitivo de las
consecuencias del negocio nulo. Con la Sentencia nº 191/2018, de 26 de marzo, de la
Sección 4ª de la Audiencia Provincial de Vizcaya (ponente Ilmo. Sr. Rodríguez
Achútegui),

“... 48. La demanda pretendía en el apartado I del “suplico” (rectius


petición como la denomina el art. 399.5 LEC) la declaración de nulidad de la
cláusula quinta del préstamo con garantía hipotecaria suscrito entre las
partes. En el apartado II se reclamaba que, en consecuencia, se condenara a
la entidad demandada a estar y pasar por tal declaración y abonar las
cantidades que se pagaron como consecuencia de la aplicación de la cláusula
previamente declarada nula. Para fundamentarlo no distingue entre ambas
peticiones, sino que justifica la abusividad de la cláusula quinta del préstamo,
y entiende que la consecuencia que acarrea la nulidad es el pago de las

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cantidades que hubieron de atenderse en aplicación de esa cláusula abusiva, y
por tanto, nula. Si no hay nulidad no hay condena a cantidad, de modo que no
se trata de dos acciones acumuladas, ni siquiera de forma subsidiaria. La
reclamación de cantidad es tan solo la consecuencia de la nulidad pretendida,
que es el objeto esencial del litigio […] 49.- Hay que insistir que siendo esos
los términos de la causa petendi y petitum del consumidor demandante, no hay
dos acciones, sino una sola. Lo que pretende el demandante es la declaración
de nulidad, por abusiva, de una cláusula que contiene el préstamo con
garantía hipotecaria. Ello supone, como consecuencia incluso apreciable de
oficio (STS 26 julio 2000, rec. 2925/1995 y 12 julio 2006, rec. 3639/1999), que
se han de pagar las cantidades que tuvo que satisfacer el consumidor en
aplicación de esa previsión ...”.

Esa labor de determinación definitiva de las consecuencias no sólo (i) exige de


la parte actora la fijación de una vez y para siempre de las consecuencias de la
cláusula cuya nulidad pretende (por imperativo del art. 400.2 L.E.C., que no obliga
según jurisprudencia del Tribunal Supremo a acumular a una demanda todas las
acciones de que disponga la parte sino todas las razones, argumentos o títulos
jurídicos que fundamenten la pretensión de nulidad de una cláusula determinada, en
suma, todas las causas de pedir correspondientes a una misma pretensión, S.T.S. nº
664/2017, de 13 de diciembre, y las que cita, lo cual además constituye una
manifestación básica del principio de buena fe procesal -art. 247 L.E.C.) sino que,
además, (ii) impone la asistencia activa del tribunal al consumidor en el
esclarecimiento de todas esas consecuencias con objeto de evitar la prolongación de
los efectos de una cláusula abusiva (S.T.S. nº 558/2017, de 16 de octubre,
fundamento VI §4) con el solo límite de la preservación del derecho de contradicción
de todas las partes (STJUE de 21 de febrero de 2013, asunto C-472/11).

De todo ello se colige que, declarada la nulidad de las cláusulas que se citan en
esta sentencia y habiendo expresado la parte actora -en uso de sus facultades de
petición, alegación y prueba- las consecuencias anudadas a las cláusulas que impugna
para lo cual por añadidura ha podido contar con la asistencia de este Juzgado en la
detección de cláusulas eventualmente nulas y en la reparación efectiva de sus
consecuencias, esta sentencia agota las consecuencias económicas anudadas a las
cláusulas examinadas (no a otras distintas, incluso incluidas en la misma escritura),
por lo que procede declarar -con efecto de cosa juzgada, firme esta sentencia- que no
se han producido gastos, cargas ni, en general, otras consecuencias derivadas de las
cláusulas examinadas que las efectivamente contempladas en el fallo.

SEXTO.- Costas

La estimación sustancial de la demanda comporta la imposición de las costas


procesales a la demandada (art. 394 L.E.C.).
Así, la oposición de la demandada a satisfacer el derecho del actor no responde justo
a la pretensión que ha sido objeto de estimación sino a la validez que sostenía del

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conjunto de las cláusulas, lo que convierte en irrelevante a efectos de estimación la
distinta suma concedida respecto del total de la demanda, Sentencia nº 153/2019, de
19 de febrero, de la Audiencia Provincial de Málaga, que pretende no producir un
efecto disuasorio inverso castigando al consumidor que promueve un litigio por
cantidades moderadas teniendo en cuenta además -por criterio correctivo posterior
introducido por, entre otras, la Sentencia nº 938/2019, de 22 de octubre, de la misma
Sección 6ª- la cuantía de lo efectivamente concedido y lo que no lo ha sido que, en
este caso, confirma la estimación de la sustancialidad. Debe tenerse presente, en este
sentido, que la consideración de la estimación como íntegra o parcial no puede
depender exclusivamente, por proscribirlo el principio de efectividad del Derecho de
la Unión, del concreto importe concedido al consumidor cuando previamente se ha
declarado la nulidad de una cláusula contractual por abusiva pues puede disuadir a
aquél de ejercer su derecho a acudir a los tribunales para obtener dicha declaración
(STJUE de 16 de julio de 2020, asuntos acumulados C-224/19 y C-259/19)
prescindiendo por ello de consideraciones cuantitativas (Sentencia nº 653/2020, de 30
de junio, dela S. 6ª de la Audiencia Provincial de Málaga).

Así, en virtud de cuanto antecede,

FALLO

Que estimo sustancialmente la demanda formulada por MARIA SONIA


RUEDA GARCIA representados por el/la Procurador de los Tribunales Sr./Sra.
LARA CRUZ frente a BANCO SANTANDER, y en consecuencia:

1- declaro la nulidad de la cláusula nº5 ( gastos), incluida en un contrato de


préstamo hipotecario firmado entre las partes en fecha 4.11.05 suscrito ante
Notario/-a Sr./Sra. MARTIN ROMERO (protocolo Nº 7.312),

2- condeno a la demandada a abstenerse de aplicar en lo sucesivo la cláusula


declarada nula en el pronunciamiento primero.

3- condeno a la demandada a abonar al actor la suma de 703,31 euros a la que


se añadirá la que resulte de aplicarle el interés legal del dinero desde la fecha de cada
cobro indebido (art. 1303 C.c.) y, desde la fecha de esta sentencia, el previsto en el
art. 576 L.E.C.

4- declaro que, en relación con las cláusula contemplada en los


pronunciamientos anteriores y a día de la fecha, las consecuencias económicas de su
aplicación se agotan en las que asimismo determinan tales pronunciamientos.

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5- impongo a la demandada las costas causadas.

Notifíquese esta sentencia a las partes, haciéndoles saber que contra ella cabe
recurso de apelación que, en su caso, deberá interponerse ante este mismo Juzgado
dentro de los veinte días siguientes al de su notificación, previa consignación de un
depósito de CINCUENTA (50) EUROS en la cuenta de depósitos y consignaciones
de este Juzgado.

Llévese el original al libro de sentencias.

Así, por esta mi sentencia, de la que se expedirá testimonio para incorporarlo a


las actuaciones, lo pronuncio, mando y firmo.

PUBLICACIÓN.- Leída y publicada fue la anterior sentencia por el Ilmo. Sra


Magistrada que la ha dictado constituido en audiencia pública, en el día de la fecha.
Doy fe.-

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