1 DDHH - Modulo4
1 DDHH - Modulo4
Todo análisis respecto de los diversos aspectos vinculados a los derechos humanos
debe tener siempre presente el impacto diferenciado de las situaciones analizadas
sobre las mujeres y los varones. Este tipo de posicionamiento tiene como base el
conocimiento y el reconocimiento de la efectiva desigualdad entre mujeres y varones a
los largo de la historia. Cada cual puede dar cuenta desde su lugar en la sociedad de
innumerables situaciones donde se evidencia históricamente y se reproduce la
subordinación de un grupo sobre el otro.
Nuestro punto de partida es la idea de que ser varón o mujer constituye un
hecho sociocultural e histórico. En lo que hace a la construcción de la condición de
varón o de mujer, las diferencias anatómicas y hormonales representan sólo una parte
de las características que atribuimos. El género se relaciona con todos los aspectos de
la vida social de las personas: desde lo económico y cotidiano a lo íntimo y cultural. El
género determina las características, roles y funciones que se atribuyen a las personas
dependiendo de su sexo y de la valoración que hace de él cada sociedad.
Aquello que denominamos “perspectiva de género” es un tipo de mirada que
apunta a investigar, revisar, interrogar y analizar los roles, los espacios y los atributos
socialmente asignados tanto a las mujeres como a los varones, haciendo foco en las
marcadas desigualdades que observamos entre varones y mujeres. Asimismo, este
enfoque nos provee de herramientas para abordar y problematizar la desigualdad de
oportunidades que tienen los varones y las mujeres, las inequidades en sus relaciones
y los distintos papeles que socialmente se les son asignados.
En este contexto, debemos tener presente que recientemente han comenzado a
utilizarse dos términos distintos para referirse a las diferencias biológicas y a aquellas
construidas socialmente, éstos son sexo y género, respectivamente. Aún cuando
ambos apuntan a las diferencias entre las mujeres y los varones, las nociones de
género y sexo tienen connotaciones distintas.
Debido a que ser distintos no significa ser desiguales es importante tener
siempre presente la diferencia entre el concepto de sexo y el de género. Este último
concepto ha comenzado a ser muy utilizado en los últimos años pero su uso
desacertado tiende a relacionarlo únicamente a “cuestiones de mujeres”. Es así que,
cuando se habla de género, se piensa sólo en el género femenino. Por este motivo nos
proponemos comenzar con estas definiciones básicas, que en su conjunto componen
lo que denominamos perspectiva de género:
sexo: es la diferencia orgánica, física y constitutiva del varón y de la mujer, relacionada con la
biología. En otros términos, remite a las diferencias anatómicas y fisiológicas entre varón y
mujer, macho y hembra en la especie humana.1
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CURSO “DERECHOS HUMANOS, IGUALDAD Y LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN”
relaciones de género: pueden ser definidas como los modos en que las culturas asignan las
funciones y responsabilidades a la mujer y al varón. Estas relaciones determinan los modos de
acceder a los recursos materiales (como tierra y créditos) y a recursos simbólicos, como el
poder político. Esta estructura repercute en la vida cotidiana manifestándose, por ejemplo, en
la división del trabajo doméstico y extra-doméstico, en las responsabilidades familiares, en el
campo de la educación, en las oportunidades de promoción profesional, en las instancias
ejecutivas, etc.
De acuerdo con las palabras de Dora Barrancos, nos referimos “a las relaciones
de género para dar cuenta de los vínculos jerarquizados entre varones y mujeres,
porque me parece que aun con todos los problemas del vocablo, expresa la idea
central de que son las propias sociedades humanas inventoras de las funciones y las
tareas caracterizadas como femeninas y masculinas. En este reparto, las atribuciones
de mayor significación han correspondido a los varones y las menos trascendentes, a
las mujeres. La vida pública ha sido el escenario masculino por antonomasia y la vida
domestica, el teatro de operaciones de la condición femenina. Pero como ha podido
verse, siempre fue posible cruzar la frontera o al menos debilitarla, sobre todo porque
público y privado son conceptos relativamente recientes, acuñados para interpretar
especialmente fenómenos del siglo XIX en adelante”.2
Siguiendo la perspectiva desarrollada por Françoise Héritier resulta de interés
analizar el proceso por el cual las diferencias biológicas configuraron un tipo de relación
fuertemente jerarquizada entre varones y mujeres. Es en este sentido que ella propone
hablar de “valencia diferencial de los sexos” con el objetivo de dar cuenta del poder de
1
Vale la pena tener presente que se utiliza el término “intersexualidad” para designar a aquellas
personas cuya anatomía varía, en mayor o menor medida, respecto de los patrones masculinos o
femeninos. Debe tenerse en cuenta que la persona intersexual es quien determina su identidad de
género como cualquier persona, no basándose sólo en el aspecto físico (como los órganos que haya
desarrollado en mayor proporción).
2
Barrancos, Dora (2007). Mujeres en la sociedad argentina, Buenos Aires, Sudamericana, pág. 327.
2
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un sexo sobre el otro o la valorización de uno y la desvalorización del otro. Para Héritier
esta forma de estructuración de lo social ha llevado a cristalizar un modelo de
relaciones jerárquicas sobre el que se asientan “todas las discriminaciones y
racismos”.3
El establecimiento de esta jerarquía ha subordinado históricamente a las
mujeres sobre la base de diversas construcciones simbólicas y discursivas (los
discursos jurídico, religioso, científico, literario, mediático, etc.). Cuando decimos que el
género es un concepto relacional y posicional estamos haciendo hincapié en el hecho
de que las construcciones de roles e identidades son resultado de la interacción entre
las personas y que no se dan espontáneamente ni taxativamente. Los discursos
producidos en el marco de esas interacciones funcionan como vehículos para la
construcción de la subalternidad de las mujeres.
“La división entre espacio público y privado es un elemento importante del discurso de la
domesticidad. (…) Apoyándose en una dicotomía imaginaria se organizaron los sistemas
sociales y se establecieron normas que definen espacios de competencia para las actividades
económicas, políticas y culturales (Armstrong, 1987). En Europa este proceso se ubica hacia
fines del siglo XVIII y en América latina a partir del siglo XIX, cuando la “doctrina” de las dos
esferas excluyentes de actividad humana (lo público y lo privado) surge como componente de
la ideología victoriana sobre la mujer. (…) Mientras que la familia dejó de ser una unidad de
producción para transformarse en una de tipo emocional, la producción material de bienes
pasó a realizarse socialmente fuera del hogar y se enfatizó que entre ambos espacios no
había ningún tipo de interferencias. La separación entre la familia y el trabajo, entre
producción doméstica y formas socializadas de producción, reconfiguró las anteriores
divisiones del trabajo entre hombres y mujeres. Esta noción que presentaba las esferas
pública y privada como dicotómicas, separadas y divididas, no sólo en el espacio sino por las
actividades realizadas y por el sexo de los sujetos, fue clave también en el análisis político
3
Véase Héritier, Françoise (2007), Masculino/Femenino II. Disolver la jerarquía, Buenos Aires, FCE, pág.
17.
3
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4
Lobato, Mirta Zaida (2009). “Trabajo, cultura y poder: dilemas historiográficos y estudios de género en
la Argentina” en Historias con mujeres, mujeres con historia, Buenos Aires, UBA, pág.p. 29
5
Faur, Eleonor (2007). “Masculinidades” en Gamba, Susana (coord.), Diccionario de estudios de género
y feminismos, Buenos Aires, Biblos, pp. 203-205.
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De los niños se espera que sean: De las niñas se espera que sean:
fuertes débiles
racionales sentimentales
activos pasivas
constantes caprichosas
agresivos suaves
Vemos así que este tipo de construcciones simbólicas tienen también asociada
una carga valorativa diferencial y jerarquizada. Asimismo, nos permiten acercarnos al
hecho de que en cada sociedad se espera que las mujeres y los varones se comporten
de manera diferente, ya que desde la infancia son socializados/as para ajustarse a los
roles y normas masculinos y femeninos: deben vestirse de manera diferente, jugar
distintos tipos de juegos, interesarse por temas diferentes, etc. En la edad adulta esta
jerarquización se trasladará al mundo del trabajo, a la forma de establecer relaciones,
al desarrollo de la sexualidad, a la manera de hablar y de conducirse en los diversos
ámbitos de la sociedad.
Este mandato social de base biologicista se convierte en el presupuesto que
fundamenta las relaciones entre los sexos y condiciona las posiciones que la mujer
debe ocupar y las funciones que debe cumplir. La construcción del modelo de
femineidad tiene como punto central el vínculo culturalmente establecido entre el
cuerpo de la mujer y la reproducción. La percepción del cuerpo de las mujeres en
relación directa con la función biológica de la procreación implica limitar, cercenar y/o
desconocer el resto de las dimensiones y potencialidades propias de las mujeres. Esta
perspectiva respecto de lo social deja entrever el hecho de que las mujeres han sido
valoradas desde siempre como esenciales para la supervivencia y multiplicación del
grupo. Esta operación simbólica coloca a “la madre” en el lugar de la mujer.
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“La experiencia de las mujeres, elaborada por la crítica feminista, sobre todo en nuestro país,
les permite atender a la vez a su “identidad” (en la que el cuerpo, la sexualidad y la
maternidad tienen un papel destacado) y a su “diversidad”. Porque aun cuando hablemos de
derechos universales para las mujeres, su condición de blancas o negras, pobres o ricas,
occidentales u orientales, adolescentes, en edad reproductiva o ancianas, heterosexuales o
lesbianas, prostitutas o célibes, imprime al goce y ejercicio de esos derechos universales,
demandas y condiciones especificas. Es por eso que pensar los derechos de las mujeres en
el marco de los derechos humanos tiene una enorme complejidad”.6
6
Maffía, Diana (2007). “Acerca de la identidad y diversidad femeninas” en Encrucijadas, N° 40, Buenos
Aires, UBA, pág. 11.
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Nivel
Escalafonario Total % Mujeres % Varones %
Total 21.960 100 10.899 100 11.061 100
A 641 2,9 205 1,9 436 3,9
B 2.067 9,4 930 8,5 1.137 10,3
C 5.641 25,7 2.948 27,0 2.693 24,4
D 7.350 33,5 3.992 36,7 3.358 30,4
E 5.715 26,0 2.648 24,3 3.067 27,7
F 546 2,5 176 1,6 370 3,3
Fuente: Oficina Nacional de Empleo Público – Subsecretaría de la Gestión Pública, Jefatura de Gabinete de Ministros
(2005). Boletín estadístico del personal del sistema nacional de la profesión administrativa (SINAPA). Disponible en
[Link]
7
Barrancos, Dora (2007). Op. cit., pág…
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En este cuadro podemos ver, como señala el informe, que el trabajo hogareño
continúa siendo una actividad básicamente femenina. Un elemento a destacar es la
cuantificación de la participación masculina en las actividades hogareñas: si bien estos
datos no pueden ser generalizados, este análisis nos brinda una posibilidad de
acercamiento a la situación de las mujeres en el hogar.
Otra perspectiva para acercarnos a esta problemática surge del estudio respecto
de la percepción de ingresos. En el cuadro siguiente veremos la brecha entre las
mujeres sin ingresos propios y los varones sin ingresos propios, a lo largo de los
últimos 15 años.
Argentina - Población sin ingresos propios por sexo y tramos de edad (*)
(Porcentajes)
8
Notas: Total muestra (1600 mujeres), si no se especifica otra. (1) hay niños en el hogar (Base: 1030
hogares). (2) hay familiares ancianos o enfermos (vivan o no con la entrevistada en su hogar). “Para leer
los cuadros que siguen conviene recordar que no todas las mujeres entrevistadas cumplen el rol de ama
de casa en su hogar, rol que puede ser cubierto, en el caso de muchas jóvenes, por ejemplo, por su
madre (que aparecerá incluida en “otras/otros”)”.
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Total 15 - 24 25 - 34 35 - 44 45 - 59 60 y más
Años
Mujeres Varones M V M V M V M V M V
1994 (a) 43.6 10.1 50.8 26.0 46.8 7.3 48.0 5.7 47.9 7.1 29.5 5.5
1999 (b) 40.3 12.8 49.3 31.3 41.6 10.0 41.8 6.4 44.3 9.2 27.6 8.7
2002 (c) 38.1 15.9 51.7 37.0 37.5 13.4 36.2 9.6 39.8 12.8 30.2 10.8
2005 (d) 32.9 11.0 49.2 28.9 31.2 9.0 28.9 4.8 33.3 6.7 28.0 8.3
2007 (e) 32.3 10.4 47.9 27.6 29.9 7.9 27.7 3.9 33.4 7.0 27.4 7.8
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Disponible en: [Link] 9
9
Notas: * Población de 15 años y mas que no perciben ingresos monetarios y no son estudiantes según
su condición de actividad / (a) año 1994 Área Urbana (20 Aglomerados urbanos) / (b) año 1990 Área
Urbana (28 Aglomerados urbanos) / (c) año 2002 Área Urbana (32 Aglomerados urbanos) / (d) año 2005
Área Urbana (28 Aglomerados urbanos) / (e) año 2007 Área Urbana (31 Aglomerados urbanos).
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Como hemos visto, la perspectiva de género analiza los roles sociales, los estereotipos
que inciden culturalmente y la relación jerárquica entre varones y mujeres como
factores fundamentales en la promoción, protección o impedimento para el pleno
desarrollo y acceso a derechos para las mujeres. El concepto de género se refiere
básicamente al análisis de las relaciones de poder: se trata de identificar y analizar las
desigualdades que se producen sobre la base de la valoración de cada persona por su
pertenencia sexual. Asimismo, es importante tener presente que las diferencias de
género se entrecruzan y potencian con diferencias establecidas sobre la base de la
condición social y económica, la pertenencia étnica o nacional, la edad, entre otras
variables.
En nuestro estudio establecimos que el género se construye mediante procesos
sociales de comunicación y de ejercicio de poder durante los procesos de crianza,
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educación y, sobre esta base, a lo largo de la vida. En este sentido, resulta de especial
interés tomar conciencia de que la estructura jerárquica entre los géneros es
transmitida de forma sutil sobre la base de generalizaciones, preconceptos, mitos, usos
y costumbres referidos a uno y otro sexo, elementos que tienden a naturalizarse en el
discurso y las practicas cotidianas. Es por ello que resulta pertinente resaltar el hecho
de que, en tanto hablamos de modelos aprendidos, estamos haciendo referencia a
construcciones simbólicas que pueden y deben ser modificadas.
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