Que es la vida? A que consideran vida? Acaso somos una especie libre?... Pues, yo no lo veo así.
He estado atrapado en esta incógnita por tanto tiempo que olvidé lo que es vivir y disfrutar cada
maldito segundo que se ofrece. Todo tiene un ciclo: Nacer, crecer, morir. Sé que el ciclo humano,
ó, el ciclo de la vida se ve algo corto, pero, son esas etapas las que conllevan a más opciones
extensas. Por ejemplo: durante nuestra niñez experimentamos el aprendizaje, y es este
aprendizaje el que nos lleva a tomar opciones según lo que sabemos. Mientras que en nuestra
juventud experimentamos la pubertad: un paso más para decir que estamos listos ante un mundo
diferente al que hemos vivido.
No quiero extenderme antes preguntas y respuestas que ya deben saber, quiero hablarles sobre
mi vida, quien soy, quien pude ser, y por qué lo estoy haciendo.
Nací en un día normal como cualquier otro; mi madre, tan bella e inteligente, firme ante todo,
nunca se rindió y creo que nunca la hará. Mientras, mi padre era un don nadie, carecía de una
inteligencia mayor a la de mi madre, y su vida no tenía la suficiente estabilidad como para hacerse
cargo de mí. Crecí sin mi verdadero padre. Durante todo mi crecimiento nunca se me negó quien
era mi padre, pero, tampoco tomé el valor como para decidir buscarlo y conocerlo.
Todavía recuerdo algo de mi niñez— es algo muy confuso, pero sigue vivo allí, tan vivo como si
hubiera sido ayer—, es una escena donde me pregunto algo: ¿Qué es la vida? ¿Por qué estoy vivo?
¡¿Por qué tengo que ser yo?!. Tanto fue mi arrepentimiento por vivir que quise morir, aún, siendo
un niño de unos 6 o 7 años, intenté suicidarme con mis propias sabanas.
No soy amante a la vida, y no me costó mucho para saberlo, sin embargo, lo más difícil fue asimilar
el tratar de vivir sin sentirse vivo del todo. Buscar una razón para avanzar cada día, una nueva
meta, un nuevo reto, un simple momento para decir que te sientes bien, esas son las energías
motoras que guían nuestro cuerpo en un extenso mundo. Mientras yo lograba observar esas
energías en muchos, algo en mi se apagaba cada vez más.
Ya han pasado 5 años desde ese día. He vivido más experiencias. Me he mantenido en un margen
de aprendizaje establecido por mi padrastro y madre.
¿Acaso todo consecuencia? ¿Acaso todas nuestras decisiones nos llevarán a una reacción en
cadena que desencadenará el caos en nuestras vidas? Mientras aún lo vea más me preguntaré si
mis decisiones están tomadas de una buena manera. Sé que he cometido errores, y cada uno es
peor que el anterior, pero, aún así mereceré hacerle daños a los demás. Nunca quise hacerle daño,
pero fallé, me alejé, y no volví ,sino ,tiempo después, y como siempre, siendo el completo idiota.
He tenido un gran problema al encariñarme mucho con las amigas quienes comparten algo más
que una simple coincidencia —sus pensamientos, ideas, gustos, letras, una conexión superior a la
de una simple amistad.
Me sentí tan abobado por alguien que olvidé su primera ley: “No compartir algo emocional”,
seguida de: “No te ilusiones”. Realmente creí poder tener algo tan lindo con ella que perdí toda
razón de la realidad, cayendo en una imagen mental creada por mí y por apenas una imagen
donde logré ver su rostro —Casi nunca quiso que la viera completa, tan solo imágenes tomadas
desde el inferior de su barbilla y apenas mostrando una parte de sus mejillas—. Cada día que
lográbamos hablar por una hora parecía ser una dosis de dopamina excesiva, pues, dominaba
todos mis sentidos y me hacía sentir que estaba siempre a mi lado. Ella me escuchó en todo
momento, yo la escuché cuando fuese necesario, me ayudó, la ayudé, y sin darnos cuenta
logramos algo y perdimos todo. Esta fue una de mis últimas ilusiones, aunque, claro, que esperar;
tratándose de dos grandes amigos que nunca se lograron dar un abrazo por la distancias de miles
de kilómetros. “No me arrepiento de nada, pero tampoco estoy feliz por el resultado”. Esta va
para ti, She.