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Biodesarrollo

El documento analiza el impacto del desarrollo en la construcción social del territorio en comunidades rurales del Valle de Tenza, Boyacá, destacando cómo las políticas económicas y sociales han transformado las formas de vida y producción en la región. Se identifican tensiones y resistencias emergentes que dan lugar a alternativas de biodesarrollo, enfocadas en la defensa del territorio y la vida comunitaria. La investigación se basa en un enfoque metodológico cualitativo que combina análisis teórico y trabajo de campo para comprender estas dinámicas sociales.

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Biodesarrollo

El documento analiza el impacto del desarrollo en la construcción social del territorio en comunidades rurales del Valle de Tenza, Boyacá, destacando cómo las políticas económicas y sociales han transformado las formas de vida y producción en la región. Se identifican tensiones y resistencias emergentes que dan lugar a alternativas de biodesarrollo, enfocadas en la defensa del territorio y la vida comunitaria. La investigación se basa en un enfoque metodológico cualitativo que combina análisis teórico y trabajo de campo para comprender estas dinámicas sociales.

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Biodesarrollo, territorio y población en comunidades rurales.

Un acercamiento a la
construcción social del territorio en la zona rural del Valle de Tenza

Miguel Fernando Niño Roa


Cód.: 20151157029

Directora
Clara Inés Pérez Gómez

Maestría en Investigación Social Interdisciplinaria


Línea de investigación: Poder y política

Universidad Distrital Francisco José de Caldas


Facultad de Ciencias y Educación
Bogotá
2017

1
Resumen:

El desarrollo se presenta como un paradigma económico, político, social y cultural, que

desde su puesta en marcha ha buscado incursionar todos los campos de la sociedad,

configurando nuevas dinámicas económicas y transformando las formas de vida de la

población. Frente a ello, el escenario de la ruralidad ha sido uno de los más afectados, pues

como se evidencia en el sector rural del Valle de Tenza, Boyacá, se han implementado una

serie de políticas y prácticas sociales y económicas, que conllevan cambios en las formas

de producción, fortalecimiento de actividades como la explotación minera y transformación

en las relaciones sociales y laborales del sector.

Esta situación causa una reconfiguración social del territorio y de su población, generando

tensiones y manifestaciones de resistencia, que a su vez alimentan la crítica al modelo y

propician la aparición de nuevos escenarios sociales y alternativas al desarrollo, basadas en

la vida (biodesarrollo), en la defensa del territorio y en lo común como línea de fuga del

orden establecido social y políticamente. Tanto la afectación del modelo de desarrollo en el

territorio y la población rural, como la aparición de escenarios de resistencia creativa,

constituyen el ejercicio de investigación que a continuación se presenta.

Palabras clave: Desarrollo, ruralidad, territorio, población, resistencia, biopolítca,

biodesarrollo.

2
CONTENIDO
1. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................ 5

1.1. El desarrollo en la construcción social del territorio: problemática y campo de análisis ..... 5

1.2. Pregunta de investigación ..................................................................................................... 8

1.3. Objetivos ............................................................................................................................... 8

1.3.1. General ...................................................................................................................... 8

1.3.2. Específicos ................................................................................................................ 8

1.4. Enfoque metodológico .......................................................................................................... 9

1.4.1. Herramientas metodológicas................................................................................... 12

1.5. Enfoque interdisciplinar y estructuración de la investigación ............................................ 14

2. ACERCAMIENTO TEÓRICO........................................................................................... 16

2.1. Biopolítica: el gobierno de la vida como centro de las relaciones sociales y políticas ....... 16

2.2. El espacio como construcción social .................................................................................. 20

2.3. Espacios para la vida: configuración del territorio en el modelo de desarrollo .................. 24

2.4. La cuestión del desarrollo: crítica y nuevas manifestaciones ............................................. 27

2.4.1. Bioeconomía y procesos entrópicos en el desarrollo .............................................. 29

2.5. Biodesarrollo y crisis del modelo actual de desarrollo ....................................................... 31

2.6. La resistencia y las acciones micropolíticas en los escenarios de poder ............................. 33

3. CONTEXTUALIZACIÓN: EL ESTADO ACTUAL DE LA RURALIDAD EN


COLOMBIA Y AMÉRICA LATINA ................................................................................ 36

3.1. La ruralidad en América Latina: transformaciones y nuevas concepciones ....................... 36

3.2. Políticas rurales en Colombia ............................................................................................. 40

3.2.1. Las leyes en torno a la propiedad de la tierra en Colombia .................................... 41

3.2.2. El contexto de las políticas función de la educación rural en Colombia ................ 44

3.3. Política económica en la ruralidad colombiana .................................................................. 46


3.3.1. Neoliberalismo: modelo de desarrollo que ha permeado todos los campos de la vida
social ............................................................................................................................ 47

3.4. El territorio rural colombiano como escenario de lucha: desterritorialización y


reterritorialización ............................................................................................................... 50

3.4.1. Las zonas rurales y el conflicto armado en Colombia ............................................ 53

3.4.2. Problemas socioambientales en el sector rural colombiano ................................... 54

4. EL DESARROLLO Y LA AFECTACIÓN EN LA ZONA RURAL DEL VALLE DE


TENZA ............................................................................................................................... 56

4.1. Desarrollo y nuevas dinámicas económicas en la zona rural .............................................. 56

4.2. Formas de producción en el sector rural del Valle de Tenza: entre lo tradicional y el
desarrollo............................................................................................................................. 60

4.2.1. Los proyectos mineroenergéticos en lógica macropolítica ..................................... 64

4.3. El campesino del Valle de Tenza y la nueva ruralidad: subjetividades en resistencia ....... 69

5. EL TERRITORIO EN LA ZONA RURAL DEL VALLE DE TENZA:


CONFIGURACIÓN Y RECONFIGURACIÓN ................................................................ 73

5.1. La relación actual de la población rural con la tierra .......................................................... 73

5.2. Construcción social del territorio a partir de las manifestaciones culturales como orden
simbólico ............................................................................................................................. 80

5.3. La apropiación del territorio a partir de la relación urbano-rural ................................ 86

6. LA COMUNIDAD RURAL COMO ESCENARIO DE RESISTENCIA .......................... 91

6.1. La defensa del territorio desde una perspectiva micropolítica ............................................ 92

6.2. Nuevas formas de organización y resistencia en la población rural ................................... 96

6.3. Lo común como punto de encuentro de la población rural en resistencia ........................ 100

CONCLUSIONES.................................................................................................................... 105

REFERENCIAS ....................................................................................................................... 110

ANEXOS .................................................................................................................................. 116


1. INTRODUCCIÓN

1.1. El desarrollo en la construcción social del territorio: problemática y campo de


análisis

Históricamente, la organización de un territorio ha estado mediada por relaciones de


carácter social, cultural y político, entran en juego, por un lado los intereses individuales y
en colectivo de una comunidad y por otro, las políticas y directrices orientadas desde las
entidades gubernamentales y otras instituciones, es por ello que un análisis de la
construcción social de un territorio implica abordar el espacio teniendo en cuenta todas las
variables que allí se desarrollan, en especial las de carácter político y económico, pues han
sido estos dos campos, los que han ejercido gran influencia en la organización territorial y
la configuración de la población en un contexto como las zonas rurales de Colombia,
escenario en el que se desarrolla esta investigación.

Las perspectivas tanto económicas como políticas han jugado un papel muy importante en
una tendencia que desde mediados del siglo XX se ha impulsado en Colombia, en América
Latina y en otras partes del mundo, que es la de orientar la sociedad hacia el paradigma del
desarrollo, entendido este como “la reproducción en todo el mundo de los rasgos
característicos de las sociedades avanzadas de la época: altos niveles de industrialización y
urbanización, tecnificación de la agricultura, rápido crecimiento de la producción material y
de los niveles de vida, y adopción generalizada de educación y los valores culturales
modernos” (Escobar, 2012, p.27), teniendo un impacto significativo en las formas de vida
de la sociedad, pero en especial de las poblaciones rurales en donde se venían manejando
unas formas de vida y de producción que no encajaban en el modelo de desarrollo y que era
necesario intervenir.

Tanto el desarrollo como sus componentes políticos y económicos impactan con intensidad
en el sector rural colombiano y se convierten en determinantes en la construcción del
territorio en el país, pues como lo señala Absalón Machado, en Colombia “lo rural está
mediado por un contexto de una débil gobernabilidad, de ausencia del Estado en vastas
zonas del país, un conflicto político y social interno con una guerra no declarada, un

5
modelo de crecimiento imitativo y sin desarrollo, y una democracia incompleta, corrupta y
débil” (1998, p.19).

De ahí la importancia de estudiar lo rural en el nuevo marco del modelo de desarrollo, pues
como lo señala Pérez (2001a y 2001b), lo rural se debe estudiar desde cuatro componentes:
el territorio como fuente de recursos naturales, soporte de actividades económicas y
escenario de intercambios e identidades políticas y culturales; la población como actor
social, con elementos culturales definidos y cuya vida está directamente relacionada con la
tierra y los recursos que esta le brinda, los asentamientos que establecen relaciones entre sí
mismos y con el exterior, a través del intercambio de personas, mercancías e información, y
las instituciones públicas y privadas que de cierta manera ordenan el territorio a partir de
principios políticos y económicos.

Para analizar estos componentes, en términos de esta investigación se acudió a una


categoría acuñada por varios pensadores en las últimas décadas, relacionada con la vida y
cómo esta se convierte en un asunto económico: la bioeconomía o el biocapitalismo, como
paralelas al biopoder. Andrea Fumagalli (2010) señala que en los últimos treinta años, las
finanzas o el mercado han sustituido el papel del Estado como asegurador social
(canalización forzosa de los ingresos del trabajo a través de la provisión social, la
educación y la salud). “Desde este punto de vista, los mercados financieros representan la
privatización de la reproducción de la vida, una vuelta más allá de la sociedad salarial. Son,
por lo tanto, biopoder” (Fumagalli, 2010, p.20).

Para Useche (2011), esta razón biopolítica de la economía se hace compatible con el poder
sobre la vida (biopoder) exhibido en el manejo político de las poblaciones, cuyos
integrantes son una especie de seres vivientes y para su conducción se aplican regulaciones
extremas, pero también enunciaciones sobre la subjetividad. La industrialización de las
zonas rurales y la aparición de actividades como la minería determinan un cambio en los
estilos de vida. Las nuevas técnicas de cultivo, y las formas de comercialización de los
productos agrícolas en la actualidad, dan cuenta de la puesta en marcha de políticas, que
junto a la interiorización de prácticas, trastocan la vida de la población rural colombiana.

6
Esto responde a lo que señala Machado (1998), que en la actualidad, ruralidad colombiana
se caracteriza por la desarticulación creciente entre agricultura e industria, la tendencia de
esta última a fomentar la importación de materias primas y alimentos procesados, así como
la debilidad y fragmentación de la organización social rural, la falta de atención de su
población por parte del Estado y sus instituciones, así como la confrontación entre la
política macroeconómica y los intereses sectoriales de la agricultura y de la población rural,
las dificultades de los pequeños productores para competir con grandes empresas
nacionales e internacionales y otras situaciones que ponen a la ruralidad como uno de los
escenarios que más se ha afectado con la implementación de un modelo político y
económico orientado por el modelo de desarrollo.

El caso colombiano es muy particular, pues es un país que alberga en su interior múltiples
dimensiones de lo rural o por decirlo de otra manera múltiples ruralidades, con un 32% de
la población colombiana habitando zonas rurales, y que se caracterizan por la inserción de
un modelo de desarrollo que entre otras cosas no promueve el desarrollo humano y hace a
la población rural más vulnerable, es inequitativo y no favorece la convergencia,
invisibiliza las diferencias de género y discrimina a las mujeres, es excluyente, no
promueve la sostenibilidad, concentra la propiedad y crea condiciones para el surgimiento
de conflictos, es poco democrático y no afianza la institucionalidad rural (PNUD, 2011).

Para entender la afectación del desarrollo en el contexto rural y la emergencia de propuestas


enmarcadas en el biodesarrollo como producto de acciones en resistencia, se tomó como
referente la subregión del Valle de Tenza, ubicada en el suroriente del departamento de
Boyacá, cuyas formas de vida en el sector rural están mediadas por la cultura ancestral de
origen boyacense, la influencia que ejercen los cascos urbanos de los municipios y a su vez
la cercanía con Bogotá como referente urbano. La economía campesina de esta región se
caracteriza por el manejo de técnicas de agricultura ancestrales, en las que se destaca el
intercambio de semillas, la asociación y rotación de cultivos, que se adaptan y combinan
con técnicas contemporáneas que responden a las demandas del mercado (Monsalve, 2006).

7
Esta región alberga en su interior gran parte de las problemáticas descritas hasta el
momento en torno a la ruralidad, que junto a la emergencia de proyectos mineroenegéticos,
la influencia de los contextos urbanos y una cultura basada en el conocimiento ancestral
que aún pervive, se convierte en un importante escenario de análisis, que permite estudiar la
transformación en la construcción social de territorio en las zonas rurales de Colombia, a
partir de los cambios que se han dado en el orden económico, político y cultural como
producto del modelo de desarrollo actual, frente a campos de resistencia en la población y
alternativas que desde el biodesarrollo se abren espacio. Para tal fin se planteó una pregunta
que orientó esta investigación, unos objetivos y un enfoque metodológico que se describen
a continuación.

1.2. Pregunta de investigación

¿Cómo se construye socialmente el territorio en la población de la zona rural del Valle de


Tenza, a partir del surgimiento de fenómenos sociales y económicos orientados por el
modelo de desarrollo actual en una lógica biopolítica, frente a escenarios de resistencia y
alternativas que desde el biodesarrollo se abren espacio en la región?

1.3. Objetivos

1.3.1. General

Analizar la construcción social del territorio en la población de la zona rural del Valle de
Tenza, Boyacá, a partir del surgimiento de fenómenos sociales y económicos orientados por
el modelo de desarrollo actual en una lógica biopolítica frente a escenarios de resistencia y
alternativas que desde el biodesarrollo se abren espacio en la región.

1.3.2. Específicos

 Indagar por la forma en que se desarrollan las relaciones económicas en la


población de la zona rural del Valle de Tenza, en medio de políticas y prácticas
orientadas por el modelo de desarrollo actual.

8
 Estudiar las relaciones sociales de la población de la zona rural del Valle de Tenza a
partir del vínculo del ser humano con la tierra y las prácticas culturales que se dan
en la comunidad, en un escenario mediado por el modelo de desarrollo actual.
 Identificar los escenarios de resistencia y alternativas que desde el biodesarrollo se
presentan en la zona rural del Valle de Tenza frente a la transformación social que
ha tenido en los últimos años.

1.4. Enfoque metodológico

Metodológicamente esta investigación cualitativa se abordó como un ejercicio teórico-


práctico, en el que se buscó integrar el análisis teórico de categorías como desarrollo,
territorio, biopolítica, resistencia y biodesarrollo, con unas actividades de trabajo de campo
en la zona rural del Valle de Tenza, que consistió en la aplicación de entrevistas cualitativas
a pobladores de la región y que se complementa con un ejercicio de observación
participante en los municipios de Garagoa, Sutatenza, Tenza, Chinavita, Pachavita,
Macanál, Santamaría en el que se pudieron establecer relaciones sociales, transformación
en las formas de vida y rupturas en el orden establecido y legitimado socialmente, a partir
de la implementación del modelo de desarrollo en el sector rural colombiano.,

Para desarrollar esta propuesta y responder al objetivo general de la investigación se tomó


como enfoque metodológico y de análisis la perspectiva crítica o el pensamiento social
crítico, en el que se pudiera dar cuenta, primero de la visión que hay alrededor del modelo
de desarrollo y sus consecuencias y luego poner en escena las manifestaciones de
resistencia y las nuevas perspectivas teóricas y prácticas que emergen para hacer frente a la
afectación en la población rural. Para ello se tuvieron en cuenta elementos de la perspectiva
metodológica que plantea Michel Foucault en sus primeras obras acerca de la investigación
genealógica, y de Gilles Deleuze en torno al pensamiento rizomático como propuesta de
análisis.

En el caso de América Latina, el pensamiento social crítico tuvo muy buena acogida en la
segunda mitad del siglo XX, en una región convulsionada ante la emergencia de las
dictaduras y todo un proyecto social, económico y político implementado en la región e

9
impulsado por los Estados Unidos, y que autores como Cardoso y Faletto (1977)
denominan Teoría de la dependencia. “Todo ello revolvió muchas cosas y de alguna
manera hizo que en ese momento emergiera una sensibilidad latinoamericana” (Barbero,
2010). Esta corriente del pensamiento social crítico, no solo se dedicó a hacer una crítica a
las políticas desarrollistas, sino que fue creadora en campos como la literatura, la música, el
arte, y le dio un sustento académico a las movilizaciones sociales que desde la población
civil se configuraron en resistencia.

Llevar el pensamiento social crítico al campo metodológico en esta investigación permite


hacer un análisis teórico-práctico del orden social y político establecido en el contexto de la
ruralidad, basado en discursos instituidos alrededor de la economía y las relaciones
políticas, y prácticas sociales y culturales homogeneizadoras. Esto facilita su entendimiento
y un análisis de las manifestaciones que surgen en la población para subvertir ese orden y
plantear nuevas formas de organización social en defensa de lo propio, manifestaciones de
resistencia y alternativas al modelo desarrollo.

La perspectiva crítica permite ver que la forma en que se da la implementación del modelo
de desarrollo en las zonas rurales es un asunto del saber-poder, manifestado desde lo
institucional hacia la población y las comunidades, y es por ello que los elementos de la
investigación genealógica y del pensamiento rizomático son pertinentes a la hora de
analizar este tipo de relaciones. Además, algunos autores ubican a Foucault, como referente
metodológico, “en una corriente crítica que analiza con lupa los mecanismos y campos de
la vida en relación a los movimientos sociales y a las luchas que sus estudios han
contribuido a potenciar” (Varela y Álvarez, 1985, p.14).

En la primera parte de la investigación, que consistió en un análisis de la producción


bibliográfica alrededor del modelo de desarrollo implementado en las zonas rurales de
Colombia, y en la que estuvieron presentes, tanto la perspectiva institucional como las
propuestas alternativas que nacen desde las comunidades, el enfoque metodológico de tipo
genealógico permitió, que una vez hecho un recorrido desde una visión crítica por la
producción académica alrededor de las categorías de biopolítica, territorio, desarrollo y

10
resistencia, se problematizaran sus conceptos, se establecieran relaciones y tensiones al
interior y entre las categorías.

Y es que como lo señala Varela y Álvarez:

El trabajo genealógico exige una minuciosa analítica de las mediaciones, aislar


las tramas, seguir sus hilos, definir sus conformaciones, sus transformaciones,
su incidencia en el objeto de estudio y, en fin, repensar los conceptos que
permiten su definición.

Foucault sintetizaba su proyecto genealógico en tres grandes dimensiones:

Una ontología histórica de nosotros mismos en relación a la verdad a través de


la cual nos constituimos en sujetos de conocimiento.

Una ontología histórica de nosotros mismos en relación con el campo del poder
a través de la cual nos constituimos en sujetos que actúan sobre los demás.

Una ontología histórica de nosotros mismos en relación a la ética a través de la


cual nos constituimos en agentes morales. (Varela y Álvarez, 1985, pp.7 y 8)

Convoca entonces a un nuevo tipo de racionalidad que va más allá de la descripción de un


concepto, se trata entonces de establecer la forma en que fue concebido, no como un mero
hecho histórico sino como problematización, con tensiones que han permitido su
constitución, un análisis de las múltiples formas y usos de un concepto. Trabajar una
categoría desde el enfoque genealógico en esta investigación implica problematizar los
conceptos, analizarlos y relacionarlos con lo que en la práctica se evidencia en el contexto
de la ruralidad. Es un proceso que no se debe asumir de una forma esquemática, pues cada
una de las categorías de análisis que se trabajan, tiene distintas aristas y se pueden abordar
desde diferentes perspectivas.

En lo que tiene que ver con el análisis de la información recogida en campo, el enfoque
genealógico permitió entender cómo funcionan los campos del saber-poder en las

11
relaciones gubernamentales, y además cómo emergen subjetividades que permiten ir más
allá de la asimilación e interiorización de conductas y pasar a manifestaciones de
resistencia.

Por su parte los elementos metodológicos que brinda Deleuze con el pensamiento
rizomático refuerzan ese estudio no esquemático en el que se sustenta esta investigación,
pues este autor plantea un campo de análisis en el que se tengan en cuenta la multiplicidad
de relaciones que se pueden establecer, afirmando que en los rizomas prevalecen los
principios: de conexión y heterogeneidad, de multiplicidad y de ruptura, (Deleuze, 2003).
El tratamiento rizomático permite problematizar, complejizar, entrecruzar los conceptos y
las relaciones sociales con otras perspectivas.

De esta manera, la perspectiva metodológica planteada para esta investigación permitió, en


primer lugar, hacer un ejercicio de análisis crítico de la situación actual de la población
rural frente a la implementación del modelo de desarrollo, esto, abordando categorías de
análisis y marcos contextuales, acudiendo a los enfoques genealógico y rizomático, que
permitieran una problematización que superara la mera descripción de conceptos y las
relaciones sociales, para de esta manera visibilizar y entender las nuevas subjetividades y
las acciones de resistencia de la población en defensa del territorio rural.

1.4.1. Herramientas metodológicas

La construcción social del territorio en la población de la zona rural del Valle de Tenza, a
partir del surgimiento de fenómenos sociales y económicos orientados por el modelo de
desarrollo, se abordó acudiendo a herramientas metodológicas que tuvieron como punto de
partida un ejercicio de recolección bibliográfica en el que se acudió a diferentes fuentes
teóricas, y que permitió hacer un tratamiento analítico de los conceptos y categorías que
intervienen en el ejercicio de investigación, problematizarlos y relacionarlos con las
observaciones hechas en el trabajo de campo.

La recolección de la información en campo se hizo a través de dos herramientas


principalmente, por un lado, la entrevista cualitativa, de la cual se obtuvo información de

12
las fuentes directas (pobladores rurales) acerca de sus actuales condiciones de vida y las
afectaciones que presuntamente son causadas por políticas económicas y prácticas sociales
orientadas por el modelo de desarrollo. Y una segunda herramienta o ejercicio
metodológico que consistió en la observación participante, en la que el investigador se
vinculó con la población objeto de estudio y obtuvo importante información acerca de las
relaciones laborales, prácticas culturales, formas y medios de producción en el contexto
rural, como insumo para su análisis en relación al modelo de desarrollo.

La finalidad de utilizar la entrevista cualitativa como herramienta metodológica, es que esta


permite obtener información acerca de hechos o acontecimientos en un momento o lugar
específico, y por tanto es muy importante en un ejercicio de investigación cualitativa,
donde lo que se busca es reconstruir la realidad, tal como la observan los actores de un
sistema social previamente definido, y pues como lo señala Díaz y Andrés (2005), la
entrevista cualitativa se mueve dinámicamente entre los hechos y su interpretación y “su
alcance final consiste en comprender el fenómeno social complejo, el énfasis no está en
medirlo, sino en entenderlo” (Díaz, y Andrés, 2005, p.8).

Por su parte, la observación participante, además de permitirle al investigador vivir las


prácticas sociales, las relaciones económicas y productivas en la población, facilita la
obtención de relatos, que se convierten principalmente en un ejercicio de memoria
individual y colectiva, “en el relato se involucran recuerdos y olvidos, narrativas y actos,
silencios y gestos. Hay un juego de saberes, pero también hay emociones. Y hay también
huecos y fracturas” (Jelin, 2002, p.17). En campo, el relato se hizo de forma libre y
espontánea por la población, lo cual permitió articular una sistematización de la
información, en la que emergieron elementos relacionados con la reconfiguración del
territorio, las relaciones económicas, políticas, educativas y sociales.

A partir de la información que se obtuvo de la aplicación de los instrumentos, se realizó la


sistematización en la que se pudo establecer relaciones entre el modelo de desarrollo
implementado en las zonas rurales de Colombia y la afectación del territorio como
construcción social, tomando, tanto la información que arrojó el ejercicio de recolección y

13
análisis bibliográfica, como las fuentes y la observación en el trabajo de campo, asumiendo
una perspectiva crítica y entendiendo las relaciones desde la problematización de las
categorías de análisis y de la información recolectada. Así se pudieron conocer las líneas de
fuga en esta relación y como se plantean acciones de resistencia y alternativas al modelo de
desarrollo, que parten de lo común, centradas principalmente en la vida y más cercanas a la
idea del biodesarrollo.

1.5. Enfoque interdisciplinar y estructuración de la investigación

Investigar acerca de la construcción del territorio en la perspectiva del modelo de desarrollo


se convierte en un ejercicio de análisis que involucra la articulación de diferentes
disciplinas de las ciencias sociales, pues el territorio es asumido como una construcción
social constituido por elementos de tipo político, social y cultural, que van más allá de su
concepción como un mero espacio físico, es decir que el investigador se tiene que mover
entre disciplinas como la geografía, la sociología, la antropología y la política. Igual
situación amerita un análisis en torno al desarrollo, como un campo de estudio que alberga
en su interior elementos de tipo económico, político y cultural y que es necesario analizar
desde una perspectiva interdisciplinar.

Para efectos de esta investigación, tanto el desarrollo como el territorio se asumen como
campos de análisis interdisciplinar, abordarlos desde la articulación de las disciplinas
permite un estudio riguroso y completo de la situación actual de la población rural frente a
la emergencia de fenómenos orientados por el modelo de desarrollo. Esto responde a lo que
señala Morin (1992) acerca de la interdisciplinariedad, concebida como la complejización
de las disciplinas en torno a esquemas cognitivos y nuevas hipótesis, y que en este ejercicio
investigativo permite dar cuenta de la reconfiguración del territorio y la población,
complejizando y problematizando categorías y haciendo un sistematización de la
información recogida en campo desde la articulación de diferentes perspectivas
disciplinares.

Para desarrollar esta idea, el informe de investigación que a continuación se presenta se


dividió en seis capítulos, en el primero se presenta el problema de investigación con su

14
respectiva pregunta, los objetivos y los enfoques metodológico e interdisciplinar. Un
segundo capítulo en el que se aborda la parte teórica de la investigación problematizando
las principales categorías de análisis que le dan sustento, acudiendo a autores que las han
trabajado desde diferentes perspectivas. Un tercer capítulo en el que se hace una
contextualización de la situación actual de la ruralidad en Colombia y América Latina en la
que se tuvieron en cuenta políticas, transformaciones y fenómenos como el conflicto
armado, la pobreza, la migración rural, entre otras, que han determinado el devenir de este
sector en la sociedad colombiana.

En los capítulos cuarto, quinto y sexto se hace un análisis alrededor de la reconfiguración


del territorio y la población, en primer lugar y como cuarto capítulo, se ponen en escena las
manifestaciones del modelo de desarrollo en el contexto de la ruralidad, y específicamente
en la región del Valle de Tenza, como escenario de análisis de esta investigación. En el
capítulo cinco se aborda la configuración y reconfiguración del territorio en la zona rural,
haciendo énfasis en el vínculo del ser humano con la tierra, las manifestaciones culturales y
la relación urbano-rural como determinante de la nueva ruralidad, mientras que en el
capítulo seis se analiza la comunidad como punto de encuentro para las manifestaciones de
resistencia y el planteamiento de propuestas o alternativas al modelo de desarrollo actual.

Finalmente, en las conclusiones, se encontraron algunas claves que ayudan a comprender


las transformaciones que están en marcha en lo referido a la población y la reconfiguración
del territorio, a partir de la implementación del modelo de desarrollo en el contexto de la
ruralidad. Lo anterior, por medio del ejercicio de relacionamiento entre la construcción de
unos conceptos teóricos pertinentes y relevantes con las observaciones hechas en el trabajo
de campo, que permitieron ver como a partir de lo común y de las rupturas al orden
establecido, emergen manifestaciones de resistencia.

15
2. ACERCAMIENTO TEÓRICO

2.1. Biopolítica: el gobierno de la vida como centro de las relaciones sociales y políticas

Autores como Gilles Deleuze, Toni Negri, Michael Hardt han desarrollado la categoría de
biopoder en sus diferentes trabajos, pero su génesis se encuentra en Michel Foucault, quien
es considerado el principal autor que plantea el biopoder como gobierno de la vida y
elemento central de las relaciones sociales. Para dar sustento a esta idea, acude a un análisis
de la sociedad capitalista y del modelo económico liberal, y que a mediados de la década de
los setenta, época en la que en sus cursos dictados en el College de France, le permitieron
señalar que el tránsito a la modernidad estuvo mediado por relaciones de tipo disciplinar
acudiendo al control de los cuerpos (Foucault, 2007).

En el texto que recoge sus cursos en el College de France entre 1978 y 1979, titulado
Nacimiento de la biopolítica (2007), se plantean las ideas de Foucault en torno al
tratamiento histórico del liberalismo y como en este sistema se pueden encontrar relaciones
sociales de tipo biopolítico. Pues considera que “el liberalismo debe analizarse entonces
como principio y método de racionalización del ejercicio del gobierno: una racionalización
que obedece a la regla interna de la economía máxima” (2007, p.179).

Sin embargo, al comenzar el curso de Seguridad, territorio y población, dictado entre 1978
y 1979 hace una introducción acerca del biopoder, destacándolo como el trasfondo de las
relaciones sociales y con el propósito de darle un fundamento a su idea del control,
disciplinarización y formas de gobierno de las poblaciones.

El biopoder es considerado como el conjunto de mecanismos por medio de los cuales


aquello que, en la especie humana, constituye sus rasgos biológicos fundamentales
podrá ser parte de una política, una estrategia política, una estrategia general del
poder; en otras palabras, cómo, a partir del siglo XVIII, la sociedad, las sociedades
occidentales modernas, tomaron en cuenta el hecho biológico fundamental de que el
hombre constituye una especie humana. (Foucault, 2006, p.15)

16
El autor señala que no se trata de principios, ni reglas, ni teoremas, se trata de una teoría del
poder, no de lo que es el poder, sino del poder como un conjunto de mecanismos y
procedimientos que deben asegurarse (Foucault, 2006). Aunque posteriormente Foucault
señala que esta concepción de poder se encuentra presente en todos las relaciones sociales,
las instituciones juegan un papel importante en la implementación de estas prácticas de
gobierno, que van desde la higienización, leyes, normas, castigos, en pro de garantizar el
control de la población.

Se considera entonces, el poder como la capacidad de regir la conducta de los seres


humanos en un marco y con instrumentos de orden estatal o inmerso en las mismas
relaciones sociales, es la sociedad misma regulada, la que permite desarrollar la capacidad
de gobierno y control sobre la población. La materialización de este gobierno de los
cuerpos es lo que se concibe como biopoder o sustento de la biopolítica.

Para poner en contexto cómo se da ese gobierno de las vidas representado en unos
mecanismos de poder, Foucault toma como referente histórico las formas de gobierno que
se desarrollaron en Europa durante los siglos XVII y XVIII, en dos formas principalmente,
la primera de ellas centrada en el cuerpo como objeto susceptible de dominación, su
educación, el aumento de sus aptitudes, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad
será el objetivo de las técnicas de dominación de la época. Una segunda forma centrada en
el cuerpo como especie, el control sobre los procesos biológicos, la proliferación, los
nacimientos y la mortalidad, lo que se denomina una biopolítica de la población (1972).

Y es que Foucault le da un carácter de renombre a la categoría de población como conjunto


de personas de la sociedad gobernada y guiada bajo intereses de tipo económico o político,
por lo tanto se podría considerar como un objeto de dominación. La forma en que se
domina y se constituye esta población es propia del análisis de las relaciones de poder.
Foucault (2007) señala que es desde la población que se puede hablar de biopoder, como
las formas en que se da la dominación.

Con el surgimiento de la economía política y la introducción del principio limitativo


en la misma práctica gubernamental, se efectúa una sustitución importante o mejor,

17
una duplicación, pues los sujetos de derecho sobre quienes se ejerce soberanía política
aparecen como una población que un gobierno debe manejar. (Foucault, 2007, p.39)

Foucault introduce el término de gubernamentalidad, como “el tipo de reflexividad y de


tecnologías que hacen posible la conducción de la conducta” (Castro, 2010, p.43), la
gubernamentalidad como presente en todos los campos sociales y en las relaciones sociales
cotidianas. Implica además de la producción de individuos socialmente legibles y de
condiciones de vida para la población, la construcción de un orden normativo de lo
humano” (Foucault, citado por Giorgi, G. & Rodríguez, F., 2007, p.30), de unas prácticas
que ante la sociedad lo consideren como un sujeto normal, sin medir quién se beneficia o
afecta con sus actos. La vida deja de medirse por lo que es, y comienza a medirse por el
grado en el que puede ser afectada, creando nuevas relaciones y aumentando su capacidad
de actuar en un determinado espacio social, con unas características particulares.

En la obra de Foucault el poder también es analizado a partir de dualidades, la primera de


ellas es la de poder frente a una resistencia, que como lo señala Santiago Castro Gómez
(2010), se analiza desde un modelo bélico, un esquema de lucha/represión. En el texto
Nietszche, la genealogía de la historia, Foucault afirma que “la historia no debe ser
pensada como marcada por algún tipo de racionalidad subyacente, sino como un
enfrentamiento azaroso de fuerzas que abarcan no solo las relaciones entre Estados, sino
también, y sobre todo, el ámbito de la experiencia cotidiana, la ‘microfísica del poder’”
(p.22). Es una relación de fuerzas en donde la resistencia le da sustento al poder, si no hay
resistencia no hay poder o no hay efectividad en su implementación.

La segunda dualidad se centra en la génesis del poder, que para Foucault se sustenta en la
relación saber poder, el saber entendido como el modelo jurídico o el establecimiento de
normas que permitan la conducción de la conducta, mientras que en el poder se hace énfasis
en las técnicas o tecnologías que acompañan la dominación y la disciplinarización de los
sujetos, un ejemplo sería el encierro o el castigo. Respecto a esta dualidad Deleuze (1986)
presenta una tercera dimensión enfocada en el pensamiento, “existen tres dimensiones: las
relaciones formadas, formalizadas en los estratos (Saber); las relaciones de fuerzas a nivel

18
del diagrama (poder); y la relación con el afuera, esa relación absoluta, como dice
Blanchot, que también es no relación (Pensamiento)” (p.128).

Es en esa tercera dimensión donde se haya la subjetividad, y es que Foucault, después de


haber centrado sus estudios en la discplinarización de los cuerpos como forma de gobierno
y dominación de la población, a finales de la década de los setenta y comenzando los
ochenta se comienza a preguntar por el papel de la subjetividad en ese juego de relaciones
de poder (Castro-Gómez, 2010), considera que más allá de una población dominada y de
una fuerza que actúa sobre ella, hay un sujeto que al ser afectado por el poder actúa
respondiendo a esta dominación, no necesariamente en contra, pues el sujeto mismo
configura formas de autogobierno que le permiten aislarse un poco de ese esquema tan
cerrado.

El autogobierno o la relación consigo mismo, de cierta manera pone a la subjetividad con


un importante papel frente a las relaciones de poder de una forma independiente. “Es como
si las relaciones del afuera se plegasen, se curvasen para hacer un doblez, y dejar que surja
una relación consigo mismo, que se constituya en un adentro que se abre y se desarrolla
según una dimensión propia enkatreia (Deleuze, 1986, p.132). El sujeto tiene la capacidad
de afectarse a sí mismo, en esa relación del afuera hacia dentro es donde surge la
subjetividad, que deriva del poder y del saber, sin embargo no va a depender de ellos, pues
se le considera independiente, y es allí donde residirá la resistencia, una resistencia que
varía, es cambiante y se metamorfosea.

Al respecto Santiago Castro-Gómez (2010), tomando como referente a Foucault (1976)


señala que, la conducción del poder puede ser generada por agencias externas o realizada
por el sujeto mismo. “Desde el nuevo modelo de gubernamentalidad, el poder es visto
como un juego de acciones sobre acciones y ya no como un conjunto de relaciones de
dominación” (Castro, S. 2011, p.10).

Otro de los autores que toma como referente a Foucault es Toni Negri, quien señala que las
relaciones de poder de tipo biopolítico se pueden encontrar, por ejemplo, en el modelo de
producción, siendo el fordismo, el que más evidencia esa gubernamentalidad de la

19
población mediante el trabajo, allí la población está sometida a una completa alienación en
torno al trabajo automatizado, mientras que en la etapa posterior del post-fordismo “la
sociedad comienza a informatizarse y es puesta bajo el control del capital financiero”,
cambia la forma, pero el gobierno sobre la vida se hace cada vez más evidente.

Así apareció la biopolítica: cuando la vida es puesta a trabajar, entonces la política se


activa para organizar ahora las condiciones y el control de la explotación social, sobre
la dimensión entera de la vida. En términos marxistas esto se traducía en decir: el
capital tiene “subsumida” a toda la sociedad. (Negri, 2012, p.124)

Es poco lo que podría hacer un trabajador inmerso bajo estas lógicas laborales para poner
en funcionamiento su capacidad de sí o el actuar consigo mismo frente al poder, sin
embargo se puede afirmar que el sujeto se encuentra inmerso en una constante resistencia,
que le permitirá salirse de esa relación dual, y eso lo hace a partir de su subjetividad, pues
como afirma Negri (2006), “la subjetividad que había sido expulsada en cuanto
subjetividad fenomenológica-trascendental es ahora retomada en cuanto a subjetividad
práctica, como capacidad de hacer, como materialidad constitutiva del proceso” (p.137).

El recorrido por estos autores permite entender cómo desde la perspectiva de la biopolítica,
el poder se manifiesta como gobierno sobre la vida, en una relación en donde intervienen
elementos como la resistencia, la relación saber-poder y la subjetividad, que al llevarlos al
contexto propio de esta investigación se convierten en un sustento teórico de los resultados
encontrados y de las relaciones sujeto-poder que emergen en el contexto de la ruralidad.

2.2. El espacio como construcción social

El análisis teórico del espacio como construcción social implica en primer lugar y como
punto cardinal, la necesidad de alejarse de la idea en la que se le concibe únicamente como
un espacio físico. Autores como Marc Augé, Milton Santos, Michel Serres han abordado el
concepto del espacio como una construcción social, cultural e histórica, que se acerca más a
la idea de espacios determinados por las relaciones y dinámicas sociales, o por el flujo de
personas que le dan sentido, espacios para la vida o bioespacios.

20
Alrededor del espacio como categoría de análisis circulan diferentes concepciones, desde la
geografía se plantean dos, que pueden ser consideradas como las principales, la primera de
ellas lo aborda desde el terreno físico, que Montañez (2001) denomina como noción
tradicional, en la que el espacio “es apenas dirigido a la naturaleza física de la superficie
terrestre, con una mirada casi muerta tanto del espacio como de las espacialidades” (p.15).
Y la segunda que es la que concibe al espacio geográfico como una categoría social e
histórica “que abarca los procesos y resultados de la acumulación histórica de la
producción, incorporación, integración y apropiación social de estructuras y relaciones
espaciales en la biosfera terrestre” (p.15).

Michel Serres va un poco más allá y señala que incluso esta idea del espacio como
construcción social ha sufrido transformaciones con el surgimiento de nuevas formas de
comunicación y relación entre humanos. “Las antiguas cuestiones de lugar donde hablamos
tú y yo, por donde pasan nuestros mensajes… parecen disolverse y desparramarse, como si
un nuevo tiempo organizara un espacio diferente. En él, el ser se expande” (1993. p.12). El
autor propone como ejemplo de las nuevas concepciones del espacio a los espacios
virtuales, entendidos como esa especie de lugares abstractos, construidos por las personas a
través de sus diferentes experiencias.

Por su parte Marc Augé (1992) pone en escena la existencia de lugares no habitados
simbólicamente, no determinados a partir del sentido que las personas les dan, y los
denomina no lugares, que por sus características se acercan más a espacios de tránsito por
donde deambulan las personas,

Los no lugares son la medida de la época, medida cuantificable y que se podría tomar
adicionando, después de hacer algunas conversiones entre superficie, volumen y
distancia, las vías aéreas, ferroviarias, las autopistas y los habitáculos móviles llamados
“medios de transporte”, los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones
aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los
supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que
movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a

21
menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo.
(Augé, 1992, p.84)

En la actualidad cada vez son más comunes los no lugares, en las relaciones sociales de
hoy es usual que las personas a diario habiten esos no lugares, que terminan por promover
el individualismo, la falta de sentido, memoria y simbolismo alrededor del lugar, una
característica que tradicionalmente hacía parte del espacio físico o de los mismos espacios
virtuales que propone Serres. Aquí la relación que tienen las personas con el espacio es
meramente instrumental, así como la relación que tienen con las demás personas que
también habitan estos no lugares en su cotidianidad.

En sintonía con estos dos autores se encuentra un concepto que propone Milton Santos
(2000), y que es denominado como espacios banales, los cuales están relacionados con
esos espacios que carecen de significado y simbolismo para quienes los habitan. En el caso
de los migrantes, cuando estas personas se ven abocadas a salir de sus terrenos, abandonan
espacios cargados de significado para habitar nuevos espacios en los que ya no encuentran
el significado y simbolismo que tenían en sus territorios habitados anteriormente. “El
espacio banal, el lugar de todos, de lo cotidiano, un lugar de resistencia, que se contrapone
al espacio de flujos, espacio global regido por una lógica y un contenido ideológico
distante” (Mendoza, 1996, p.48).

Estos espacios banales toman un carácter relevante al analizarlos desde las dinámicas
contemporáneas, en donde el modelo de desarrollo actual ha traído la transnacionalización
del mercado y de escenarios de comunicación social, se producen nuevos espacios que en el
caso de Santos son denominados redes. Para este autor, “las definiciones y
conceptualizaciones alrededor de la red se multiplican, pero se enmarcan en dos grandes
matrices: aquella que considera su aspecto, su realidad material, y la otra donde también se
tiene en cuenta el hecho social” (Santos, 2000, p.221).

Los aportes de Serres, Augé y Santos ponen en escena el debate sobre la concepción del
espacio en las relaciones sociales contemporáneas, aunque cada uno de ellos acude a
términos diferentes, hay varios puntos de encuentro en sus teorías, quizá la que más recoge

22
una idea alrededor de este tema es la del carácter social que se le da al espacio y cómo lo
social y lo político influyen a la hora de darle significado a un territorio, especialmente
cuando uno de sus habitantes se traslada de un lugar a otro. “Es en el habitar donde está
expresada la dimensión ontológica de la vida. El género humano, para vivir, construye,
social y culturalmente las dimensiones de espacio y tiempo, dimensiones en las cuales
realiza su ser, de donde deriva la identidad, en donde se reconoce a sí mismo y entra en
relación con los otros” (Useche, 2008, p.101).

Frente a ello Fals Borda (2000) señala que la concepción más realista del espacio “va ligada
a expansiones y contradicciones históricas y demográficas relacionadas con necesidades
colectivas. En estas circunstancias el espacio/tiempo toma la forma de unidades concretas,
pero transitorias de ocupación humana” (p.2). Es decir, el ser humano configura el territorio
a partir de necesidades de carácter social y político, es lo que se puede denominar como
territorialización del espacio, concebida esta como una acción en la que se involucran, lo
social, lo político y lo cultural.

Fals Borda pone en escena un término que recoge esta idea: el bioespacio, que lo define
como:

un lugar que aparece como respuesta a procesos locales y regionales de desarrollo


social, económico y político que vinculan actividades vitales de producción y
reproducción con los recintos en que se ejecutan y de donde se derivan elementos de
continuidad social y diversidad cultural. En el campo se trata de zonas relativamente
homogéneas, tales como ecosistemas, tierras baldías, cuencas hidrográficas, regiones
histórico culturales, territorios étnicos y resguardos indígenas, zonas de reserva
campesina, parques naturales, provincias, municipios asociados y vecindarios caseríos.
(Fals Borda, 2000, p.9)

Son espacios de y para la vida, que superan la concepción del territorio como espacio físico
y dan paso al territorio como construcción social. La territorialización y la
desterritorialización estarán enmarcadas en esa idea del espacio, en donde se involucran las
relaciones colectivas y los movimientos demográficos de una persona o población.

23
2.3. Espacios para la vida: configuración del territorio en el modelo de desarrollo

La relación del ser humano con el espacio en el marco del desarrollo está determinada en
gran parte por los flujos económicos y de población alrededor de la industria y los centros
financieros, hoy en las grandes ciudades se ven aglomeraciones de personas en un reducido
espacio, que contrastan con las zonas rurales donde se observa cada vez menos población.
El espacio es habitado a partir de la relación que tenga la población con su entorno, es
claro que en el caso de la ruralidad la relación es más simbólica que en el caso de las zonas
urbanas, donde además de haber múltiples espacios que la población habita, la relación con
estos lugares está determinada por la actividad que allí desarrollan, ya sea para habitar,
para trabajar o para recrearse.

Al respecto, Orlando Fals Borda (2000) señala que “debido al fenómeno citadino de falta
de raíces personales y familiares, y a la falta de tierras explotadas en el campo por
verdaderos y cuidadosos productores, se encuentra la crisis de gobernabilidad producida
por vacíos en la presencia del Estado” ([Link]), lo que provoca que los espacios se hayan
ido organizando alrededor de las necesidades humanas en su entorno laboral y personal,
sobresaliendo así la influencia que tiene la economía en las actividades humanas, es decir
manifestaciones de tipo bioeconómico alrededor del espacio.

El territorio no se puede entender únicamente como espacio físico, va más allá de eso, pues
sobre él actúan elementos de tipo social y cultural principalmente, definición que se
encuentra muy cerca a la que señala Milton Santos (1996), que lo considera como un
conjunto de sistemas de objetos y sistemas de acciones, que lo forman de modo inseparable,
solidario y contradictorio. Esto pone en escena la idea de que el territorio se configura
alrededor de una población, que es escenario de tensiones, de disputas y de políticas
encaminadas a su organización. Dadas sus características, el territorio se puede entender
con mayor claridad desde una perspectiva de multidimensionalidad, debido principalmente
a los múltiples factores que lo conforman y a las relaciones que tienen lugar en él. Es por
ello que el territorio se encuentra en el centro de prácticas de gobierno, pues es hacía allí

24
que se direccionan las políticas que buscan configurar la población bajo determinados
principios.

Es un espacio que se transforma a partir de las relaciones sociales que se generan en él


determinadas por aquellos que lo habitan, así como en el vínculo de la población con la
naturaleza, incluyéndose aquí la explotación y el aprovechamiento de sus recursos, que más
allá de afectar geográficamente el espacio le da un sentido significativo a la forma en que lo
ve la persona que lo habita o hace uso de él. Tanto los elementos sociales como los
naturales del territorio dan cuenta de su constitución como espacios de y para la vida.

Sin embargo, la concepción o el interés sobre el territorio tiene diferentes perspectivas,


pues una cosa es cómo lo ve quién lo habita y otra como lo ven los agentes externos que
tienen intereses sobre él. Los órganos gubernamentales o los agentes económicos o
políticos diferentes a la población lo relacionan desde el punto de vista de un objeto de
gobierno, como un espacio para la gobernanza que se debe organizar de tal manera que
garantice el funcionamiento del sistema político y económico, así como la inversión o
llegada de empresas o agencias económicas con intereses particulares.

Por otro lado y en una perspectiva diferente, el habitante del territorio lo ve como propiedad
inicialmente, como un espacio que le pertenece desde el punto de vista geográfico, pero con
un vínculo simbólico que lo hace identificarse con él. Allí reside una de las principales
tensiones que se viven en los territorios, pues para los entes gubernamentales el vínculo que
llegue a tener la población con su territorio es un asunto de importancia menor, y por
ejemplo en las políticas de desarrollo puede haber conflicto entre quien determina la
política alrededor de la organización del territorio y quien lo habita, muestra de ello se
encuentra en los proyectos mineros que incursionan en un determinado territorio bajo la
premisa del desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, pero
desconociendo el vínculo que pueda tener el ser humano con su territorio.

Los territorios suelen estar en disputa entre los diferentes tipos o usos, por ejemplo entre los
campesinos y los empresarios o capitalistas que organizan el territorio a partir de políticas
de tipo gubernamental que los respaldan, cada uno de ellos tiene sus propios intereses

25
alrededor del territorio que habita, de ahí su importancia a la hora de orientar su
organización. Como lo señala Mançano (2009), “el territorio es un lugar donde desembocan
todas las acciones, todas las pasiones, todos los poderes, todas las fuerzas, todas las
flaquezas, esto es donde la historia del ser humano se realiza plenamente desde
manifestaciones de su existencia.” (p.47).

Esto permite entender que la organización del territorio va de la mano con el modelo de
desarrollo, pues desde la concepción de los gobiernos el desarrollo territorial a nivel rural
se piensa como una oportunidad económica, el territorio se concibe como una totalidad a la
que pueden acceder empresas para su aprovechamiento agrario, minero y de explotación de
recursos, y la población que lo habita entraría a hacer parte de este sistema, bajo la
búsqueda de una adaptación al modelo, demostrando que el territorio es un escenario
constante de procesos de terrritorialización y desterritorialización.

Estos dos fenómenos que caracterizan la configuración del territorio pueden darse desde las
entidades gubernamentales, que bajo el interés de organizar el territorio están
territorializando un espacio a partir de ordenes económicos o políticos, un ejercicio que de
acuerdo al grado de afectación que tenga sobre la población puede convertirse en una
práctica de desterritorialización de la población que lo habita, pues le altera el vínculo que
tienen sus habitantes con su entorno, a tal punto que puede generar consecuencias como la
migración, el despojo o el desplazamiento.

De igual manera el ejercicio de territorialización puede ser constante en la población que


habita un determinado territorio, pues en su cotidianidad le va dando un significado a ese
espacio y va estableciendo unas relaciones sociales entre individuos y grupos sociales en la
producción y consumo, el manejo y la apropiación de los recursos naturales. Es por ello que
ante la emergencia de acciones que buscan su desterritorialización, los habitantes se pueden
convertir en agentes en resistencia frente al carácter homogenizador que desde lo
gubernamental se le quiere dar a la población y al territorio que habita, desconociendo así la
complejidad que reside en los espacios rurales, así como la gran diversidad de realidades
sociales y de representación simbólicas que forman parte de los territorios rurales.

26
Pensar en alternativas o en salidas a la encrucijada en la que se encuentra el territorio y su
población frente a la reconfiguración que ha sufrido a causa del desarrollo es una tarea
compleja, sin embargo, como lo señala Useche (2012), “día a día se multiplican en las
comunidades prácticas que se organizan en torno a actividades ligadas a la pequeña
economía, y que sobreviven gracias a la puesta en situación de las redes de cooperación y
de confianza social” (p.53), son estas comunidades las que le deben hacer frente a lo que se
les impone, si es necesario acudir a su capacidad de resistencia y desde allí continuar
generando propuestas encaminadas a la protección de los recursos naturales y de todas las
formas de vida.

2.4. La cuestión del desarrollo: crítica y nuevas manifestaciones

Teóricamente la cuestión del desarrollo ha sido abordada y analizada desde la economía, la


política, la cultura, entre otros campos, que dan cuenta de un modelo, que en su puesta en
marcha involucra y afecta diferentes campos de la vida social. El desarrollo ha estado
ligado a la idea de progreso, a la consecución de un nivel económico superior, ya sea en
una sociedad o en una nación. Sin embargo, también ha estado asociado a modelos
económicos como el neoliberalismo, la acumulación del capital y a la industrialización,
como medios para su consecución.

El desarrollo como modelo ha pretendido ser llevado a países que por sus características
sociales y económicas se encuentran en un nivel muy por debajo de los denominados países
desarrollados o del primer mundo, como Estados Unidos o los que conforman la Unión
Europea. Cardoso y Faletto (1977) señalan que en el caso de América Latina, el modelo de
desarrollo incursionó con fuerza una vez superada la segunda guerra mundial, impulsado
principalmente por Estados Unidos, que pretendía imponer su modelo económico que venía
creciendo desde la crisis de 1929. Se buscaba así fomentar la implementación de políticas
en estos países, que permitieran entre otras cosas una dependencia económica hacia
Estados.

No podría negarse que a principios de la década de 1950 estaban dados algunos de los
supuestos para este nuevo paso de la economía latinoamericana, por lo menos en

27
países como Argentina, México, Chile, Colombia y Brasil. Entre esos supuestos,
cabría enumerar: 1] un mercado interno suficiente para el consumo de los productos
industriales, formado desde el siglo pasado por la integración de la economía
agropecuaria o minera al mercado mundial; 2] una base industrial formada lentamente
en los últimos 80 años, que comprendía industrias livianas de consumo (alimenticias,
textiles, etc.) y, en ciertos casos, la producción de algunos bienes relacionados con la
economía de exportación; 3] una abundante fuente de divisas, constituida por la
explotación agropecuaria y minera; 4] fuertes estímulos para el crecimiento
económico, especialmente en países como Brasil y Colombia, gracias al
fortalecimiento del sector externo a partir de la segunda mitad de la década de 1950;
5] la existencia de una tasa satisfactoria de formación interna de capitales en algunos
países, por ejemplo, en Argentina. (Cardoso y Faletto, 1977, p.6)

Este modelo de desarrollo, al igual que el neoliberalismo tiene la capacidad de


metamorfosearse e ir perfilándose a la altura de las circunstancias, y más en un momento
histórico como el actual, en el que sea habla de desarrollo sustentable, formas de
producción más amigables con el ambiente, la protección de los derechos humanos,
equidad, igualdad, etc. Sin embargo autores como Belda (2015) y Sañudo (2015) señalan
que esto es apenas la cara bonita que se le quiere dar al desarrollo, en el fondo sigue siendo
un modelo que se mueve bajo la lógica centro-periferia con un modelo liberal capitalista,
donde se busca siempre el beneficio del centro-capitalista.

María Fernanda Sañudo (2015) señala como ejemplo el caso de los países
centroamericanos, en donde actualmente se está viviendo un flujo permanente de personas
de la periferia al centro capitalista (Estados Unidos), como consecuencia del modelo de
desarrollo implementado, “un modelo económico, político y social sustentado en la
expulsión-exportación de fuerza laboral en Centroamérica, que por su escala, territorio y
extracción social está generando un modelo inédito de desarrollo micro-macro y periferia-
centro” (Palma y Dardón, 2015, p.187), con efectos negativos para los habitantes de estos
países.

28
La crítica al desarrollo se sustenta en fenómenos como los anteriormente expuestos, que al
lado de la fuerte desigualdad en la distribución de los ingresos, el aumento de empresas y
capitales externos en las economías locales y la aguda crisis ambiental a causa de la
sobreexplotación de los recursos, promueven la aparición de nuevos conceptos alrededor
del desarrollo. Se habla entonces de alternativas al desarrollo, desarrollos alternativos, post-
desarrollo o biodesarrollo.

De igual manera, Óscar Useche, en su libro Los nuevos sentidos del desarrollo.
Ciudadanías emergentes, paz y reconstitución de lo común (2008), aborda el desarrollo
desde su multiplicidad, señala que la capacidad ilimitada del humano por dominar la
naturaleza ha conllevado afectaciones de orden social y ambiental, en las que el territorio
toma una nueva forma, pues “el proceso cultural que desarrollan los seres humanos provee
de nuevas significaciones e interrelaciones al encuentro entre el sujeto, el tiempo y el
espacio. Así el territorio deja de ser espacio físico y se configura como lugar, haciéndose
vital” (2008, p.93).

Finalmente, autores como Antonio Elizalde, Arturo Escobar, entre otros, han abordado la
crítica al desarrollo desde el orden ambiental y social, rescatando y tratando de darle realce
al papel que cumplen las comunidades en la configuración de resistencias y el
planteamiento de propuestas en las que la defensa de la vida sea primordial, fundamentado
esto en conocimientos ancestrales y formas de organización más cercanas al respeto por
todas las formas de vida (biosfera). Dando pie así, para que se cree la necesidad de plantear
alternativas y propuestas que le hagan frente al impacto del desarrollo y que pongan a la
vida como el centro de las relaciones sociales y económicas.

2.4.1. Bioeconomía y procesos entrópicos en el desarrollo

Para Fumagallí (2010), lo que se busca en la bioeconomía es la inserción en la vida


humana, de toda la lógica de consumismo y acumulación capitalista que caracteriza el
modelo económico que predomina en el desarrollo, aquí lo que empieza a regir es una
forma de gobierno de la vida orientada por la economía principalmente, de fundamental

29
importancia para la puesta en marcha del modelo de desarrollo y consolidándolo como
hegemónico y único en la sociedad.

A la par del crecimiento económico se ha generado un aumento acelerado de la población


mundial, lo que causa que el consumo de energía sea cada vez mayor, y que la cantidad de
desechos que generan a diario las actividades humanas e industriales aumente, produciendo
así una significativa afectación ambiental y humana, que como lo señala Passet (1996), es
causada por prácticas como las actividades industriales en el marco del modelo económico
y de desarrollo.

Con la industrialización, se desarrolla el fenómeno urbano. Unas considerables


aglomeraciones de individuos vierten toneladas de residuos sobre unos espacios
reducidos, donde las tasas de concentración de los mismos superan las posibilidades
que tienen los agentes biológicos para absorberlos, comprometiendo así el
funcionamiento de los mecanismos de los que dependen la constancia del medio y la
reproducción de las especies animales o vegetales que las pueblan. (Passet, 1996, p.61)

Lo anterior demuestra que a medida que la vida humana va evolucionando y la


industrialización y las formas de producción van cambiando la afectación sobre la biosfera
va aumentando, y es que las consecuencias de las actividades económicas en el marco del
desarrollo no se dan únicamente alrededor de la vida humana, pues en la biosfera, que es
sobre la que recae gran parte del peso de las practicas industriales y las formas de
producción, habitan otras formas de vida, ya sea animal o vegetal. La biosfera como
espacio de y para la vida, termina convirtiéndose en el campo que más se afecta con la
puesta en marcha del desarrollo, ya sea mediante la contaminación, el uso excesivo de los
recursos naturales o el desperdicio de energía.

Tanto la forma en que se pretende manejar a la población como la afectación de orden


ambiental en la biosfera, dan cuenta de la relación entre bioeconomía y biopolítica, pues es
con la configuración de políticas alrededor de la economía en el modelo de desarrollo,
donde se generan este tipo de afectaciones sobre la biosfera. En el caso del contexto de la
ruralidad, como lo señala Useche (2012), “es completamente subordinado a las lógicas

30
hegemónicas de acumulación bio-económica” (p.49), lo cual se hace evidente en
fenómenos como la migración rural, el papel del habitante rural como consumidor en la
lógica del mercado y su nuevo rol en la cadena productiva agraria, que en su conjunto se
pueden considerar como manifestaciones de tipo bioeconómico y biopolítico, que al lado
del impacto ambiental del desarrollo conllevan una reconfiguración del territorio rural y la
construcción social alrededor de él.

2.5. Biodesarrollo y crisis del modelo actual de desarrollo

Una de las propuestas que va más allá de la visión univoca del desarrollo que se limita al
crecimiento económico con las vertientes ya mencionadas, es la planteada por autores como
René Passet con la noción de biodesarrollo, quien señala que a medida que avanza el
modelo de desarrollo, la afectación del ambiente es cada vez mayor; “cuando el medio
ambiente penetra en el campo de la escasez y del cálculo económico, suele ser demasiado
tarde como para comenzar a preocuparse de su gestión racional (2011, p.141). Para este
autor es evidente que la dimensión de lo económico ha tomado un rumbo casi
incontrolable, poniendo en peligro la reproducción del medio. Se hace necesario tomar
medidas que permitan lograr una gestión coherente de los recursos naturales. Entre las
razones que han llevado a la consolidación de este modelo se puede encontrar la actitud que
ha tenido el ser humano frente a lo que le brinda su entorno, el uso desmedido de los
recursos y el considerarlos inagotables conlleva a que se desperdicie la energía que brinda
el planeta.

Por su parte Fumagalli va más allá de la crítica en torno al tratamiento que las ciencias
sociales le han dado a la biosfera y a su conservación, destaca el término o el campo de la
bioeconomía, que para este autor “representa la difusión de las formas de control social (no
necesariamente disciplinarias) a fin de favorecer la valorización económica de la vida
misma: bioeconomía, esto es, el poder totalizador e invasivo de la acumulación capitalista
en la vida de los seres humanos” (p.15). La bioeconomía retrata precisamente cómo el
modelo de economía actual, en este caso el capitalismo ha invadido totalmente la vida
humana, promoviendo la acumulación del capital a costa de la sobreexplotación de los

31
recursos naturales, se hace necesario ahora que esa capacidad de dominación de la vida se
enfoque a la conservación de la biosfera, reduciendo al máximo el carácter entrópico del
modelo de desarrollo.

El biodesarrollo aparece como una propuesta teórica que busca la transformación del
modelo de desarrollo, la apertura de escenarios en los que haya un uso más amable de lo
que le brinda el entorno al ser humano, lo que incluye una transformación política y
económica en la que las relaciones sociales y de poder estén encaminadas a la protección de
la vida. Al hablar de biodesarrollo, Passet (2011) hace énfasis en dos campos, el primero de
ellos es el de la biosfera, concebida como el espacio de vida, en el que habitan no solo los
humanos, sino también otras especies vivas. Su crítica apunta a que este entorno ha sido
dejado a un lado y no ha sido tenido en cuenta a la hora de estudiar los problemas sociales
de la humanidad; el manejo de los recursos no ha estado presente en los debates
tradicionales de las humanidades. Frente a ello Passet señala que “dado que la especie
humana forma parte de la biosfera y está llamada a coevolucionar con ella, la economía
debería darle cabida en su objeto de estudio” (2011, p.16), pues la biosfera está
directamente relacionada con el modelo de desarrollo contemporáneo, y es desde allí de
donde la gran industria se alimenta.

Otro elemento importante en la teoría de Passet, es el de la Ley de la entropía aplicada a la


economía, la cual retrata precisamente el problema del aprovechamiento desmedido de los
recursos naturales, en la forma en que actualmente se desperdicia energía en los diferentes
procesos económicos e industriales. Para este autor: “la ley que el hombre dicta a la
naturaleza es la de la eficacia y la del rendimiento material a corto plazo, de las que la
rentabilidad y el beneficio son los exponentes capitalistas: La naturaleza se concibe más
como una presa a devorar que como un capital a preservar… La ley de la entropía se
mostraba en franca contradicción con la fe de un mañana mejor” (p.73).

Passet señala que:

Si las actuales previsiones sobre el crecimiento demográfico se confirman y no se


modifican las distintas formas de la actividad humana sobre el planeta,

32
presumiblemente la ciencia y la tecnología serán incapaces de evitar la ya degradación
irreversible del medio, ya la persistencia de la pobreza en la mayor parte del mundo.
(2010, p.63)

Estos debates presentan un panorama poco alentador, habrá que ver hasta qué punto puede
llegar el modelo de desarrollo actual y qué repercusión pueden tener las críticas y las
propuestas que hacen autores como Passet y Fumagalli al poner en escena al biodesarrollo.

2.6. La resistencia y las acciones micropolíticas en los escenarios de poder

Uno de los sustentos que legitima al poder en la relación entre dominado y dominador, es la
capacidad que tiene el primero de ellos para ejercer resistencia frente a las formas de
gobierno que le son impuestas, pues a partir del interés de los centros de poder por
mantenerse y proyectarse con más fuerza, se ha configurado un discurso cubierto con un
velo de verdad que se complementa con prácticas gubernamentales que le son impuestas a
la población. Sin embargo su poder no solamente reside en esta capacidad de dominación
sobre los sujetos, sino en la de asumir y medirse frente a las acciones de resistencia que se
emprenden desde las subjetividades y la comunidad que pretende dominar.

En este sentido, autores como James Scott (2000) y Paolo Virno (2003) vinculan las
relaciones de poder con las manifestaciones de resistencia a partir de las fricciones y líneas
de fuga que se crean en las prácticas de dominación.

Las relaciones de poder son, también, relaciones de resistencia. Una vez establecida, la
dominación no persiste por su propia inercia. Su ejercicio produce fricciones en la
medida en que recurre al uso del poder para extraerles trabajo, bienes, servicios e
impuestos a los dominados, en contra de su voluntad. Sostenerla, pues, requiere de
constantes esfuerzos de consolidación, perpetuación y adaptación. (Scott, 2000, p.71)

Por su parte, Paolo Virno ubica a la resistencia en la perspectiva de los derechos que tiene
un sujeto o una comunidad para enfrentar el poder central, “consiste en hacer valer las
prerrogativas de un individuo singular, o de una comunidad local, o de una corporación,
contra el poder central, salvaguardando formas de vida ya afirmadas hace mucho tiempo,

33
protegiendo costumbres ya radicadas” (Virno, 2003, p.43), lo cual se puede entender como
una constante tensión entre lo tradicional que se salvaguarda frente a lo que se quiere
imponer.

Esta tensión que se manifiesta a partir de la resistencia se configura desde múltiples


dimensiones y tiene como base la pluralidad de subjetividades que circulan en una
sociedad, lo cual la convierten en una ruptura frente a una decisión o acción que pretende
ser impuesta. Para Useche (2014), “a esta forma de organización del discurrir humano,
pleno de acontecimientos de sentido plural y al método analítico-político con el que se
aborda, se les denomina micropolítica” (p.32), una línea de fuga que se aparta de un poder
representado en instituciones u órganos de carácter estatal a las que se considera actúan
desde acciones de tipo macropolítico.

La acción macropolítica tiende a estructurar campos homogéneos que operan a la


manera de grandes máquinas de dominación, que intentan regular, hasta el detalle, los
desplazamientos de la vida, su variación permanente, como un bio-poder (poder sobre
la vida), y ejercen, sin contemplaciones, la soberanía de la muerte. (Useche, 2015,
p.35)

En la macropolítica se reúnen los poderes hegemónicos, desde allí se direccionan formas de


gobierno y prácticas gubernamentales que buscan homogenizar y gobernar la vida de la
población, mientras que en la micropolítica se encuentra la pluralidad de subjetividades, en
donde se pueden establecer espacios de fuga frente a las relaciones de poder. Allí se
encuentran “micro-poderes que trazan nuevos trayectos y líneas por donde emerge el deseo,
lo actual, lo novedoso” (Useche, 2014, p.32).

Esto permite concebir a la acción micropolítica como una manifestación creativa, pues allí
se potencia la capacidad humana de revertir el orden y plantear nuevos escenarios de poder,
nuevas relaciones en busca de transformar lo que está dado como verdad. La resistencia no
se puede considerar entonces como una actitud estática sino como “un campo de creación,
apto para la irrupción de nuevas modalidades de vínculo social, de originales formas de

34
acción pública que permiten el trazado y la puesta en obra de otros mundos sociales y
políticos” (Useche, 2014, p.31).

De igual manera, las acciones de tipo micropolítico se caracterizan por albergar en su


interior la potencia de pequeños grupos de personas, lo cual facilita la organización de las
sociedades humanas mediante la constitución de vínculos, la configuración de redes y
órdenes moleculares de la vida cotidiana más próxima (Useche, 2014), lo cual, al ser
llevado al campo de las relaciones sociales que circulan en la ruralidad, permite analizar la
configuración de las prácticas gubernamentales y de las relaciones de poder, así como la
articulación de discursos de verdad que emergen en esta relación y cómo esto lleva a la
concreción de acciones micropolíticas como manifestaciones de resistencia.

35
3. CONTEXTUALIZACIÓN: EL ESTADO ACTUAL DE LA RURALIDAD EN
COLOMBIA Y AMÉRICA LATINA

Esta investigación se sitúa en el contexto de la ruralidad en la región del Valle de Tenza,


Boyacá, que se tomó como referente para analizar las condiciones actuales de la población
y el territorio rural de Colombia y América Latina, como un escenario mediado por un
modelo económico con fuerte influencia neoliberal y unas relaciones de poder que se
acercan a acciones de tipo biopolítico. Analizar estos elementos permite entender la
emergencia de movimientos sociales o actores en resistencia, en un espacio de ruralidad
caracterizado por acciones de desterritorización y reterritorialización, como causa del
conflicto, el modelo de desarrollo y la consolidación de poderes hegemónicos en el
territorio.

Teniendo como contexto la ruralidad colombiana, su desarrollo en el marco de esta


investigación se hizo desde tres dimensiones: la primera de ellas es en la que se sitúan las
políticas económicas desde la perspectiva del neoliberalismo y la afectación rural; la
segunda en la que se ubican las políticas de ruralidad teniendo como principal referente a
las instituciones que las implantan en lógica gubernamental y las formas de resistencia que
surgen como contraposición a ellas. Y un tercer contexto que es el del problema de la tierra
en Colombia desde dos frentes: el conflicto armado y los problemas socioambientales.

3.1. La ruralidad en América Latina: transformaciones y nuevas concepciones

Aunque en la actualidad, en América Latina se vienen dando importantes aportes al tema de


la ruralidad, esta categoría de análisis o denominación está directamente relacionada con el
espacio desde donde se desarrolle, en este caso con el espacio, la cultura, la economía de
una región determinada, que permiten hablar de lo que autoras como Edelmira Pérez (2001)
o Norma Giarraca (2001, 2004) señalan como Nueva ruralidad, un campo de análisis que
emerge del estudio de las condiciones actuales de la población que habita los sectores
rurales de países como México, Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia, lo cual permite abarcar
el tratamiento teórico de la ruralidad desde una perspectiva interdisciplinar y haciendo

36
énfasis en los diferentes factores que involucran las nuevas concepciones alrededor de la
ruralidad.

Como categoría de análisis, la ruralidad ha sido definida por diferentes autores, teniendo en
cuenta el campo de análisis y el contexto desde donde sea tratada, por ejemplo para.
Edelmira Pérez (2008), señala que,

En el discurso de la sociología rural, el concepto de ruralidad ha estado frecuentemente


asociado a tres fenómenos interrelacionados: una baja densidad demográfica, el
predominio de la agricultura en la estructura productiva de una localidad o región, y
unos rasgos culturales (valores, creencias y conductas) diferentes a los que caracterizan
a la población de las grandes ciudades. (p.4)

Estos cuatro elementos son los que históricamente han orientado el análisis de lo rural, en
una sociedad en la que se ve al habitante de las zonas rurales como un actor involucrado
principalmente en el trabajo agrícola y con una cultura determinada a partir de la diferencia
con el habitante del sector urbano. En esta perspectiva lo rural viene a ser lo opuesto a lo
urbano y viceversa. Sin embargo es una definición muy general que deja por fuera
elementos específicos, como las condiciones actuales de la población rural y las nuevas
formas de producción, que no permiten tratar la ruralidad como lo únicamente opuesto a lo
urbano.

Por su parte Giarraca (2001) señala que en el contexto rural han intervenido nuevas formas
de producción, técnicas y tecnologías que alteran el trabajo agrario, así como empresas que
bajo nuevas lógicas transforman la economía rural. “Se plantea, además, que en esta nueva
ruralidad la producción agraria se descentró para dar lugar a territorios donde ella es solo
un elemento de un amplio abanico de aspectos a considerar (bienes simbólicos como
lenguas, arte, comidas, producciones no-agrarias, servicios, etc.)” (p.12). Tanto las
actividades como los elementos culturales que hoy caracterizan a la población rural, son los
que permiten hablar de nuevas categorías que vayan más allá de la ruralidad vista desde la
dicotomía rural-urbano.

37
A partir de esto, se podría señalar que una nueva ruralidad como categoría de análisis se
caracterizaría por la inserción en la vida cotidiana de los pobladores rurales, de medios de
comunicación, tecnológicos y prácticas que orientan la cultura de los habitantes de estas
zonas (Pérez, Farah & De Grammont, 2005). Además de ello habría que considerar
fenómenos que actualmente se viven en América Latina, relacionados con la migración, los
nuevos flujos económicos de los países, la globalización y la forma en que las instituciones
intervienen a la población rural, ya sea a través del estudio o la atención social.

Pérez (2001b) señala que la nueva ruralidad latinoamericana se caracteriza por una serie de
crisis que también han contribuido a la reconfiguración del espacio rural, entre ellas se
encuentra: una crisis de producción y orientación, una crisis de población y poblamiento,
una crisis de las formas de gestión tradicionales, crisis en el manejo de los recursos
ambientales y una crisis en las formas tradicionales de articulación social. Estas crisis han
llevado a que el habitante de las zonas rurales se vuelva cada vez más dependiente de las
empresas y las instituciones y supeditado a una deforestación masiva y agotamiento de los
recursos naturales, que terminan motivando fenómenos como la migración rural.

Cordero (2004) pone en escena la relación que hay entre las transformaciones del sector
rural en América Latina con las nuevas formas o manifestaciones de la economía mundial,
marcada por una acumulación flexible de capital (Harvey, 1990), que terminan afectando a
todos los países de diferentes maneras, siendo los más afectados los denominados países del
tercer mundo o en vía de desarrollo.

La aplicación de políticas de ajuste económico de corte neoliberal a escala mundial en


las últimas dos décadas, que abogan por la primacía del mercado y la desregulación
estatal, ha contribuido a configurar cómo las nuevas formas de acumulación de capital
se concretan de maneras específicas en diferentes lugares y forman parte del nuevo
contexto global en el que se insertan los pobladores rurales. (Cordero, 2004, pp.44-45)

La situación actual de la ruralidad en Colombia y América Latina está mediada entonces


por las dinámicas mundiales, en especial las relacionadas con la economía. Tratados de
libre comercio, nuevas formas de acumulación de capital, la inserción de la industria en la

38
producción agrícola, dan cuenta de una transformación en la ruralidad, en la cual sus
habitantes se ven fuertemente afectados. Riella y Mascheroni (2015) señalan que hoy no se
puede hablar de campesino en los mismos términos que hace algunas décadas, pues sus
condiciones laborales o en relación al trabajo agrícola han cambiado. El campesino deja de
concebirse como tal y se comienza a hablar de un obrero rural al servicio de hacendados y
propietarios de grandes extensiones de tierra.

El desarrollo acelerado que ha tenido el capitalismo en los territorios rurales, en la


última década, no se ha basado únicamente en la depredación de recursos naturales y
el desplazamiento de sus tierras de miles de comunidades, sino que también su
expansión ha sido posible por la explotación de millones de hombres y mujeres que
con su fuerza de trabajo han creado el valor y la riqueza acumulada por las grandes
empresas del sector agrario en todos estos años. (Riella y Mascheroni, 2015, p.7)

En el caso de Colombia el tema de la ruralidad ha sido abordado por autores como Orlando
Fals Borda, Absalón Machado, por el grupo de trabajo de la Maestría en Desarrollo rural de
la Universidad Javeriana, por grupos de investigación de la Universidad Nacional de
Colombia, entre otros.

En el caso particular de Orlando Fals Borda, en sus trabajos realizados a mediados del siglo
XX, titulados El hombre y la tierra en Boyacá. Bases sociológicas e históricas para una
reforma agraria (1957) y Campesino de Los Andes: estudio sociológico de Saucio (1961),
hace un acercamiento a la condición del campesino de la época en la región céntrica del
país, su historia, las formas de poblamiento, la tenencia de la tierra y la influencia política
en sus acciones, se trataba entonces de brindar la información suficiente para abordar el
tema de la reforma agraria y la urgencia que tenía su materialización en el país.

Lo rural es asumido por Fals Borda desde la relación entre los seres humanos y la tierra y
en especial la disputa asociada a su tenencia, pues una cuestión como el goce y usufructo de
la tierra todavía no ha sido resuelta, pues ha estado asociada a la terquedad y el egoísmo de
los seres humanos (Fals Borda, 1957), esta situación, vigente en Colombia y América
Latina ha generado episodios de violencia como el mismo conflicto armado interno que ha

39
vivido el país en las últimas cinco décadas, en el cual se acuña como una de las causas: la
disputa por la tenencia de la tierra.

Igualmente, Useche (2011) señala que en el país ha predominado el latifundio


precapitalista, que ha contribuido a la frustración del agrarismo, agudizando los conflictos
sociales de la historia colombiana. “Aun hoy, rubricada con la sangre de la lucha intestina
entre los sucesivos gobiernos y las guerrillas está marcada por la puja por la distribución de
la tierra, convertida en mera mercancía, cuya propiedad justifica guerras y matanzas”
(Useche, 2011, p.81-82). Se considera entonces que la constitución de la ruralidad en
Colombia está permeada por esta disputa por la tierra, por el fallido proyecto de
modernización en Colombia, y por la ausencia de una reforma agraria en el país que le dé
mayor estabilidad a este sector y a su población.

Por otra parte, Absalón Machado en sus trabajos en torno a la ruralidad en Colombia, se
acerca a la cuestión de la economía agraria y desde allí plantea toda la problemática que
atraviesa la población campesina y el territorio en las zonas rurales del país. En la obra La
cuestión agraria en Colombia a finales del milenio (1998), este autor pone en cuestión la
situación actual de la ruralidad en el país, haciendo énfasis en la afectación económica que
ha tenido el sector con la apertura de los mercados, la internacionalización y la
globalización de las economías, la entrada de nuevas formas de producción relacionadas
con un modelo donde predomina la agroindustria, y la ausencia de políticas institucionales
que organicen el sector rural, la tenencia de la tierra, como casusas de la desigualdad social
en el sector rural colombiano.

3.2. Políticas rurales en Colombia

La historia de Colombia y de los países de América Latina como Estados independientes es


relativamente joven, por ello las políticas en torno a la ruralidad se han dado principalmente
desde el siglo XIX y han sido débiles frente a la realidad de la región. Esto impide marcar
una línea estable que le permita responder a su importancia en un país en donde la
agricultura y las actividades en el sector rural han sido uno de los pilares de la economía
nacional. Antes de los procesos de independencia, estas naciones que tradicionalmente han

40
sido agrarias, bajo su condición de colonias se regían por las políticas de Europa, basadas
principalmente en la explotación de los recursos agrícolas y minerales con un interés
netamente económico. Durante el siglo XX se dieron una serie de leyes que se convirtieron
en intentos por materializar una reforma agraria en un país con una gran cantidad de
baldíos, y en el que la agricultura alrededor del café marcaba la pauta de la economía
nacional.

3.2.1. Las leyes en torno a la propiedad de la tierra en Colombia

Pulecio (2006) señala que fueron diez las leyes que de cierta manera buscaron constituirse
como una reforma agraria o al menos legislar con el fin de darle un rumbo al agro y a la
ruralidad colombiana, la primera de ellas fue la Ley 200 de 1936 “con la cual se otorgan
algunas herramientas a los arrendatarios y aparceros de negociar las mejoras dejadas en las
tierras de los patronos, o la de demandar la propiedad sobre tierras no explotadas por los
terratenientes” (Kalmanovitz y López, 2006, p.68). Para Pulecio (2006) significaba la
explotación económica de los predios de manera obligatoria, reconociendo el derecho de
los trabajadores rurales al dominio sobre ellas.

Esta Ley es producto de una disputa que venía desde finales del siglo XIX, principalmente
por el tema de los baldíos que había en el país, y que habían sido ocupados por colonos que
se enfrentaban a algunos pobladores que reclamaban su propiedad, así como por la relación
que había entre propietarios y arrendatarios, buscando formalizar gran parte de estas tierras
y fomentar su explotación.

La segunda Ley que destacan Pulecio (2003) y Kalmanovitz y López (2006) aparece ocho
años después, en 1944, cuando se expide la Ley 100, denominada Ley de Aparcería que
“prohibía la siembra de cultivos permanentes por parte de los aparceros, establecía las
condiciones para su lanzamiento en caso de conflicto y fijaba pautas para la evaluación de
las mejoras” (p.70), protegiendo así el derecho del propietario sobre la tierra y minimizando
la capacidad del arrendatario o aparcero de quedarse con el predio que estaba
aprovechando.

41
Ya en 1961 se expide la Ley 135, en la que se crea el Comité Nacional Agrario y el
Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), el primero trazaba los lineamientos
estratégicos para adelantar el proceso de reforma agraria en Colombia, mediante un comité
conformado por los partidos políticos, el Congreso, la Iglesia Católica y las Fuerzas
armadas. Los tres lineamientos, eran, en primer lugar entregar tierras a los campesinos que
no tenían, adecuarlas para incorporarlas a la producción y dotarlas de servicios básicos y
otros apoyos complementarios. Llama la atención que este comité contaba con la
representación de las instituciones sociales que en su momento eran las más importantes en
el país, pero se desconocía la importancia de integrar a la población rural en la toma de
decisiones, quien era sobre la que finalmente iban a recaer las determinaciones políticas que
se tomaran en torno la ruralidad.

La Ley 1ª de 1968, conocida como de arrendatarios y aparceros, contribuyó a agilizar los


trámites y procedimientos entre estos dos actores y fijó nuevas causales de expropiación,
además sirvió para reglamentar la Unidad Agrícola Familiar (UAF), con lo que se buscaba
proteger y regular la tenencia y explotación de la tierra distribuida individualmente a los
campesinos beneficiarios, principalmente en lo relacionado con su venta o transferencia.
Más adelante, la Ley 4ª de 1973 se centró en la reducción de los trámites de adquisición de
tierras a través de negociaciones directas, la agilización de la adjudicación de tierras a los
beneficiarios y el establecimiento de la renta presuntiva agrícola, que buscaba ejercer
presión a favor del uso productivo de la tierra y penalizar su apropiación improductiva
(Pulecio, 2003). En el mismo año, 1973, se expide la Ley 5ª de 1973, mediante la cual se
establece un sistema de financiamiento para el agro a través del Fondo Financiero
Agropecuario.

La Ley 6ª de 1975 sobre aparcería, reformó la Ley 1ª de 1968, mientras que con la Ley 35
de 1982, conocida como Ley de amnistía se le encargó al Incora la dotación de tierras y
provisión de otros servicios a las personas indultadas. Por su parte la Ley 30 de 1988
buscaba elevar el nivel de vida de la población campesina mediante acciones más
significativas del gobierno hacia la ruralidad, y aumentando los recursos asignados al
Incora para el desarrollo de programas con la población rural.

42
Pulecio (2003), destaca finalmente la Ley 160 de 1994, que intentó dinamizar la
redistribución introduciendo el concepto de propiedad a través del mercado de tierras,
mediante un subsidio para la compra directa por parte de los campesinos. El objetivo era
facilitar la negociación directa entre propietarios y campesinos, eliminando trámites y
fomentando el aprovechamiento de la tierra.

En la actualidad, lo que más se destaca en torno a la legislación en lo rural, es la Ley de


víctimas y restitución de tierras (Ley 1448 de 2011), así como el tratamiento que se le da al
sector en los procesos de paz con los grupos guerrilleros y en el marco del posconflicto, en
los que el gobierno asume parte de la responsabilidad del desplazamiento forzado y el
despojo de tierras y pone en funcionamiento procedimientos para investigar estos
fenómenos y restituir las tierras a aquellos propietarios que por acciones violentas fueron
víctimas de despojo y posterior desplazamiento.

En materia de política agraria, el marco legal de este sector está orientado por las políticas
económicas que se han implementado en el país en los últimos años, que a su vez se rigen
por tratados internacionales con los países con los que Colombia ha firmado acuerdos de
intercambio comercial, y en los que el sector rural colombiano se ve afectado ante las
concesiones arancelarias que le hace el país a los productos importados.

Estas leyes centradas principalmente en la propiedad de la tierra, permiten observar que no


ha sido clara la línea en cuanto al manejo de lo rural, y aunque algunas de ellas se pueden
considerar como intentos de reforma agraria no han sido lo suficientemente fuertes para
reestructurar la ruralidad en el país. Lo cual evidencia, en primer lugar que las leyes fueron
impulsadas principalmente desde lo institucional, representado en el Estado como centro de
poder, cuya visión no abarca la complejidad que caracteriza las dificultades históricas del
sector rural colombiano, y a través de estas leyes lo que se buscó fue legitimar un orden
basado en las relaciones de saber-poder, organizar la distribución del territorio e influir en
la producción agraria a partir de discursos orientados por principios económicos de carácter
nacional e internacional.

43
Sin embargo, el conflicto armado vivido en el país en las últimas décadas, que tiene como
una de sus causas principales el problema de la tierra, da cuenta de la poca funcionalidad
que tuvieron las leyes que se dieron en torno a la ruralidad durante el siglo XX, pues no
lograron atender las principales problemáticas y al contrario, agudizaron la violencia,
propiciaron el desplazamiento forzado y la desterritorialización de millones de personas,
legitimando un discurso contrainsurgente que movió por muchos años la agenda política del
país y dejó como víctimas a un significativo número de habitantes de las zonas rurales.

3.2.2. El contexto de las políticas función de la educación rural en Colombia

Uno de los aspectos en los que se ha centrado la legislación alrededor de la población rural
ha sido la educación, en esta materia sobresalen políticas que han transitado entre la
formación de una población rural que le permitiera conservar su cultura y mejorar el
desarrollo de las actividades propias del campo, y una educación universal en donde los
saberes propios de la ruralidad pasan a un segundo plano buscando formar una población
homogénea en el sector rural y urbano. Así lo evidencian las diferentes políticas generadas
en la historia del país, que además han estado mediadas por la disputa bipartidista y la
agenda de cada uno de los partidos durante sus periodos de gobierno.

Durante el siglo XIX y gran parte del XX, los objetivos en cuanto a educación se centraron
en la alfabetización de la población como sinónimo de desarrollo. Según Kalmanovitz y
López (2006), durante las reformas liberales del siglo XIX hubo propuestas en la búsqueda
de los recursos para financiar la escuela pública a partir de los impuestos. “El decreto
orgánico del 1º de noviembre de 1870 declaró por primera vez en el país el carácter
obligatorio, gratuito y rigurosamente neutral en el terreno religioso de la escuela pública”
(p.44).

La Constitución de 1886 le deja la tarea de educar a la población a la iglesia católica,


dándole facultades para seleccionar los contenidos y los docentes que consideraran
adecuados, con la capacidad de excluir a aquellos maestros que fueran ajenos a la creencia
católica o que se mostraran como creyentes en otras prácticas religiosas o morales. Más
adelante, con la reforma educativa de 1903 se afianzó la educación católica y se impulsó la

44
educación técnica a nivel urbano para fortalecer la industria, lo que propició un aumento en
el rezago de la educación rural en las regiones apartadas del país.

Para 1930 se proyecta una reforma educativa de corte liberal, en la que se busca “organizar
un nuevo sistema educativo con una carácter nacionalista, modernizador y democrático,
que preparara a los obreros y técnicos que necesitaba la industria y a los campesinos
alfabetos que requería una agricultura tecnificada” (Kalmanovitz y López, 2006, p.48),
quitándole gran parte del control que hasta el momento tenía la Iglesia católica sobre la
educación, situación que no fue nada fácil y que no se logró materializar del todo.

El retorno conservador al poder en 1946 se convirtió en un intento por devolver a la Iglesia


el dominio de la educación, sin embargo era muy difícil suplir la ausencia del Estado en
muchas partes del país, entonces la consigna en educación se centró en “devolver a la mujer
al hogar y al campesino al campo, en un intento por limitar la movilidad social”
(Kalmanovitz y López, 2006, p.49), esto a raíz de un marcado fenómeno de migración de la
población del sector rural al urbano.

De ahí en adelante y en la segunda mitad del siglo XX la educación dejó de ser una
prioridad para el Estado y se le dejó en manos del sector privado, que ya llevaba una
ventaja grande sobre la educación pública, así como a los gobiernos locales, que
promovieron distintos modelos de educación en el país, y al igual que con el tema agrario
no se tuvo una agenda nacional, integral y unificada en esta materia. Tal vez lo que es
importante resaltar es la atención sobre el analfabetismo en estas regiones, que como lo
muestra la siguiente tabla ha venido disminuyendo considerablemente.

45
Tabla 1. Analfabetismo en Colombia en el siglo XX

Fuente: Kalmanovitz y López (2006, p.49).

Lo que demuestra una disminución constante en el índice de analfabetismo en el país, que


según el Banco Mundial a 2015 había llegado al 5%. Sin embargo en términos de
educación formal a nivel secundario y profesional, el sector rural sigue siendo el más
afectado y la ventaja que le lleva la educación que se imparte en el sector urbano es
significativa, a tal punto que en el país no existe un marco jurídico y específico para la
educación rural, que hoy sigue un modelo de educación que se construye y se reproduce
desde el sector urbano.

3.3. Política económica en la ruralidad colombiana

La ruralidad colombiana al igual que en otros países de América Latina ha estado


fuertemente ligada a las políticas de desarrollo que se generaron durante gran parte del siglo
XX y principios del XXI. Kalmanovitz y López (2006) señalan que “el desarrollo agrícola
del país a lo largo del siglo anterior ha sido desigual, combinando fuertes expansiones
después de 1930 y un relativo estancamiento en tiempos recientes” (p.13). El desarrollo de
la ruralidad colombiana estuvo en gran medida direccionado por políticas internacionales a
las que se suscribía el país, muchas veces dependiendo de la perspectiva económica del

46
gobierno de turno, por ello en periodos de tiempo cortos se pasaban de sistemas
proteccionistas y nacionalistas a políticas liberales y de apertura de mercados.

En la primera mitad del siglo XX el país tuvo políticos que en materia económica
privilegiaron el crecimiento y dejaron atrás la pugna entre conservadores y liberales que
signó la mayor parte del siglo XIX, y que impedía avances en este campo, pues era una
política centrada en la entrega de subsidios e incentivos generosos a los agricultores que
permitiera una protección de esta actividad económica frente a los productos extranjeros
que ingresaban al país. Sin embargo esta política no logró sostenerse y la economía rural
cayó a finales del siglo XX. Para Kalmanovitz y López (2006) estas políticas terminaron
siendo costosas para la economía debido a que propiciaron inflaciones moderadas pero
persistentes, encarecieron el crédito para los usuarios no privilegiados con subsidios, que
junto al conflicto armado y las nuevas políticas internacionales alrededor del mercado
determinaron inviable el modelo.

Con el cambio de esta política a finales del siglo XX y la apertura de la economía local a
mercados internacionales, se dinamizaron los sistemas de exportación. Con estos acuerdos
el sector rural y agropecuario se vio fuertemente golpeado, pues aunque se le apostó a la
modernización de la producción agraria y de la infraestructura en el país, se privilegió a la
industria y no se atendió al pequeño productor y campesino, que ha tenido que acudir a
paros y movilizaciones para buscar apoyo del gobierno, que al final sigue manejando una
política crediticia y una legislación que no reconoce su labor.

3.3.1. Neoliberalismo: modelo de desarrollo que ha permeado todos los campos de la


vida social

Con la aparición de los tratados de libre comercio entre los países, en la búsqueda de
optimizar el intercambio comercial y fortalecer la importación y exportación de ciertos
productos, emergieron diferentes situaciones que afectan a sectores productivos, que por el
diseño y la puesta en marcha del modelo económico se encuentran en desventaja frente a
otros sectores y otras economías más fuertes. El sector rural de países como Colombia se
encuentra bajo un grado de vulnerabilidad alto frente a estas políticas económicas que no

47
tienen en cuenta las formas de producción del país durante la puesta en marcha de políticas
económicas neoliberales.

El neoliberalismo “se ha tornado hegemónico como discurso. Posee penetrantes efectos en


los modos de pensamiento, hasta el punto que ha llegado a incorporarse a la forma natural
en que muchos de nosotros interpretamos, vivimos y entendemos el mundo” (Harvey, 2009,
p.7). Este modelo económico ha logrado mantenerse en los últimos años, y a su paso afecta
significativamente a la población rural, pues sus formas de producción y los mercados
tienen que adaptarse a un modelo que los pone en desventaja frente a las economías
urbanas o los productos que se abren paso gracias a los tratados de libre comercio.

Para Harvey (2009) el neoliberalismo se entiende como

Una teoría de prácticas político económicas que afirma que la mejor manera de
promover el bienestar humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las
capacidades y libertades empresariales del individuo dentro de un marco
institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados
libres y libertad de comercio. (p.6)

Con las banderas de la libertad ha incursionado en todos los campos de la vida social,
principalmente en el económico, con repercusiones en lo social y lo político. Este modelo
económico nace como respuesta a la necesidad de reconfigurar el modelo liberal, que según
Harvey (2009) comienza a desmoronarse a finales de la década de 1960, tanto a escala
internacional como al interior de las economías domésticas. “En todas partes se hacían
evidentes los signos de una grave crisis de acumulación de capital” (Harvey, 2009, p.18).

La necesidad de reemplazar un obsoleto modelo económico, la guerra fría y la disputa


mundial entre dos perspectivas político económicas: la socialista y la capitalista, así como
la aparición de movimientos sociales que se oponían a la forma en que los gobiernos en
Occidente estaban desarrollando sus políticas, propiciaron un escenario en el que era
necesario replantear el modelo desde las economías dominantes, hacía uno donde primara
la libre competencia y la poca intervención del Estado.

48
En el neoliberalismo el papel del Estado se replantea, en este modelo es necesario que haya
una alianza entre el Estado, la industria y las grandes compañías para garantizar el normal
desarrollo de la sociedad, su bienestar y estabilidad. “El Estado debía concentrar su
atención en el pleno empleo, en el crecimiento económico y en el bienestar de los
ciudadanos, y el poder estatal debía desplegarse libremente junto a los procesos de
mercado” (Harvey, 2009, p.17).

Un Estado en el que cada vez se le da más importancia a lo privado sobre los público,
limitando su capacidad de garantizar cierto bienestar a la población, y para ello acude a
terceros, quienes se encargan de prestar servicios como el de la salud y la educación, que
son administradas por empresas del sector privado, y que se mueven en una lógica de
costos y ganancias. En el papel, el Estado será el regulador, tanto del mercado como de los
servicios que ofrece, pero en la realidad perderá cada vez más esa importante influencia
frente a los sectores privados.

El neoliberalismo, además de tener un propósito a nivel empresarial y del mercado, se


involucra en la cultura del individuo, favorece el individualismo, fomenta las bondades de
la propiedad privada, los valores familiares y la libertad, representada en la capacidad de
decisión en gastos y consumo. Sin embargo, una de las consecuencias de la puesta en
marcha de este modelo ha sido la configuración de una sociedad de clases dominantes, de
sectores que cada día acumulan grandes capitales, y de una población consumista a su
servicio.

El neoliberalismo no solo ha servido para restaurar el poder a una clase capitalista


definida en términos reducidos. También han generado inmensas concentraciones de
poder corporativo en el campo de la energía, los medios de comunicación, la industria
farmacéutica, el transporte, e incluso la venta al por menor. (Harvey, 2009, p.45)

En Colombia, la apertura económica en el marco del modelo neoliberal inicia al comenzar


la década de 1900, cuando se comienzan a implementar políticas que favorecen una
apertura económica y la privatización de servicios que hasta el momento eran de carácter

49
público, así como reformas tributarias en beneficio de las grandes empresas nacionales e
internacionales, generando un buen clima para la inversión extranjera.

El pico más alto en la implementación de las políticas neoliberales se encuentra quizá, en la


firma de los tratados de libre comercio con países como Estados Unidos, que ponen en
plena desventaja a un país como Colombia con una economía menor. El sector rural se ve
afectado principalmente por las formas de producción agrícola que priman en el país, y un
mercado, en el que los productos importados incursionan en el comercio nacional a bajos
costos, debido principalmente a la industrialización agraria y los subsidios con los que
cuenta el productor agrícola de los países considerados como “desarrollados”.

Además de las afectaciones en el orden económico, el neoliberalismo tiene resonancia a


nivel cultural y social en la población campesina, pues las desventajas de orden económico
en la producción y venta agrícola conllevan a la reducción de ingresos para el productor,
incremento de la desigualdad social y reconfiguración de su perspectiva sobre la vida, las
prácticas culturales y el sustento en el sector rural, frente a un sector urbano que parece
tener mejor síntoma a nivel económico y de oportunidades para su subsistencia.

3.4. El territorio rural colombiano como escenario de lucha: desterritorialización y


reterritorialización

Históricamente los territorios rurales en Colombia han sido escenario de luchas por la
tierra, despojos y desplazamientos de la población, cuya causa principal ha sido la violencia
que ha vivido el país en el último siglo y el interés económico de ciertos sectores
dominantes por aumentar sus propiedades. Darío Fajardo (2015) señala que la falta de una
reforma agraria en la que se garantice el acceso y uso democrático de la tierra ha tenido
repercusiones violentas en el país. En el último siglo se han configurado leyes y políticas
que siempre han estado a favor de los grandes terratenientes regionales, afectando en gran
medida a la población vulnerable que habita los territorios rurales del país.

El conflicto armado en Colombia ha estado asociado a usurpaciones frecuentemente


violentas de tierras y territorios de campesinos e indígenas, apropiaciones indebidas de

50
baldíos de la nación, imposiciones privadas de arrendamientos y otros cobros por el
acceso a estas tierras, en no pocas ocasiones con el apoyo de agentes estatales, así
como invasiones por parte de campesinos sin tierras o con poca disponibilidad de
ellas, de predios constituidos de manera irregular. (Fajardo, 2015, p.3)

Todos estos hechos han provocado una constante desterritorialización y reterritorialización


de los territorios rurales en Colombia, en donde sus habitantes se han convertido en
poblaciones móviles, que han tenido que adaptarse a unos órdenes territoriales, en la
mayoría de los casos a la fuerza, e incluso se han convertido en poblaciones flotantes ante
el despojo del que han sido víctimas. El desarrollo agrario como modelo económico ha
tenido consecuencias a nivel territorial, donde cada vez más se observa concentración de
grandes propiedades de tierra para un número pequeño de personas que ostenta el poder y
defiende los predios a cualquier modo.

Alejandro Reyes (2016) señala que en términos de equidad, la brecha entre los grandes y
pequeños propietarios es cada vez es más amplia. Las grandes extensiones de tierra son
baldíos, que en un alto porcentaje son destinados a la ganadería, mientras que los terrenos
dedicados a la agricultura son cada vez menores. “La subutilización de tierras con vocación
agrícola es superior al uso adecuado, de manera que solo una de cada cuatro áreas agrícolas
se dedica a la agricultura” (Reyes, 2016, p.126). El negocio está en la valorización de la
tierra, que se acumula en grandes cantidades y se protege de todas las formas posibles.

Por otra parte, la población de las zonas rurales ha sido afectada con la incursión de un
modelo de mercado en el que predomina la agroindustria por encima de los medios
tradicionales de producción agrícola. Hoy los productos importados entran al país a un bajo
costo y en cuanto a su producción agroindustrial están por encima de los nacionales. Esto
lleva a que el campesino se termine convirtiendo en un asalariado rural o migre a la ciudad.

Las dinámicas del mercado en cuanto a los productos agrícolas varía mucho, el
campesino está en desventaja económica y el comprador directo, que por lo general es
un intermediario, le paga muy poco por sus productos, y es este quien comercializa las

51
cosechas del campesino a un precio mayor en las plazas de mercado o en ciudades
como Bogotá. (Niño, 2015, p.103)

Actualmente perdura un modelo de desarrollo rural enfocado a la gran propiedad, con


precarias condiciones para los campesinos y por ende una agudización de la pobreza en las
regiones (Fajardo, 2015). Se requiere entonces un nuevo modelo de desarrollo o de otras
dimensiones de la vida, en donde la biosfera y la vida misma estén por encima de las
prioridades económicas e industriales del actual modelo de desarrollo rural.

Esto implica un reordenamiento territorial, que según Alejandro Reyes (2016) debe apuntar
hacía cuatro objetivos, el primero de ellos es el imperativo ambiental, un ordenamiento
territorial que supere el grave deterioro de los ecosistemas en muchas regiones, que junto a
los extremos climáticos aumentan la vulnerabilidad de las poblaciones y la deforestación de
las ecosistemas. Un segundo objetivo enfocado a la eficiencia económica, “pues solo el
aumento del valor producido y retenido por la población en cada territorio permitirá cerrar
la brecha de pobreza entre campo y ciudad” (p.127).

Como tercer objetivo del ordenamiento territorial, se plantea la necesidad de una justicia
distributiva, fundada en la equidad para el acceso a la tierra por parte de los productores
agrarios, que frene el despojo indiscriminado a favor de los grandes propietarios. Y como
cuarto objetivo está el establecer condiciones institucionales que fortalezcan la paz, y que
resuelvan los conflictos territoriales que enfrentan grupos de población con los propietarios
de la tierra, que en muchos casos acuden a la violencia para hacerse dueños de nuevas
tierras (Fajardo, 2015).

Ante un panorama de conflicto y un modelo de desarrollo que ha afectado


significativamente al sector rural colombiano, la configuración de la paz en el país será un
paso importante en el reordenamiento territorial, en donde se reduzca la brecha entre
grandes y pequeños propietarios, disminuyendo los índices de migración rural y otros
efectos negativos que ha traído el conflicto y la afectación en la zona rural colombiana.

52
3.4.1. Las zonas rurales y el conflicto armado en Colombia

Otro de los fenómenos sociales que ha tenido como escenario y protagonista a la población
rural en Colombia, ha sido el conflicto armado entre el Estado y las guerrillas,
especialmente en la segunda mitad del siglo XX, en donde la población rural vivió con
intensidad la disputa armada, aportando un significativo número de víctimas en un conflicto
que sin duda reconfiguró el sector rural colombiano. Ante la ausencia de una reforma
agraria y políticas claras, la violencia terminó orientando el camino que debía seguir gran
parte del sector rural del país, generando así, fenómenos como el desplazamiento forzado,
el despojo de tierras a campesinos, las amenazas y muerte de muchos de ellos.

Darío Fajardo (2015), en su estudio sobre las causas y los orígenes del conflicto armado en
Colombia, señala que el problema de la tierra fue una de ellas, pues para la época en que se
considera nacieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), guerrilla de
origen campesino, el país vivía una oleada de usurpaciones violentas de la tierra a
campesinos e indígenas, apropiación de baldíos, imposiciones privadas de arrendamientos y
cobros por el acceso de la tierra, muchas veces con complicidad del Estado.

Al observar esta causa y otras que según Fajardo (2015) pudieron haber dado origen al
conflicto armado con las guerrillas, se puede entender que estos grupos armados nacen
como respuesta a la ausencia del Estado y al favorecimiento por acción y omisión con los
terratenientes y demás actores que llegaron a usurpar las tierras. Es por ello que estas
acciones, en primer lugar se ven como procesos de resistencia de las poblaciones
campesinos frente al gobierno y demás fuerzas que para la época dominaban el país, pues
según Fajardo (2015), en las primeras décadas del siglo ya se vivían manifestaciones contra
el sistema económico y conflictos en torno a la tierra y las relaciones de trabajo.

De igual manera se considera que el asesinato de Gaitán fue un detonante para que la
violencia se extendiera a varias regiones del país, agudizando la guerra entre los dos
partidos. La disputa pasó de ser un enfrentamiento entre las elites a ser una represión del
Estado frente a la organización de sectores populares. Se puede considerar entonces que
estas acciones contra las comunidades campesinas contribuyeron al origen de la insurgencia

53
armada que se manifestaron inicialmente como autodefensas campesinas y que
posteriormente se convertirían en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC).

Más allá del devenir de estas guerrillas, en un análisis del origen de este grupo armado se
encuentra una motivación relacionada con las dificultades a nivel rural, y es que los
escenarios de resistencia en este contexto han estado marcados por la estigmatización, la
persecución y la violencia, pues además de ser sus tierras un lugar de violencia, con la
aparición del paramilitarismo se profundizó la persecución a esta población, asesinando y
despareciendo a campesinos que se interpusieran a los intereses de los grandes
terratenientes del país, lo que provocó fenómenos como el desplazamiento forzado y la
reconfiguración del sector rural colombiano.

3.4.2. Problemas socioambientales en el sector rural colombiano

Los problemas ambientales están relacionados con el uso social y económico que se le ha
dado a la tierra, pues se han desviados ríos, se le ha quitado a la población la capacidad de
hacer un uso adecuado de los recursos naturales para ser administrados por industrias
agrícolas y por empresas mineras. Reyes (2016) destaca por ejemplo, que en el bajo Sinú, el
bajo San Jorge, La Mojana, el bajo Cauca y la Serranía de San Lucas existe un amplio
conflicto por el uso de la tierra entre campesinos/pescadores que hacen uso del ecosistema
y ganaderos extensivos que han ampliado sus linderos hasta los bordes de la ciénaga,
restringiendo la pesca y la agricultura por parte de los campesinos.

De igual manera, en la zona andina el problema está relacionado con el uso que se la ha
dado a la tierra, donde los valles y hondonadas de las zonas montañosas que poseen suelos
de vocación agrícola no son aprovechadas adecuadamente por los campesinos, que
terminan realizando sus actividades en laderas susceptibles de erosión y desequilibrios del
sistema hídrico, con un grave impacto ambiental (Reyes, 2016). En el caso específico de
Boyacá, existen territorios con una extrema división de la tierra, alta informalidad y baja
rentabilidad, que en su conjunto hacen poco viables a las economías campesinas en esta
región.

54
En el Valle de Tenza, contexto donde se desarrolló esta investigación, el uso de la tierra se
centra en dos actividades principalmente: la agricultura en minifundios y la ganadería, que
en algunas partes es de forma extensiva, con una afectación ambiental mínima, los
campesinos siempre han procurado hacer un uso adecuado de la tierra y recursos como el
agua, sin embargo en los últimos años han tenido que acudir al uso de pesticidas y abonos
químicos para controlar algunas plagas en sus cultivos, lo cual puede llegar a significar
algún tipo de afectación ambiental.

Otras de las actividades que de cierta manera se venía promoviendo en los últimos años en
la región es por un lado la tala de árboles para la industria maderera y la explotación minera
mediante canteras ubicadas en las rondas de los ríos, principalmente en el Garagoa, que
atraviesa varios municipios de la región y que han venido provocando graves afectaciones
de orden ambiental, pues la licencias que se han dado para el aprovechamiento de los
predios cercanos al afluente hídrico ha contribuido al deterioro del ecosistema que está a su
alrededor y a la contaminación del río por causa de material que se arroja a sus aguas.

Quizá el fenómeno que por su impacto en la región ha incidido significativamente en la


reconfiguración ambiental de la región ha sido la construcción del Embalse La Esmeralda y
la Hidroeléctrica de Chivor, que entró en funcionamiento a finales de la década de 1970 y
que según los habitantes de la región cambió las condiciones climáticas que hasta el
momento eran favorables para la agricultura, incidiendo directamente en la diversidad de
productos que allí se cultivaban, y que tuvieron que ser sustituidos luego de la aparición y
puesta en funcionamiento de este proyecto hidroeléctrico.

55
4. EL DESARROLLO Y LA AFECTACIÓN EN LA ZONA RURAL DEL VALLE
DE TENZA

Las zonas rurales, tanto en Colombia como en América Latina no son ajenas a las
dinámicas económicas mundiales, este sector, cuya actividad principal es la agricultura se
ha visto afectado ante la emergencia de nuevas dinámicas económicas y comerciales a nivel
mundial, formas de producción direccionadas por la agroindustria, cambio en el uso del
tierra, con la minería como uno de los principales motores de la economía nacional y
transformación en la subjetividad de la población ante lo que se considera un contexto de
nueva ruralidad.

Ante este panorama, en el que prima la expansión económica, la competitividad y la rápida


transformación de los medios y formas de producción, es necesario preguntarse por la
situación en la que quedan los contextos rurales y su población, ¿cómo se afectan las
relaciones económicas y las formas de producción en el contexto rural con la influencia de
un modelo económico orientado por el desarrollo?, ¿es posible hablar de una nueva
ruralidad ante la emergencia de estos fenómenos? Para tratar de dar respuesta a estos
interrogantes se toma como escenario de estudio la zona rural del Valle de Tenza, a partir
de un análisis de sus dinámicas económicas, las formas de producción, el impacto
ambiental de actividades como la minería y las subjetividades que emergen en un nuevo
contexto de ruralidad.

4.1. Desarrollo y nuevas dinámicas económicas en la zona rural

El actual modelo de desarrollo se caracteriza por propiciar la apertura económica y la


globalización de las relaciones comerciales, impulsando los sectores que se consideran más
competitivos y dejando rezagados a aquellos que no responden a sus lógicas, de ahí que el
sector rural sea uno de los más afectados, ya sea porque sus formas tradicionales de
producción se comienzan a ver como inviables frente a nuevas dinámicas orientadas por la
agroindustria, o porque el rápido avance científico, tecnológico e informativo en todos los
campos, impacta sobre la economía rural y su población.

56
En el contexto nacional y respondiendo a esta lógica, Colombia ha firmado tratados de libre
comercio con países como Estados Unidos, Corea del Sur, la Unión Europa, entre otros,
dándole gran peso a la inversión extranjera y a la apertura de mercados a empresas
internacionales, que ponen en desventaja al sector rural colombiano, pues la política rural y
agraria del país no ha sido lo suficientemente fuerte para brindarle a la población rural
garantías, apoyo, subsidios y otras ayudas que en contextos rurales a nivel internacional sí
se brindan, lo que ya le da una ventaja al producto internacional, que además goza de
exención arancelaria en algunos impuestos como parte de esos convenios internacionales.

A la falta de garantías para los campesinos se suma la ausencia de una infraestructura


adecuada en algunas regiones, que en su conjunto hacen que el costo de producción de
alimentos en las zonas rurales sea muy alto. De igual manera el sistema de
comercialización que se maneja en estas zonas hace que la rentabilidad de un producto se
tenga que distribuir entre intermediarios, que se terminan llevando un alto porcentaje de
ganancias en relación al campesino que dedica tiempo y dinero en una actividad de la cual
no recibe la retribución económica que compense su esfuerzo.

Todo esto lleva a que el habitante rural tenga que reconfigurar sus actividades económicas,
cambiar sus formas de producción y dejar aquellas que ya no suplan sus necesidades, en lo
que se puede denominar como una relación biopolítica entre la población rural y las lógicas
de la economía mundial, que se instauran como discurso de verdad y paradigma a seguir,
respaldadas por prácticas gubernamentales impulsadas del Estado, propiciando así una
regulación de la producción agraria, determinando, por ejemplo el nuevo rol que el
campesino debe asumir, los procedimientos que debe seguir para mantenerse como
pequeño productor y la forma en que debe cultivar y comercializar sus productos, en un
medio en el que las industrias agrarias se han ido posicionando con mucha fuerza.

En el contexto particular del Valle de Tenza prevalecen elementos que se puede decir, están
orientados por los principios de la bioeconomía, el control de la vida en función de las
relaciones económicas, la acumulación de capital y otros procesos que se dan en el marco
del desarrollo, pues con la aparición de nuevos canales de comunicación y de tecnología, la

57
población ha transformado parte de su cotidianidad, articulándose en función de los
principios de la economía capitalista y neoliberal que caracteriza el nuevo modelo de
desarrollo.

Sin embargo las prácticas tradicionales de trabajo parecieran hacer resistencia frente a las
relaciones laborales que se manejan en la economía actual, pues en esta zona prevalecen
pequeñas sociedades que se forman para fortalecer su actividad agraria, sobresale así la
colaboración entre vecinos de parcela en las diferentes actividades que derivan de los
oficios propios de la agricultura, en contraste con el sistema de empleado-empleador que
prima en las relaciones laborales de las empresas y las grandes industrias en la actualidad.
Se observa una especie de comunitarismo o pequeñas sociedades que van más allá del
beneficio económico y que con su accionar, fortalecen la actividad agraria.

Aquí estoy cultivando maíz en sociedad con don Benjamín y hasta ahora no hemos
tenido problemas. Yo puse la semilla y el trabajo y en forma de pago, don Benjamín
me puede dar una cuajada o un corte de arracacha, porque él tiene que poner la
semilla, la tierra y los que se necesite y yo pongo el trabajo. Ahora tenemos el maíz y
cuando se recoja echamos un corte de frijol a ver cómo nos va. (Ricardo Silva,
habitante de la vereda de Resguardo del municipio de Garagoa, Boyacá)

Yo estoy dedicado a la ganadería más que a la agricultura. Cultivo maíz, papa y


yuca, el cultivo que tengo en por ambía es el del maíz, unas matas poquitas. Yo
pongo la tierra, las semillas, y los remedios, y el trabajo lo pone el otro. Los cultivos
se reparten mitad y mitad, lo mío yo lo llevo para la casa, para el gasto. No vendo
porque las matas no dan mucho, es más para el gasto, para hacer las arepas, la
comidita y lo que se necesite. (Eduardo Rojas, habitante de la vereda de Resguardo
del municipio de Garagoa, Boyacá)

Es importante resaltar estas relaciones sociales o laborales, pues no es fácil mantenerlas en


un escenario donde poco a poco se está llevando al campesino a convertirse en un
empleado rural al servicio de los grandes productores agrarios. Quizá uno de los motivos
por los que aún prevalecen relaciones laborales de este tipo es por la misma estructura

58
económica y relación del ser humano con la tierra, en donde predomina el minifundio y la
producción agrícola en pequeñas cantidades.

Esto responde a lo que Useche señala acerca de la perspectiva genealógica, que para este
autor “plantea el problema de la validez como conocimientos verdaderos en los saberes
sometidos, así como de una capacidad crítica para poner en cuestión la verdad establecida
por los saberes legitimados” (Useche, 2014, p.30). Es decir acá se evidencia una verdad
instaurada a partir del modelo de desarrollo con la reconfiguración de las relaciones
laborales, frente al cuestionamiento a esta verdad, que se resalta con la resistencia que hace
la población rural, fundamentada en la prevalencia de las relaciones comunitarias entre los
campesinos de la región.

A pesar de la prevalencia de estas prácticas comunitarias, el obrerismo rural ha tomado


fuerza respondiendo a una lógica económica en la que el campesino pequeño productor
tiende a desaparecer, y con mayor razón en la actualidad cuando se comienza a hablar del
capitalismo cognitivo, que le da valor a la capacidad intelectual del ser humano por encima
del trabajo manual o físico. “Los países de vieja industrialización se han desplazado del
capitalismo industrial fordista hacia el capitalismo cognitivo, mientras que los países del
Sur del mundo, donde el capitalismo había sido pretaylorista, se han acercado al paradigma
taylorista de la producción” (Fumagali, 2010, p.175), es decir a la valoración física del ser
humano como fuerza de trabajo en la producción industrial a gran escala, y que no está
lejos de la concepción y el rol del empleado rural en la producción agroindustrial.

En todo caso, esta transición del pequeño productor al empleado rural se puede entender
como una manifestación de tipo bioeconomico, pues esas relaciones económicas han
llevado a que el habitante rural tenga que adaptarse, reconfigurar su vida en función de la
economía, y que no solamente se ve reflejado a nivel laboral, también está presente en las
relaciones comerciales de la población rural, pues allí se ha venido imponiendo un sistema
marcado por la ley de oferta y demanda, es decir, en época de cosecha los productos
disminuyen su precio respecto a los periodos del año en que no hay cosecha. De ello dan

59
cuenta las apreciaciones que tienen los habitantes de las zonas rurales frente a la forma en
que comercializan sus productos.

De alverja había sembrado tres libras y saqué quince bultos, y eso que no se le cuidó
bien y el invierno apretó la tierra y no se dio bien nada, entró el verano y se quedó ahí,
no creció más y no valió echarle abono y droga. Al final tocó venderla así, valió a cien
($100.000), muy barato porque estuvo a ciento cincuenta ($150.000). (Efraín Bernal,
habitante de la vereda Ovejeras del municipio de Sutatenza, Boyacá)

Además de las afectaciones que tienen los cultivos por factores climatológicos, el
porcentaje de ganancia que tiene un productor rural es muy reducido frente a otros actores
que intervienen en la cadena comercial como intermediarios. La cadena funciona de la
siguiente manera, mientras que el campesino invierte en la producción y el transporte de su
cosecha al sitio donde se comercializa, el intermediario es quien determina el precio a partir
de la ley de oferta y demanda, garantizando para él un rango de rentabilidad amplio con
respecto al campesino, que le permita llevar el producto a las centrales mayoristas y
ofrecerlo a un buen precio.

Estas relaciones, tanto laborales como comerciales en las que se ve inmersa la población
rural dan cuenta de unas dinámicas económicas orientadas por los principios de la
bioeconomía, que se buscan abrir paso en medio de una relaciones sociales que desde las
pequeñas sociedades buscan resistir con acciones de tipo micropolítico frente a lo que
desde lo macro se les quiere imponer.

4.2. Formas de producción en el sector rural del Valle de Tenza: entre lo tradicional y
el desarrollo

La zona rural del Valle de Tenza se caracteriza por su vocación agraria y campesina, pero
también por un creciente fenómeno marcado en la industrialización agraria que comienza a
incursionar en la región, se convierte entonces en un escenario donde las relaciones
económicas están orientadas por los principios de la bioeconomía, pues a pesar de ser una
población en la que se destaca la agricultura como actividad principal, los habitantes han
comenzado a variar sus técnicas de producción con la inserción de máquinas y la utilización

60
de agroquímicos que reduzcan las enfermedades que puedan adquirir sus cultivos, como lo
relata uno de los pobladores rurales:

Para la plaga le estoy echando Top Sul, para lo bichitos que le hacen daño a la hoja
Tostón. El Manzate es otro que utilizo para las plagas, para las pulguillas y toda la
clase de trozadores de la siembra de la papa. Empezando la siembra no le eché
químico a la alverja, solo después, a los veinte días después de que nació. Después se
volvió a fumigar. Llevo ya unas cuatro fumigadas. (Efraín Bernal, habitante de la
vereda Ovejeras del municipio de Sutatenza, Boyacá)

Estos relatos, además de evidenciar la utilización de insumos en las actividades agrarias de


la población rural, muestran cómo los campesinos han adquirido un conocimiento
(saber/verdad) a partir de la práctica cotidiana, a tal punto que han interiorizado el nombre
y el uso específico de cada uno de los insumos. Todo este discurso incorporado por el
campesino responde a un saber instituido como verdad, en el que prima la producción
agraria sobre la afectación que pueda tener el suelo o las fuentes hídricas, e incluso el
mismo producto final por el uso de estos químicos, en lo que se podría entender como una
relación saber-poder, muy característica del modelo de desarrollo actual.

En esta misma perspectiva se da el tránsito de los medios tradicionales de producción a


nuevas técnicas mediadas por la aparición de máquinas y herramientas que hacen más
práctico el trabajo, y que inicialmente no son de fácil adaptación para el habitante rural,
pero que poco a poco han sido incorporadas. Un ejemplo de esto es la forma en que se lleva
a cabo una molienda1 en la actualidad, un procedimiento que como lo relatan los mismos
campesinos ha pasado de utilizar la fuerza de animales a la innovación y utilización de
máquinas:

La diferencia entre un molino antiguo, que era de esos de piedra y tirado por bueyes y
uno nuevo de motor, es que el nuevo es más cómodo para trabajar, no se necesita tanta
gente para hacer una molienda. En el nuevo ya solo entre tres se hace una molienda.
En los antiguanos tocaba de a dos prensadores de caña, dos yuntas de bueyes y un

1
Proceso en el que se muele y procesa la caña de azúcar con el fin de obtener panela o miel, que
posteriormente se utiliza para elaborar bebidas tradicionales como el guarapo.

61
oficial, más la gente que se requiriera. Ya acá todo es con trapiche de motor, el de allí
arriba es mejor porque uno no necesita ni obreros, se le paga al dueño del trapiche, y
muele a todo gasto, él pone todo. (Eduardo Rojas, habitante de la vereda de Resguardo
del municipio de Garagoa, Boyacá)

A veces también sale trabajo por fuera, me presto para rozar con guadaña o a aserrar
madera. Estos trabajos son por contrato. Un contrato depende de lo grande que sea el
potrero, uno hace el cálculo de cuántos días me gasto haciendo ese trabajo. El jornal
está a 20.000, pero en lo que es guadaña y aserrar madera uno gana más, 60 si es el
patrón pone la gasolina, o por ahí 80 o 90 si uno pone la gasolina, depende la cantidad
de trabajo uno cobra. (Ricardo Silva, habitante de la vereda de Resguardo del
municipio de Garagoa, Boyacá)

La innovación ha estado determinada por una búsqueda constante por hacer más práctico el
trabajo, ha pasado de técnicas rudimentarias y netamente tradicionales a procedimientos
mediados por la tecnología y prácticas orientadas por instituciones de orden gubernamental,
que buscan dar un direccionamiento en el campo colombiano. Poco a poco ha ido
innovando y acudiendo a mejorar los procedimientos con la inserción de nuevas
herramientas y maquinaria que por ejemplo le han permitido sustituir el arado de la tierra
con bueyes por el uso del tractor en la preparación de la tierra, de igual manera con la
utilización de máquinas fumigadoras para la aplicación de químicos y pesticidas, y la
aparición y mejoramiento de máquinas como la guadañadora o la motosierra, que poco a
poco han ido sustituyendo al machete y el hacha en las actividades diarias.

Aunque a primera vista, estos hechos pueden responder a lo que se ha llamado proyecto de
modernización del campo, que según Vélez y Leyva: “se ha enfocado hacia usos
productivistas (altos rendimientos) y extractivos, con sistemas de manejo agrotecnológico
altamente intensivos en capital, mecanización e insumos (agroquímicos, híbridos y
transgénicos)” (2017, p.144), en la región del Valle de Tenza lo que se ha generado es la
aparición esporádica de nuevas máquinas y técnicas que no atienden del todo a un proyecto
de tal magnitud, pues para que se conciba como tal debe haber la inversión de grandes

62
capitales y la casi total industrialización del sector agrario, que terminaría acabando por
completo con los pequeños productores rurales.

A pesar de la aparición de estas nuevas técnicas de producción, se evidencia una relación


tensional entre lo tradicional y lo que se propone con la influencia del modelo de desarrollo
o el proyecto de modernización del campo, pues los campesinos siguen utilizando
herramientas que tradicionalmente han hecho parte de sus actividades agrarias:

Tengo varias palas. Cada una sirve para una tarea distinta, para la loma toca una pala
derecha, para lo plano ojalá sea curva. Las hachas son para alistar la leña, tumbar
árboles, claro que eso hoy ya los tumban es con la motosierra, mi hijo me trajo una
pero yo ni la utilizo, pero cuando él viene corta sus palos o hace por ahí tal cual oficio.
También está el machete para rozar los potreros, pero para eso también ya está la
guadaña, de esa sí no tengo, pero un vecino tiene una, entonces se presta cuando hay
que limpiar un potrero. Y uno carga el machete, siempre hace falta para rozar o cortar
maleza. (Efraín Bernal, habitante de la vereda Ovejeras del municipio de Sutatenza,
Boyacá)

Aunque el proyecto de modernización del campo y tecnificación de los medios de


producción en el sector rural del Valle de Tenza suele estar orientado por las autoridades
gubernamentales de carácter regional y nacional, no siempre responden a tal fin, pues no se
tiene en cuenta la situación real de los habitantes de la zona rural y las circunstancias en las
que se implementan este tipo de acciones, lo cual le permite al habitante rural cuestionar
ese discurso de verdad y ejercer resistencia frente a él. Por ejemplo en la zona rural del
Valle de Tenza, durante una sesión de trabajo de campo realizada en el marco de esta
investigación, se observó una actividad de capacitación organizada por la alcaldía de uno de
los municipios, para la utilización de una maquinaria destinada al corte, empaque y
conservación de pasto en época de verano, y aunque una pequeña cantidad de habitantes
participó en la capacitación, no se contemplaron las dificultades que tiene una habitante de
esta zona rural para tener acceso a este tipo de maquinaria, ni el tiempo necesario para
aprender todo lo relacionado con esta técnica, cuya capacitación se terminó reduciendo a un
solo día.

63
Para el habitante de la zona rural del Valle de Tenza no es fácil adaptarse o asimilar los
cambios en la formas de producción agraria, muchos de ellos prefieren conservar sus
técnicas tradicionales como acto de resistencia frente a algo que parece absorberlos.
Adicional a ello, la producción no es muy alta respecto a la gran industria agrícola que se
desarrolla en otras regiones del país y del mundo, lo cual hace inviable la aparición y
adquisición de grandes maquinarias, reforzando así esa relación tensional entre las formas
tradicionales de producción y la emergencia de nuevas técnicas basadas principalmente en
tecnología para la producción, como manifestaciones del actual modelo de desarrollo.

4.2.1. Los proyectos mineroenergéticos en lógica macropolítica

Desde la época de la Colonia en América, la explotación y comercialización de los recursos


no renovables ha estado en el centro de los intereses alrededor del territorio y su dominio en
el continente. A pesar de que han pasado varios siglos, y que los países de América Latina
han logrado su independencia, la explotación minera y de hidrocarburos sigue estando en el
centro de los intereses de la geopolítica internacional y de las inversión extranjera en los
países de la región, que en el contexto internacional son considerados en vía de desarrollo.

Sin embargo, el acelerado ritmo de explotación de estos recursos ha invisibilizado la


complejidad y las afectaciones socioambientales que conlleva esta práctica. Los Estados,
mediante prácticas gubernamentales han buscado garantizar a todo lugar el ejercicio de la
actividad minera sin darle mayor importancia a la afectación ambiental que pueda causar,
pues se le considera como una actividad de la cual dependen otros campos de las
economías nacionales. Se considera entonces que con la explotación minera se aumenta la
inversión extranjera, se genera empleo, hay mayores ingresos económicos en el país y se
mejora el posicionamiento político importante a nivel mundial, llevando a lo ambiental a un
segundo plano.

Tanto la explotación mineroenergética de los recursos naturales como el conflicto armado


que ha vivido el país ha provocado cambios en los ecosistemas, en la calidad de vida y en el
uso de bienes colectivos, lo cual puede impactar negativamente en la producción agraria de
tipo campesina y en el consecuente abandono de las tierras (Centro Nacional de Memoria

64
Histórica, 2016). Este impacto se manifiesta en la desaparición de especies animales y en la
afectación de recursos hídricos, ya sea por la intervención de los nacimientos de agua, por
su contaminación o por el uso excesivo y apropiación del agua sobre el derecho de la
población a su consumo.

Es por ello que en las comunidades rurales ha venido tomando fuerza la aparición de
movimientos que buscan hacer frente a la afectación ambiental de la que es víctima la
población, generando tensiones al interior de los territorios. Estas tensiones han estado
marcadas principalmente por la disputa por la tierra y el agua entre pequeños campesinos e
indígenas frente a grandes empresas agroindustriales, petroleras y mineras, así como
aquellas que han estado involucradas en la construcción de grandes hidroeléctricas, que han
venido incursionando en varias regiones del país con mucha fuerza.

La defensa del territorio no ha estado orientada únicamente por el contrapeso que se ha


hecho a las políticas económicas, sino que desde las comunidades campesinas e indígenas
se han configurado movimientos por la defensa del agua, contra la construcción de grandes
hidroeléctricas como la de Ituango o el Quimbo, así como contra la exploración y
explotación de yacimientos de hidrocarburos en municipios como Cumarál. Los intereses
económicos alrededor de estos proyectos han causado incluso que líderes sociales y
pobladores que han defendido su territorio sean víctimas de acciones violentas por parte de
grupos al servicio de los intereses de ciertos poderes en el país.

En lo que tiene que ver con la minería y la defensa del territorio por parte de comunidades,
en el informe Tierras y conflictos rurales. Historia, políticas agrarias y protagonistas
(2016), se destacan movilizaciones que en los últimos años han actuado en contra de la
política minero-energética impulsada por el gobierno nacional, entre las que se encuentran:

• La Primera Jornada Nacional Defendamos la vida, frenemos la locomotora


minero-energética, que tuvo lugar en agosto de 2012.
• Las jornadas nacionales de los años 2010 y 2012 en defensa de los
territorios afectados por emprendimientos petrolíferos y represas.

65
• Las movilizaciones en defensa de los páramos de Santurbán y Pisba y de la
laguna de La Tota.
• El movimiento popular contra el proyecto aurífero de La Colosa, en el
Tolima.
• El movimiento guajiro contra el desvío de las aguas del río Ranchería por
la carbonera suiza Glencore y la International Colombia Resources
Corporation (Intercor).
• La oposición de caucanos y nariñenses a la explotación de las
multinacionales en sus territorios.
• Las protestas de la Unión Sindical Obrera de la industria petrolera (USO)
contra la explotación de las multinacionales en el piedemonte llanero, así
como del sindicato de la empresa contra la prórroga de la concesión que
retiene la mina de níquel de Cerrromatoso.
• Las huelgas de los trabajadores de El Cerrejón, agrupados en Sintracarbón.
• Las acciones campesinas a favor de la protección de los bosques y la
biodiversidad de la Orinoquia, amenazados por monocultivos industriales
de palma aceitera. (p.202)

En el caso de Boyacá, aunque las movilizaciones sociales de los últimos años han estado
direccionadas por los grupos de campesinos, que han acudido a paros agrarios para
defender su actividad económica frente a las dificultades expuestas anteriormente, el factor
minero energético no ha estado por fuera de la discusión regional alrededor de la afectación
ambiental y de los recursos naturales. Las actividades de carácter minero en el
departamento se ubican en algunas regiones como en occidente donde se desarrolla la
explotación minera de esmeraldas, y en el centro y norte donde hay un número significativo
de canteras y minas de carbón.

Esta última actividad ha motivado a disputas entre la comunidad que tradicionalmente ha


explotado de forma artesanal el carbón y empresas que con el respaldo de entidades
estatales mediante prácticas gubernamentales, han querido ingresar a la región para hacer
una explotación a mayor escala. En cuanto a la explotación de esmeralda, la disputa y la

66
tensión en el territorio ha sido una constante, principalmente hace algunas décadas cuando
se vivió una ola de violencia a raíz del conflicto entre diferentes actores por el poder sobre
los territorios para la explotación minera.

Haciendo énfasis en el contexto específico de esta investigación, la actividad minera en la


región del Valle de Tenza hace evidente, que las acciones de tipo macropolítico que
circulan en el sector rural no solamente están presentes en las relaciones de producción de
tipo agrario, sino que se manifiestan con políticas y proyectos orientados desde los entes
políticos y económicos del país, que con la excusa y el discurso instaurado como verdad de
dinamizar el campo colombiano incentivan la explotación de los recursos naturales
autorizando la ejecución de proyectos mineroenergéticos que incursionan con gran fuerza
en la región.

Aunque la región del Valle de Tenza no tiene una vocación netamente minera, sí alberga en
su territorio recursos mineros y energéticos que desde hace algunas décadas se han
convertido en un atractivo para empresas, que han promovido la implementación de
proyectos que viabilicen y promuevan su explotación. Aunque este tipo de proyectos han
estado direccionados en su mayor parte por empresas privadas, han contado con el aval y el
respaldo de las instituciones gubernamentales y los organismos ambientales regionales, que
las han respaldado otorgando las licencias para la explotación de los recursos.

Quizá el primer proyecto de este tipo en la región fue la construcción y apertura de la


Hidroeléctrica de Chivor, que inicialmente fue un proyecto del gobierno, financiado con
recursos públicos pero que finalmente fue adquirida por una empresa privada de carácter
transnacional. Este proyecto entró en funcionamiento a finales de la década de 1970, y
cobija la jurisdicción de tres municipios: Macanál, Santa María y Chivor, se alimenta de las
fuentes hídricas de los ríos Tibaná, Garagoa, Somondóco, La Guaya y Súnuba.

El proyecto siempre se ha mostrado a la población como una fuente de empleo y un


dinamizador de la economía de la región, convirtiendo al discurso en un elemento
importante a la hora de direccionar las decisiones de tipo macropolíticas que desde las

67
instituciones locales y nacionales se toman, y evitar así al máximo las manifestaciones
sociales o acciones que desde la micropolítica pueden surgir en contra de estos proyectos.

A pesar de ello, la población de la región argumenta que la construcción y la puesta en


funcionamiento de la hidoreléctrica, cambió las condiciones climáticas y las características
del territorio, afectando significativamente las actividades que tradicionalmente se
realizaban, en especial en lo que tiene que ver con la producción agraria de ciertos
productos. Al respecto, un campesino de la región señala lo siguiente:

La gente dice que la represa dañó el clima, que anteriormente se daban más cosas,
frutas sobre todo, naranja, chirimoya, plátano, hoy ya no se ve una mata de esas acá,
plátano sí, tal cualito. Cuando baja la represa sale mucho mosco y daña las matas. Yo
sí creo que fue la humedad de la represa la que dañó los árboles, y aunque eso es bien
abajo, por acá se siente cada vez más el frío. (Claudia Alfonso, habitante de la vereda
El Guamo del municipio de Sutatenza, Boyacá)

La afectación ambiental causada se incrementa con la aparición de nuevos proyectos de


explotación minera y de recursos naturales que han comenzado a aparecer en la región. Se
destaca así, la actividad minera alrededor de la explotación de piedra o la ubicación de
canteras cerca de la ronda del río Garagoa, lo que implica contaminación del agua,
deforestación y extinción de algunas especies cuya supervivencia depende de este hábitat.

Es por ello que la población del Valle de Tenza, en especial de los municipios del área de
influencia del proyecto minero, se ha organizado y movilizado en defensa del río, pues el
proyecto de explotación minera contempla la desviación del cauce natural del río para
extraer la piedra que hay en el lugar. Este movimiento se caracteriza por su heterogeneidad
en el tipo de población, pues hacen parte de él: campesinos, habitantes de la zona rural y
urbana, estudiantes, educadores, que en la búsqueda de la defensa de su territorio han
encontrado un escenario común en el que se reúnen multiplicidad de subjetividades, es lo
que Useche (2012) denomina micropolítica de las resistencias en perspectiva de la defensa
del territorio y en contra de lo que se podría denominar acciones gubernamentales de tipo
macropolítico implementadas desde el Gobierno, avalando un proyecto de interés privado.

68
4.3. El campesino del Valle de Tenza y la nueva ruralidad: subjetividades en
resistencia

Si se hace una paralelo entre lo que era el campesino de la zona rural hace unas décadas y
lo que es actualmente, se encuentran diferencias muy marcadas, en especial en lo que tiene
que ver con las prácticas que a diario desarrollan, en sus actividades laborales, en la forma
de vestir, de actuar, del lenguaje que utilizan, pero sobre todo en el acceso a diferentes
medios y nuevas tecnologías, que les permite tener un campo de visión más amplia acerca
de lo que pasa fuera de su territorio y estar en contacto de una forma más fácil con
familiares u otras personas que se encuentran en la ciudad.

La emergencia de nuevas prácticas sociales relacionadas con la comunicación, la aparición


y apropiación de los teléfonos inteligentes por parte de los habitantes de las zonas rurales,
así como el acceso a Internet y nuevas tecnologías, entre otros fenómenos, permiten hablar
de nuevos escenarios de ruralidad, que le da elementos a la concepción que se tiene
actualmente del campesino y de las actividades que desarrolla en el contexto rural, ya no se
le considera como un sujeto aislado de los entornos urbanos que se dedica exclusivamente a
la agricultura y la ganadería, hoy es un actor más cercano a los contextos urbanos, y cuyas
acciones responden a lo que Manuel Castells (1999) denomina la Era de la información

La nueva ruralidad es asumida como una perspectiva que va más allá de la relación urbano–
rural, en esta nueva visión, lo rural se concibe o se define a partir de sus características y
elementos culturales que predominan en la actualidad. Por ejemplo, en el caso de la región
del Valle de Tenza, la nueva ruralidad se puede definir a partir del cambio cultural que ha
tenido la comunidad en los últimos años, en donde se ha visto la aparición de prácticas
culturales que tradicionalmente estaban relacionadas con el contexto urbano, ya sea medios
de comunicación, de transporte, de producción, gracias en gran parte a nuevos canales que
facilitan la circulación de la información en los contextos rurales, y como lo expresan los
habitantes de la zona rural:

Yo tengo familia en Bogotá, en Tunja, otros en Garagoa, somos bastantes. En la


vereda tengo primos y tíos, en la vereda de Ciénega también. Con los que están en

69
Garagoa nos vemos por ahí los domingos cuando bajo al pueblo a hacer mercado, con
los de Bogotá, sí toca por celular, eso me llaman por ahí una vez a la semana, los dos
hermanos que tengo allá vendieron la herencia que tenían acá y se fueron, ya casi no
vienen, desde el año pasado no vienen a visitarme. (Inés Cárdenas, habitante de la
vereda Guanica del municipio de Garagoa, Boyacá)

Esto permite ver cómo los medios de comunicación han jugado un papel importante en la
configuración de nuevas manifestaciones de lo rural, pero a su vez sacan a la luz un
fenómeno que ha venido aumentando en los últimos años, como lo es el de la migración
rural, que lleva a que los campesinos se adapten a los nuevas herramientas tecnológicas
para mantener así los vínculos familiares y sociales, sin embargo, el impacto de este
fenómeno se hace evidente en la reducción en las relaciones de vecinazgo y en la
perspectiva que tienen los jóvenes en el sector rural, que cada vez tienden a salir de su
contexto en busca de estabilidad en la ciudad, mientras que el campo, en el caso del Valle
de Tenza, ha sido re habitado por nuevos propietarios rurales, para quienes la vida en este
entorno va más allá de la dedicación completa a la agricultura, muchos de ellos destinan sus
predios a fincas de descanso y recreo, en las que la actividad agraria pasa a un segundo
plano.

En la región es muy común ver que los habitantes de la zona rural cuidan o administran
fincas a propietarios que viven en las zonas urbanas.

Yo por ejemplo le sirvo de administrador a la finca del profesor Eliécer Salcedo, mi


tarea es ir y darme una vuelta, ver que no hayan entrado por ahí a hacer males, la
mujer va en las mañanas y le echa de comer a dos vaquitas que tiene el profesor, por
ahí al mes me reconoce algo, no es mucho pero es una platica que sirve para comprar
la cebolla o una librita de carne. (Luis Moreno, habitante de la vereda Guanica del
municipio de Garagoa, Boyacá)

Lo anterior va unido a lo que se mencionaba en relación a las nuevas prácticas laborales,


que se han ido manifestando mediante la relación obrero–patrón o empleado–empleador. El
obrero rural contemporáneo es un personaje cuyas prácticas provocan una reconfiguración
la relación del ser humano con la tierra, en el marco de lo que se podría considerar como

70
una reconfiguración del territorio. Pero ¿cómo resiste la población rural ante la emergencia
de estos nuevos fenómenos que buscan reorientar todas sus prácticas tradicionales
alrededor de sus actividades y su relación con el territorio? Aunque por momentos
pareciera que el campesino simplemente es víctima de todo un proceso de modernización
del campo en perspectiva del modelo de desarrollo como verdad, hay líneas de fuga que
evidencian el papel de la subjetividad que se manifiesta en resistencia frente a las acciones
de tipo macropolítico.

Autores como Foucault y Negri dan una importancia preponderante a las subjetividades que
circulan en un escenario de poder, un ejercicio que hace parte de las relaciones biopolíticas,
en donde, además de existir un control y poder sobre la vida, se evidencia un ejercicio de
construcción de subjetividades.

Las grandes potencias industriales y financieras producen, de este modo, no solo


mercancías, sino también subjetividades. Producen subjetividades agénticas en el
marco del contexto biopolítico: necesidades, relaciones sociales, cuerpos y espíritus;
lo que quiere decir que producen productores. En la esfera biopolítica, la vida es
destinada a trabajar para la producción, y la producción a trabajar para la vida. (Hard y
Negri, 2000, p.22)

Al llevar esta apreciación al contexto rural del Valle de Tenza, se observa que por allí
circulan múltiples subjetividades, actores con diferentes roles, que se manifiestan en
resistencia frente a lo que desde afuera se quiere reproducir en su entorno. Si bien es cierto
que los contextos rurales contemporáneos están cada vez más permeados por prácticas y
elementos culturales provenientes de los entornos urbanos, los habitantes rurales aún
conservan prácticas tradicionales que se manifiestan en la cotidianidad y que resisten a las
nuevas técnicas de producción que han incursionado con los avances tecnológicos
alrededor de las actividades agrarias, en tensión con lo que tradicionalmente se usa.

El campesino se mueve entonces en una perspectiva de nueva ruralidad, que como lo


describían Pérez, Farah & De Grammont (2005), se encuentra inmerso en un escenario que
ya no es del todo antagónico con el contexto urbano. La inserción de medios de

71
comunicación y la implementación de máquinas y tecnologías en sus actividades han hecho
que el campesino contemporáneo conjugue elementos tradicionales que le han sido
heredados, con prácticas orientadas desde afuera como discurso de verdad.

Esta situación se puede entender desde el enfoque metodológico de Deleuze como una
reconfiguración de las relaciones entre lo rural y lo urbano, basada en la multiplicidad y en
la heterogeneidad que nace en la ruptura del orden legitimado, y es precisamente en estas
fisuras donde nacen las alternativas al desarrollo, pues es importante precisas que el acto de
resistencia no consiste solamente en la defensa de lo propio y lo tradicional, sino que
implica la construcción de alternativas al modelo de desarrollo, avocando precisamente a
esa capacidad creativa que ejercen los sujetos en esa posición.

En el caso del Valle de Tenza, esas alternativas al modelo de desarrollo nacen en un


escenario donde la vida pasa a un primer plano a partir de una defensa del territorio
centrada en la valoración de la biosfera, la protección del ambiente, el cuidado de las
especies animales y vegetales. Estas nuevas relaciones van más allá de la tensión entre lo
novedoso y lo tradicional, y se manifiestan en discursos emergentes que circulan en la
población, especialmente en jóvenes y niños, alrededor de las prácticas orientadas por el
modelo de desarrollo, las cuales son objeto de una crítica que termina generando nuevas
perspectivas del mundo y de la vida.

72
5. EL TERRITORIO EN LA ZONA RURAL DEL VALLE DE TENZA:
CONFIGURACIÓN Y RECONFIGURACIÓN

Como se ha mencionado hasta el momento, los nuevos escenarios de ruralidad evidencian


un contexto en el que las relaciones económicas y las dinámicas propias del modelo de
desarrollo han incidido en las formas de producción y en el rol que cumple el campesino en
la actualidad, modificando no solo sus prácticas sino su relación con el territorio que habita.
Por eso, un estudio sobre la influencia del desarrollo en el contexto de la ruralidad implica
preguntar por el territorio, ¿cómo construye socialmente el territorio la población rural a
partir del vínculo con la tierra, las prácticas culturales y la relación de los pobladores
rurales con el contexto urbano?, que permita un análisis del espacio que habita la población
rural, no desde una perspectiva netamente física sino como una construcción social.

En este capítulo se hace un estudio de la construcción social del territorio, partiendo de una
contextualización en la que interviene la relación del ser humano con la tierra, las prácticas
culturales alrededor del territorio y la concepción que se tiene de él y de las actividades que
se desarrollan en la ruralidad en relación al contexto urbano, lo cual brinda los insumos
suficientes para el análisis en el que se tenga en cuenta la influencia de las dinámicas
propias del modelo de desarrollo en el contexto rural.

5.1. La relación actual de la población rural con la tierra

El Valle de Tenza es una región ubicada en el suroriente del departamento de Boyacá, tiene
un clima que oscila entre los 5ºc en las partes más altas y 25ºc en las más bajas. La relación
del ser humano con la tierra está mediada principalmente por el trabajo agrícola,
representado en el cultivo de productos como frijol, alverja, maíz, lulo, tomate, yuca, caña
de azúcar, hortalizas, entre otros. En las zonas rurales de esta región predominan parcelas
de pequeños propietarios dedicados a las tareas agrícolas y pecuarias. Por sus
características geográficas, al ser un terreno montañoso no se ven grandes extensiones de
tierra dedicados al cultivo de un solo producto o al cuidado de ganado en grandes
cantidades.

73
La denominación de relación del ser humano con la tierra, de por sí ya apunta a un análisis
en el que intervienen, por un lado los elementos fijos que se encuentran en un espacio, en
relación a las acciones que el ser humano desarrolla en él, y que de cierta manera
determinan la configuración del territorio. Esto responde a lo que plantea Milton Santos,
quien señala que “la configuración territorial está determinada por el conjunto formado por
los sistemas naturales existentes en un país o en un área dada y por los agregados que los
hombres han sobrepuesto a esos sistemas naturales” (2000, p.54). Al llevar esto a la
configuración del territorio en la zona rural del Valle de Tenza encontramos en la
agricultura un configurador del territorio, pues intervienen los elementos fijos como la
tierra y las acciones humanas desarrolladas en ella, como lo señala uno de sus habitantes:

Yo me dedico por ahí a la agricultura y a cuidar unos animales, aunque la salud ya no


da para sembrar y hacer lo que se podía hacer antes, mis hijos me ayudan porque no
logré una pensión, siempre trabajé por acá en lo que saliera en la vereda, ya tampoco
me presto para una obreranza, eso no hay salud, siembro mis maticas y tengo por ahí
para el gasto, siembro fríjol y el maíz para hacer la arepa. (Efraín Bernal, habitante de
la vereda El guamo, del municipio de Sutatenza, Boyacá, 27 de diciembre de 2016)

Además de la agricultura y la ganadería, en esta región han venido apareciendo en los


últimos años otras actividades que igualmente redefinen el territorio, como la minería
basada en un discurso de verdad alrededor de la necesidad de la explotación de recursos
para lograr el desarrollo de la sociedad. En lo que tiene que ver con la minería, en la región
se encuentran principalmente, canteras para la extracción de piedra, que han ocupado
terrenos que anteriormente eran destinados para la agricultura o para el aprovechamiento de
los recursos naturales, como algunas fuentes hídricas que han sido intervenidas físicamente
para el aprovechamiento minero. Esto implica una reconfiguración del territorio, pues el
uso de la tierra cambia y la perspectiva que tiene el habitante rural respecto al espacio que
habita ya no está en función de la agricultura, de la cual tenía un aprovechamiento propio
sino que pasa a ser la minería, en una relación más de tipo laboral con un beneficio para un
tercero, que es la empresa que explota el territorio.

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Se dice que hay una reconfiguración del territorio como consecuencia del cambio en los
flujos y en los movimientos sociales producto de nuevas formas de producción, pues como
lo señala Santos,

El espacio es un conjunto de fijos y flujos. Los elementos fijos, fijados en cada lugar
permiten acciones que modifican el propio lugar, los flujos nuevos o renovados que
recrean las condiciones ambientales y las condiciones sociales, y redefinen el lugar.
Los flujos son un resultado directo o indirecto de las acciones y atraviesan o se
instalan en los fijos, modificando su significación y su valor, al mismo tiempo que
ellos también se modifican. (2000, p.53)

Otro elemento que influye en la configuración del territorio se encuentra en la forma en que
se concibe la propiedad en la zona rural, en donde espacialmente se establecen unos límites
y se crea un vínculo especial entre el ser humano y la tierra que habita. Por ejemplo, en esta
región prima la propiedad a partir de herencias o pequeños predios adquiridos
comercialmente:

Para uno tener algo en la vida toca bregar harto, hay mucha gente que ha surgido de la
nada, trabajando y sufriendo, y muchas herencias, como la que me dejó mi mamá y
otro pedazo que me tocó por mi papá, dicen que vale una plata, pero yo no la vendo en
esa tierra se da la yuca, la caña, arracacha, ya casi no tengo salud para ir, pero toca no
dejarla descuidar, antes iba seguido, me echaba 20 minutos caminando, hoy me gasto
por ahí una hora y eso. Mientras pueda ir no la vendo. (Inés Cárdenas, habitante de la
vereda Guanica del municipio de Garagoa, Boyacá)

A mí me dejaron por herencia este pedacito donde estoy ahora, y otro que está arriba
en el Páramo, yo me quedé acá porque arriba hace mucho frío y eso siempre lo
enferma a uno, este pedacito vale más, aunque arriba es más harto pedazo, lo que pasa
es que acá por lo que es más cerca al pueblo y a orilla de carretera hacen valer la
tierra. Arriba tengo dos becerros con buen pasto y acá tengo un ternero y una vaquita
para la leche y la cuajada. (Luis Moreno, habitante de la vereda Guanica del municipio
de Garagoa, Boyacá)

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En esta apropiación del territorio influyen características de tipo familiar, lo cual crea un
vínculo afectivo hacia la tierra que provee a los campesinos de alimento y de ingresos
económicos, y que permite hablar de una relación simbólica con la tierra, pues tal como lo
señala Santos (2000), “la ley, la costumbre, la familia terminan por conducir o por
relacionarse con un tipo de organización geográfica. La propiedad es un buen ejemplo
porque es, al mismo tiempo, una forma jurídica y una forma espacial” (p.60). Y es que este
autor señala que el territorio se configura a partir de tres órdenes: jurídico, técnico y
simbólico, y aunque lo relaciona con uno de estos órdenes, la forma en que los campesinos
de la zona rural del Valle de Tenza asumen la propiedad puede relacionársele también con
un orden simbólico.

Otra característica del territorio rural en esta región es que los campesinos conviven con
medianos propietarios no necesariamente habitantes del espacio rural, que por lo general
destinan sus predios al monocultivo con fines netamente comerciales, empleando al
habitante rural y propiciando una reconfigurando en el vínculo de estas personas con la
tierra. En esta lógica el campesino pasa a ser un empleado rural que trabaja para un
propietario, quien es el que obtiene los mayores ingresos por el uso de la tierra.

De igual manera, en aquellos predios destinados a la explotación minera y que han tenido
un incremento considerable en los últimos años, el vínculo con la tierra, de las personas que
trabajan en las canteras o en las zonas de explotación es totalmente diferente, comenzando
porque muchas de ellas no son habitantes rurales sino urbanos y los que son habitantes
rurales establecen un vínculo cuyo valor está enfocado en la obtención de un salario. Ya no
es productora de alimentos sino escenario de la actividad minera de carácter extractivo y no
productivo para ellos.

Volviendo sobre la agricultura en el sector del Valle de Tenza, es importante resaltar el


origen de esta relación, que es principalmente de carácter indígena, como lo relató en su
momento el cronista Fray Pedro Simón, al describir las actividades a las que se dedicaban
los indígenas chibchas que habitaban esta región:

76
Y así han sido siempre grandes labradores de maíz, yuca, batatas, arracachas,
xequineas, turmas, cubios y otras raíces. Y en especial lo eran de algodón en las tierras
que alcanzaban calientes, que eran todas las circunvecinas a las espaldas de las
serranías que cercan esos valles del reino. Porque aunque por todas partes estaban
cercados de enemigos, a punta de lanza defendían las labranzas que tenían en tierras
calientes, de frutas, raíces y algodón, que se dan en las frías. (Martínez, 2005, p.43)

Y es que el vínculo con la tierra es orientado en gran parte por el conocimiento ancestral y
tradicional que tienen los campesinos acerca del tratamiento que se le debe dar a la tierra,
esto les ha permitido la implementación de una serie de técnicas de agricultura, centradas
principalmente en la preparación de la tierra para las siembras y el manejo de los cultivos
de acuerdo al clima. Incluso, algunos campesinos tienen en cuenta las fases de la luna para
realizar sus actividades, en especial la siembra de semillas y la recolección de la cosecha.
Los campesinos conocen las plantas, la tierra en que las siembran, y de acuerdo a ello son
tratados los cultivos, lo que les permite tener un mejor rendimiento de los productos que
siembran.

Sin embargo a pesar del manejo tradicional que los campesinos de la región le han dado a
la tierra, la variación climática que se ha vivido en los últimos años, la aparición de plagas
en los cultivos y la consecuente utilización de agroquímicos, han provocado que algunos
habitantes de las zonas rurales comiencen a hablar de la baja productividad de la tierra.
Según los campesinos, el estado del suelo se ha deteriorado y actualmente se evidencia
infertilidad de algunos predios en los que anteriormente cultivaba y cosechaba una variedad
más amplia de productos, principalmente frutas, que hoy ya no se dan en la región.

Eso la papa ya casi no se da, se hiela toda por el tiempo, eso apenas sale una neblina
bajita se tira todo el cultivo, el remedio es fumigarlo. Los venenos pueden perjudicarlo
a uno, toca es cuidarse, anteriormente tenían la costumbre de revolver los fungicidas
en una olla, con la misma mano, eso era muy peligroso, se entra el veneno por los
poros, pero pues toca echarle veneno a los cultivos o si no se va todo en mata y no se
da nada o se pierde. (Ricardo Silva, habitante de la vereda de Resguardo del municipio
de Garagoa, Boyacá)

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A pesar de ello, la agricultura sigue siendo una de las principales actividades que
desarrollan los pobladores de la zona rural del Valle de Tenza, quienes han sabido variar
sus productos de acuerdo a las características del clima y de la tierra. Por ejemplo en los
últimos años, han aumentado los cultivos y la producción de café, así como el cultivo de
frutas como el lulo, que se da principalmente en zonas de clima frío y que anteriormente no
se producían en esta región, lo que demuestra una relación fuerte de los campesinos con la
tierra, pues a pesar de las medianas y grandes extensiones de tierra que han surgido en la
región en los últimos años, la siguen concibiendo como fuente de vida y subsistencia,
acercándose a la idea de biodesarrollo, en la que se busca, entre otras cosas, activar o
reactivar la importancia de la vida y la biosfera en las actividades humanas.

Lo anterior evidencia la existencia de unos saberes que circulan en la región y de donde se


parte para hacer frente al discurso de verdad que se reproduce en el modelo de desarrollo.
Sin embargo es importante precisar que esta tensión entre el saber propio de los campesinos
y los discursos alrededor de la tecnificación de la producción no busca establecer alguno de
ellos como verdad, sino que es allí, en medio de esas relaciones, donde nace la idea de
producción agrícola más limpia y amigable con el ambiente. No se puede argumentar como
necesidad el volver a lo netamente tradicional en la producción, pues es evidente que allí
también hay dificultades y afectaciones ambientales, sino que lo que se busca es generar
nuevas perspectivas acerca de lo que es la actividad agraria, de las afectaciones que tiene su
práctica y de la importancia de lograr una producción más práctica para el trabajador rural
sin afectar significativamente la biosfera y el territorio en el que se desarrolla.

Estas nuevas relaciones permiten hablar de un arraigo del ser humano hacia la tierra, que se
expresa en el significado que los habitantes de la zona rural le han dado al lugar que los
rodea y del cual subsisten. Para un campesino de esta región es muy difícil dejar el lugar en
el que ha vivido siempre, en medio de una realidad económica y social que ha obligado a
jóvenes y adultos a migrar de sus territorios en busca de una mejor forma de vida en los
centros urbanos cercanos o en ciudades como Bogotá o Tunja. Mientras que en el campo se
quedan los adultos mayores que tradicionalmente han habitado este lugar.

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Acá estoy amañado, por el momento no he pensado irme, pero sí me gustaría como ir
a probar por allá a la ciudad, a ver cómo me va, en Bogotá tengo dos hermanos y les
ha ido bien, tienen un negocito y ahí van, me han dicho que me vaya, pero soy como
temeroso, esperar a ver, cuando el patrón se aburra de mí o se acabe el trabajo por acá,
de pronto arranco para allá. (Ricardo Silva, habitante de la vereda de Resguardo del
municipio de Garagoa, Boyacá)

Este fenómeno se puede relacionar con la idea de territorialización – desterritorialización -


reterritorialización, y responde a lo que señala Deleuze y Guatari (2010) respecto a estos
dos fenómenos:

El territorio se puede desterritorializar, esto es abrirse, en líneas de fuga y así salir de


su curso y se destruye, la especie humana está sumergida en un inmenso movimiento
de desterritorialización, en el sentido de que sus territorios ‘originales’ se rompen
ininterrumpidamente con la división social del trabajo, con la acción de los dioses
universales que ultrapasan las tablas de la tribu y la etnia, con los sistemas maquínicos
que llevan a atravesar, cada vez más rápidamente, las estratificaciones materiales y
mentales. (Guatarri y Rolnik, 1996, p.323)

Se observa entonces que con la disminución de la población rural de esta región en los
últimos años se genera una resignificación del territorio ante nuevos actores y nuevas
actividades que toman escenario en él. Muchos de ellos, habitantes de la zona urbana que
adquieren los predios rurales que han dejado los campesinos y los destinan como fincas de
descanso o cambiando el uso del suelo que tradicionalmente era agrícola.

En cuanto al modelo de desarrollo, la relación del ser humano con la tierra en la región del
Valle de Tenza se acerca a la idea del aprovechamiento económico y la forma en que el
espacio es habitado en función de las actividades de la agricultura, la ganadería y demás.
De igual manera lo económico alrededor de la tierra ejerce una fuerte influencia en cuanto a
las dinámicas demográficas que tienen lugar en el territorio, por ejemplo la migración
puede considerarse como una consecuencia de dificultades de orden económico alrededor
de las actividades agrarias que se desarrollan en el sector rural, que ante la puesta en

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marcha del modelo de desarrollo ha hecho inviable la actividad agraria bajo las técnicas que
tradicionalmente se habían heredado.

La desventaja que tiene el sector rural del Valle de Tenza y de gran parte del país frente a la
producción agraria a nivel internacional tiene que ver con la forma en que se desarrolla esta
actividad, pues la tecnificación de los medios de producción es menor frente a lo que se
viene implementando en las grandes empresas agrícolas, y junto a los tratados del libre
comercio como características del discurso del modelo de desarrollo, dejan inviable la
comercialización de la producción de los habitantes de estas zonas rurales, acercándose a la
idea de configuración del territorio desde un orden técnico, señalado por Santos (2000), y
que tiene que ver con las acciones y la forma en que se da la relación del ser humano con la
tierra.

5.2. Construcción social del territorio a partir de las manifestaciones culturales como
orden simbólico

En el análisis de la construcción social del territorio el orden de lo simbólico juega un papel


importante, especialmente las manifestaciones relacionadas con la cultura de la población,
que en el caso del Valle de Tenza está cargada de afectos, significados y representaciones.
Como lo señala Santos (2000), al referirse a la configuración del territorio:

Existirían, pues, paralelamente, esos tres órdenes: el orden de la forma técnica, el orden
de la forma jurídica y el orden de lo simbólico. Lo cotidiano se realiza mediante estos
tres órdenes. Pero si, por un lado, el orden técnico y el orden de la norma se imponen
como datos, por otro lado, la fuerza de la transformación y cambio, la sorpresa y el
rechazo del pasado, vienen del actuar simbólico, donde lo importante está en la
afectividad, en los modelos de significación y representación. (Santos, 2000, p.66)

En el caso del Valle de Tenza, el ser humano y su relación con el territorio que habita, está
determinada por un conjunto de elementos simbólicos en el que intervienen prácticas de
tipo religioso y social. En cuanto a lo religioso, es una población con una fuerte influencia
por la religión cristiana católica, cuyo origen se remonta a la época de la colonia, cuando se
llevó a cabo todo un proceso de evangelización. La población ha interiorizado estas

80
creencias que han sido transmitidas generacionalmente como una cuestión del saber-poder,
pues más allá de fomentar una creencia, intervienen en las prácticas cotidianas de las
personas, en sus formas de vida y en las relaciones internas de la comunidad, y que en la
actualidad aún son determinantes en las actividades de la población.

Eso no faltan por ahí las otras religiones que tratan de convencerlo a uno, pero la
mayoría seguimos siendo católicos. A la misa si a veces voy al pueblo los domingos,
pero cuando no se puede, pues no, o a veces viene el padrecito a la vereda a dar la
misa. (Claudia Alfonso, habitante de la vereda El Guamo del municipio de Sutatenza,
Boyacá)

La creencia envuelve una serie de prácticas interiorizadas, como asistir a eucaristía todos
los domingos, celebrar las fiestas patronales y venerar a diferentes santos, a quienes
encomiendan sus actividades diarias, incluyendo sus cultivos. Muestra de ello es la fiesta
que anualmente celebran en honor a San Isidro Labrador, a la que los campesinos asisten
llevando parte de sus cosechas, que son entregadas a la parroquia, como una acción de
gracias por lo producido en el último año.

Yo voy a misa todos los domingos, pero sí se ve menos pueblo en la iglesia, pero es
que ya no hay juventud ni gente por acá en el campo, la gente ya no va a misa, los que
vamos somos los antiguos que todavía tenemos esa tradición. (Efraín Bernal, habitante
de la zona rural del municipio de Sutanteza, Boyacá, vereda Ovejeras)

Aunque la influencia de la religión en las prácticas culturales es evidente, se puede


considerar que la cultura de la población de la región del Valle de Tenza tiene influencia
tanto cristiana como indígena, debido a sus orígenes, y que es reseñada en los libros de
historia y en una serie de mitos, leyendas y personajes, que circulan en la región y que
identifican a sus pobladores. En algunas de ellas hay una relación con el espacio físico que
habitan, como las montañas y ríos que circundan el municipio, por ejemplo la “Leyenda de
Mamapacha” en el municipio de Garagoa, en la que se resalta la relación entre el cerro que,
el río que baja de él y el municipio que está ubicado en la falda de esta montaña.

81
Cuenta la leyenda que en el Cerro de Mamapacha, uno de los más imponentes de la
región y más próximo al municipio, habitaba una familia de mohanes gobernados por
una señora de nombre Francisca, quien dominaba estas tierras. En tiempos de sequía,
ordenaba a los mohanes que fueran al pueblo y raptaran a la mujer más bella que
encontraran, esta era llevada al cerro y la sacrificaban en una ceremonia especial, de la
sangre que derramaba la joven nacían fuentes de agua, lo que dio origen a la Laguna
de Mundo Nuevo, ubicada en la parte alta de este cerro, y a las quebradas Quigua y La
Colorada, que precisamente tienen su nacimiento en este sector y que surten del
preciado líquido a los habitantes del municipio. (Niño, 2015, p.105)

De igual manera en algunos textos se relatan las historias de los campesinos acerca de
personajes que solían aparecer en las noches o durante su jornada de trabajo, como el de un
personaje llamado Cucacuy, del que se dice lo siguiente:

Las personas mayores de la vereda Bancos de Arada relatan que cuando hacían
moliendas sentían la presencia del Cucacuy, personaje mitológico. El Cucacuy es un
hombre viejo, corpulento, con una espesa y larga barba que cubre gran parte de su
cuerpo, tiene una larga uña con un hueco, la cual usa para emitir su silbido
característico, anda a caballo o en burro con el cuerpo hacía atrás, como anda
semidesnudo le agrada acercarse a la parrilla de los trapiches en época de molienda
para calentarse. (Avendaño, L.M. 2012, p.19)

Y es que, a pesar de que la población de la zona rural del Valle de Tenza, en su gran
mayoría es considerada como campesina, datos históricos permiten detallar que su origen
es indígena, y son estas particularidades, las que desde una perspectiva genealógica se
puede entender como una crítica e insubordinación a la verdad que desde lo religioso se
quiere imponer. Cuando llegaron los españoles a la región en busca de las esmeraldas
durante la época de la conquista, se encontraron con una población indígena de origen
chibcha, con sus propias formas de vida, creencias y prácticas culturales, que intentaron ser
eliminadas por los conquistadores y por quienes llegaron a la región a evangelizar. Es por
ello que se puede considerar que la cultura de la población del Valle de Tenza es producto
del sincretismo de la cultura indígena y española, mediada por las prácticas religiosas

82
establecidas durante la época de la colonia, y que se puede considerar contribuyen a la
configuración del territorio, pues como lo señala Haesbaert citado por Herner (2009),

El territorio envuelve siempre, al mismo tiempo…, una dimensión simbólica, cultural,


a través de una identidad territorial atribuida por los grupos sociales, como forma de
‘control simbólico’ sobre el espacio donde viven (siendo también por tanto una forma
de apropiación). (Haesbaert, 2004, p.93, citado por Herner, 2009, p.165)

De lo anterior se puede asumir que el territorio rural del Valle de Tenza está mediado por
dispositivos simbólicos y culturales que determinan su configuración y el vínculo que
existente entre la población y el espacio físico que habita, un dispositivo que permite la
apropiación del espacio por sus habitantes, así como su territorialización y
desterritorialización.

Además de los componentes culturales que circulan en la población, otro de los elementos
que le dan una carga simbólica al territorio, se encuentra en las prácticas sociales que hacen
parte de la cotidianidad de los habitantes y que tienen una carga cultural significativa, por
ejemplo los saberes que poseen los campesinos acerca de las actividades que realizan a
diario. De las visitas hechas a la zona rural del Valle de Tenza se pudo observar que los
habitantes comienzan su jornada haciendo una oración y encomendándose a algún santo
que para que los proteja durante el día.

Posteriormente salen a desarrollar las actividades propias del campo, ya sea estar pendiente
de los animales o trabajar en las parcelas de su propiedad o en jornadas de trabajo en
predios vecinos, mientras que la mayoría de las mujeres se quedan en sus casas dedicadas a
las labores del hogar. Igualmente es muy común que los domingos los campesinos acudan
al centro urbano de sus municipios, a cumplir con lo que ellos llaman un deber religioso
heredado de sus ancestros, así como a participar del día de mercado, ya sea ofreciendo sus
productos o comprando lo necesario para la semana.

83
Figura 1. Jornada de trabajo de los habitantes de la zona rural del Valle de Tenza

La jornada comienza muy temprano, aproximadamente a las 6:00 de la mañana,


para los habitantes de la zona rural, en una jornada laboral es importante
aprovechar la mañana antes que salga el sol con intensidad, pues como es tiempo
de verano, el calor en exceso afecta el ritmo de trabajo.
Entre 8:00 y 8:30 de la mañana se hace una pausa para que los “obreros”
desayunen, para ello, en la casa del dueño de la finca en la que se está trabajando
se prepara el desayuno y se les brinda a las personas que están participando de la
jornada laboral
Luego del desayuno se retoman las actividades hasta la hora del almuerzo, es
una jornada continua, sin embargo los campesinos hacen pausas para refrescarse,
para ello, toman guarapo, que ha sido preparado con miel de caña, agua y lo que
ellos denominan ‘cunchos’, que es lo que facilita su fermentación.
Mientras los obreros trabajan, hacen chistes y cuentan historias, anécdotas y
otros relatos que hacen más amena la jornada.
Al medio día hacen una pausa para el almuerzo, que al igual que el desayuno fue
preparado en la casa de la finca y es llevado al lugar de trabajo, los campesinos
almuerzan, descansan aproximadamente una hora y continúan el trabajo.
En la tarde avanzan en la jornada laboral y se hace evidente que el ritmo de
trabajo disminuye un poco, sin embargo los trabajadores amenizan sus
actividades, con charlas y pausas para tomar guarapo.
A las 4:00 de la tarde finaliza la jornada, luego del trabajo, ellos comparten un
poco, siguen contando sus historias y acabando el guarapo que les queda. Luego
se marchan a casa, un poco embriagados y cansados.

Fuente: elaboración propia a partir de los diarios de campo realizados durante las visitas a
la zona rural del municipio e Garagoa, Boyacá, diciembre de 2016.

La situación narrada en esta descripción se repite una y otra vez en las continuas jornadas
de trabajo y junto a las que desarrollan los campesinos en sus hogares o en otros contextos,
configuran una estructura simbólica y cultural que los caracteriza. Estas prácticas por lo
general son heredadas y se transmiten generacionalmente, sin embargo con la inserción y el
fácil acceso que tiene la población campesina a los medios de comunicación y a las nuevas
tecnologías, las prácticas culturales se han venido alimentando de nuevas formas de actuar
que anteriormente eran desconocidas para la población rural, como el uso de Internet y el
manejo de las redes sociales mediante dispositivos electrónicos que actualmente circulan
entre la población campesina.

84
Adicional a estos aspectos sociales, en los últimos años se le han sumado nuevos elementos
a la configuración cultural de la población campesina de esta región. Uno de ellos es la
influencia que ejerce la capital de la república: Bogotá, pues por su cercanía y por las
circunstancias sociales y económicas que han obligado a muchos de los habitantes de esta
región a migrar a esta ciudad o a la capital del departamento, hacen que la cultura del Valle
de Tenza tenga una fuerte influencia de la vida en la ciudad, sus prácticas culturales,
algunos dialectos y la expectativa de mejorar la situación económica que les brinda la vida
en la ciudad se convierten en fenotipos ideales para esta población.

Ante ello es inevitable no hacer alusión a los dispositivos de poder como elementos
configuradores de la cultura y el territorio en la región. Así como Santos (2000) señala que
las acciones alrededor de la configuración del territorio están mediadas por intenciones,
deseos, afectos de las personas que habitan estos espacios, también influyen elementos
externos que se puede considerar están orientados por intencionalidades y prácticas
gubernamentales ya sean de carácter institucional o económico, en función de actores que
están interesados en el aprovechamiento y la intervención de la tierra en esta región, y que
desde la perspectiva del gobierno de la vida se pueden entender como acciones de tipo
macropolítico que influyen en las forma de actuar de la población.

Tanto las tradiciones culturales y los saberes que circulan en la población rural permiten ver
que hay una fuerte relación del ser humano con el territorio, y a pesar de que se ha dado
apertura a elementos externos de carácter económico y orientados por el modelo de
desarrollo, para los habitantes de la zona rural, la tierra se sigue concibiendo como un
componente vital para la subsistencia humana. El análisis del tratamiento que el campesino
de esta región le da a la tierra en sus actividades de tipo agrario, lo acercan más a una
relación con el territorio en perspectiva de biodesarrollo, es decir orientada por
subjetividades de los habitantes rurales en resistencia a la inserción de nuevas prácticas
culturales y económicas mediadas por el desarrollo.

85
5.3. La apropiación del territorio a partir de la relación urbano-rural

La definición del contexto de la ruralidad en Colombia ha estado determinada


principalmente por la relación urbano-rural. Lo rural se suele definir en contraste con lo
urbano, lo que no es ciudad, lo que es campo, incidiendo no solo en la concepción del
espacio físico sino en el habitante rural, pues al campesino se le considera como una
persona en desventaja con la población urbana, al no tener acceso a la misma educación y a
otros servicios que se encuentran en los centros urbanos. Sin embargo, el análisis de la
configuración del territorio rural, que como se mencionó anteriormente está mediada por
elementos de orden jurídico, técnico o simbólico, facilita una definición propia del entorno
rural, conformada por objetos y acciones que se desarrollan en él, y que llevan a pensar que
esa relación urbano-rural está orientada principalmente por dispositivos de poder, con una
intencionalidad en la población rural y el espacio físico que habita.

En esta perspectiva es importante hacer alusión a autores como Deleuze y Guattari (2012),
quienes afirman que el territorio es un escenario de relaciones de poder, pero no
necesariamente de un poder represivo sino de un poder que puede ser constructivo,
mediado por agenciamientos que influyen en la desterritorialización y reterritorialización
del espacio. Al llevar esta afirmación al entorno rural del Valle de Tenza, se intuye que las
transformaciones que se han venido dando en los últimos años, en la población rural y sus
prácticas cotidianas, nuevas técnicas de agricultura y la inserción de elementos
tecnológicos, son producto de relaciones de poder que buscan hacer de los entornos rurales
y de su población actores en función de intereses de carácter institucional o económico.

Son varios los aspectos en los que el devenir y la concepción de la ruralidad han estado
determinados por la relación urbano-rural, entre ellos se encuentra lo político representado
en leyes y programas que desde el gobierno central se han impulsado en las zonas rurales.
Lo económico con la inserción de la agroindustria o de empresas que han variado las
actividades productivas y laborales de la población. Así como lo cultural y lo tecnológico
que influyen en las prácticas cotidianas de los habitantes y en la forma en que desarrollan

86
sus actividades laborales, impulsadas desde lo urbano por medios de comunicación o
dispositivos electrónicos que han hecho su aparición en los entornos rurales.

En lo que tiene que ver con lo político, la zona rural del Valle de Tenza ha sufrido el
abandono estatal. Sin embargo es importante resaltar que desde los centros de poder como
prácticas gubernamentales se han impulsado programas enfocados en la ruralidad,
especialmente en lo educativo, en donde las escuelas rurales han sido diseñadas a partir de
proyectos pedagógicos que formen ciudadanos bajo ciertas características, muestra de ello
es el modelo de Escuela Nueva implementado en las instituciones educativas rurales de esta
región, en el que los módulos que le son entregados a los docentes para llevar a cabo el
proceso educativo desconocen casi en su totalidad los saberes y prácticas culturales propias
de la población rural y están compuestos por saberes que se desea imponer.

Uno de los escenarios donde más se reflejan relaciones de poder-saber y en el que se


pueden analizar las acciones macropolíticas impulsadas en el contexto rural, es en la
escuela, como ese lugar por el que gran parte de la población ha pasado y del cual ha
apropiado conductas y prácticas sociales:

En la escuela yo escasitamente aprendí a leer porque mis años de escuela fueron muy
poquiticos, no fueron sino tres añitos de escuela. Me enseñaron a bordar, para hacer
las faldas bordadas, me enseñaron a hacer las suelas de las cotizas, pero eso era de
fique y a cortar y hacer camisitas. (Inés Cárdenas, habitante de la vereda Guanica del
municipio de Garagoa, Boyacá)

Yo hice toda la primaria y el básico, hasta noveno, allá en la Escuela de Naranjos, que
solo había hasta noveno, para acabar el bachillerato tocaba ir hasta el pueblo y no
había plata, por eso tocó solo la básica. (Claudia Alfonso, habitante de la zona rural
del municipio de Sutanteza, Boyacá, vereda El Guamo)

Yo hice la primaria nada más, acá en la Escuela de Resguardo, para el bachiller tocaba
ir al pueblo y me puse fue a trabajar, entonces no seguí, a los muchachos si toca
ponerlos a estudiar y hoy hay más ayudas, por ejemplo el municipio les paga
transporte para ir al pueblo a que estudien, eso les dan los útiles y todo, entonces ahora

87
los muchachos ya pueden hacer todo el bachillerato. (Eduardo Rojas, habitante de la
zona rural del municipio de Garagoa, Boyacá, vereda Resguardo)

En los relatos de la población se observa que a la escuela era necesario asistir, allí se
adquirían conocimientos básicos para la vida, como leer, escribir, contar, y en algunos
casos aprendizajes sobre un determinado oficios. Son prácticas orientadas a normalizar a la
población y que se acercan a la definición que plantean algunos autores acerca del territorio
como un espacio de relaciones de poder. Por ejemplo Nates (2011) señala que la geografía
social lo ha abordado como un escenario de poder, de gestión y de dominio del Estado de
individuos, de grupos y organizaciones y de empresas locales, nacionales y
multinacionales” (p.211), y que se hace evidente en la región del Valle de Tenza con
programas y proyectos educativos que buscan normalizar a la población en perspectiva de
una formación ciudadana que se convierta, ya sea en mano de obra especializada en
actividades agrarias al servicio de la agroindustria, mano de obra que cubra algunos oficios
en el sector urbano, y sobre todo ciudadanos o colectivos en los que la posibilidad de
emprender acciones de tipo micropolítico en resistencia sean cada vez menores.

Para tal fin, al lado de los programas de formación en el ámbito educativo están los
programas sociales encaminados a brindar ayuda económica a la población mediante
subsidios o entrega de mercados mensuales, canalizados a través del Sisben o de las
entidades de gobierno local. Respecto a los programas del gobierno en lo que tiene que ver
con salud y bienestar, algunos habitantes rurales expresan lo siguiente:

Para lo de salud, el Sisben, cuando uno se enferme o los muchachos se enfermen toca
ir hasta Guateque a que lo atiendan por el Sisben, y el mercadito que dan cada mes en
el pueblo, uno se inscribe y luego anuncian por la emisora cuando puede ir uno por el
mercado, eso es con el número de la cedula, no es mucho lo que dan pero ayuda.
(Claudia Alfonso, habitante de la zona rural del municipio de Sutanteza, Boyacá,
vereda El Guamo)

Yo estoy en el Sisben y cuando uno se enferma va al Hospital y lo atienden, a veces


no hay médicos y toca esperar, pero sí está el servicio ahí, a los muchachos es a los
que el gobierno les da, el estudio, los útiles, hay subsidios para las personas mayores,

88
mercaditos y una cosa y otra. (Eduardo Rojas, habitante de la zona rural del municipio
de Garagoa, Boyacá, vereda Resguardo)

De lo anterior se puede decir que la implementación de estos planes y programas en la


población rural busca atender lo inmediato, e incluso por ciertos momentos se reduce a la
garantía de los derechos que el gobierno central está obligado a cumplir y garantizar en sus
ciudadanos, sin desconocer la intencionalidad que hay detrás, que se puede acercar a una
idea de normalización de la población, concebidas como acciones de tipo macropolítico
orientadas a gobernar a la población rural.

Pasando al plano de la relación del habitante rural del Valle de Tenza con los entornos
urbanos, se evidencia que en la actualidad el acceso de la zona rural a la urbana no es muy
complicado gracias a medios de transporte como motocicletas o vehículos, que hacen que
sus habitantes estén en constante comunicación con el entorno urbano. Culturalmente, los
habitantes de la zona rural han interiorizado prácticas y otras actividades que anteriormente
no eran conocidas en sus entornos rurales, esto debido principalmente a la información que
reciben a través de las redes de comunicación o escenarios como la escuela, pues así como
en la zonas rurales aun funcionan instituciones de educación primaria, gran cantidad de
niños y jóvenes tienen que desplazarse diariamente a completar sus estudios de bachillerato
a los centros urbanos de los municipios.

Igualmente la relación del habitante rural con la zona urbana está determinada a partir de la
necesidad, además de acudir a los centros urbanos a cumplir con sus oficios religiosos, lo
hacen para adquirir víveres y otros productos que no es posible obtener de sus actividades
agrarias, como lo señalan algunos de sus pobladores:

Antes no íbamos al mercado en Garagoa porque no había carro. No había carretera, lo


primero. Lo segundo, no había movimiento, eso el pueblo era pequeñito. Otra cosa no
había hospital, porque tocó para hacer hospital mucho después, cargar chin y varas. A
la iglesia sí se iba, el padre ponía de penitencia llevar bejuco y fique rajado2, eso se

2
Anteriormente el bejuco y el fique rajado eran materiales que se utilizaban para la construcción, en este caso
se hace alusión a la construcción de una de las iglesias del municipio.

89
cortaba de ancho como un palmo y se ponía a secar y llevábamos esos manojos y
varas por esos barriales. (Inés Cárdenas, habitante de la vereda Guanica del municipio
de Garagoa, Boyacá)

Se va a Garagoa (centro urbano) a traer el mercadito, la sal, el arrocito. El maíz y la


yuca y la arracacha eso no se compra, por ahí tal cual recadito. Y a la Semana Santa, a
la santa misa es lo primero. (Luis Moreno, habitante de la vereda Guanica del
municipio de Garagoa, Boyacá)

Lo descrito hasta el momento permite evidenciar una relación urbano-rural que se acerca a
la idea de centro-periferia mediada por unas formas de dominación, en las que se incluye la
delimitación de lo rural y lo urbano, la demarcación de fronteras sociales entre lo rural y lo
urbano, así como políticas y relaciones económicas y culturales orientadas al control de la
población. En el centro hacen presencia las instituciones y los actores con poder sobre lo
económico, cultural y social y en la periferia rural la población objeto de dicha dominación,
un juego de relación micro y macropolítica.

De igual manera se hace evidente que en el contexto rural circulan prácticas culturales
orientadas por la religión, la educación, la cotidianidad del campesino, con una fuerte carga
simbólica, que ha sido reforzada desde instituciones sociales como la escuela, la iglesia, los
centros urbanos de gobierno y poder, en los cuales el Estado u otros organismos hacen
presencia con prácticas gubernamentales y discursos instituidos, y que por tanto es
inevitable no pensar que desde allí se direccionan conductas y formas de dominación en la
población rural, influyendo en la relación de la población con su territorio.

90
6. LA COMUNIDAD RURAL COMO ESCENARIO DE RESISTENCIA

Históricamente la población campesina de Colombia ha jugado un papel relevante en la


economía y la vida política y social del país, además de considerársele un grupo población
que desde su actividad agraria dinamiza la economía nacional, como movimiento social ha
estado presente en varios pasajes de la historia del país, en una búsqueda constante por la
reivindicación de sus derechos. De esta manera ha logrado concretar movilizaciones
sociales alrededor de la defensa del territorio, la propiedad de la tierra, y en contra de leyes,
normas y tratados comerciales, que en su momento los han afectado económica y
socialmente.

Ante este contexto de movilización social es importante preguntarse por la organización de


la población rural del Valle de Tenza: ¿cómo se organiza socialmente la población rural del
Valle de Tenza y qué manifestaciones de resistencia se generan frente a la afectación
económica y social del nuevo modelo de desarrollo?, teniendo como premisa que es una
población centrada en la agricultura como principal actividad económica, de una tradición
cultural conservadora y que ha sido testigo de la emergencia de varios fenómenos que han
alterado sus prácticas sociales, económicas y culturales.

Es por ello, que la defensa del territorio se ha convertido en un imperativo de la población


rural, que ve la necesidad de manifestarse ante las afectaciones ambientales provocadas por
los proyectos minero energéticos que se quieren desarrollar en la región, así como la
búsqueda constante por mejorar su producción agraria y los canales comerciales que le
permitan seguir teniendo a la agricultura como su principal actividad económica. Todo ello
como manifestaciones en perspectiva de resistencia y acciones de tipo micropolítico que se
desarrollan en este capítulo, que hacen parte de la crítica alrededor del modelos de
desarrollo que se ha insertado como discurso de verdad, y que permiten no solo hacer
contrapeso a las situaciones que los afectan, sino plantear alternativas para minimizar el
impacto del desarrollo, en defensa de la vida y desde un enfoque del biodesarrollo.

91
6.1. La defensa del territorio desde una perspectiva micropolítica

Desde la época de la conquista los pueblos originarios de América Latina han tenido que
afrontar constantes luchas por la defensa de su territorio, aparecen en la historia las luchas
indígenas en contra de la conquista e invasión española, el movimiento comunero de 1781
en Colombia o las luchas campesinas en el siglo XX. Sin embargo, en el caso particular del
Valle de Tenza, la disputa o la apropiación del territorio no ha sido producto de la
movilización social o de acciones de tipo violento, los actuales propietarios han adquirido
sus predios de una forma legal a través de la comercialización o como producto de
donaciones o herencias dejadas por sus antiguos propietarios.

Al hacer un recuento histórico de la apropiación y la defensa de la tierra en esta región,


algunos historiadores señalan que inicialmente no fue belicosa, pues en el primer encuentro
entre los españoles y los chibchas no hubo violencia y a pesar de que se les consideraba
como unos visitantes incomodos, algunos caciques ofrecían atenciones y guías a los
españoles en la búsqueda de minerales y tesoros. “Fue el deseo de conseguir oro y el afán
de descubrir las minas de esmeraldas, junto con la ilusión de encontrar los Llanos, en los
que la imaginación española situaba El Dorado, lo que impulsó el pronto descubrimiento de
la comarca del Valle de Tenza” (Silva, 2005, p.248).

Sin embargo, ya situados en la región y ante la posesión que hacían los españoles de las
tierras que hasta ahora eran controladas por los indígenas, la violencia tomó lugar y se
dieron significativos enfrentamientos bélicos entre españoles e indígenas que terminaron
menguando a la población indígena y generando la apropiación de la tierra por los
españoles, que bajo la figura de encomiendas controlaron estos territorios durante décadas.

Aunque no era una tribu belicosa, algunos conquistadores españoles cometieron


excesos que fueron respondidos con rebeliones que a la postre terminaron en
sangrientos sucesos (…) Estas rebeliones eran fuertemente reprimidas por los
españoles y generalmente se devastaba un buen número de indígenas. La arremetida
contra los caciques e indios principales y las enfermedades epidémicas impactaron
directamente en el derrumbe de la población aborigen. (Leguizamón, 2005, pp.62, 63)

92
Los actuales propietarios señalan, que anteriormente estos predios eran controlados por
grandes hacendados a quienes les servían como trabajadores o aparceros, y en el caso de
Garagoa Boyacá, el principal municipio del Valle de Tenza, “la mayoría de hacendados y
sus descendientes fueron muriendo, vendieron a los aparceros o cedieron sus tierras a los
más necesitados que les servían para mantenerlas, en parte debido a la aplicación de la ley
200 de 1936 (primer intento serio de reforma agraria en Colombia)” (Monsalve, 2006,
p.47). Así las tierras quedaron en su mayoría en manos de sus propietarios actuales o de sus
familias a quienes les heredaron los predios.

Actualmente no se viven estas disputas por la posesión de la tierra, hoy la defensa del
territorio se centra en una lucha por evitar que nuevos actores representados en las
instituciones y las empresas agroindustriales y mineras incursionen en sus predios, no con
el ánimo de despojarlos, sino con la intención de cambiar la vocación del uso de la tierra,
bajo un discurso centrado en el desarrollo como paradigma, sustituyendo la agricultura por
la minería, con serias consecuencias de tipo ambiental, que además de alterar las formas de
vida de los habitantes rurales, contribuye a la desaparición de recursos naturales y de
algunas especies animales de la región.

En el caso de Boyacá, los espacios de resistencia se han congregado alrededor de los paros
agrarios y campesinos que se han sentido con gran intensidad en esta parte del país, y que
de cierta manera han buscado hacerle frente a las políticas gubernamentales en las que se
han visto involucrados y afectados los campesinos. El más reciente paro agrario se vivió en
2014, una movilización social en el que se pretendía ejercer presión en el gobierno para que
se implementaran medidas que permitieran mejorar las condiciones de vida de los
campesinos y sus actividades agrícolas y económicas.

La región del Valle de Tenza no ha sido ajena a estos espacios de resistencia y allí se han
vivido los últimos paros, agrario y camionero, y a pesar de que ha sido coyuntural, se han
configurado movimientos alrededor de la defensa de su actividad agraria, una mayor
atención por parte del Gobierno Nacional hacia una población que ha sido afectada por los
tratados de libre comercio y por las políticas que en el país se han venido presentando como

93
necesarias para lo que el Estado denomina como competitividad de los diferentes sectores
económicos, pero con desventajas, por ejemplo entre los campesinos y la agroindustria, o
los pequeños y grandes transportadores.

A pesar de ello, no se observa una movilización social campesina que sea constante, y
aunque la población sí se organiza socialmente, lo hace alrededor de estamentos
legitimados, como las juntas de acción comunal o los acueductos veredales.

Acá la gente se organiza, para trabajar, está la junta de acción comunal, la junta del
acueducto, se reúnen para abrir zanjas, llevar el agua en mangueras desde su
nacimiento bien arriba de la vereda hasta las casa. El agua se saca de nacimientos en
las cabeceras de la vereda hasta las casas, pero primero a cajas de cemento y luego de
ahí sí a las casas. El hecho de que el agua de la casa ya venga en manguera es una
ventaja, pero hay que tener cuidado de que no se sequen los aljibes. (Eduardo Rojas,
habitante de la vereda de Resguardo del municipio de Garagoa, Boyacá)

Desde estos escenarios, que de cierta manera están orientados por estructuras
macropolíticas de carácter gubernamental, se coordina y aboga por la solución de
problemas particulares de la comunidad. Sin embargo, en un plano regional y con la
aparición de proyectos minero energéticos que actualmente se desarrollan en la región,
emergen acciones de resistencia direccionadas por grupos de ciudadanos, como el que se
organizó para hacer frente al Proyecto Norte3 de la Empresa de Energía de Bogotá, y que la
comunidad considera perjudicial para la población y el territorio. Este proyecto contempla
la instalación de una serie de torres eléctricas en predios rurales que legalmente son
considerados como reserva natural, y que atravesarían los municipios de San Luis de
Gaceno, Santa María, Macanál, Garagoa, Sutatenza, Tenza y Guateque.

Y es que tanto la instalación de la hidroeléctrica en esta región hace cuatro décadas y el


proyecto Norte que se piensa implementar se han presentado a la comunidad como un
sinónimo de progreso, que se convierte en un discurso de saber-poder, ofreciéndole a la
comunidad fuentes de empleo en una región que carece de ellas, argumentos centrados en
3
Proyecto de interconexión que pretende unir tres centrales eléctricas (Chivor II, Guavio e Hidrosogamoso) y
cuyo valor asciende a los 100 millones de dólares.

94
lo que se ha denominado sostenible, con el respaldo del Estado como centro de poder, pero
que finalmente se convierten en una forma de reducir esas acciones que la población pueda
emprender como manifestaciones de resistencia, como las que expresa la comunidad:

No solo es el trazado sobre el área de reserva, habrá desvalorización de los predios y


problemas de salud para los habitantes, porque está comprobado que nadie pude vivir
ahí o realizar actividades cerca a estas torres de alta tensión, que cuentan con una gran
carga electromagnética (Ángela María Granados, líder comunitaria de la región,
Entrevista en la Revista Semana, 12 de agosto de 2016)

Ante esta afectación de orden ambiental y humano, la comunidad se organizó y se han


propuesto proteger los páramos y zonas montañosas en donde estarían instaladas las torres
eléctricas. La movilización ha tenido resonancia nacional, sobre todo en agosto de 2016,
cuando la población realizó un plantón frente a las oficinas de la Agencia Nacional de
Licencias Ambientales, logrando la atención de algunos medios de comunicación y de la
entidad de orden gubernamental que influyó para que se organizara una audiencia pública
que se realizó en el mes de noviembre. Sin embargo la licencia no se ha suspendido ni
cancelado y la población sigue esperando acciones más concretas por parte de los
organismos gubernamentales para frenar este proyecto.

Estos colectivos y formas de organización de las comunidades dan muestra de unos


ejercicios de resistencia que giran alrededor de la comunidad y su bienestar, se trata de la
interiorización de las problemáticas de los pobladores en perspectiva de resistencia, que
asumen su papel como integrantes activos y defensores de su entorno, y que se suman a los
apreciaciones que tiene la comunidad frente a las afectaciones ambientales que desde su
origen ha tenido la construcción de la hidroeléctrica de Chivor en la región del Valle de
Tenza.

Pobladores como Carlos Eduardo Tovar, aseguran que

Desde la misma construcción del embalse ha habido graves consecuencias a nivel


ambiental, social y económico. Los cultivos ya no se dan como antes debido a que con
la alteración que sufrió el microclima aparecieron nuevas enfermedades, asimismo la

95
gente tuvo que cambiar desde su vestuario hasta su alimentación, pues la fauna y la
flora también sufrieron modificaciones. (Entrevista realizada por el diario El Tiempo,
25 de octubre de 2012)

Estas afectaciones han incidido para que actualmente la población se oponga a la ejecución
del proyecto Norte. Las manifestaciones que emergen en defensa del territorio en la zona
rural del Valle de Tenza, toman forma de acción colectiva en perspectiva micropolítica,
pues como lo señala Useche, la micropolítica es una dimensión “que permite captar la vida
como heterogeneidad y variación, en donde la potencia de acción no está delimitada por
territorios de poderes supremos, sino micro-poderes que trazan nuevos trayectos y líneas
por donde emerge el deseo, lo actual, lo novedoso” (2014, p.16), pues parten de la premisa
que la población rural no es homogénea, en su interior se reúnen diferentes perspectivas del
territorio, de su apropiación y uso, pero convergen en un punto común: su defensa frente a
los actores y decisiones que quieren quebrantar esa relación del ser humano con la tierra.

6.2. Nuevas formas de organización y resistencia en la población rural

La población rural del Valle de Tenza se caracteriza por ser tradicionalmente conservadora,
apegada a las normas y a lo que determina la ley, allí se ha insertado un discurso como
verdad y unas prácticas gubernamentales impulsadas desde instituciones como el Estado, la
Escuela, la Iglesia, en las que ser un buen ciudadano es respetar las leyes y no enfrentar la
institucionalidad. Sin embargo ante la afectación del territorio esta concepción del buen
ciudadano se tergiversa y muta hacia la configuración de nuevas formas de organización en
perspectiva de resistencia, movilizaciones alrededor de la defensa de lo que el habitante
rural considera como propio, el territorio con el cual ha creado un vínculo cultural y social.

Es por ello que con la aparición de proyectos minero energéticos en la región, la población
se ha organizado alrededor de la defensa de sus recursos, de su territorio y de su cultura,
como es el caso del movimiento que ha emergido alrededor de la defensa del río Garagoa,
se trata de un colectivo de ciudadanos que bajo el nombre de “No le saque la piedra al río
Garagoa”, buscan defender este afluente hídrico frente a la posible licencia ambiental que

96
se le otorgará a una empresa para que realice actividades mineras de extracción de material
en algunos sectores del río.

Los pobladores de la región argumentan que la implementación y puesta en marcha de este


proyecto provocará la desaparición de algunas especies animales y vegetales, pues en él se
contempla la desviación del cauce en algunos sectores, esto con el fin facilitar extracción de
piedra destinada principalmente a actividades como la construcción. La aprobación de esta
licencia se uniría a las autorizaciones que ya existen para la explotación minera en el área
de influencia del río y que ya están funcionando, como se evidencia en el trayecto de la vía
que conduce del municipio de Garagoa, Boyacá hacia el sector de Las Juntas, en donde se
observa el funcionamiento de tres canteras en los 11 kilómetros que comprende su
recorrido. En total son 37 licencias ambientales que ha expedido el Gobierno Nacional y la
Corporación Autónoma Regional, para la explotación minera en la región.4

Esta actividad, además de generar un impacto geográfico por la desviación del río y la
extracción del material, provoca una contaminación ambiental debido a los residuos que
genera la actividad minera y que terminan siendo arrojados al río. Así mismo, como
consecuencia de esta actividad se produce una desaparición de vegetación alrededor del
sitio dónde se desarrolla el proyecto, pues se abre camino para la entrada de maquinaria
pesada y de vehículos que diariamente transportan el material extraído.

El desarrollo de este proyecto impactaría sobre una región rica en fauna y flora. Según
información de la Corporación Autónoma Regional de Chivor (Corpochivor) (2015), en la
región hay 254 especies animales, entre aves, mamíferos, reptiles, invertebrados, peces y
anfibios. Estas especies “prestan sus servicios como dispersores de semillas, polinizadores,
control biológico y control de plagas, pero que por el deterioro acelerado de los ecosistemas
y la cacería de consumo, sus poblaciones están realmente amenazadas de desaparición.
Afectación a la que se sumarían las consecuencias de la explotación minera en la ronda del
río Garagoa, como una fuente hídrica que atraviesa varios municipios de la región.

4
Información tomada de la intervención de la personera del municipio de Pacahvita, Boyacá, Ángela Vargas,
en la Audiencia Pública sobre el proyecto de explotación minera en el río Garagoa.

97
Es por ello, que el impacto que tiene la actividad minera que se está desarrollando y del
proyecto que se piensa poner en marcha ha logrado calar en la sensibilidad de la población,
a tal punto que sin ser una población en la que habitualmente no se dan este tipo de
movilizaciones se ha logrado articular un movimiento que hace resistencia frente a estos
proyectos mineros, buscando evitar la expedición de más licencias y promueviendo entre
los ciudadanos una apropiación de su territorio, de los recursos animales y vegetales que
este le provee, principalmente el agua como fuente de vida.

En este punto es importante resaltar el papel que tiene la comunidad respecto a la


afectación de su territorio pese a las manifestaciones o los puntos positivos que desde el
modelo de desarrollo se quieren imponer frente a proyectos como el de la explotación
minera, no solo en el Valle de Tenza, sino en otras regiones del país, acudiendo a
argumentos como la dinamización de la economía y la generación de empleo para lograr
una acogida en la comunidad en donde se desarrollan los proyectos, sin embargo la misma
experiencia de la población ha sacado a la luz las consecuencias de esta actividad y el poco
beneficio que le trae a la población.

Se ha tratado de imponer un discurso que desde el punto de vista de la gubernamentalidad


se puede entender como un asunto del saber poder, un discurso que está orientado a
legitimar la actividad minera en la región, acudiendo a argumentos que desde lo económico
beneficiarían a la comunidad, como sinónimo de progreso y competitividad, pero que al
hacer un balance de costo-beneficio se reúnen las suficientes motivaciones para
materializar acciones de tipo micropolítico en perspectiva de resistencia frente a las
instituciones gubernamentales o empresas económicas que encabezan estos proyectos.

Estos movimientos en resistencia pueden entenderse desde lo que autores como Useche
(2014) denomina micropolítica, como esas fuerzas en las que reside la potencia creativa del
ser humano, que se moviliza con el fin de hacer frente a lo macropolítico representado en
las instituciones sociales como centros de poder, es una reunión de fuerzas que se
encuentran en una pluralidad de sentidos, que buscan en lo colectivo organizarse y
rebelarse frente al poder que se les quiere imponer.

98
La dimensión micropolítica está compuesta por la expresión, a menudo silenciosa o
que apenas se percibe como un rumor, de miles de voces sometidas que comienzan a
rebelarse, que manifiestan de muchas maneras su disposición a recuperar su dignidad,
a volver a ser ellos mismos y no los sujetos moldeados desde el poder. La acción
micropolítica discurre en clave de recuperación de la propia potencia, de generación
de capacidades para reencontrase solidariamente con otros(as) sojuzgados(as) que
ahora resisten. (Useche, 2014, p.31)

En el caso de los habitantes del Valle de Tenza y en especial de la población cercana a la


zona de influencia de la fuente hídrica que va a ser intervenida hay un punto de encuentro,
que es la defensa del territorio, de los recursos naturales y las especies que habitan en él.
Son una multiplicidad de particularidades y de subjetividades alrededor de este objetivo
común, que en conjunto buscan recuperar esa potencia que les permita evitar la afectación
de su territorio y los recursos que hay en él. Estas fuerzas micropolíticas son las que se
pueden concebir como resistencias, líneas de fuga de un orden que se pretende legitimar
desde el poder. Aunque en un principio se puede considerar que estas acciones de tipo
micropolítico se enfrentan de forma desproporcionada a fuerzas de una magnitud mucho
mayor como el poder del Estado y los intereses económicos, pueden en cierto momento
desequilibrar el orden social, y por qué no, evitar la toma de decisiones que los pueden
afectar.

Y es que el modelo de desarrollo, no solamente se hace evidente en la minería y la puesta


en marcha de proyectos energéticos, en el campo específico de la agricultura se ha venido
promoviendo el uso de sustancias químicas en los cultivos, una tendencia que viene
aumentando en el sector rural y que busca mejorar genéticamente la producción y dar
mayor resistencia de las plantas frente a las enfermedades que las puedan afectar y evitar el
ataque de plagas durante el crecimiento de los cultivos. Sin embargo, el uso de
agroquímicos, insumos, pesticidas y demás, causa en primer lugar un deterioro del suelo y
un producto final no tan sano como el que se produce sin el uso de estos químicos.

Aquí las manifestaciones de resistencia se hacen evidentes en propuestas para sustituir


semillas que puedan tener químicos, así como en la elaboración de abonos orgánicos que

99
buscan hacer frente a la incursión de técnicas que garantizan una mayor productividad pero
que afectan significativamente los recursos naturales y el territorio.

Tanto las acciones que pretenden evitar el impacto de los proyectos mineroenergéticos,
como las propuestas que desde el biodesarrollo se impulsan con el fin de disminuir el uso
de agroquímicos en la producción agraria se constituyen en manifestaciones de resistencia
de la población, pues como lo señala Virno (2003) es un derecho de la población centrado
en el valor de un individuo y de la comunidad contra el poder central, salvaguardando
formas de vida ya afirmadas hace mucho tiempo, protegiendo costumbres ya radicadas, y es
precisamente eso lo que busca la población del Valle de Tenza, hacer una crítica al discurso
de verdad que se les quiere imponer, evitando al máximo la alteración de sus prácticas
sociales, de su territorio, de su entorno, y la toma de decisiones mediante prácticas
gubernamentales que se le quiere implantar.

6.3. Lo común como punto de encuentro de la población rural en resistencia

Aunque por lo general se suele definir a la población rural como un grupo homogéneo de
personas que comparten unas prácticas sociales, culturales y económicas que los
caracterizan y diferencian respecto a otros grupos poblacionales, y que dan pie para que se
les denomine de una forma general como “campesinos”, en su interior se reúne
multiplicidad de subjetividades, formas de actuar, de pensar, diferentes roles sociales, que
por ejemplo en el contexto nacional, permiten hablar de múltiples ruralidades. No es lo
mismo analizar las formas de vida y las prácticas sociales de un campesino o habitante rural
de la Costa Caribe colombiana, que de un campesino o habitante rural de la región Andina
del país.

Por ello es importante preguntarse por esos puntos de encuentro que propician o motivan la
organización social en un contexto de ruralidad tan diverso, ¿qué es lo que une a un grupo
de habitantes bajo un objetivo común como lo es la defensa del territorio? A nivel nacional,
las movilizaciones campesinas han estado motivadas por decisiones de tipo legal o
circunstancias económicas que afectan de una forma general la población incluyendo a los

100
habitantes de las zonas rurales se dedica a la agricultura como sustento y como actividad
económica de la cual dependen sus ingresos y forma de vida.

En el caso de la región del Valle de Tenza, la articulación de un movimiento social en el


contexto rural no ha sido tan visible, pues como ya se dijo anteriormente se ha configurado
un discurso legitimado desde las instituciones sociales y gubernamentales, que se puede
considerar como un dispositivo de verdad, en el que se implanta la idea de que el buen
ciudadano es aquel que no protesta y es fiel obediente de las leyes que determina el Estado.
A pesar de ello hay rupturas, y en la actualidad se ha logrado concretar un movimiento
alrededor de la defensa del territorio y la afectación ambiental y social que causa la
actividad minero energética en la región.

Haciendo referencia, nuevamente al colectivo “No le saque la piedra al río Garagoa”, es


preciso resaltar que este se ha convertido en un punto de encuentro de multiplicidad de
subjetividades alrededor de un objetivo común, y a la vez línea de fuga que busca evitar la
afectación de la fuente hídrica, de la cual depende no solo la población que consume agua
del río, sino la biosfera que está alrededor de él. Son especies animales y vegetales que
están desapareciendo con la implementación de estas prácticas extractivas en la región. En
el movimiento no solamente converge la población rural que habita la ronda del río, sino
estudiantes, jóvenes, maestros, activistas sociales, campesinos y población civil que se ha
apropiado de su territorio y sin que directamente sean afectados por la actividad minera,
sienten como propia la afectación ambiental que se causa.

Muestra de ello fue la participación en la Audiencia Pública que se desarrolló en el


municipio de Chinavita, Boyacá, el 25 de marzo de 2017, en la que los organizadores
lograron convocar a la población civil y plantear sus argumentos frente a una de las
entidades responsables de la expedición de la licencia ambiental que autorizaría la
extracción de piedra en la ronda del río y la desviación de su cauce original. En esta
audiencia se presentaron intervenciones como las que se resaltan a continuación:

El estudio presentado por la empresa que solicita la licencia ambiental es deficiente,


no se contemplan las especies animales y forestales que hacen presencia en la zona,

101
además no hay claridad sobre en qué puntos se desviaría el río (Javier Molina,
intervención en Audiencia Pública sobre explotación minera del río Garagoa, 25 de
marzo de 2017)

La mejor forma de cuidar el medio ambiente es educar, que los niños y jóvenes se
apropien de su entorno, de los animales y las plantas que lo habitan, como docentes
estamos haciendo el ejercicio, por eso los convocantes de esta audiencia pública en
gran parte son jóvenes. (Hildebrando Bonilla, rector del Colegio Nuestra señora de
Nazareth, Chinavita, Boyacá, intervención en Audiencia Pública sobre explotación
minera del río Garagoa, 25 de marzo de 2017)

El proyecto de explotación del río Garagoa es una falta de respeto a los habitantes, no
hubo consulta previa, hasta ahora que se hace una audiencia pública por parte de
Corpochivor, pero acá no se ha tenido en cuenta la voz de la gente, sobre todo de los
campesinos que viven cerca al río. (Ángela Vargas, personera del municipio de
Pachavita, Boyacá, intervención en Audiencia Pública sobre explotación minera del
río Garagoa, 25 de marzo de 2017)

Estas intervenciones evidencian la preocupación de la población en general ante la posible


expedición de la licencia ambiental, además de los habitantes de la zona rural que circunda
el área de influencia de esta fuente hídrica, intervienen otros actores, que motivados por la
afectación ambiental que causa esta actividad y el impacto directo que tendría sobre el
agua, buscan hacer frente y e impedir que se autorice la explotación, y además evitar que se
siga extrayendo material en las canteras que ya se encuentran en funcionamiento.

En esta perspectiva, es importante resaltar el papel que cumple la educación en la


formación de los niños y jóvenes en el cuidado y la protección del medio ambiente, es un
asunto que no compete solo a las instituciones rurales, donde a pesar de las dificultades en
cuanto al seguimiento que tienen que hacer los docentes frente a las guías y planes de
estudio que se orientan desde el Ministerio de Educación como dispositivo de formación, se
abren espacios o líneas de fuga, en las que los estudiantes se apropian de su territorio con la
elaboración de granjas escolares y el fortalecimiento del arraigo por lo propio y con el

102
espacio que lo rodea, lo ambiental se convierte en un espacio de y para la vida del ser
humano y de las demás especies animales y vegetales que lo habitan.

Estas acciones pueden considerarse como manifestaciones en perspectiva micropolítica,


pues se dan en un espacio de encuentro de subjetividades alrededor de un interés común
como lo es la defensa de su territorio, y como lo señala Useche, es una nueva manera de
concebir el poder, que “echa sus cimientos en la micropolítica de acontecimientos
instauradores que refundan los territorios existenciales de las comunidades en resistencia y
les proveen de autonomías reales” (2014, p.11), es el poder de la comunidad representado
en la organización y movilización social alrededor de la defensa del territorio frente al
discurso de verdad que desde lo institucional se ha promovido y que toma forma de
acciones de tipo macropolítico.

Se puede decir entonces que lo común es el escenario por excelencia donde converge esta
multiplicidad de singularidades, pues como lo señala Negri, “lo común está
fundamentalmente articulado, en el sentido más pleno de la palabra, con el movimiento y la
comunicación de las singularidades… Lo común es siempre construido por un
reconocimiento del otro que se desarrolla en la realidad” (2012, p.186), es en lo común
donde la comunidad del Valle de Tenza ha logrado configurar un escenario de resistencia
social y civil, pues el habitante de la zona urbana reconoce al otro, al campesino, valora su
papel en el cuidado y la defensa del ambiente, y a su vez, este reconoce en el habitante
urbano un actor que también se ve afectado por la actividad minera y las políticas
desarrollistas, encontrando así un punto común y línea de fuga para hacer frente a las
políticas que los afectan.

Esta nueva relación entre el habitante rural y el urbano se convierte en un asunto ético, pues
evidencia una reconfiguración de la forma en que se concibe el uno al otro, hay un cambio
muy importante, sobre todo en la mirada que tiene el habitante urbano acerca del rural, ya
no lo ve como un sujeto antagónico o de una menor condición, sino que lo valora como
proveedor de vida, como defensor de un territorio y de los recursos naturales, y a partir de
allí lo convierte en un asunto de todos. Es en esta nueva relación en donde surge la crítica al

103
discurso de verdad orientado por el modelo de desarrollo, se propician líneas de fuga, que
desde Deleuze (2003) se pueden entender como rupturas basadas en la heterogeneidad que
circulan, ya no solo en el contexto de la ruralidad, sino también en el de lo urbano, como
comunidad en defensa del territorio.

De esta manera, en la población del Valle de Tenza, lo común se convierte en un medio


para desestructurar un discurso de verdad que se ha legitimado en esta región, en el que los
proyectos mineroenergéticos y las manifestaciones del nuevo modelo de desarrollo se ven
como sinónimo de progreso y bienestar para la población, son empleo y dinamización de la
economía, un discurso que a pesar de ello se desdibuja con las consecuencias que trae la
puesta en marcha de las manifestaciones desarrollistas que sacan a flote las afectaciones en
la población rural y en otras formas de vida animal y vegetal.

104
CONCLUSIONES

Actualmente Colombia vive un escenario de ruralidad en el que prevalecen problemas de


orden social y económico, relacionadas con altas tasas de pobreza, ausencia del Estado en
algunas regiones, falta de garantías alrededor de la agricultura, y otras problemáticas que
hacen indispensable, que desde las ciencias sociales se investigue y se planteen propuestas
para su solución. Con esta finalidad surgió esta investigación que pretende convertirse en
un insumo para debate sobre el papel de la ruralidad en la sociedad colombiana, pues es
evidente que las problemáticas alrededor de la propiedad de la tierra, el despliegue de
nuevas actividades económicas como la minería y la transformación de las formas de
producción, están atravesadas por la inserción de un modelo económico y de desarrollo que
desde su puesta en marcha ha alterado la relación de la población rural con su territorio y
con las actividades que desarrollan en él, transformando a su vez las concepciones que hay
acerca de la ruralidad en el país.

Tomar como contexto de investigación la zona rural del Valle de Tenza, Boyacá, que por
sus condiciones económicas, geográficas y sociales alberga en su interior gran parte de las
problemáticas que vive la ruralidad colombiana en la actualidad, permitió observar y
analizar la transformación o reconfiguración del territorio a partir de fenómenos orientados
por el desarrollo, que pasan, entre otras, por las relaciones económicas, el vínculo con la
tierra, las prácticas culturales, la relación con lo urbano, y que dan pie para la emergencia
de nuevas subjetividades basadas en manifestaciones de resistencia y la defensa del
territorio.

En lo económico se evidenció que con la aparición de nuevas formas de producción en el


sector rural colombiano, como la industrialización de la producción agraria o la actividad
minera en varias zonas, se produjo una reconfiguración de la vida laboral del campesino,
pues en los últimos años ha pasado de ser un pequeño productor de su parcela a convertirse
en un empleado rural al servicio de las empresas agrícolas, de hacendados o de medianos
propietarios que contratan su mano de obra, y que junto a la estructura laboral que maneja
la minería como una de las actividades que ha incursionado con fuerza en el contexto rural,

105
transforma y crea nuevas relaciones entre el habitante rural y su territorio, reconfigurando
el vínculo con la tierra y su rol en el espacio que habita.

Es importante precisar que estos cambios se dan como consecuencia de la legitimación que
ha tenido un paradigma económico, insertado en la población como un discurso en el que
sea aboga por la libertad de empresa, la apertura de mercados y una perspectia del bienestar
general, en lo que se puede considerar como un ejercicio de saber-poder llevado al contexto
rural. Esto lleva a que la agricultura, como principal actividad de este sector, sea una de los
más afectadas en el país, pues la competencia que ha tenido que librar la producción agraria
nacional frente a los productos importados pone en desventaja a los pequeños productores
agrarios (campesinos) y hacen que su labor sea cada vez sea más inviable, dejándolos con
pocas opciones: o adaptarse al nuevo modelo económico laboral o migrar de su contexto
natural, con consecuencias en términos de desarraigo y desterritorialización.

Esa reconfiguración del territorio, como producto de dinámicas económicas no está


orientada únicamente por agentes externos y de carácter empresarial, sino también se
encuentra un sistema de relaciones de poder, en el que las instituciones gubernamentales
han elaborado el conjunto de leyes y políticas que respaldan las prácticas económicas en el
sector rural colombiano, lo cual se convierte en una situación de carácter biopolítico, en
donde los centros de poder pretenden orientar a la población rural hacia la construcción de
unas subjetividades acordes con la lógica económica que prevalece en el modelo de
desarrollo.

Es el Estado, a través de sus instituciones el que materializa u omite las leyes que
garantizan la puesta en marcha del modelo de desarrollo. Se habla de omisión pues como se
evidencia en la contextualización de esta investigación, una de las principales
consecuencias de gran parte de las problemáticas y transformaciones en el sector en la
actualidad tiene que ver con la ausencia histórica de una reforma rural integral, que logre
atender las dificultades de esta población y materializar un proyecto económico, social y
cultural viable para la población rural colombiana.

106
Los intentos de reforma que se dieron en el siglo XX no fueron lo suficientemente fuertes
para atender problemas como el de la propiedad de la tierra y los baldíos, con graves
consecuencias en la agudización del conflicto armado y los movimientos demográficos en
el país.

Se puede decir entonces que el modelo de desarrollo guiado por un orden económico
internacional encontró en la ruralidad colombiana, un buen escenario para la
implementación de todo su proyecto. Las consecuencias que esto ha tenido para la
población no pasan solamente por lo económico, sino también por lo ambiental, que se ve
afectado principalmente por el aumento en la explotación minero energética, que impacta
significativamente sobre la vida de los habitantes de las zonas rurales, de la especies
animales y vegetales que hacen parte de la biosfera de los lugares donde se desarrollan
proyectos como el de la explotación de piedra en la ronda del río Garagoa, o el Proyecto
Norte para el transporte de energía en la jurisdicción de los municipios del Valle de Tenza.

Igualmente, el trabajo de campo desarrollado en la región permitió evidenciar la existencia


de una tensión entre lo tradicional y lo emergente, es decir, entre prácticas culturales y
sociales que aún se mantienen vivas en la población, relacionadas con la religión, la
cotidianidad y lo que significa habitar ese territorio, frente a una nueva perspectiva en la
que prevalecen nuevas formas de comunicación e interacción entre las personas, que
desdibujan o transforman la relación simbólica del ser humano con la tierra, que ahora se
encuentra mediada por el desarraigo y la desterritorialización de la población.

Estos cambios en las relaciones sociales permiten hablar de nuevas ruralidades como
campo de análisis, que tiene como principal premisa la transformación de la relación
urbano-rural en la población, pues fenómenos como la aparición de las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación y la migración de una significativa parte de la
población rural a los centros urbanos, llevan a que esa relación que anteriormente se
consideraba como antagónica entre lo rural y lo urbano cambie. El habitante rural de hoy se
encuentra más cercano a los contextos urbanos, hay una constante comunicación que altera
prácticas sociales en el contexto rural, e incluso hace ver atractivo al escenario urbano

107
como sinónimo de progreso y estabilidad económica, legitimando el discurso de saber-
poder impulsado desde las instituciones y los poderes económicos y sociales que circulan
en el entorno rural, como se observa en la siguiente gráfica:

Figura 2. Análisis de la reconfiguración del territorio en la zona rural del Valle de Tenza

Fuente: elaboración propia.

Desde el análisis rizomático estos acontecimientos se pueden entender como producto de la


relación entre un discurso en el que se establece como verdad la necesidad de implementar
prácticas y proyectos que llevan al desarrollo a la región, junto a unas determinaciones
políticas que lo respaldan y le dan fuerza, y que finalmente terminan generando la
emergencia de nuevas subjetividades en la población rural, heterogéneas, que nacen en las
fisuras que dejan las prácticas gubernamentales orientadas por lo económico y lo político
alrededor de la ruralidad y la reconfiguración del territorio.

108
De ahí la importancia de resaltar el papel de la comunidad rural en un escenario de
resistencia, pues esta se ha convertido en una línea de fuga y encuentro de múltiples
subjetividades, que dan pie para la materialización de movimientos sociales alrededor de la
defensa del territorio. Es en lo común donde se concretan acciones de tipo micropolítico
como los colectivos en defensa del río frente a la explotación minera o el movimiento en
contra del proyecto Norte para el transporte de energía en la región. Son formas de
organización en las que prima la defensa de todas las formas de vida frente a acciones de
tipo macropolítico que quieren trastocar el vínculo histórico del ser humano con la tierra.

Lo común se convierte entonces en el escenario donde se potencian las subjetividades


alrededor de la defensa del territorio, y se observa que circulan no solo en el contexto de la
ruralidad sino que trascienden al escenario de lo urbano, en donde la población concibe el
territorio rural como fuente de vida (biodesarollo) y se apropia de su defensa como un
asunto de todos, entiende así que es necesario ejercer resistencia y plantear alternativas al
modelo de desarrollo, en las que se garantice la vida como prioridad.

Para finalizar, es importante destacar que el enfoque interdisciplinario que se le dio a esta
investigación, permitió estudiar la construcción social del territorio rural y la
reconfiguración de la población desde diferentes perspectivas, abordando lo económico, lo
político, lo cultural y lo social, y que en su conjunto permiten pensar, que este ejercicio de
investigación se puede convertir en un insumo para el análisis y el planteamiento de nuevas
perspectivas en torno a la ruralidad en Colombia, en un escenario de paz y posconflicto
como el que se apresta a vivir el país, y en el que lo rural y lo agrario se han convertido en
uno de los puntos de más concentración, pues por allí pasan gran parte de las
transformaciones sociales, políticas y económicas que el país tanto necesita.

109
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115
ANEXOS

Anexo 1

Diseño de la entrevista cualitativa elaborada a la población de la zona rural del Valle


de Tenza

Universidad Distrital Francisco José de Caldas


Maestría en Investigación Social Interdisciplinar
Línea de investigación “Poder y Política”
Miguel Fernando Niño Roa Cód.: 20151157029

Biodesarrollo, territorio y población en comunidades rurales. Un acercamiento a la


construcción social del territorio en la zona rural del Valle de Tenza

Entrevista cualitativa

Fecha:

Nombre:

Edad:

Vereda:

 Actividades económicas

¿Hace cuánto vive en este lugar?

¿A qué se dedica actualmente?

¿Para usted que significa el campo, vivir en este territorio?

¿Cómo es el trabajo en el campo?

116
 Formas de producción

¿Cuáles son los medios de producción que utiliza para desarrollar sus actividades?

¿Qué medios tecnológicos o máquinas utiliza en sus actividades diarias?

 Cambio en las formas de producción y actividades económicas en los últimos


años (2000-2016)

¿Cómo han cambiado las formas o los medios en que desempeña su actividad laboral o
económica en los últimos 15 años?

 El actor en la cadena productiva de la actividad que desempeña (¿Es


asalariado rural, propietario, agricultor, etc.?)

¿Cuál es su relación o vínculo con las actividades agrícolas en su región? (¿Es asalariado
rural, propietario, agricultor, etc.?

 La propiedad en el sector rural

¿Vive en un terreno propio o en arriendo?

 Problemáticas de su territorio

¿Ha tenido algún problema con su comunidad, con los vecinos o con personas que han
llegado con algún interés a su vivienda?

¿Cómo es su relación con las personas y lo que acontece en el contexto urbano?

 Acceso a servicios de salud, educación y bienestar social

¿Qué nivel de educación tiene?

¿Cómo es el acceso a la salud, educación, programas del Estado? ¿Tiene dificultades, es


fácil, tiene algún condicionamiento?

117
 Cultura

¿Qué creencias tiene?

¿Siente que en los últimos años las creencias de su comunidad han cambiado?

¿Qué tradiciones culturales tiene?

 Fenómenos como la migración rural y la falta de oportunidades en la región

¿Alguna vez ha pensado irse de la zona rural?

¿Siente que las personas de su comunidad cada vez más migran de la zona rural a la
urbana?

 Organización en el territorio

¿Cómo se organiza social y políticamente su comunidad?

118
Anexo 2

Diseño de diario de campo

Fecha: _____________ Hora: ____________________ Lugar(es): _________________________________________


OBSERVACIONES COMENTARIOS ANALIZADORES O CATEGORIAS

119
Anexo 3

Fotografías del trabajo de campo

Fotografía 1. Actividad agraria y ganadera en la zona rural del Valle de Tenza, vereda Resguardo,
municipio de Garagoa, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 28 de diciembre de 2016).

Fotografía 2. Trapiche de moler caña de azúcar, vereda Resguardo, municipio de Garagoa,


Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 26 de enero de 2017).

120
Fotografía 3. Motor eléctrico, trapiche de moler caña de azúcar, vereda Resguardo,
municipio de Garagoa, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 26 de enero de 2017).

Fotografía 4. Jornada de capacitación, uso de máquina cortadora y empacadora de pasto, vereda El


Guamo, municipio de Sutatenza, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 27 de diciembre de 2016).

121
Fotografía 5. Jornada de capacitación, uso de máquina cortadora y empacadora de pasto, vereda El
Guamo, municipio de Sutatenza, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 27 de diciembre de 2017).

Fotografía 6. Actividad en la Cantera La Fontana, ronda del río Garagoa, municipio de


Garagoa, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 18 de enero de 2017).

122
Fotografía 7. Convergencia de los ríos Garagoa y La Guaya en sitio de actividad minera.
(Fotografía de Miguel Niño, 18 de enero de 2017).

Río La Guaya

Cantera La
Río Garagoa
Fontana

Fotografía 8. Entrada a cantera La Paz, vía Garagoa, Boyacá – Las Juntas, a 100 metros
del río Garagoa. (Fotografía de Miguel Niño, 18 de enero de 2017).

123
Fotografía 9. Lugar donde se va a desarrollar el proyecto de extracción de piedra, sector la
Frontera, río Garagoa, municipio de Pachavita, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 19 de
enero de 2017).

Fotografía 10. Intervención de la ronda del río Garagoa, sector La Frontera, municipio de
Pachavita, Boyacá. (Fotografía de Miguel Niño, 18 de enero de 2017).

124
Fotografía 11 y 12. Convocatoria a Audiencia pública ambiental para la explotación del río
Garagoa

125
Fotografía 13, 14, 15. Movilización previa a la Audiencia pública ambiental para la
explotación del río Garagoa. (Fotografías del Colectivo “No le saque la piedra al río Garagoa”,
25 de marzo de 2017).

126
Fotografía 16 y 17. Audiencia pública ambiental para la explotación del río Garagoa.
(Fotografías del Colectivo “No le saque la piedra al río Garagoa”, 25 de marzo de 2017).

127

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