Fallo
Fallo
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de los salarios devengados, en tanto que, de no ser así, la causa hubiese
tramitado como un juicio ordinario.
Desde otra artista, objeta el decisorio por cuanto el Juzgador solo
se expidió sobre el carácter remuneratorio del servicio de medicina prepaga
otorgado al trabajador, no obstante lo cual omitió resolver acerca de la
solicitud articulada a fin de conseguir el restablecimiento de la cobertura, así
como sobre la indemnización peticionada para reparar los daños causados
por el cambio unilateral implementado.
También se agravia porque en el pronunciamiento que recurre no
se dispuso la aplicación de lo dispuesto en el inciso b) del art. 770 del Código
Civil y Comercial de la Nación y en el Acta Nro. 2764 de esta Cámara
Nacional de Apelaciones del Trabajo, todo ello a fin de evitar la licuación del
crédito a causa de la inflación.
II. Por razones de estricta índole metodológica, juzgo adecuado
señalar, en primer término, que el remedio procesal intentado por las
accionadas a través de su presentación del 21 de octubre de 2022, destinado
a cuestionar la resolución del día 18 de ese mismo mes –v. fs. 521 de la
foliatura digital-, en la que se tuvo por no presentada la apelación de fs.
510/511 de la foliatura digital contra la sentencia definitiva dictada en autos,
a mi juicio, se presenta claramente inadmisible, habida cuenta que, al menos
en mi criterio, el auto que deniega una apelación no es susceptible de
revocatoria, ni tampoco de apelación como se articula en el caso, sino de la
queja por apelación denegada ante la Cámara, de acuerdo a lo normado en
los arts. 129 de la L.O. y 283 del C.P.C.C.N. (cfr. [Link]., Sala IV,
12/09/2006, S.I. Nro. 44.412, “Salmon de Hid, Silvia América c/ Y.P.F.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales S.A. s/ Part. Accionariado obrero”; íd.,
17/04/2009, S.D. Nro. 94.054, “Aballay, Atilio Onécimo c/ Telefónica de
Argentina S.A. s/ diferencias de salarios”; íd., 27/09/2011, S.I. Nro. 48.426,
“Molina, Fernando Javier c/ Ascensores Servas SA s/ despido”; íd.,
23/03/2012, S.I Nro. 48.911, “Díaz, María Irene c/ Roa Edelmar R. y otro s/
tercería”; íd., 23/10/2018, S.I. 59.039 “Ramos Ariel Leonardo c/ Telefónica de
Argentina SA s/ despido”; íd., 26/02/2020, S.I. Nro. 62.330, “Ferreyra, Silvia
Rita c/ Galeno ART SA s/ accidente – ley especial”; íd., 15/09/2021, S.I. Nro.
65.063, “Pereyra, José Mario y otros c/ Service New SRL y otro s/ despido”;
CNCom., Sala D, 30/06/1989, “Riso, Juan c/ Borkowsky, Ricardo”; íd., Sala
E, 17/08/1989, “Banco de Galicia y Buenos Aires c/ Blanco Pinto, Héctor; íd.,
Sala B, 08/03/1996, “Gerpe, José c/ El Marisco SACIF”; íd., Sala D,
21/05/1984, “Beck, Arnaldo c/ Apkarian Habbi s/ ejec.”; íd., Sala E,
28/11/1989, “Monsegur, Horacio Sila c/ Santamarina, Jorge Antonio s/
ejecutivo”).
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Así, se ha dicho que no resulta admisible la concesión del recurso
sobre la denegatoria de una apelación pues, cuando un juez o tribunal no
concede un recurso, la parte que lo dedujo no tiene la facultad de apelar su
denegatoria, sino que debe recurrir directamente en queja ante el tribunal
superior (cfr. Colombo, Carlos J., “Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, anotado y comentado”, 4ta. edición, p. 456).
Cabe aclarar que es facultad del tribunal de segunda instancia la
determinación plena y definitiva sobre el juicio de admisibilidad del recurso
de apelación, sin que incluso se encuentre ligado al respecto por la
conformidad de las partes o por la resolución del juez de primera instancia (v.
FASSI – YÁÑEZ, “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación,
comentado, anotado y concordado”, 3º edición actualizada y ampliada, tomo
2, págs. 278/279).
En tales términos, propongo que sin más se declare mal
concedido el recurso de apelación que fuera interpuesto por las accionadas
el 21 de octubre de 2022 -en subsidio del de revocatoria-, mediante la
resolución del día 26 de ese mismo mes (v. fs. 536 de la foliatura digital).
III. Sentado lo anterior, corresponde dar tratamiento al recurso
interpuesto por la parte actora y que se orienta a objetar la decisión de grado
que no hizo lugar a la reinstalación del actor en el puesto de trabajo que
ocupara en la empresa accionada, conforme fuera solicitado en el escrito
inaugural.
Para tal fin, juzgo necesario puntualizar que, como consecuencia
de lo anteriormente resuelto con referencia a la apelación que interpusiera la
demandada –según la propuesta de mi voto-, en la especie corresponde
entender que lo decidido por el Juez de grado, en cuanto resolvió que el
despido que motivó el inicio del presente proceso sumarísimo resultó
discriminatorio y antisindical, ha quedado firme y consentido.
En ese marco, estimo oportuno recordar que los derechos de las
personas al trato igualitario y a no ser víctimas de discriminación ya estaban
previstos en la Constitución Nacional de 1853, en sus arts. 14 y 16; que su
protección, luego, se afianzó con la introducción, en la reforma de 1957, del
art. 14bis y que, más tarde, en 1994, con la modificación del art. 75, inciso 22,
adquirió su más amplia tutela a través de la incorporación de diversas
normas internacionales, que garantizan el derecho a la igualdad. Así, la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, dispone, en
su Capítulo Primero, art. II, que “...todas las personas son iguales ante la ley
y tienen los derechos y deberes consagrados en esta Declaración, sin
distinción de raza, sexo, idioma, credo ni otra alguna...”; por su parte, la
Declaración Universal de Derechos Humanos, en su art. 7º, establece que
“...todos son iguales ante la ley tienen, sin distinción, derecho a igual
Fecha de firma: 15/03/2023
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: SILVIA ESTHER PINTO VARELA, JUEZ DE CAMARA
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protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda
discriminación que infrinja esta Declaración contra toda provocación a tal
discriminación...”; a su turno, el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, en su art. 2º,
prevé que “...los Estados Partes se comprometen a garantizar el ejercicio de
los derechos que en él se enuncien, sin discriminación alguna por motivos de
raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición
social...”; también la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(Pacto de San José de Costa Rica), en su art. 1º, dispone que “...los Estados
Partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y
libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda
persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por
motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de
cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social...”; asimismo, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su art. 2º, inc. 1º, establece
que “...cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete
a respetar y a garantizar a todos los individuos que se encuentren en su
territorio y estén sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos en el
presente Pacto, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,
opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social...”. A su vez y en lo
que aquí interesa, la normativa emanada de la Organización Internacional
del Trabajo, en particular, el Convenio Nº 111, veda expresamente toda
conducta discriminatoria en las relaciones laborales, en tanto que el
Convenio Nº 87 protege fuerte y ampliamente la libertad sindical y el derecho
de sindicación. Cabe añadir que este último convenio goza de jerarquía
constitucional, a partir de su inclusión en el apartado 3º del artículo 8º del ya
mencionado Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, previsto específicamente con dicha jerarquía en el citado artículo
75, inciso 22, de la Constitución Nacional. También es de interés precisar
que, en el marco de dicho Convenio, el Comité de Libertad Sindical de la
Organización Internacional del Trabajo señaló que “…nadie debería sufrir
perjuicio alguno en su empleo a causa de su afiliación sindical, incluso si el
sindicato de que se trata no está reconocido por el empleador como
representando la mayoría de los trabajadores interesados…” (Recopilación
de 1996, párrafos 693 y 701).
A su turno, en el orden nacional, la ley 23.551 acogió la tutela
sindical y, en su art. 47, establece que “…Todo trabajador o asociación
sindical que fuere impedido u obstaculizado en el ejercicio regular de los
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derechos de la libertad sindical garantizados por la presente ley podrá
recabar el amparo de estos derechos ante el tribunal competente conforme
al procedimiento sumarísimo establecido en el art. 498 del Código de
Procedimientos Civil y Comercial de la Nación o equivalente de los códigos
procesales civiles provinciales a fin de que éste disponga, si correspondiere,
el cese inmediato del comportamiento antisindical”.
Y, según creo, en el marco previamente reseñado de protección
superior contra todo acto de discriminación, se inscribe la ley 23.592, la que,
en su art. 1º, dispone que “Quien arbitrariamente, impida, obstruya, restrinja
o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los
derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución
Nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto
discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material
ocasionados”. En su segundo párrafo, la norma agrega que “A los efectos del
presente artículo se considerarán particularmente los actos u omisiones
discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión,
nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica,
condición social o caracteres físicos”.
Como se advierte, el precepto legal impone que la discriminación
debe “cesar” y, en mi opinión, la única forma de lograr tal cese cuando se
trata –como en el caso- de un despido discriminatorio, es la de reponer a la
persona trabajadora en su puesto de trabajo, ya que se trata de actos nulos
que carecen de eficacia (cfr. [Link]. Sala VI, 10 de marzo de 2004,
“Balaguer, Catalina Teresa c/ Pepsico de Argentina S.R.L. s/ juicio
sumarísimo”) y, en ese marco, a mi juicio la reincorporación del trabajador en
su puesto de revista es la única forma de “…dejar sin efecto el acto
discriminatorio…”. En esta posición se han enrolado varias de las Salas de
esta Cámara (v., entre los más destacados, Sala IX, “Greppi, Laura c/
Telefónica de Argentina S.A”., sentencia del 31 de mayo de 2005; Sala VI,
“Balaguer, Catalina c/ Pepsico de Argentina S.R.L”, sentencia del 10 de
marzo de 2004; Sala X, “Staforini, Marcelo Raúl c/ Ministerio de Trabajo y de
la Seguridad Social - [Link].S”, sentencia del 20 de junio de 2001; Sala III,
“Camusso, Marcelo Alberto c/ Banco de la Nación Argentina s/ juicio
sumarísimo”, sentencia del 29 de julio de 2009; Sala V, Arecco, Maximiliano
c/ Praxair Argentina S.A. s/ juicio sumarísimo”, sentencia del 23 de junio de
2006 y el ya citado “Parra Vera”, entre muchos otros).
Asimismo, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en
precedente “Álvarez Maximiliano y otros c/ Cencosud S.A. s/ acción de
amparo” (A. 1023. XLIII. Recurso de hecho, del 7 de diciembre de 2010),
dejó claramente establecido que la ley 23.592 resulta indudablemente
aplicable a la relación de trabajo privada, y que la reinstalación dispuesta a la
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luz de su art. 1°, no resulta incompatible con los derechos de raigambre
constitucional que asisten a la empleadora sobre la base de los arts. 14, 14 bis
y 16 de la Constitución Nacional. En esa línea argumental, el Supremo
Tribunal consideró que “...nada hay de objetable a la aplicación en esta
causa de la ley 23.592, que reglamenta directamente un principio
constitucional de la magnitud del art. 16 de la Constitución Nacional (Ganem,
Fallos: 324:392), sobre todo cuando, por un lado, la hermenéutica del
ordenamiento infra constitucional debe ser llevada a cabo con ‘fecundo y
auténtico sentido constitucional’ (Municipalidad de Laprida c/ Universidad de
Buenos Aires, Fallos: 308:647, 653) y, por el otro, el trabajador es un sujeto
de ‘preferente tutela’ por parte de la Constitución Nacional (Vizzoti, cit., ps.
3689 y 3690; Aquino, cit., ps. 3770 y 3797; Arostegui, Pablo Martín c/ Omega
Aseguradora de Riesgos del Trabajo S.A., Fallos: 331:570, y Bernald, Darío
c/ Bertoncini Construcciones S.R.L., Fallos: 331:1488). Si bien la
Constitución Nacional es individualista en el sentido de reconocer a la
persona ‘derechos anteriores al Estado, de que éste no puede privarlo (art.
14 y siguientes)’, no lo es ‘en el sentido de que la voluntad individual y la libre
contratación no puedan ser sometidas a las exigencias de las leyes
reglamentarias’, tal como rezan los arts. 14 y 17 de la Constitución,
invocados por la demandada (Quinteros, cit., ps. 81 y 82). Esta conclusión
resulta plenamente robustecida en este debate, ni bien se repare en que el
vínculo laboral supone, regularmente, una desigualdad entre las partes, en
disfavor del trabajador (Fallos: 181:209, 213/214; 239:80, 83 y 306:1059,
1064, entre muchos otros)….”.
Con similar criterio, autorizada doctrina ha señalado, con
argumentos a los que adhiero, que la ley en comentario (23.592), “...no
presenta ningún elemento que permita interpretar, con fundamento
razonable, que no está llamada a regir cuando el acto discriminatorio es el
despido, y no creo que sea admisible interpretar una ley antidiscriminatoria
contrariando su finalidad ostensible y ‘discriminando’ (valga la reiteración) a
un grupo determinado de habitantes por el solo hecho de ser trabajadores...”.
También se señaló que el segundo párrafo del dispositivo incluye,
expresamente, al acto discriminatorio motivado por razones gremiales, “…y
esta inconducta, generalmente, se configura en el marco de la relación
laboral, ya que no es demasiado imaginable otro ámbito en el cual ‘lo
gremial’ genere una represalia...”, por lo que se concluyó sosteniendo que
“…la interpretación aludida está lejos de colisionar con el juicio de
inconstitucionalidad, criticable por cierto, que llevara a cabo el alto tribunal al
juzgar la estabilidad absoluta en el ámbito privado, porque –y en esto
discrepo respetuosamente de la interpretación de Jorge Rodríguez Mancini-
el empleador ‘puede’ despedir y eventualmente abonar una indemnización,
Fecha de firma: 15/03/2023
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Firmado por: SILVIA ESTHER PINTO VARELA, JUEZ DE CAMARA
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pero lo que no se le permite es la antijuridicidad de discriminar con eficacia.
La norma que nos convoca ha privilegiado el derecho a no ser discriminado
de una manera aberrante por sobre la disponibilidad del contrato…” (cfr.
ÁLVAREZ, Eduardo O., “Reflexiones Acerca del Despido por Discriminación”,
Revista de Derecho Laboral, Santa Fe: Rubinzal Culzoni Editores, Tomo
2008 2, Discriminación y Violencia Laboral - 1, págs. 29 a 32).
En el mismo sentido y con criterio al que adhiero, el Dr. Miguel
Ángel Maza, al emitir su voto en la causa “Camusso”, dijo que “...tampoco
coincido en que deban ser contemplados los deseos del empleador de
romper un contrato, ya no por una mera causa injustificada, por inexistente o
por insuficiente, o por su mero capricho (caso muy poco probable en un
empresario en uso de sus facultades mentales pues los actos de las
personas psicológicamente sanas siempre tienen una causa racional
explícita o escondida), sino en cumplimiento de actitudes subjetivas que
trasuntan prejuicios y discriminación en los términos descriptos por las leyes,
normas que, como ya dije, cristalizan un actual sentimiento cultural de
nuestra sociedad de sancionar con mayor dureza los actos reputados como
deleznables…”.
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resulta claro que lo allí decidido en modo alguno puede hacer cosa juzgada o
impedir la viabilidad de la reinstalación solicitada, circunstancia que se
presenta soslayada por el Juez de la anterior instancia.
Por todo lo expuesto y toda vez que, en mi criterio, el acto
discriminatorio afecta un derecho humano fundamental, por lo que debe ser
nulificado y seguir los efectos naturales previstos para los actos jurídicos de
objeto prohibido (cfr. arts. 279, 386 y 387 del Código Civil y Comercial de la
Nación), es decir, el restablecimiento de las cosas “...al mismo estado en que
se hallaban antes del acto declarado nulo...” (cfr. art. 390, C.C.C.), he de
propiciar que se haga lugar al recurso de la parte actora y,
consecuentemente, que se ordene la reinstalación de Eduardo Valentino
JARA SOTO en el mismo puesto de trabajo que ocupó bajo la dependencia
de HIPÓDROMO ARGENTINO DE PALERMO S.A. hasta la fecha de su
aparente despido, con resguardo de su antigüedad, remuneración y
categoría, bajo apercibimiento de aplicar una multa que deberá ser fijada
oportunamente por el Magistrado de la sede de grado.
Dejo aclarado –a fin de dar respuesta al agravio expresado en tal
sentido por el accionante- que la reinstalación que aquí se ordena
comprende también el reintegro del servicio de medicina prepaga del que
gozaba el actor en la prestadora “Swiss Medical” o en otra que brinde similar
cobertura prestacional, puesto que llega firme a esta instancia que JARA
SOTO gozó del beneficio referido hasta la fecha en la que acontecieron los
hechos examinados en la sentencia de la anterior instancia, como así
también que la modificación de las condiciones de trabajo que implementó la
accionada también afectó al beneficio en cuestión, el cual fue sustituido por
uno de inferior calidad –v. apartado “Resultado de las probanzas rendidas.
Veredicto virtual en ciernes” del pronunciamiento recurrido-, circunstancia
que, desde mi opinión, importó un ejercicio abusivo del ius variandi, conforme
a las previsiones del art. 66 de la L.C.T., puesto que, en las condiciones
acreditadas, cabe entender que el beneficio en cuestión se hallaba
incorporado al contrato de trabajo y, por ende, que se trata de una prestación
que no pudo ser válidamente interrumpida o suspendida por la mera decisión
del principal, al menos sin compensación suficiente o por razones fundadas
en necesidades de organización de la empresa demandada.
Asimismo, corresponde resarcir al accionante por los daños
materiales y morales derivados del acto antijurídico acreditado (cfr. arts. 1740
del Código Civil y Comercial y 1º de la ley 23.592).
Para ese fin, he de fijar la reparación del daño material sufrido por
el trabajador –el cual incluye también al resarcimiento debido por la
supresión de la medicina prepaga- en una suma equivalente a las
remuneraciones devengadas desde la fecha del aparente despido (22 de
Fecha de firma: 15/03/2023
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
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mayo de 2019), hasta la de su efectiva reincorporación (cfr. arts. 165,
C.P.C.C.N. y 11, ley 23.592), con más el sueldo anual complementario y los
incrementos que se pudieron haber dispuesto en el período de que se trata,
tomando como base para ello la suma devengada por el trabajador en abril
de 2019, la cual, según los cálculos establecidos en grado y que llegan
firmes a esta instancia, resulta equivalente a la cantidad de $46.441,85.
Al respecto, hago constar que, en mi opinión, los efectos de la
sentencia de nulidad deben retrotraerse a la fecha del aparente despido –cfr.
art. 390 del citado Código Civil y Comercial- lo cual importa la ininterrumpida
continuación del vínculo contractual y, por ende, el derecho del dependiente
a percibir los salarios devengados, pues este derecho se adquiere por la
mera puesta a disposición de la fuerza de trabajo (cfr. art. 103, L.C.T.),
extremo que, en mi opinión, en la especie se halla acreditado a partir del
telegrama que el actor remitió el 10 de junio de 2019, en el que, tras
impugnar la causa del despido e invocar una represalia derivada de su
actividad gremial, peticionó su inmediata reinstalación.
En cuanto al resarcimiento del daño moral, destaco que ha sido
derivado a condena en la sentencia de primera instancia –bajo la
denominación “indemnización por despido discriminatorio”-, resolución que
arriba firme a esta Alzada, al igual que las diferencias salariales allí admitidas
y la indemnización por práctica desleal.
Frente a lo expuesto y en caso de ser compartido mi voto,
corresponderá dejar sin efecto las indemnizaciones por antigüedad y
sustitutiva de preaviso, así como la integración del mes de despido que
fueron diferidas a condena en el pronunciamiento de grado, por cuanto, a mi
juicio, la exigibilidad de tales rubros se presenta incompatible con la nulidad
del despido que aquí se declara. Consecuentemente, juzgo prudente y
equitativo disponer que, del importe correspondiente a la indemnización por
despido discriminatorio determinada en la sentencia de grado, se deduzca la
suma de $549.240.-, la que, conforme llega sin cuestionamientos a esta
instancia, fue percibida a cuenta por el accionante con motivo del despido
que aquí se nulifica, deducción que deberá practicarse conforme a las
disposiciones del art. 900 del Código Civil y Comercial de la Nación.
Asimismo y habida cuenta que de las constancias de la causa se
desprende que HIPÓDROMO ARGENTINO DE PALERMO S.A. es la titular
de la relación jurídica sustancial, he de dejar aclarado que, en caso de ser
compartido mi voto, la condena que dispone la reinstalación del actor en su
puesto de trabajo, con más el pago de los salarios devengados hasta la
fecha de la reinstalación, únicamente se impone a dicha codemandada,
habida cuenta que se trata de una obligación que solo puede ser cumplida
por el empleador directo. Ello, sin perjuicio de los aspectos pecuniarios de la
Fecha de firma: 15/03/2023
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
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condena que alcanzan al restante codemandado –Federico Miguel DE
ACHAVAL-, en forma solidaria, por los rubros, en los límites y de acuerdo a
lo resuelto en el pronunciamiento de primera instancia y que también llega
firme a esta Alzada.
IV. La parte actora también se queja porque el Juzgador de la
anterior sede omitió disponer la capitalización de los intereses en los
términos que establece el inciso b) del art. 770 del Código Civil y Comercial
de la Nación y conforme fue establecido por esta Cámara en el Acta Nro.
2764, del 7 de septiembre de 2022.
Sin embargo, desde mi punto de vista, no obran en la contienda
elementos de convicción que permitan modificar el decisorio de grado en
este aspecto, habida cuenta que el Magistrado de la anterior sede dispuso
que el capital que difirió a condena “…se actualizará […] con el índice que
elabora la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires […] conocido como IPCBA, desde el 22-5-2019 y hasta su
efectivo pago, con más los intereses calculados al 12% anual sobre la suma
reajustada y por el mismo período…”, decisión ésta que no llega
cuestionada, en tanto que si bien es cierto que esta Sala ha decidido aplicar,
a las causas que llegan a su conocimiento, lo establecido en el acuerdo
general del 7 de septiembre de 2022 y que se plasmó en el Acta Nro. 2764,
siempre que la cuestión no se encuentre firme y que no se trate de un crédito
que se encuentre alcanzado por un régimen legal especial en materia de
intereses, no lo es menos que el Tribunal también decidió establecer, en
función de las facultades jurisdiccionales conferidas en el art. 771 del Código
Civil y Comercial y para aquellos casos en los que la suma resultante luzca
desproporcionada, una pauta de referencia objetiva, equivalente a la suma
que resulte del capital histórico actualizado por el índice de precios al
consumidor (IPC), con más una tasa de interés pura del 6% anual, por lo
que, en el caso y en función de tal limitación, no se advierte que la aplicación
de lo dispuesto por esta Cámara en el Acta Nro. 2764 pueda arrojar un
resultado superior al establecido en primera instancia –nótese que allí se
dispuso la actualización monetaria con más un interés del 12% anual-,
circunstancia que a mi juicio impide admitir el recurso interpuesto, en virtud
del principio no reformatio in pejus.
Cabe recordar que la modificación que introdujo la mayoría de
esta Cámara en el referido acuerdo general del 7 de septiembre de 2022,
refiere a la capitalización de los intereses previstos en las Actas Nros. 2601,
2630 y 2658 y ello por haber advertido que, frente a los ajustes y variaciones
económicas y financieras que surgían de elementos propios de la realidad,
dichas tasas de interés habían quedado desajustadas y sin posibilidades de
compensar en forma suficiente la variación de los precios internos y la
Fecha de firma: 15/03/2023
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
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privación del capital, motivo por el cual se resolvió disponer la capitalización
anual desde la fecha de la notificación del traslado de la demanda, en los
términos previstos en el art. 770 –inciso b)- del Código Civil y Comercial de
la Nación, motivo por el cual no encuentro mérito alguno para aplicar la
capitalización que pretende la parte actora al supuesto de autos, puesto que,
como dije, llega firme la actualización monetaria dispuesta por el Juez de
grado y, en tal marco, el agregado de la capitalización pretendida arrojaría un
resultado excesivo y por demás desproporcionado.
Por lo tanto, propongo que se rechace el recurso interpuesto y que
se confirme la sentencia apelada en este aspecto.
V. Lo resuelto precedentemente -según la propuesta de mi voto-
impone dejar sin efecto lo decidido en grado en materia de costas y
honorarios (cfr. art. 279, C.P.C.C.N.), por lo que estimo que corresponde
dictar un pronunciamiento originario sobre estos tópicos, circunstancia que
torna abstracto el tratamiento de los recursos interpuestos en su relación.
En este orden de ideas, propongo que se impongan las costas de
ambas instancias a cargo de los codemandados vencidos, en forma solidaria
y en la proporción de su condena pecuniaria (cfr. art. 68, C.P.C.C.N.).
Asimismo, postulo que se difiera la regulación de los honorarios de
los letrados intervinientes, así como los del perito contador actuante en
autos, por los trabajos desempeñados en la instancia anterior, hasta tanto se
proceda al cálculo final del importe por el que progresa la acción, una vez
cumplida la reinstalación que aquí se ordena, todo ello en la etapa procesal
delimitada por el art. 132 de la L.O.
VI. Por último, postulo que se regulen los honorarios de la
representación y patrocinio letrado de las partes actora y demandada, por los
trabajos profesionales desempeñados en esta instancia, en los siguientes
porcentajes: 33% y 30%, respectivamente, del importe que, en definitiva, les
corresponda percibir por su actuación en origen (cfr. arts. 106 y 30,
C.P.C.C.N.).
LA DOCTORA SILVIA E. PINTO VARELA DIJO: Por compartir los
fundamentos, adhiero al voto que antecede.
LA DOCTORA MARIA DORA GONZALEZ: No vota (art. 125 L.O.).
A mérito de lo que resulta del precedente acuerdo, el Tribunal
RESUELVE: 1) Declarar mal concedido el recurso de apelación interpuesto
por la demandada con fecha 21 de octubre de 2022. 2) Modificar la sentencia
apelada, dejar sin efecto las indemnizaciones allí admitidas y que están
previstas en los arts. 232, 233 y 245 de la L.C.T. y condenar a la accionada
HIPÓDROMO ARGENTINO DE PALERMO S.A. a reinstalar al actor Eduardo
Valentino JARA SOTO, dentro del quinto día de quedar firme la presente, en
el mismo puesto de trabajo que ocupaba en dicha empresa y con idénticas
Fecha de firma: 15/03/2023
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: SILVIA ESTHER PINTO VARELA, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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condiciones laborales a las que gozaba hasta la fecha de la aparente
desvinculación, con la restitución del beneficio de la cobertura médica que le
fuera suprimido, todo ello conforme a lo dispuesto en la parte pertinente del
Considerando III del compartido primer voto y bajo apercibimiento de aplicar
una multa por cada día de retraso, cuyo monto será fijado oportunamente por
el Juez de grado (cfr. arts. 804 del Código Civil y Comercial de la Nación y 37
del C.P.C.C.N.). Asimismo, la accionada HIPÓDROMO ARGENTINO DE
PALERMO S.A. deberá acreditar, en su oportunidad y mediante depósito de
estilo en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, el depósito de la suma que
corresponda al resarcimiento del daño material y que resulte de aplicar las
pautas expuestas en la parte pertinente del Considerando III del compartido
primer voto. 3) Imponer las costas de ambas instancias a cargo de ambos
codemandados, en forma solidaria y en la proporción de su condena
pecuniaria. 4) Diferir la regulación de los honorarios de los letrados
intervinientes, así como los del perito contador actuante en autos, por los
trabajos desempeñados en la instancia anterior, hasta tanto se proceda al
cálculo final del importe por el que progresa la acción, una vez cumplida la
reinstalación que aquí se ordena. 5) Confirmar el pronunciamiento recurrido
en todo lo demás que decide y resultó materia de recurso y agravios, con la
deducción que se señala en la parte pertinente del Considerando III del
compartido primer voto, de la suma de PESOS QUINIENTOS CUARENTA Y
NUEVE MIL DOSCIENTOS CUARENTA ($549.240.-), del importe
correspondiente a la indemnización por despido discriminatorio, en la forma
que establece el art. 900 del Código Civil y Comercial de la Nación. 6)
Regular los honorarios de la representación y patrocinio letrado de las partes
actora y demandada, por los trabajos profesionales desempeñados en esta
instancia, en los siguientes porcentajes: 33% (treinta y tres por ciento) y 30%
(treinta por ciento), respectivamente, del importe que, en definitiva, les
corresponda percibir por su actuación en origen. 7) Oportunamente,
cúmplase con lo dispuesto en el art. 1º de la ley 26.856 y con la Acordada de
la CSJN Nº 15/2013.
Regístrese, notifíquese y devuélvase
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