"El Banquete" - Platón: Unidad 2
"El Banquete" - Platón: Unidad 2
Esta obra la podemos situar en la Grecia antigua, concretamente en la ciudad de Atenas donde tenía su casa el
poeta Agatón. Un joven llamado Apolodoro, discípulo de Sócrates narra la historia de cómo se desarrolló un
Banquete en casa de Agatón a un amigo suyo mientras suben del puerto de Felero a la ciudad. Este banquete tuvo
de especial respecto a los muchos que se celebraban en la Antigua Grecia que en él los presentes ensalzaron la
figura de Eros pronunciando un discurso.
Esta historia se puede situar hacia el año 416 a.C.
Compara el Eros de Pandemo nacida de hombre y mujer, es vulgar, representante del amor con el que aman los
hombres ordinarios, que aman más sus cuerpos que almas, que aman lo menos inteligente posible solo para
conseguir su propósito. Se basa en la atracción física, por lo tanto, no es duradera.
El Eros Uranio nace de un varón, por lo que inspira al amor masculino, a amar lo que es más fuerte por naturaleza y
posee más inteligencia. El amor verdadero y al que se debe alabar. Nos ejemplifica el amor entre los hombres y los
inspirados en este amor se vuelven hacia los hombres, no pensando solo en una relación sexual sino en el
verdadero amor basado en el alma y concibiendo así una relación intelectual.
Eran extraordinarios en fuerza y vigor y conspiraron contra los dioses, subiendo a los cielos para atacarlos.
Entonces, Zeus los cortó en dos mitades, así serían más débiles y más útiles, pero les dejo un recuerdo del antiguo
estado. Cada parte está buscando siempre su propio símbolo/mitad y cuando se encuentran con aquella auténtica
mitad de sí mismos se impresionan por afecto, afinidad y amor para luego permanecen en mutua compañía de por
vida. El amor es el deseo y la persecución de esa integridad.
- Sócrates: carece de sabiduría. Se prepara para alcanzarla en un mundo superior, el mundo de lo inteligible,
utilizando el método socrático.
- Eros: es un dailmon, se encuentra en un intermedio, por ser hijo de un Dios y una mortal. Va en busca de lo
que no tiene, porque posee los recursos para buscarlo.
El nacimiento de Eros, en el discurso aparece como la imagen de la filosofía, todo lo que nos motiva a elevar
nuestro conocimiento. El amor es un amante de la filosofía. Eros es deseo de posesión perpetua del bien y
procreación en belleza, relaciona la procreación física y la procreación de conocimiento, cada vez más abarcadores
y más profundos porque va a alcanzar el mundo de las ideas que tiene por finalidad alcanzar el conocimiento de
virtud, belleza y bien, los considera existentes en sí mismo y por sí mismos. Así poder poseer el bien, amando a lo
bello y procreando para alcanzarla inmortalidad, mediante el reemplazo.
El pensamiento es ver con los ojos del alma, afirma que, lo que el alma postula como realidades no es una creación,
sino que es algo externo al alma misma.
Las ideas que la mente contempla no son creaciones o entidades propias. Platón desarrolla una ontología metafísica
donde define de alguna manera lo que llamamos la división de los
dos mundos, el sensible y el inteligible.
Mundo inteligible:
Es el mundo verdadero, el mundo de lo-que-es-en-sí. Es el mundo de las Ideas, no está afectado por el cambio (es
inmutable) ni por el tiempo (es eterna). Solo puede ser conocido por la inteligencia.
En este mundo habita la idea de Bien, de la que derivan todas las ideas.
Las cualidades de un alma nacida para la filosofía son notadas en los primeros años: la verdad, la equidad, la
dulzura, la facilidad para aprender, la mesura (armonía), la gracia y la memoria.
Todas estas cualidades se ligan entre sí, y resultan necesarias al alma para poder elevarse al perfecto conocimiento
del ser. Aunque tales cualidades, pueden corromper al alma del poseedor, separándolo de la filosofía. Mientras que
el alma es pervertida por bienes como la belleza, riqueza, fuerza corporal, uniones del poder político.
Los sofistas saben formar y torcer el espíritu de las personas. No enseñan una buena forma de diferenciar lo
honesto, bueno y justo de lo vergonzoso, malo e injusto por lo que llamarán bien a todo lo que los halaga y les
cause placer. Entonces, la mala educación y corrupción de las almas va a pervertir a un posible filósofo.
Sócrates plantea que los filósofos buscan y se apoyan en la idea de bien. Intenta acercarse al bien a través de su
hijo, el sol. El sol es el rey del mundo sensible (sentidos).
El bien es el rey del mundo inteligible (mundo de las ideas) es al que queremos llegar. Es decir, cuando los ojos ven
objetos iluminados por el sol, los ven distintivamente (no así por la luz nocturna); lo mismo sucede con respecto al
alma: cuando fija sus miradas en objetos iluminados por la verdad y por el ser, los ve claramente y muestra su
inteligencia.
Lo que permite que un objeto sea cognoscible, que el cognoscente tenga la facultad de conocer, es la idea de bien,
es el principio de la ciencia y de la verdad, como también objeto de conocimiento.
Los seres inteligibles no solo reciben del bien su inteligibilidad, sino también su ser y su esencia. Por lo tanto, Platón
tiene una concepción de realidad dualista.
Según la teoría general que configura Platón, existen distintas formas del ser que se conocen mediante diferentes
métodos, en relación con su permanencia al Mundo Inteligible o al Mundo Sensible.
Este esquema divide al ser en dos grandes mundos: el sensible, que se conoce a través de los discursos oponibles, y
cuyo conocimiento no trae certeza sino creencia u opinión. Y el mundo de las ideas, que se conoce a través de la
dialéctica, y permite el intelecto del ser de manera cierta y verdadera, más allá de las apariencias del Mundo
Sensible.
Para los dos modos de conocimientos sensibles, la graduación de los discursos se configura de manera ascendente.
Las imágenes (entes del MS) se conocen a través de la imaginación; las cosas sensibles, a través de la creencia, y
ambos dominios generan el discurso de la doxa, que conoce el Mundo Sensible. Luego se encuentran los entes
matemáticos y de las ciencias que se conocen a través del entendimiento discursivo.
Finalmente, encontramos las ideas morales y metafísicas que se conocen de modo dialectico mediante la
intelección, y formando estos dos tipos de entes el MI.
El alma reconoce un camino ascendente hasta alcanzar la idea superadora que unifica el orden, la Idea de Bien, que
se encuentra fuera de los dos mundos, es el punto de unión entre las relaciones. que se integra entre el
pensamiento discursivo y el conocimiento de la Idea del Bien.
Esto permite llegar a inteligir las relaciones entre las ideas.
Alegoría de la caverna:
Esta alegoría describe a un grupo de prisioneros encadenados desde su nacimiento en el interior de una caverna.
Solo pueden ver sombras proyectadas en una pared por objetos que pasan detrás de ellos, iluminados por una
hoguera. Estas sombras son su única realidad.
Un día, uno de los prisioneros se libera, sale de la caverna y experimenta el mundo exterior, descubriendo la
verdadera fuente de luz: el Sol. Cuando regresa para contarles a los demás prisioneros, no le creen y lo rechazan.
Este mito simboliza el proceso del conocimiento. La caverna representa el mundo sensible y las sombras, las
creencias y apariencias. El prisionero que se libera es el filósofo que, a través de la razón, accede al mundo de las
ideas, donde reside el conocimiento verdadero.
Platón quiere mostrar que el conocimiento requiere de un arduo proceso y que la mayoría de las personas prefiere
seguir en la ignorancia.
“Aristóteles” - Barnes J.
Permaneció allí 20 años como miembro y en 347, a sus 37 años, era considerado un filósofo y un científico por sus
propios méritos. Sentía un profundo afecto hacia Platón, pero no coincidía con sus creencias. No imito a su maestro,
sino que se movió de sus doctrinas para replantearlas.
1) La unidad de las ciencias: Platón veía al conocimiento humano como un sistema potencialmente unificado.
Aristóteles, como pensador sistemático que era, compartía la idea de una teoría unificada de la ciencia, aunque no
acordaba sobre el modo de lograr y exponer tal unidad.
2) La lógica: Aristóteles convirtió la lógica en una ciencia e invento la lógica formal, pero Platón fue quien le
preparó el terreno: el estudio de la retórica en la Academia y su interés por la dialéctica.
3) La ontología: En Platón, estaba contenida en su teoría de las Ideas o Formas en las cuales las realidades
últimas son universales abstractas. Aristóteles rechaza esta teoría y dedicó mucho tiempo en desarrollar una
ontología alternativa (sustancias/ hylemorfismo).
5) El conocimiento mismo: Platón se preocupó de cómo adquirimos, los humanos, el conocimiento y la parte
de la filosofía que trata esto que es la epistemología que estarían determinadas por la ontología.
Aristóteles continuó esta preocupación.
Los aprendizajes de Aristóteles en la Academia se resumen en que “el conocimiento debe ser sistemático y
unificado, estructurado desde la lógica, y unificado últimamente en la ontología, de esencia explicativa, interesado
por problemas filosóficos profundos”.
Las categorías se ocupan de los tipos de predicados clasificadores (categoría significa predicado aquí), de los que
Aristóteles considera que hay diez clases diferentes de predicados, diez categorías de ser, diez clases de las cosas
existentes.
El ente o ser, entonces, puede ser de dos modos: “Ser-en-sí” o “Ser en otro”.
·El ser-en-sí es el sujeto último de toda predicación -porque en su enunciado sólo puede ser sujeto y nunca
predicado-, es la categoría primaria, es el ente individual y concreto, “la cosa sensible” (opuesto a la concepción de
Platón donde la sustancia es abstracta, universal e inteligible), la “sustancia en sí” que para ser no necesita de
ninguna otra cosa que la sostenga (no parasitaria).
·El ser-en-otro requiere apoyarse o sustentarse en otra cosa para ser: son los accidentes, que implican el modo de
ser de la sustancia. Tales accidentes son ordenados en nuestro pensamiento a través de las categorías que expresan
las formas fundamentales del ser.
Una cosa es una sustancia si a la vez es un individuo (un tal-y-cual, algo capaz de designarse mediante una frase
demostrativa), y un elemento separable (algo no parasitario).
Separable, primario y no parasitario.
Que exista un color es que exista una sustancia colorada, que exista un movimiento es que exista
una sustancia moviéndose, que exista un tamaño es que exista una sustancia que lo tenga.
Las no-sustancias, es decir, los accidentes existen, pero solo como modificaciones o afecciones de sustancias
(ejemplo: Sócrates puede separarse de su palidez, pero la palidez de Sócrates no puede separarse de Sócrates;
porque puede broncearse y su tez cambiaria de color, los accidentes existen parasitariamente en otro modo de ser).
Platón: Para que una sustancia sea blanca, tiene que participar de la blancura.
Aristóteles: Para que exista la blancura, tienen que existir ciertas sustancias que sean blanca.
Cuatro tipos de cambios: una cosa puede cambiar respecto a la sustancia, a la cualidad, a la cantidad, y al lugar.
La sustancia: Es el llegar a ser, y dejar de existir, o sea, la generación y la destrucción.
Esto ocurre cuando el hombre nace y muere. Cuando se hace una estatua y cuando se destruye.
La cualidad: Es la alteración, una planta se altera cuando se pone verde a la luz del sol y pálida en
la oscuridad. Una vela se altera cuando se ablanda con el calor y se endurece con el frío.
El lugar: Es el movimiento
Porque todo cambio es algo a algo (ejemplo: cuando un leño se calienta, cambia de un estado de frialdad, cambia a
un estado de calor, y el propio leño persiste durante el cambio)
Materia: es aquello de lo que está hecho algo. Equivaldría al contenido. La materia es indeterminada y
pasiva. Pero el concepto de materia excede la materialización misma, la materia concreta, ya que está
determinada por la forma. Es todo aquello que, por sí sola, no es algo determinado en acto, sino mera
potencia.
Forma: es aquello que hace que una cosa sea de determinada manera. Es lo que “informa” a la materia, y
por eso van unidas. Aristóteles la llama sustancia segunda para diferenciarla de la sustancia primera, que
es la cosa individua. Es eso que agregado a la materia la forma en acto.
Potencia: posibilidad.
Acto: actualidad
2. Causa eficiente: fuente de cambio, movimiento o generación. Por ejemplo, el escultor de la estatua.
2. Causa material: de lo que está hecho. Es el componente a partir del cual algo llega a ser,
por ejemplo, el bronce de la estatua.
Aristóteles, a diferencia de lo que ocurre en Platón, el alma no se define por la función que puede desempeñar en la
polis, sino que se define por la función biológica que el ser que la posea puede desempeñar.
Aristóteles no hay una concepción política y social de las almas, sino que hay una concepción puramente biológica y
funcional. Las diversas facultades biológicas de alma forman un sistema jerarquizado que pone al hombre en la
cúspide, ya que es el único que puede razonar.
1. Que una criatura tenga alma es que sea un cuerpo natural orgánico capaz de funcionar.
2. Las almas son conjuntos de poderes, capacidades o facultades.
Las descripciones que hace Aristóteles de la nutrición, reproducción, percepción, deseo y movimiento son
biológicas. Pero peligra cuando se vuelve a la más elevada de las facultades psicológicas:
el pensamiento. Lo considera: que viene de afuera y que él solo es divino; porque la actualidad corporal no tiene
ninguna relación con la actualidad del pensamiento.
Aristóteles distingue dos tipos de intelectos, activo y pasivo. El intelecto activo es “pensamiento separable e
impasible y puro, siendo esencialmente actualidad… y cuando se separa es simplemente lo que es, y él solo es
inmortal y eterno”
El comportamiento y la estructura naturales suelen tener causas finales, porque la naturaleza no hace nada en
vano. En general, la mayor parte de las características estructurales y del
comportamiento de los animales tienen una función. Sirven para realizar alguna actividad esencial para el
organismo. “con el fin de”. Las causas finales no se imponen a la naturaleza por consideraciones teóricas, se
observan en la naturaleza: vemos más de un tipo de causa.
La teología de Aristóteles se resume con el lema “la naturaleza no hace nada en vano”. Pero, aunque Aristóteles
sostiene que las causas finales deben buscarse por todo el mundo natural, no hay que encontrarlas literalmente en
todas partes. Las causas finales están constreñidas por la necesidad, y algunas veces no hay ninguna causa final para
descubrir.
Entre las primeras se encuentran las virtudes morales y también aquellas disposiciones como el respecto de sí
mismo. Las últimas incluyen al conocimiento, al buen juicio, a la sabiduría práctica.
Los hombres se distinguen de los demás animales por la posesión de la razón y la capacidad de pensamiento.
Nuestro intelecto es lo divino en nosotros. El hombre es por naturaleza un animal social.
Los animales sociales tienen alguna actividad particular común. Lo peculiar de los hombres es que solo ellos pueden
percibir lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y la participación en esa moralidad hace una familia y un [Link]
sociedad y el Estado son manifestaciones de la naturaleza humana.
Un Estado es una colección de ciudadanos, y un ciudadano de ningún modo se define mejor que por su
participación en las funciones judiciales y en los cargos políticos.
En determinadas circunstancias, Aristóteles defendía la monarquía.
En la práctica, prefería la democracia. Un Estado debe ser auto-suficiente y debe lograr el objetivo o fin para el que
existe el Estado. Es la participación de los hogares y familias en una buena vida, con el propósito de una vida
completa y autosuficiente. La “buena vida”, que es la meta del Estado,
se identifica con la eudaimonia, que es la meta de los individuos.
Ética-nicomaquea - Artistóteles
Libro I: La felicidad
Al inicio Aristóteles se pregunta ¿Qué bien es el fin de todos los fines? Toda actividad apunta hacia un bien,
entonces la felicidad debe de ser también un bien. No sólo debe ser un bien, sino el bien al cual todos los demás
bienes se dirigen. Se puede buscar este bien en diversas cosas, pero al final la verdad es el único bien delante del
cual los demás bienes parecen incompletos.
Si no hay un bien final y alcanzable, entonces es irracional la naturaleza del hombre, que busca por naturaleza un
bien. El no tener un bien final que se llama felicidad negaría la naturaleza, llevando al absurdo. Ahora bien, esta
felicidad se compone de la vivencia de las virtudes y de una vida completa; la felicidad es una actividad del alma de
acuerdo con la virtud ("excelencia") completa.
El filósofo termina el primer libro hablando de la virtud a partir de las partes del alma, preparando así el segundo
libro. Este pasaje es relevante, pues da la estructura para el resto de la obra. Como la virtud está en la parte racional
del alma y también en la parte no racional que obedece a la racional, las virtudes se dividen en dos grandes tipos a
partir de su fuente: las intelectuales y las morales. Pero como las más conocidas al hombre son las virtudes morales,
las estudia antes.
Declara en el cómo la conservación de las amistades consiste en entender cada uno lo que está obligado y debe
hacer en ley de aquella amistad que trata y poner lo tal por obra, y que el dejarlo de hacer es deshacer la amistad, y
que finalmente la disolución de la amistad sucede cuando en ella no se alcanza lo que se pretendía, y esto en
cualquier diferencia de amistad.
En este segundo libro la pregunta a responder es: ¿En qué consiste la virtud? La virtud es un estado de elección
racional que consiste en un medio relativo a nosotros y determinado por la razón.
Aristóteles explica que está hablando de la virtud moral(ethos), o de carácter, y no de la virtud intelectual, pues
busca un medio entre vicios, un tipo de estado para hacer las mejores acciones que mantenga la relación con el
placer y el dolor. La virtud moral hace bueno al ser humano y le hace cumplir bien su actividad característica. El arte
sólo requiere conocimiento, pero la virtud también requiere elección racional y un carácter firme. Es difícil ser
bueno porque es difícil encontrar el medio y la función de la educación es precisamente ayudar a alcanzarlo.
Este libro se divide en tres partes, la primera (capítulos 1-5) trata de la voluntad, la segunda (capítulos 6-9) sobre la
fortaleza, y la tercera (capítulos 10-12) sobre la templanza.
La voluntad
Aristóteles divide los actos del hombre en voluntarios e involuntarios. El acto involuntario se debe a un primer
principio extrínseco al hombre, como la fuerza o la ignorancia. El acto no voluntario es un acto involuntario que no
se lamenta. El acto voluntario se hace por el deseo. Ahora bien, la elección racional es más restringida que el acto
voluntario, en el sentido que el acto está dentro de nuestro poder y no necesariamente según el
apetito, sino que es fruto de una deliberación. Se delibera algo que se puede hacer, no sobre verdades ni sobre las
acciones de otros; además, se deliberan los medios y no el fin, pues el fin no se escoge como fin, sino que es natural
y es el bien deseado según lo que se conoce (lo que el entendimiento presenta a la voluntad). Entendido así el acto
voluntario, la virtud se aplica a cuanto conduce al fin e implica la responsabilidad del sujeto.
La fortaleza
Es el medio entre el temor y la confianza respecto a la muerte. La persona valiente actúa a pesar del temor, pero no
sin temor. El exceso de temor se llama cobardía, Y actúa con confianza, pero sin exceso de confianza, que se llama
precipitación. Sin embargo, la fortaleza se aplica más al temor que a la confianza, por ser este último más difícil de
controlar, y busca el bien honesto cuando es difícil ver este bien superior. La característica fundamental de la
verdadera fortaleza es que se basa en el carácter y no en el cálculo o en la preparación.
La templanza
Es el medio respecto a los placeres, especialmente los del tacto, la comida y el sexo, que tenemos en común con los
animales no racionales. Hay placeres naturales y placeres del individuo:
por ello, errar en los placeres naturales es siempre un exceso, mientras que errar en los placeres individuales no
siempre es excesivo. El dolor viene cuando el que no tiene esta virtud tampoco obtiene sus placeres. La
intemperancia es más voluntaria que la cobardía, pues siempre viene con una elección positiva, haciéndola más
censurable. El apetito debe siempre seguir lo que es noble como propuesto por la razón.
El tema que afronta en este libro es el de las demás virtudes menos universales que la fortaleza y la templanza y
muestra diversas situaciones en las que se puede encontrar un hombre. Entre estas virtudes están la generosidad y
la magnificencia (que es la generosidad en niveles superiores por parte de quien la actúa, de las circunstancias y del
objeto), la magnanimidad y la virtud que aplica la magnanimidad para con los inferiores, la ecuanimidad. También
habla de algunas virtudes sobre la vida: el decir la verdad, el humor. Al final menciona la vergüenza, un sentimiento
virtuoso que ayuda a los jóvenes a encontrar el medio en sus sentimientos.
Aristóteles dedica este libro a analizar la virtud de la justicia. Empieza induciendo la definición justicia a partir de la
definición nominal y de cuanto se piensa cuando se oye la expresión "justicia". Afirma que la justicia es la virtud
completa por cuanto refiere a otras personas, pues es más difícil ejercerla virtud con los demás que solamente
consigo mismo. Así la virtud en general es justicia vista en relación con los demás.
Esta justicia es la justicia general. Existe también la justicia particular, que se divide asimismo en distributiva y
transaccional, la distributiva que aplica una proporción geométrica entre varias cosas o personas; la transaccional
que aplica una proporción aritmética. Luego, Aristóteles aplica esta distinción a la economía, y dice que la justicia es
el medio entre cometer injusticia y sufrirla y
consiste en la reciprocidad. Sin embargo, descubre que en este caso su fórmula de encontrar el medio no funciona
igual que en las pasiones: el medio es la igualdad de la proporción.
Trata luego de la relación entre la justicia y la ley, una relación necesaria para que el bien del otro se consiga, pues
el hombre por sí mismo siempre busca el propio bien. Por ello, se necesita una ley. Aquí entra la política, pues
existe una justicia natural que nadie puede transgredir y otra legal, que depende de las reglas adoptadas. La justicia
legal se debe seguir una vez que se han aprobado las leyes. Esta justicia legal es variable porque los casos
particulares se relacionan con las normas universales de manera distinta en cada ocasión.
Aristóteles explica a continuación los diversos agravios en relación con la justicia, y luego afirma que quien sufre
alguna injusticia no lo puede hacer de modo voluntario. Asimismo, nadie puede hacer injusticia a sí mismo, por
ejemplo, por medio del suicidio. La equidad supera la justicia en el sentido de corregirla ley en ciertos casos
particulares, pues la regla universal no contempla cada situación particular.
El libro sexto es quizás el más importante para entender la ética de Aristóteles, porque, como él mismo dijo al inicio
de la obra, la verdad es el bien superior, y este capítulo trata de la facultad del hombre que consigue este bien, el
entendimiento. Además, es el intelecto el que nos dice dónde está el medio debido para realizar los actos virtuosos.
La primera cosa que hace es parafrasear lo que había dicho en I, 13: hay dos partes del alma. Y distingue esta vez las
subpartes de la razón, que serían el intelecto especulativo y el intelecto práctico, a los cuales corresponden la
sabiduría y la sabiduría práctica (llamada prudencia) respectivamente. Tres cosas controlan el acto y la verdad en el
alma: la percepción, el intelecto y el deseo. Pero los animales no racionales tienen percepción, así que no es el
primer principio en el hombre. El intelecto práctico afirma y niega para que el deseo busque el bien y huya del mal.
El bien del intelecto especulativo es la verdad. El bien del intelecto práctico es la verdad de acuerdo con el deseo
recto. Así el primer principio de la acción como causa eficiente es la elección racional, es decir, de acuerdo con el
fin; el principio de esto es el deseo, y así la elección racional requiere carácter. En otras palabras, el intelecto y el
deseo se influyen mutuamente en el campo práctico, y la virtud depende del pensar y del carácter.
En el intelecto hay cinco virtudes: el arte, el conocimiento científico, la prudencia, la sabiduría, y el entendimiento.
Ahora bien, el entendimiento, el conocimiento científico y la sabiduría se refieren a lo necesario, no a lo
contingente, ni a lo que puede hacer el hombre. Por otro lado, el arte y la prudencia se refieren a lo que hace el
hombre.
La prudencia es una virtud que permite descubrir el bien presente en una acción a realizar.
Es la virtud intelectual del obrar humano, no solo en el sentido de obrar bien, sino de llegara ser bueno por medio
del obrar, pues ayudará a encontrar los mejores bienes humanos en relación con la acció[Link] virtudes inferiores a
la prudencia son: el deliberar bien, el juzgar bien, y el discernimiento.
Como la sabiduría concierne cosas más elevadas y universales, mientras que la prudencia concierne la verdad en
relación a los actos humanos, la sabiduría está por encima de la prudencia, pues su objeto pertenece
exclusivamente a la parte superior del alma.
En este libro Aristóteles va un paso más adelante de Sócrates al distinguir entre el saber qué sería bueno hacer y
estar dispuesto a hacerlo. La persona prudente no solamente sabe qué sería bueno hacer, sino que también está
dispuesto, mientras que la persona incontinente sabe qué sería bueno hacer, pero no lo logra por indisposición.
Así la incontinencia no es un vicio (ni tampoco la continencia una virtud), pues se da cuenta de su incontinencia y
quiere cambiar. En cambio, quien padece un vicio no se da cuenta de él.
Esta falta de continencia se relaciona con el placer. El hombre busca el placer necesario y el placer que es fin en sí.
La incontinencia se refiere más a la falta de control en los placeres necesarios, como la comida y el sexo. La
continencia se guía por la elección racional al placer, mientras que la incontinencia piensa lo opuesto y, sin
embargo, hace lo mismo que haría quien no tiene templanza.
A continuación, Aristóteles analiza la definición que otros autores han dado del placer. Algunos, como Espeusipo,
mantenían que no era un bien, mientras que muchos han dicho que sí es un bien, y Eudoxo llegó a decir que era el
bien supremo. Aristóteles muestra varios ejemplos para probar que el placer tiene que ser bueno y a la vez que
puede conducir al vicio. Esto se debe a que el hombre no tiene una naturaleza simple, sino compleja. Por esto hay
varias dificultades, pero al final se puede decir con Espeusipo que el placer no es el bien supremo, y con Eudoxo que
sí es un bien.
Está dedicado al tema de la amistad que define como un fenómeno universal y necesario a todo humano. Es más
excelsa que la justicia porque puede existir sin ella. Pero no todos están de acuerdo sobre su naturaleza.
Se ama algo porque es bueno en sí, bueno para mí, o agradable. La amistad requiere ser el uno para el otro,
requiere reciprocidad. Por tanto, el amor de amistad necesita que el amigo quiera al otro. Sin embargo, resultar
agradable o ser útil son situaciones más pasajeras que el ser honesto. La verdadera amistad -de la cual los otros dos
tipos participan analógicamente es la amistad honesta, que busca al otro por lo que el otro es y no porque sea
bueno para mí o porque me dé algún placer. Esta amistad es un estado superior a una actividad o a una emoción,
pues perdura en el tiempo entre dos personas con la elección racional de ambas.
Después de considerar la amistad en general, Aristóteles explica diversos tipos de amistad a partir de la igualdad y
de la reciprocidad que son sus elementos propios.
Tras analizar la definición de la amistad, Aristóteles quiere mostrar sus características y el modo en que se relaciona
con la ética. La amistad es recíproca, y lo que uno da el otro lo debe pagar de alguna manera.
La desigualdad y la decepción rompen las amistades y este efecto sirve para mostrar la raíz de la amistad.
El fundamento de la amistad es el amor verdadero a sí mismo. Cada hombre bueno es amigo de sí porque disfruta
de su pasado y de su futuro, mientras que el malvado está en guerra constante dentro de sí, y entonces la amistad
es difícil. Si alguien se ama a sí mismo, sabrá amar a los demás, y por eso puede comenzar una amistad. El primer
principio es la buena voluntad, pero no es suficiente, ya que requiere también el afecto y la intimidad. Otro
principio es el sufrimiento, ligado al afecto, y estriba en que uno ama más lo que más le ha costado, de tal manera
que, en una relación de bienhechor con beneficiado, es el bienhechor quien ama más, pues ha empleado lo que le
pertenecía para el bien del otro.
Este amor a sí mismo tiene que ser verdadero. El falso amor de sí se llama egoísmo. El amor verdadero se encuentra
en buscar el fin verdadero para el hombre, que es el intelecto, lo noble. Así se podrá sacrificar por sus amigos. Pero
como busca el verdadero fin, también sus amigos buscarán el mismo fin, pues el hombre busca lo que le asemeja, y si
tuvieran diversos fines, la convivencia no sería posible.
Los amigos virtuosos son necesarios para la felicidad, pues el hombre es un "animal social", necesitado de otros
seres
humanos de quienes depende y con quienes puede compartir. Los amigos son el bien externo más grande para el
hombre.
Aristóteles comienza el último libro retomando el tema del placer del libro siete, debido a la importancia que esta
tiene en relación con la felicidad y su correcta definición. El placer es lo que completa una actividad como
consecuencia, y no como si la actividad fuera el placer. Para obrar éticamente, para llegar a la verdadera felicidad,
el placer tiene que regirse por la actividad característica del ser humano. Así, el hombre perverso encontrará placer
en lo que no es un bien, mientras que el hombre bueno lo encontrará en el bien.
Entonces, la felicidad es una actividad que tiene fin en sí y no en otra actividad, y además es autosuficiente y se
actúa de acuerdo con la virtud. La felicidad no es la actividad en consonancia con cualquier virtud, sino con la más
excelsa virtud, y ésta dependerá de la facultad más excelsa: en el caso del hombre el intelecto.
Por tanto, la felicidad es la vida de acuerdo con el intelecto, o la contemplación acompañada por los demás
aspectos propiamente humanos (amistad, bienestar, etc.)
Pero Aristóteles había dicho que se requiere la virtud, y no deja de lado este aspecto esencial, sino que muestra que
la felicidad misma se encuentra también, pero de modo análogo, en la virtud del carácter, de modo que los hábitos
de virtud que se han logrado conllevan el placer. Además, la contemplación se logra en esta vida solamente con las
virtudes.
Para llegar a formar el hábito necesario a esta felicidad, se necesita la educación, y esto requiere una legislación.
Pero para formular leyes buenas, se requiere la experiencia. Por ello, hace falta estudiar la política y con esta
invitación, Aristóteles concluye su obra.
“¿Que es la filosofía antigua?” Hadot P.
Platón dará un nuevo sentido, en el Banquete, a la palabra "filósofo", y luego a la de "filosofía". En el discurso de
Diotima y en el discurso de Alcibíades, se percibe que los rasgos de la figura de Eros y Sócrates tienden a
confundirse. La razón para que se mezclen tan estrechamente es que Eros y Sócrates personifican (uno míticamente
y otro históricamente) la figura del filósofo.
Eros es un daimon de naturaleza intermedia. El análisis de Hadot muestra que Eros, como tal, personifica la figura
del filósofo y, por ende, del mismo Sócrates. El filósofo, a partir de Sócrates, es una persona que está en el medio de
la sabiduría y la ignorancia. Sócrates decía: “solo sé que no se nada”. El hecho de ser ignorante, pero reconocerlo, lo
ponía en la vía regia para cambiar su situación, para comenzar a saber y aprender el orden del mundo.
La explicación sobre la naturaleza socrática, erótica y filosófica se nos presenta en la conciencia de ignorancia:
percatado de su no saber, desea saber, falto de sabiduría, de la belleza, del bien, desea, ama la sabiduría, la belleza,
el bien.
El filósofo nunca alcanzara la sabiduría, pero puede progresar hacia ella. La filosofía, según el Banquete, no es la
sabiduría, sino un modo de vida y un discurso determinados por la idea de sabiduría.
En el Sócrates del Banquete, la filosofía adquiere una tonalidad irónica y trágica. Irónica por el dualismo del filósofo,
que no es ni sabio ni no sabio. Trágica, porque el filósofo esta torturado y desgarrado por el deseo de alcanzar esa
sabiduría que se le escapa y a la que ama. El filósofo no es sólo un intermediario, sino un mediador, como Eros.
Revela a los hombres algo del mundo de los Dioses, del mundo de la sabiduría.
Las obras de Sócrates y Platón instauran, entonces, una distancia insuperable entre la filosofía y la sabiduría.
A partir de ellos, la filosofía se define por aquello de lo que carece, es decir, por algo trascendente que se le escapa,
la sabiduría, eso que no tiene. Así, es como se enamorará de la sabiduría, de ahí que, etimológicamente,
Acá, la sabiduría representa la perfección del saber con la virtud, la arete.
Esta es la definición del filósofo y la filosofía que nos da el Banquete, Platón, y Sócrates.
V. Platón y la Academia
En el Banquete aparece el amor, no solo como deseo de la sabiduría, sino también como deseo de fecundidad,
es decir, deseo de inmortalizarse produciendo cosas. Hay dos fecundidades, la del cuerpo, que produce hijos, y la
del alma, que produce conocimiento. La segunda, es la más importante de todas las inteligencias y habla de un
educador, semejante a Eros. Lleno de recursos que tiene abundancia de razonamientos sobre la virtud, sobre cómo
debe ser el hombre bueno y lo que debe practicar.
La nueva definición de la filosofía que propone Platón en el Banquete es que esta no puede hacerse más que por la
comunidad de vida y el diálogo entre maestros y discípulos en una escuela.
Platón creía en la posibilidad de cambiar la vida política por medio de la educación filosófica de los hombres
influyentes en la polis. Los sofistas pretendieron formar a los jóvenes para la vida política, pero Platón quiso hacerlo
dotándolos de un saber superior al de los sofistas, que, conforme a la concepción socrática, seria inseparable del
amor del bien y de la transformación interior del hombre.
Platón quería, hacer vivir a sus discípulos en las condiciones de una ciudad ideal y deseaba, que pudiesen regir su
propio yo, conforme a las normas de esta ciudad ideal. Crea un medio educativo relativamente separado de la
ciudad, una concepción diferente de la educación a la que tenía Sócrates, quien consideraba que debía hacerse no
en un medio artificial, sino mezclándose en la vida de la ciudad. En Platón se encuentra la concepción socrática de la
educación por medio del contacto vivo y del amor, pero él la institucionalizo en su escuela.
La formación e investigación en la Academia incluían la geometría y demás ciencias matemáticas como la primera
etapa en la formación filosófica, se las practicaba destinadas a purificar la mente de las representaciones sensibles.
La dialéctica es el ejercicio a partir del cual uno pasa de lo múltiple sensible a lo uno inteligible.
Gracias a la dialéctica, el alma pasa de un mundo a otro. Se trata de un esfuerzo hecho en común por dos
interlocutores que quieren estar de acuerdo con las exigencias racionales del discurso sensato del logos.
Enseñaba a: atacar, conducir atinadamente interrogatorios, contestar desbaratando las trampas del interrogador.
Esta era absolutamente necesaria en una civilización que tenía como centro el discurso político, había que formar a
la gente para un perfecto dominio de la palabra y del razonamiento.
El logos no representa una especie de saber absoluto, sino que es un acuerdo establecido entre los dos
interlocutores, llevados a admitir sus puntos de vista particulares.
Platón: el razonamiento y el discurso son la misma cosa, porque uno consiste en el diálogo interno y silencioso del
alma consigo misma.
Esta elección de vida consistía en adherirse, primeramente, a esta ética del dialogo, de la dialéctica: en el dialogo, se
plantean como sujetos, pero también se superan a sí mismos, experimentan el logos, los trasciende y, finalmente,
este amor al Bien, que supone todo esfuerzo de dialogo. El objeto de la discusión y el contenido doctrinal tiene una
importancia secundaria.
Para Aristóteles, la vida del espíritu consiste en observar, investigar y reflexionar acerca de estas observaciones.
En lo que se refiere a las sustancias eternas, a los astros y a las esferas celestes, nuestros conocimientos son muy
escasos a pesar del gran deseo que tenemos de conocerlas, y, mientras de las sustancias perecederas, que están a
nuestro alcance, disponemos de muchos datos. En cuanto al estudio de la naturaleza, nos proporciona placer en la
medida en que descubrimos en ella un arte divino. La belleza natural es superior a toda belleza artística.
Presentimos en la naturaleza una presencia divina.
Platón y Aristóteles cifran en los políticos su esperanza de transformar la ciudad y los hombres. Pero Platón
consideraba que los propios filósofos debían ser los políticos que llevaran a cabo esta obra. Para Aristóteles, en
cambio, la actividad del filósofo en la ciudad debe limitarse a formar el juicio de los políticos. El filósofo, elegirá una
vida consagrada a la investigación desinteresada, al estudio y a la contemplación, independientemente de los
ajetreos de la vida política.
“El interrogar socrático: dialogo y dialéctica” Gorr V.
El origen de la incertidumbre del conocimiento de Sócrates está en que este no escribió sus reflexiones y
que debemos llegar a él, a través de fuentes contrapuestas en la caracterización de su personalidad o su
pensamiento (el Sócrates idealizado de Platón, el Sócrates ético de Jenofonte, o el Sócrates
inescrupuloso de Aristófanes).
El testimonio más aceptado es el de Platón. Sócrates aparecía dirigiendo el diálogo como un proceso de
búsqueda que se inicia con lo que se entiende sobre lo que se habla, y luego cuestionando se llega
a la ignorancia del interlocutor sobre el tema de discusión.
Lo acompaña con la ironía. Sócrates se presenta como total ignorante de la verdad de lo que se habla.
con la finalidad de revelar la ignorancia del otro; no para revelar un conocimiento oculto, porque el
siempre insiste en no poseer sabiduría: la sabiduría de Sócrates es la conciencia de su ignorancia.
Siempre acompañado por su daimon (conciencia moral que le indica qué caminó tomar, qué cuestión
tratar y quién puede ser interrogado).
El primer momento del método socrático: la refutación. Donde se pone de manifiesto la inconsistencia
de lo que dicen y creen sus interlocutores. Con la refutación muestra que la opinión es contradictoria y
vacía de contenido, por eso, busca lograr la definición de aquello sobre lo que se discute.
El dialogo deja de ser un mero intercambio de opiniones, para desarrollarse en una conversación
razonada, donde las opiniones sean analizadas exhaustivamente.
El dialogo dialectico implica un conversar consciente que se despliega en un plano metódico para la
búsqueda de la definición. Con la vida ascética. Nuestro pensador acompaño su tarea reflexiva de
búsqueda- investigación de la verdad (sabiduría) con una conducta acorde a tal preocupación, con un
respeto por las leyes, cumplimiento de los ritos y las normas de la polis, sin aspiración a una participación
política con beneficios.
El Sócrates mayéutico se complementa con el Sócrates ignorante y refutador, para llegar como finalidad
a la verdad. El camino adecuado para llegar a ella es el sometimiento de las creencias propias y ajenas a
examen, mediante un dialogo interrogativo e investigativo en común.
¿Qué se entiende como ética socrática?: La ética de Sócrates se define como el Eudemonismo (felicidad),
el problema de alcanzar el bien es alcanzar la felicidad. El verdadero sabio es el que ha alcanzado
la plenitud, debiendo ser feliz por esto que ha podido abandonar, las pasiones y acercarse al estado
divino. Al procurar la purificación y el perfeccionamiento del alma, la sabiduría, según Sócrates, produce
un acercamiento al estado divino. El sabio crea una fuente de satisfacción espiritual independiente de lo
exterior y así alcanza un estado de beatitud (felicidad suprema).
Su ética, entonces, es forjar el carácter del hombre (ethos del hombre), mientras trabaja
permanentemente sobre el alma.