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Resumen Abstract
El presente trabajo presenta una aproxi- This paper presents an approach to the
mación a los vínculos transdisciplinares transdisciplinary links between the work
entre la obra de Jorge Luis Borges y algunas of Jorge Luis Borges and some of the most
de las más innovadoras teorías científicas innovative emerging scientific theories of the
emergentes en el siglo XX, que han produ- twentieth century, causing major epistemo-
cido quiebres epistemológicos decisivos logical ruptures in the past century, which
en la pasada centuria; lo cual ha derivado has resulted an expansion of the horizon
en una ampliación del horizonte del para- of the scientific paradigm beyond the li-
digma científico allende los límites de la mits of modern rationality. In this case, we
racionalidad moderna. En este caso, nos are particularly interested in the so-called
interesa particularmente la denominada theory of parallel worlds by Hugh Everett
teoría de los mundos paralelos, de Hugh III and others, originated in the field of
Everett III y otros, originada en el área de quantum physics and some of the related
incumbencia de la física cuántica y algunas concerns, such as the existence of doors
de sus preocupaciones allegadas, como la or passages between different space-time
existencia de puertas o pasos entre diferen- dimensions. Although this perspective has
tes dimensiones del espacio-tiempo. Si bien already been addressed by several authors
esta perspectiva ya ha sido abordada por nu- and researchers from different disciplines,
merosos autores e investigadores provenien- the proposal is to visit and add to the dis-
tes de distintas disciplinas, se propone visitar cussion certain parts of the work of Jorge
y añadir a la discusión algunos lugares de Luis Borges that have not been cited quite
Logos, 24: 67-84, julio-diciembre del 2013, Bogotá, Colombia. ISSN 0120-6680 / 67
la obra del escritor Jorge Luis Borges no tan as often and which have remained unex-
recurrentemente citados e, incluso, no ex- plored in this regard.
plorados aún en este sentido.
Palabras clave: Borges, literatura fantásti- Keywords: Borges, fantasy literature, other-
ca, alteridad, transdisciplinariedad, nue- ness, transdisciplinarity, new paradigms.
vos paradigmas.
Alteridad
El sueño de la razón produce monstruos. Esta proposición enunciativa afirmati-
va es el título de un célebre grabado del pintor, grabador y litografista aragonés
Francisco de Goya y Lucientes. La actividad de la razón no en su deficiencia,
sino, precisamente, en su exacerbación ha sido tema e inspiración de numerosas
creaciones artísticas a lo largo de la historia, que han hurgado en la compleja
problemática de la existencia humana y en aspectos de esta, como lo real, lo cog-
noscible, lo racional, lo representable, y sus evanescentes y siempre lábiles fron-
teras; sus límites, siempre urgentes de definición, y esa irresistible otredad que
se abre más allá de estos, más allá de lo Mismo, hacia lo Otro, lo irreal, lo impo-
sible, lo incógnito, lo irracional, lo incomprensible, lo monstruoso, lo sublime.
Se propone añadir una instancia a una serie de aproximaciones a la obra
de Jorge Luis Borges que indagan acerca de las relaciones existentes entre esta y
algunas de las principales teorías científicas desarrolladas durante la pasada
centuria, las cuales han generado quiebres y transformaciones significativas en
los paradigmas y los horizontes epistemológicos de la ciencia moderna. La idea
de que la obra borgiana establece relaciones de anticipación, que resultarían
en algunos casos casi visionarias o proféticas, con un gran número de las teorías
antes mencionadas, no es nueva. De hecho, constituye en la actualidad el objeto
[Link] 2
Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que
nos propone la Teoría Cuántica en los pliegues de una materia que se vuel-
ve elusiva y extraña a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo
muy pequeño o lo desmesuradamente grande [...] la angustia de nuestra
ignorancia aunada por el infinito de los extremos. (Di Marco Rodríguez,
2006, p. 2).
Una “materia elusiva y extraña” que en sus “pliegues” esconde “infinitas rea-
lidades”, una idea que nos aproxima irremisiblemente a la concepción de lo
fantástico y, en un sentido amplio, a la literatura en nuestro autor, desde las dife-
rentes concepciones de la literatura fantástica que este tipo de aproximaciones
a su obra han generado y continúan generando. Así, encontramos, por ejemplo,
que Antonio Pineda Cachero retoma, junto con Jaime Alazraki, la denominación
1
Edgard Morin señala que “En lo que concierne a la transdisciplinariedad, se trata a menudo de esquemas
cognitivos que pueden atravesar las disciplinas, a veces con una virulencia tal que las coloca en dificul-
tades. De hecho, son complejas cuestiones de ínter, de poli, y de transdisciplinariedad que han operado
y han jugado un rol fecundo en la historia de las ciencias; se debe retener las nociones claras que están
implicadas en ellas, es decir, la cooperación, y mejor, articulación, objeto común y mejor, proyecto co-
mún” (1997, p. 8). Esos esquemas cognitivos, y por qué no estéticos, capaces de atravesar las disciplinas,
atrapando o condensando “lo que está a la vez entre las disciplinas, a través de las distintas disciplinas,
y más allá de toda disciplina”, por emplear la expresión de Nicolescu ([Link]., 2003, p. 3), le otorgan un
lugar privilegiado a la literatura, cercano a aquella tan citada concepción propuesta por Barthes (1993)
sobre esta como la “danza de los saberes”. Y esto ocurre, quizá, entre otras recónditas razones, por apelar
metodológicamente a la metáfora como vía del conocimiento, ya que cuando el conocimiento alcanza
el nivel de la metáfora, se trasciende, en la expresión del ya citado Nicolescu, “el alcance estrecho de
las cosmovisiones disciplinares, abarcando las diversas partes del material provisto separadamente por las
disciplinas especializadas […] atravesando las barreras disciplinares y desobedeciendo las reglas de la
etiqueta disciplinar” (2003), y allí, la “preocupación esencial es el estudio de la naturaleza a la vez lógica y
a-lógica del flujo de información que atraviesa ese espacio” (2003), la “tierra de nadie que se encuentra
y se encontrará siempre entre las diferentes disciplinas” (Bagnat, 2008c, p. 2).
2
A propósito de esta clasificación genérica, Antonio Pineda Cachero (2000) señala que si bien el género
fantástico nace como un correlato literario “del orden racionalista y secular de la Modernidad ilustrada”,
el género neofantástico, “apunta un orden transracional, más allá de la lógica, o, más bien, una nueva
lógica ‘de la ambigüedad y la indefinición’”, según Alazraki, para quien “El arte refleja la versión de la rea-
lidad postulada por las ciencias en un momento dado”, por lo que a “través del discurso neo-fantástico se
plantean posibilidades de percepción literaria que escapan al discurso realista. El relato neo-fantástico
no se propone una descripción o representación causal de la realidad; busca, en cambio, establecer rela-
ciones nuevas, que, aunque en apariencia niegan nuestro sistema de relaciones lógicas, propenden, en el
fondo, a una expansión del campo de posibilidades de la lógica realista. Si sus mensajes resultan indes-
cifrables es porque nos empeñamos en descifrarlos según un código que no es el suyo” (Pineda Cachero,
2000, p. 4).
La forma expresiva que le es propia es la metáfora neofantástica, que opera según la idea postulada por
Humberto Eco acerca de la “obra abierta”, con un número ilimitado de lecturas posibles. Los objetivos y
los personajes de este género también son diferentes, ya que “el personaje más definitorio de lo neofantás-
tico se aleja de los esquemas clásicos (monstruos, fantasmas, espíritus, etc.) y se acerca al antropocentris-
mo: el hombre y su situación en el mundo van a ser los nuevos objetos del género. En suma, si el arte es
una ‘metáfora epistemológica’, según Eco, el género neofantástico viene a dar cuenta de las nuevas posibi-
lidades y realidades de un universo nuevo, alumbrado por las nuevas corrientes filosóficas y científicas. La
dimensión gnoseológica del arte fantástico refleja los métodos y conclusiones conceptuales del pensamiento
filosófico y científico, cristalizando en metáforas e imágenes lo que en aquellos es especulación abstracta
o arquitectura formal, ofreciendo de modo sintético e integrador lo que la ciencia ha descompuesto ana-
líticamente” (Pineda Cachero, 2000, p. 5).
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Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
mos como matemática fractal.3 Todas estas postulaciones han abierto la posibilidad
de pensar, desde lo científico, en la existencia de realidades Otras con respecto
a las que cotidianamente nos devuelven los sentidos. Una alteridad a la cual
la literatura, con sus recursos e invenciones, se ha aproximado con antelación
3
Desde estas múltiples y diversas perspectivas, con tantos posibles puntos de contacto entre sí, podemos
destacar algunos de los muchos autores que se han aproximado a la obra de Borges. Desde la relación
con las matemáticas, no podríamos dejar de mencionar el ya histórico artículo de Pedro Amaral titulado
“Borges, Babel y las matemáticas” (1971), entre los primeros títulos de una serie encontramos, en tiempos
recientes, publicaciones como la recopilación de charlas dictadas por el doctor en Matemáticas y escritor
argentino Guillermo Martínez bajo el título de Borges y las matemáticas (2003), o el ensayo Biografía del
infinito: la noción de transfinitud en George Cantor y su presencia en la prosa de Jorge Luis Borges, de Juan
Antonio Hernández (2001). En un trabajo anterior (Bagnat, 1998b), establecíamos un análisis comparativo
entre la obra literaria del escritor argentino y la gráfica del dibujante y grabador holandés Mario Cornelio Es-
cher, a la luz del estudio que el matemático Bruno Ernst había realizado sobre esta última, en su ensayo
publicado bajo el título de The Vision of a Mathematician ([Link]., 1992). A propósito de esta compara-
ción, sosteníamos que: “El núcleo de la obra borgiana se prefigura como un metatexto de la gran aventura
intelectual, ya que se apropia de los esfuerzos de los hombres por descifrar la incógnita del universo y de
su propia existencia para crear obras maestras de la Literatura. En el tratamiento que hace Borges de lo
fantástico, la dirección del pensamiento no se posiciona en el temor ancestral frente a lo misterioso y
lo desconocido, pues precisamente sobre lo aterrador y lo misterioso proliferan las explicaciones. De esta
manera se instala, como diría Genette, ‘lo cognoscible en el núcleo del misterio’” (Bagnat, 1998b, p. 2).
A partir de estas premisas, desarrollábamos nuestro análisis en torno a algunos textos antológicos de la
ficción ensayística de Borges, como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”, “Las
ruinas circulares”, “Examen de la obra de Herbert Quain” o “El inmortal”, en función de las categorías
aplicadas por Ernst a la obra de Escher, entre las que se encuentran los espirales; las bandas de Möbius,
en sus diferentes formas; las metamorfosis y los ciclos; las aproximaciones al infinito; la penetración de
otros mundos; las anomalías espaciales (figuras imposibles), y las diferentes formas de la relatividad. En
un abordaje que se realiza principalmente a partir de lo espacial, pero que bien puede ser extrapolado
a lo temporal, los tópicos de lo imposible y lo infinito representados aparecen como constantes que nos
conducen a uno de los núcleos del presente: la dicotomía entre orden y caos.
En este trabajo explicitábamos que “el interés que Bruno Ernst demostrara por la obra de Escher quedó
plasmado en un estudio profundo de los tópicos de la obra de este y de su complejo tratamiento. Ernst,
en su ensayo publicado bajo el título de ‘The vision of a mathematician’, establece una base de once
categorías a partir de las cuales comenzar a elaborar una profundización. Estas son: las figuras espaciales
regulares; la división regular del plano; las espirales; las bandas de Möbius, en sus diferentes formas; la
perspectiva; las metamorfosis y los ciclos; las aproximaciones al infinito; el conflicto entre la representa-
ción sobre el plano y la tridimensionalidad de la realidad representada; la penetración de otros mundos;
las anomalías espaciales (figuras imposibles) y las diferentes formas de la relatividad. Sobre la base de
este sistema, Ernst llegó a la síntesis temática compuesta por los siguientes siete tópicos: penetración
de mundos; ilusión del espacio; división regular del plano; perspectiva; sólidos regulares y espirales; lo
imposible y el infinito. Supone este autor, a partir de esta elaboración, que Escher articula su obra a partir
de la generación de un espacio ideal en la combinatoria de estas fuentes para su inspiración: la estructura del
plano; la estructura del espacio y la relación entre ambas” (Bagnat, 1998b, p. 4).
El trabajo de Antonio Pineda Cachero, citado en el presente, toma como referentes, entre las teorías aquí
mencionadas, algunas provenientes del campo de la matemática, como el efecto mariposa de Lorentz y
la geometría fractal desarrollada por el matemático polaco, nacionalizado francés, Benoît B. Mandelbrot.
Es interesante hacer notar las relaciones entre esta última y la vinculación trabajada entre la obra del
dibujante escocés y la de Borges, desde una perspectiva geométrica que tiende, como anticipación, hacia
los postulados de esta.
Por otra parte, es importante señalar las relaciones entre las categorías y los tópicos abordados en ese
trabajo y también en el presente con los rasgos o constantes del movimiento literario, artístico y estético
conocido como neobarroco, en el que las nociones de ritmo y repetición, detalle y fragmento, inestabi-
lidad y metamorfosis, desorden y caos, nodo y laberinto, complejidad y disolución, aproximación e incer-
tidumbre se conjugan en la representación de un orden entrópico (valga el oxímoron), característico de
las tensiones entre Modernidad y Posmodernidad, herederas en gran medida del postestructuralismo
y deudoras todas, en mayor o menor medida, del legado borgiano, sin descartar un sinnúmero de otras
fuentes anteriores y posteriores con las que la intertextualidad resulta posible y hasta evidente.
En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de
partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto
convergen: por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados
posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. (Borges, 1956, p. 97)
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Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
—Usted solo ha visto una posibilidad, nada más […] ¿me entiende? Ima-
gínese que el universo no es un mundo sino infinitos mundos, uno al lado
del otro. Usted y yo estamos en uno, por eso estamos hablando, pero al
lado nuestro hay miles de mundos en los que no nos conoceremos jamás,
o nos odiamos a muerte, o ni siquiera existimos. (2006)
Por su parte, Alberto Rojo señala que en la quinta sección de su artículo ori-
ginal, Everett dice:
En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas al-
ternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui
Pên, opta “simultáneamente” por todas. Crea, así, diversos porvenires, di-
versos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. (Rojo, 2003, p. 3)4
4
El físico nuclear argentino Alberto Rojo, de la Universidad de Michigan, narra en su artículo “El jardín de
los mundos que se ramifican: Borges y la mecánica cuántica”, al que aquí hacemos referencia, una ane-
cdótica entrevista que tuvo con Borges, en la que este le expresa una idea similar: “Mi única intervención
fue comentarle que algunos textos de física hacían referencias a su obra. Por entonces yo finalizaba mi
licenciatura en el Instituto Balseiro, y en esa ocasión aludí a las citas a ‘La lotería en Babilonia’, donde
Borges reflexiona sobre el azar y el determinismo. Borges me habló de su ignorancia en materia de física
con una respuesta desconcertante que yo habría de citar hasta el cansancio en conversaciones infor-
males con colegas. Si en aquella mañana de julio me desconcertó la respuesta de Borges, hoy la entiendo
como una metáfora reveladora de lo que puede saberse sin saber que se sabe. Recuerdo que dijo: ¡No me
diga! Fíjese qué curioso, porque lo único que yo sé de física viene de mi padre, que me enseñó cómo funcio-
naba el barómetro. Lo dijo con una modestia casi oriental, moviendo las manos como si tratara de dibujar
ese aparato en el aire. Y luego agregó: ¡Qué imaginativos son los físicos!” (Rojo, 2003, p. 5).
Espacio-tiempo
La mera suposición de la posibilidad de esta proliferación multívoca dentro del
espacio-tiempo nos conduce, a su vez, a postular la existencia de puertas que
permitan el paso entre una y otra realidad, un nexo entre lo Mismo y lo Otro.
Una metáfora de la que se ha valido la literatura para hacer referencia a esa rea-
lidad Otra a la que muchas veces solo podemos acceder mediante la imaginación
o la fantasía es, precisamente, la del sueño. Como es sabido, Borges hace eco de
esa tradición en varios lugares de su obra, algunos profusamente citados, en los
que juega con la mismidad y la alteridad de los ámbitos del sueño y la vigilia,
“el sueño compartido” (Borges, 1998c, p. 121). Como ejemplo de ello, recordemos el
conocido apólogo del sueño de Chuang Tzu.5
Pero lo que más me interesa, de acuerdo con nuestros propósitos, y específi-
camente en este tramo de nuestra colaboración, son aquellos pasajes en los que
alguien o algo, la mayoría de las veces un objeto de una naturaleza muy par-
ticular, media como conexión entre los distintos mundos espacio-temporales.
Hagamos, pues, un breve recorrido por algunos de esos lugares.
El ejemplo que proponemos como punto de partida, en este sentido, es la
conocida cita del autor epónimo que Borges realiza en “La flor de Coleridge”,
texto incluido en Otras inquisiciones: “Si un hombre atravesara el Paraíso en un
sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar
encontrara esa flor en su mano… ¿entonces qué?” (1998e, p. 21).
A partir de allí Borges explora, en el mismo opúsculo, dos posibles versio-
nes de la misma imagen en sendas obras literarias cuyo tema no es ya —al menos
directamente— el del sueño, sino el del viaje a través del tiempo. La primera de
ellas es La máquina del tiempo, de Wells, en la que, según la relación del propio
Borges, “El protagonista […] viaja físicamente al porvenir”, de donde “vuelve
rendido, polvoriento y maltrecho […] vuelve con las sienes encanecidas y trae del
porvenir una flor marchita” (Borges 1998e, p. 22). Borges concluye que “más
increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la
contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron
aún” (1998e, p. 23).
La otra versión, la que considera más trabajada, es la planteada en The Sense of
the Past, de Henry James. Allí, “el nexo entre lo real y lo imaginativo (entre la ac-
tualidad y el pasado) no es una flor, […] es un retrato que data del siglo XVIII y que
misteriosamente representa al protagonista” (Borges, 1998e, p. 23), y relata que:
5
Referido en “Nueva refutación del tiempo”, texto incluido en Otras inquisiciones, publicado originalmen-
te en 1952, y también mencionado en el poema “Las causas”, incluido en la selección Historia de la noche,
de 1977.
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Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
Éste, fascinado por esa tela, consigue trasladarse a la fecha en que la eje-
cutaron. Entre las personas que encuentra, figura, necesariamente, el pintor;
este lo pinta con temor y con aversión,6 pues intuye algo desacostumbra-
do en esas facciones futuras […]. (Borges, 1998e, p. 24)
La acotación de Borges sobre este punto es que “James crea, así, un incom-
parable regressus in infinitum […] La causa es posterior al efecto, el motivo del
viaje es una de las consecuencias del viaje” (1998e, p. 24). El mismo tópico dis-
parador de la cita de Coleridge es retomado en el relato “El otro”, que inaugura
la serie de El libro de arena; este es uno de los lugares de su obra donde Borges
desarrolla otro de los tópicos recurrentes de esta, el del desdoblamiento entre
alteridad y mismidad, en el plano ficcional, de su propia persona.
Como por arte de una extraña fisura en el espacio-tiempo, un maduro Borges
se encuentra en un banco cercano a un río con un Borges adolescente. A pesar de
la aparente y forzosa coincidencia de lugar y tiempo en la circunstancia del ban-
co frente al río, el primero se encuentra en Cambridge en 1969 y el otro, en Gi-
nebra, unos cincuenta años antes, si atendemos las referencias autobiográficas.
Sin encontrar la solución sobre quién es el soñador y quién el soñado —“nuestra
evidente obligación es aceptar el sueño como hemos aceptado el universo” (Bor-
ges, 1998d, p. 18)—, el mayor de ambos, que ostenta la voz narrativa, recuerda
6
La aversión y el temor, y otros sentimientos afines a la extrañeza, son frecuentes para quien se encuentra
en presencia del objeto sobrenatural o hace contacto con este, como en el caso del pequeño cono de metal
descrito en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, de un peso extraordinario para su tamaño, ya que parece estar
compuesto de una materia cuya densidad supera a la de todos los elementos conocidos sobre el planeta
Tierra, y cuyas extrañas características provocan de por sí una sensación de incomodidad: “Esa evidencia
de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión de asco y de miedo” (Borges, 1956,
p. 32). En “El zahir” la sensación del protagonista al tomar contacto con la inverosímil moneda es la de
un malestar físico: “lo miré un instante; salí a la calle, tal vez con un principio de fiebre” (Borges, 1998a,
p. 122). Al encontrarse en el sótano en el que está a punto de vislumbrar El Aleph, su Otro personaje
de la ficción, siente “un confuso malestar”, de dudoso origen, aún antes de la revelación que más tarde
le produciría una sensación de vértigo hasta el llanto (1998a, pp. 191 y ss.). Al tomar con su mano un
puñado de esos discos de piedra denominados por los nativos tigres azules, el protagonista del relato
homónimo siente “un levísimo temblor” (1998d, p. 33). En este último caso, como en el del zahir, estas
sensaciones resultan, quizá, premoniciones de la obsesión que produce en los personajes que los portan
o poseen, llevándolos indefectiblemente a la locura en caso de no poder deshacerse de los objetos, de los
que resultan prisioneros.
Por otra parte, las especiales características de estos objetos, como en el caso del cono de metal de “Tlön,
Uqbar” o de los discos de “Tigres azules” guardan una gran similitud con lo descrito desde la física cuán-
tica para el comportamiento de la materia subatómica: “Las leyes de la mecánica cuántica describen el
comportamiento del mundo microscópico; un mundo en el que los objetos son tan livianos que la presión
de un rayo de luz, por tenue que sea, puede ocasionar desplazamientos bruscos. Esos objetos —átomos y
moléculas invisibles al ojo humano— se mueven e interactúan unos con otros de una manera cualitati-
vamente distinta de como lo hacen las pelotas de tenis, los automóviles, los planetas y el resto de la fauna
del mundo visible” (Rojo, 2003, p. 4).
7
Cabe destacar la autorreferencialidad al proceso escritural en torno a este billete, y sus implicaciones. El
billete sería la prueba de la distancia temporal por su fecha. Luego, dice Borges, entre paréntesis: “meses
después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha”. Dato equívoco, por cierto, pues es líci-
to recordar que los billetes de dólar americanos están agrupados en series anuales. Equívoco del que, sin
detenerse a reparar en el detalle, se vale Borges para rematar magistralmente el relato: “El otro me soñó,
pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar” (Borges, 1998b,
p. 19).
El argumento del encuentro consigo mismo en un momento previo de su decurso vital es retomado en
una de las últimas obras del escritor, en el volumen La memoria de Shakespeare, donde encontramos
el relato “Veinticinco de agosto, 1983”; en este se invierte la relación, el mayor es un Borges ya anciano
(no en vano se precisa la fecha), y el menor está bastante cercano a la edad del narrador de “El otro”.
Lo autobiográfico adquiere una marca mayor aún, ya que entra en juego la misma fecha del cumpleaños
del escritor (24 de agosto). En esta oportunidad no hay ninguna remisión a objetos transtemporales, pero
sí aparece invariable el tópico del sueño para aludir a “este encuentro profético, que transcurre en dos
tiempos y en dos lugares”. “—Quedará en lo profundo de tu memoria, debajo de la marea de los sueños.
Cuando lo escribas, creerás urdir un cuento fantástico” (Borges, 1998d, pp.19-20).
[Link] 10
Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
Son muchos los objetos creados por la imaginación de Borges que presen-
tan características extrañas con respecto al comportamiento habitual de la ma-
teria, y que pueden sugerir su proveniencia y, por ende, la existencia de otros
mundos paralelos a este, “simultáneos, implosionantes y escurridizos”, según
Alfonso de Toro (2006, p. 5), “que aparecen y desaparecen” con o sin apelación
al recurso onírico.
De Toro pone como ejemplo magistral El libro de arena, objeto, relato y
libro homónimos, en que el escurridizo volumen cuyo número de páginas es in-
finito representa “un espacio, una topografía que existe solo segundos” (2006,
p. 6). Al pasar la página “el lugar primero o anterior desaparece para siempre, a
no ser que el azar (en billones de posibilidades) la haga aparecer nuevamente de
tal modo que los ejes espacio-temporales estén siempre en movimiento” (2006,
p. 6).9 ¿Qué ocurre, podríamos preguntarnos también, con el aleph, con el zahir,
con los hrönir?
8
Es interesante comparar esta conclusión con la idea formulada en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” acerca de
la aparición de una extraña brújula en la que “las letras de la esfera correspondían a uno de los alfabetos
de Tlön”. De este hecho, afirma que “tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real”
(Borges, 1956, p. 31).
9
En un trabajo anterior (Bagnat, 1998b), destacábamos un antecedente de este curioso volumen, y sus
numerosas implicaciones: “Una nota al pie de una de las páginas de ‘La biblioteca de babel’ nos arroja un
ingente caudal de información sobre el problema de la infinitud: ‘Letizia Álvarez de Toledo ha observado
En El libro de arena nos encontramos con “Tigres azules”, esas extrañas pie-
dras que el filólogo escocés Alexander Craigie, quien deviene personaje de la
ficción borgiana, encuentra en un recóndito lugar de la India. Estos impensables
y regulares discos que desafían toda aritmética multiplicándose o disminuyendo
en número aleatoriamente —“los únicos objetos que”, en la expresión del prota-
gonista, “contradicen esa ley esencial de la mente humana” de que tres y uno son
cuatro (Borges, 1998d, p. 39)— son objeto de curiosos experimentos:
Hice una incisión en forma de cruz en uno de los discos. Lo barajé entre los
demás y lo perdí al cabo de una o dos conversiones. Hice una prueba pare-
cida con un disco al que había cercenado con una lima un arco de círculo.
Este asimismo se perdió […] Al otro día regresó de su estadía en la nada el
disco de la cruz. ¿Qué misterioso espacio era ese, que absorbía las piedras
y devolvía con el tiempo una que otra, obedeciendo a leyes inescrutables o
a un arbitrio inhumano? (Borges, 1998d, p. 39)
que la vasta Biblioteca es inútil; en rigor, bastaría un solo volumen, de formato común, impreso en cuerpo
nueve o en cuerpo diez, que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas. (Cavalieri
a principios del siglo XVII, dijo que todo cuerpo sólido es la superposición de un número infinito de pla-
nos)’ (Borges, 1956, p. 85). No ha menester que el universo sea infinitamente extenso, solo hace falta que
sea infinitamente subdivisible. Esta concepción, que no es otra que la del conjunto denso de los números
reales, hace que todo cuerpo o ente sea intrínsecamente infinito. Una idea presente en toda progresión
geométrica: en los Avatares de la tortuga, Borges refiere la famosa paradoja de Zenón de Elea respecto
de la carrera entre Aquiles y la tortuga, uno de los problemas de cálculo infinitesimal más antiguos que se
conocen. La ventaja del moroso quelonio sobre el celerípedo Aquiles estaría dada por una constante división
de la unidad por sucesivas potencias de diez” (Bagnat, 1998b, p. 4).
[Link] 12
Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
Universos paralelos
Según hemos visto, el ensayo ficcional borgiano más citado, en este sentido,
es “El jardín de senderos que se bifurcan” (cfr. De Toro, 2006, p. 5), sobre el que
observábamos que
[...] aquel mítico Ts’ui Pên, de aficiones metafísicas y místicas, fue un no-
velista genial, pero también fue un hombre de letras que sin duda no se
consideró un mero novelista. Su juego de escritura por el cual un libro y
un laberinto constituyen el mismo inaprehensible objeto es vehículo de un
enunciado fundamental en la obra borgiana: la verosimilitud en la yux-
taposición de mundos, dentro de la proliferación de universos posibles.
(Bagnat, 1998b)
[Link] 14
Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
Borges refuerza, a su vez, esta idea con una cita de Luigi Pietrobono: “el
digiuno no afirma la culpa de Ugolino pero la deja adivinar sin menoscabo del
arte o del rigor histórico. Basta con que la juzguemos posible” (1998f, p. 181).
Y de acuerdo con Stevenson, sostiene que los personajes de un libro no están
10
En los versos “[…] tu ne vestiti/queste misere carni; e tu le spoglia” Borges descree de la coral circunstancia
de este “convite famélico”, a la que considera “una de las muy pocas falsedades que admite la Comedia”
(Borges, 1998, p. 180). Por otra parte, los indicios que parecerían ir conformando el camino hacia la su-
posición del canibalismo constituyen una rica serie: “Ugolino roe el cráneo del arzobispo; Ugolino sueña
con perros de colmillos agudos que rasgan los flancos del lobo (…e con l’agute scane/mi parea lor veder
fender li fianchi). Ugolino, movido por el dolor, se muerde las manos; Ugolino oye que sus hijos le ofrecen
inverosímilmente su carne […] Tales actos sugieren o simbolizan el hecho atroz. Cumplen una doble
función: los creemos parte del relato y son profecías” (Borges, 1998, p. 181).
hechos de otra cosa que de palabras, por lo que Ugolino “es una textura verbal,
que consta de unos treinta tercetos” (1998f, pp. 181-82).
De esta manera, surge, una vez más, esa particular concepción de la ficción y
la literatura en Borges que le devuelve a esta última esa alteridad esencial frente
a lo real, y cuyo vínculo con las teorías antes mencionadas ha constituido el
núcleo del presente. En lugar de optar por una de las alternativas, elige ambas a
la vez, en paralelo, como los estados del gato de Schrödinger en su fatídica caja,
miniatura conceptual de aquella celda de la Torre de Pisa. Partiendo del drama
común al Oliveira de Rayuela, al Yu Tsun de “El jardín de senderos que se bifur-
can” y a los mortales que estamos de este lado de las páginas, concluye Borges,
y concluimos con él, que
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Bagnat Lascaray: Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jor
Alteridad, espacio-tiempo y universos paralelos en la obra de Jorge Luis Borges
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