Ldzaro entra al seruicio de un clérigo
41 día siguiente, como me parecía que allí no estaba seguro, me
fui a un pueblo que llaman Maqueda.t Para mi desgracia, me en-
contré con un cléúgo,2le pedí limosna y él me preguntó si si sabía
aytdar a misa. Yo dije que sí, pues era verdad, porque' aunque el
pecador del ciego me maltrataba, me enseñó mil cosas buenas, y
una de ellas fue ésa. Finalmente, el clérigo me admitió a su servi-
cio.
Escapé del trueno y di en el relámpago, porque, comparado
con este nuevo amo, el ciego era un Alejandro Magno,'con ser la
misma avaricia, como he contado. Sólo diré que todala tacañería
del mundo estaba encerrada en el clérigo, pero no sé si era tacaflo
por natural ez^ o si le había hecho tacaito el hábito de clerecía.'
Este clérigo tenía un arcón viejo y cerrado con llave, la cual
traía atada ala capa con una cinta. Cuando venía de la iglesia con
1 Maqueda se encuentra entre Escalona y Torrijos; por tanto, Lázaro desanda en parte
el camino.
2 clérigo; sacerdote.
s El Áperador Alejandro Magno (356-323 a.c.) era tenido por modelo de generosidad.
4 Esto e^s, 'lu rrertimenta de los clérigos', que tenía las mangas muy estrechas. De los ta-
caños se decía que tenían <<lamanga estrecha" (hoy diríamos nel puño cerrado").
53
LAZARILLO DE TORMES . CAPÍTULO DOS
un bollo,t 1o metía en el arca y volvía a cerrarla. En toda la casa no
había ninguna cosa de comer, como suele haber en otras: ni un to-
cino colgado junto a la chimenea,u ni un queso puesto en alguna
tabla, ni un canastillo guardado en el armario con los pedazos de
pan que sobran de la mesa. Porque yo creo que, aunque no hubie-
ra probado nada de eso, al menos me habría consolado con verlo.
Só1o había una ristra de cebollas, que estaba bajo llave en un cuar-
to alto de la casa. Mi ración era una de estas cebollas cada cuatro
días. Cuando le pedía la llave para ir por la cebolla, si había al-
guien presente, el clérigo metía la mano en un bolsillo de1 pecho,
desataba la llave con gran solemnidad y me Ia daba, diciendo:
Lázaro, pero devuélvemela en seguida. Y no hagas
-Toma,
más que golosinear.T
Era como si en aquel cuarto estuvieran todas las conservas de
Valencia,t cuando, como yahe dicho, no había más maldita cosa
que las cebollas colgadas de un clavo. Y las tenía tan bien conta-
das que si, cediendo ala tentación, me hubiera pasado en una
más de mi tasa,'me habría costado caro. En fin, que me moría de
hambre.
Conmigo tenía poca caridad, pero con él usaba mucha. A dia-
rio gastaba cinco blancas en carne para comer y cenar. Verdad es
que repartía conmigo el caldo, porque 1o que es de carne me que-
daba en blanco, y ojali hubiera repartido conmigo la mitad de
pan, porque sólo me daba un poco.
Los sábados se suele comer en esta tierra cabeza de carnero, y
mi amo me enviaba por una que costaba tres maravedís. Enton-
5 Las mujeres solían entregar un pan o bollo como ofrenda a la iglesia.
6 El tocino y los embutidos se ponían a secar al humo de la chimenea.
7 golosinear: comer algo muy apetitoso pero de poco alimento.
8 Eran famosos los dulces y las conservas de Valencia.
9 tasa: cantidad asignada, ración.
54
LAZARILLO DE TORMES .CAPÍTULO DOS
ces lacocía,y se comía los ojos, la lengua, el cogote, los sesos y la
.
carne de las quijadas. A mí me daba todos los huesos roídos, y
me los ponía en el plato, diciendo:
Lázaro, come, disfruta, que para ti es el mundo. Vi-
-Toma,
ves mejor que el Papa.
"¡Dios te dé la misma vida que a mí!rr, decía yo por 1o bajo.
A las tres semanas de estar con é1, llegué a tanta- flaqueza que
las piernas apenas me sostenían de pura hambre. Vi que iba cla-
ramente a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaban.
No tenía ocasión de usar mis mañas, porque en la casa no ha-
bía nada que robar. Y aunque 1o hubiera habido, el clérigo no era
ciego, así que no podía engañarle como a mi primer amo (al que
Dios haya perdonado, si es que falleció de la calabazada contra el
poste), pues, aunque era astuto, no me veía sisarle porque le fal-
56
LA AVARICIA DEL CLÉRIGO
taba eI preciado sentido de la vista. Pero no había nadie con la
vista tan aguda como este nuevo amo mío. Cuando estábamos en
el ofertorio, no caía una blanca en la cesta que é1 no registrara:
tenía un ojo puesto en la gente y el otro en mis [Link] Los ojos
le bailaban inquietos en las órbitas como si fueran de azogue.t'
Llevaba la cuenta exücta de todas las blancas que oftecían, y aJ
acabar el ofertorio, me quitaba enseguida el cestillo y lo ponía so-
bre el altar. No fui capaz de cogerle una blanca durante todo el
tiempo que viví con é1, o, para decirlo mejor, morí. De la taberna
nunca le traje una blanca de vino, y el poco vino de la ofrenda
qlule traía c sa y guardaba en el arca,Io administraba de tal for-
^
ma que le duraba toda la semana. Y para ocultar su gran tacaíe-
ría me decía:
mozo,los sacerdotes han de ser muy moderados en el
-Mira,
comer y beber, y por esto yo no me excedo como otros.
Pero el muy tacaio mentía, porque en las cofradías y entie-
rrost'comía a costa qena como un lobo ybebía más que un cu-
randero. Y hablando de entierros, que Dios me perdone, porque
yo jamás fui enemigo de la nattraleza humana hasta entonces. Y
es que en los mortuorios comíamos bien y yo me hartaba. Así es
que deseab a y rcgaba a Dios que cada día matase uÍr^ persona.
^
Y cuando dábamos un sacramento a los enfermos, especialmente
la extremaunción,t' mi amo elclérigo mandaba tez r a los presen-
tes, y entonces yo era de los que más rczaban, Pero en vez de pe-
dir al Señor la mejoría del enfermo, le rogaba con todo mi cora-
10 Dnrante la misa, mientras el sacerdote ofrecía a Dios la hostia y el vino (el ofertorio),Ios
feligreses hacían su ofrenda a la iglesia, depositando monedas en un cestito.
1,1, E\ azogue o mercurio suele formar unas bolitas.
72 cofradías: 'reuniones de sacerdotes'. Por otro lado, durante los velatorios o tras el entie-
rro, la familia del difunto so1ía ofrecer a los asistentes algo de comer y beber.
1,3 extremaunción: sacramento dado a los moribundos para prepararles a bien morir.
57
LAZARILLO DE TORMES . CAPÍTULO DOS
zón y buena voluntad que se lo llevase de este mundo. Y cuando
alguno de estos enfermos se escapaba dela muerte, ¡que Dios me
perdone!, yo 1o mandaba al diablo" mil veces. En cambio, al que
se moría le echaba mil bendiciones. Durante los casi seis meses
que estuve al servicio de este clérigo sólo fallecieron veinte perso-
nas, y a éstas creo que las maté yo o, por mejor decir, murieron a
causa de mis súplicas. Porque viendo el Señor mi rabiosa y conti-
nua muerte, pienso que se alegraba de matarlos para darme a mí
la vida.
Pero, en fin, a pesar de todo esto, mis padecimientos no tenían
remedio, porque si bien es verdad que yo vivíay quedaba harto el
día que enterrábamos a alguien, los días que no había muerto no-
taba más el hambre. Así que en nada hallaba descanso, salvo en
la muerte. Yo la deseaba a veces también para mí como para los
demás, pero no Iaveía, aunque estaba siempre en mí.
-.:.173.
7a
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4, 1
'' 41
14 Esto es, '1o maldecía', aunque aquí, 'lo enviaba al infierno', 'le deseaba la muerte
58
LAZARILLO DE TORMES .CAPÍTULO DOS
Pensé muchas veces irme de aquel amo tan mezquino, pero no
1o hacía por dos cosas: la primera, porque no me fiaba de mis
piernas, pues de pura hambre temía su flojera. Y la otra porque
me decía: ,rLázaro, ya has tenido dos amos. El primero te traía
muerto de hambre, 1o dejaste y te encontraste con este otro, que
de tanta hambre casi te tiene ya en la sepultura. Así que si dejas a
este amo y das con otro peor, ¿no será el morir?n. Por esto no
osaba moverme, porque estaba seguro de que bapría otro pelda-
ño más hacia la tumba. Y entonces, adiós Lázaro: no se hablaría
nunca más de é1ni se le oiría más en el mundo.
Así es que estaba en esta aflicción, sin saber qué hacer. Pero
como al Señor le agrada librar del sufrimiento a todo fiel cristia-
no, viéndome ir de mal en peor, un día en que el desventurado,
ruin y miserable de mi amo había salido del pueblo, vino a la
puerta un [Link] Yo creo que fue un ángel enviado por la
mano de Dios disfrazado de calderero. Me preguntó si tenía algo
que reparar. ,,4 mí me tendríais que neparaLr>>, dije por 1o bajo, sin
que me oyese; (y no sería poca faenau. Pero como no había tiem-
po para gastarlo en decir cosas graciosas, iluminado por el Espíri-
tu Santo, le dije:
he perdido la llave de este arcón, y temo que mi señor
-Tío,
me azote. Por r,rrestravida, a ver si traéis alguna que 1o abra. Yo
os la pagaré.
El angélico calderero comenzó a probar una y otra llave de un
gran manojo que traía, yyo le ayudaba con mis flacas oraciones.
Y cuando menos 1o pienso, veo, como se suele decir, Ia cara de
Dios en los panes que había en el arcón, pues 1o había abierto.
Entonces dije al calderero:
15 calderero: persona que hacía y vendía sartenes y calderos de cobre y hierro.
60
EL PARAÍSO PANAL
no tengo dineros p^ra p^garos la llave, pero cobraos de
-Yo
ahí.
Él tomó un panecillo, el que le pareció mejor, me dio la llave y
se fue muy contento. Más contento quedé yo. Pero en aquel mo-
mento no toqué nada del arcón, para que no se notaralafalta,y
también porque me vi señor de tantos bienes, que supuse que el
hambre no se atrevería a acercárseme.
Llegó el tacaño de mi amo, y a Dios gracias no reparó en el
panecillo que se habíallevado mi ángel.
Aldía siguiente, en cuanto salió de casa' yo abro mi paraíso
panal,tu y tomo entre las manos un panecillo, 1o pongo entre los
dientes y en dos credostt 1o hice invisible. No olvidé ceffzrf el ar-
c , y a continuación me puse a barrer la casa con mucha alegtía.
Con aquel recurso, creí que había encontrado e1 remedio de mi
triste vida.
t6 Esto es, 'paraíso de panes .
77 en dos credos: en un santiam én. El credo es una oración.
61.
LAZARILLO DE TORMES .CAPÍTULO DOS
Y así, aquel díay eI siguiente estuve muy gozoso. Pero mi di-
cha no iba a durar mucho, porque al tercer día me atacó el mal. Y
fue que vi a deshora al que me mataba de hambre inclinado sobre
nuestro arcón, volviendo y revolviendo, contando y volviendo a
contar los panes. Yo disimulaba, y decía en secreto esta oración y
esta devota súplica: ciégale!".tt
"¡San Juan,
Mi amo estuvo un gran rato echando cuentas, contando con
los dedos y por días, y luego dijo:
esta arcaflo fuera tan segura,yo diría que me han cogido
-Si
panes de ella. Pero para ceffa;t la puerta a la sospecha, a partir de
hoy quiero llevar buena cuenta de ellos. Qredan nueve panes y
un pedazo.
n¡Malas noticias te dé Dioslu, dije yo para mí.
Con 1o que mi amo me había dicho, creí que una flecha de
monterole me traspasaba eI corazón. Mi estómago empezó a no-
tar que el hambre escarbaba en é1, pues ya se veía sometido a la
misma dieta de antes.
Mi amo se marchó de casa y entonces yo, para consolarme,
abrí el arca, y al ver el pan, comencé a adorarlo, pero sin atrever-
me a comulgar.'. Conté los panes, por si el miserable clérigo se
había equivocado, pero los había contado con más exactitud de 1o
que yo quisiera. Lo más que pude hacer fue darles mil besos y,
con la mayor delicadeza que pude, partí un trocito del pan que
estaba ya partido, / con eso pasé todo el día, aunque no tan ale-
gre como el anterior.
Pero como desde hacía dos o tres días tenía el estómago hecho
78 Lázaro invoca a SanJuan porque este santo era el patrón de los criados.
19 Los monteras usaban flechas muy puntiagudas para traspasar con más facilidad la piel
gruesa y dura de algunos animales.
ZO A 1o largo de este pasaje, Línaro usa un lenguaje religioso para referirse aJ pany al arca.
62
LAZARILLO DE TORMES .CAPÍTULO DOS
a más pan, como he contado, ahora notaba más el hambre y me
moría de mala muerte. Tanto que, en cuanto me veía solo, no ha-
cía otra cosa sino abrir y cerrar el arca y contemplar aquella cara
de Dios, como dicen los niños. Pero el mismo Dios, que socorre
a los afligidos, viéndome en tanto apuro, trajo a mi ryemoria un
pequeño remedio. Pensando, dije para mí: <Este arcón viejo y
grande está roto, y por algunas partes tiene pequeños agujeros. Se
podría pensar que entran en é1 los ratones y hacen un destrozo a
este pan. Lo que no me conviene es sacarlo entero, porque mi
amo advertíráIa falta del que tanta falta me hace. En cambio, 1o
que voy a hacer podrá soportarlor.
Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos
manteles que allí estaban. Y tomo un pan y dejo otro, de manera
que saqué unas pocas migas de tres o cuatro panes. Después, co-
mo quien toma vfia gragea" comí las migajas, y algo me consolé.
Cuando mi amo vino a comer, abrié el zrca, vio el destrozo y
creyó sin ninguna duda que habían sido los ratones, porque mi
imitación de 1o que ellos suelen hacer había sido muy buena. Mi
amo miró toda el arca, de un cabo a otro, y encontró los agujeros
por donde sospechaba que habían entrado los ratones. Me llamó
y me dijo:
mira qué persecución ha venido esta noche
-iLánaro! ¡Mira,
a por nuestro pan!
Yo me hice el sorprendido, y le pregunté qué podría ser.
ha de ser! é1-. Los ratones, que no dejan cosa
-¡Qé
con vida.
-dijo
Nos pusimos a comer, y quiso Dios que también en esto me
fuera bien, porque me tocó más pan de la mísera cantidad que
21, gragea: trocito de confitura en forma de pequeño grano redondo.
64
EL ARCA, CLAVETEADA
solía darme. Y es que mi amo ralló con un cuchillo los trozos que
le parecían ratonados," y los dio, diciendo:
^r
ratón es cosa limpia.
eso, que el
-Cómete
Y así, aquel día aftadió la ración del trabajo de mis manos, o,
mejor dicho, de mis uñas. Y acabamos de comer, aunque yo nun-
ca empezaba.
Pero de pronto me vino otro sobresalto, pues vi que andaba
muy atarcado quitando clavos de las paredes y buscando tablillas,
con las cuales clavó y cenó todos los agujeros del viejo arcón.
u¡Oh Dios mío!)>, ffi€ dije entonces, <¡a cuánta miseria y cuán-
tos azares y desastres estamos expuestos los nacidos, y cuán poco
duran los placeres de esta trabajosa vida nuestra!" Y yo que pen-
saba que con el pobre y triste remedio de las migajas remediaría
mi escasezr / me sentía ya un tanto alegre y con buena ventura...
Pero no 1o quiere así mi desdicha, que ha despertado a este des-
22 ratonados: mordidos o roídos por los ratones.
23 Lizaro se lamenta de la brevedad de 1os placeres de la vida del mismo modo que Jor-
ge Manrique en srs Coplas: presto se va el placer!", escribió el poeta.
"¡Cuán
65
LAZARILLO DE TORMES .CAPÍTULO DOS
gfaciado amo mío y le ha puesto más diligenci*o de la habitual
(pres la mayoría de los miserables no carecen nunca de ella) en
tapar los agujeros del afca, y así me cierra también la puerta al
consuelo yla abre a mis penalidades".
Así me lamentaba yo, en tanto que mi solícito's carpintero dio
fin a su obra con muchos clavos y tablillas. Y luego dijo:
señores ratones, traidores, os conviene cambiar de
-Ahora,
propósito, porque mal porvenir vais a tener en esta casa'
En cuanto mi amo salió de casa, fui a vet Ia obra y hallé que
no dejó en la triste y vieja arca ni un agujero por el que pudiese
entrar ni siquiera un mosquito. Abro eI arca con mi desaprove-
chada llave, sin esperanza de sacar provecho, yvi los dos o tres
panes comenzados, aquellos que mi amo creyó que habían sido
ratonados , y de ellos todavía saqué alguna míga1a, tocándolos
muy ligeramente' como un hábil esgrimidor.'u
como la necesidad es tan buena maestra, y yo me veía tan ne-
cesitado, siempre estaba pensando, de noche y de día, en la ma-
nera de conservar la vida. Y pienso que el hambre me daba luz
pafa encontrar estos negros remedios, pues por algo se dice que el
hambre despierta el ingenio, y, por el contrario, la hartura 1o ador-
mece. Y eso me ocurría a mí.
una noche que estaba desvelado, pensando en cómo me las
podría arreglar y aprovecharme del arcón, sentí que mi amo dor-
mía, pues no paraba de roncar y de dar grandes resoplidos. Como
durante el día yahabíapensado en 1o que tenía que hacer yhabía
mirado por dónde el arca tenía menos defensa, me levanté con
muchísimo cuidado, me acerqué al triste atcón y 1o acometí con
aÁ
tliligencia: cuidado, interés y prontitud con que se hace algo'
25 so lícito'. cuidadoso, diligente.
26 esgrimidor: e1 que con la .rpadn deja una señal al contrario pero
no 1o hiere.
ASALTO AL ARCA
un cuchillo viejo que usé como si fuese una barrena.'7 Y como la
antiquísima estaba blanda y carcomida, sin fuerzas y sin co-
^Íca
razón por tener tantos años, en seguida se me rindió y recibió en
un costado un buen agujero, para remedio mío. IJnavezhecho es-
to, abro muy despacito la llagadú' Lrcaft al tiento, hice en un pan
partido 1o mismo que dije antes: 1o ratoné. Con eso me consolé
''42-
.,-4.'
algo. Luego cerré eI arca,volví a mi lecho de paja y me tumbé a
reposar y a dormir. La verdad es que dormía más bien poco, cosa
que achacaba al no comer, porque, desde luego, no eran las preo-
cupaciones del rey de Francia 1o que me quitaba el sueño.2t
27 barrena: instrumento que sirve parahacer agujeros.
28 llagada: 'herida', puesto que está agujereada. Lázaro compara el arca con el cuerpo de
Jesucristo en Ia crtz, que, ya sin vida, fue atravesado por una lanza en el costado.
El rey de Francia Francisco I fue derrotado en 1525 por Carlos V y encarcelado en
Madrid durante un año.
67
LAZARILLO DE TORMES .CAPíTULO DOS
AI día siguiente mi amo vio el daño del pan y el agujero que
yohabía hecho, y comenzó amandar al diablo los ratones.
explicación tiene esto? había senti-
-¿Qé -decía-. ¡Nunca
do a los ratones en esta casa hasta ahora!
Y decía la verdad, sin duda, porque si en el reino había alguna
casa libre de ratones, ésa era la suya, pues ya se sabe que los rato-
nes no suelen morat'o donde no hay qué comer.
El clérigo volvió a buscar más clavos por toda la casa y tablillas
para tapaLn los agujeros. Y en cuanto llegaba la noche y el descan-
so, en seguida estaba yo en p1e con mi cuchillo, de manera que
cuantos agujeros tapaba é1 de día, los destapabayo de noche.
Por la manera en que 1o hacíamos y la prisa que nos dábamos
se debió de decir aquello de que una puerta se cierra, otra
"donde
se abre". En fin, que parecía que tejíamos a destajo la tela de Pe-
nélope, pues cuanto él tejía de día, 1o rompía yo de noche." Y así,
en unos pocos días y noches dejamos la pobre despensa tan llena
de clavos y tachuelas que parecía una vieja corazatt más que un
afca.
Cuando mi amo vio que de nada le servía su remedio, me dijo:
arcón está tan maltratado y es de madera tan víeja y
-Este
endeble, que no se defiende de ningún ratón. Y si seguimos así,
no valdrá para guardar nada. Pero no me puedo desprender de é1,
pues, aunque sirve de poco, algún servicio hace, porque si no 1o
30 morar'. habitar.
3t El que tabala a destajo prodrce mucho porque cobra por hora o pieza terminada. Por
otro lado, enla Odisea del griego Homero se cuenta que, ante Ialarga ausencia de su
marido Ulises, Pené1ope es asediada por numerosos pretendientes hasta que al fin
promete casarse con uno de ellos en cuanto acabe de tejer una túnica. Para retrasar su
elección, destejía de noche lo que tejía de día.
32 Línaro dice que eI arca (Ia 2obre despensa) parece una ireja coraza (la armadura que cu-
bre el pecho y la espalda) porque las corazas estaban hechas de piezas ensambladas.
68
¿RATóN o cULEBRA?
tuviera me tendría que gastar tres o cuatro reales en uno nuevo.
En. adelante el mejor remedio contra los malditos ratones será
ponerles dentro una trampa.
Pidió una ratonera y unas cortez s de queso prestadas a los ve-
cinos, y dejó el gato33 armado de continuo dentro del arcón. Esto
fue para mí un auxilio extraordinario, porque aunque yo no nece-
sitaba muchas salsas en la comida,'o disfrutaba con las cortezas
del queso que sacaba de la ratonera. Y además de esto, no perdo-
naba ratonar los panecillos.
El clérigo encontraba el pan ratonado y el queso comido, pero
el ratón no caía en la trampa; de manera que se desesperaba, y
preguntaba a los vecinos cómo podía ser eso de que el ratón se
comiera Ias coftezas de queso y saliera de la ratonera sin quedarse
atrapado, pese a haber caído la trampilla del gato.
Los vecinos llegaron a la conclusión de que no era un ratón el
i
i que hacía este daño, porque era imposible que no hubiera caído
al menos un vezen la trampa. Un vecino dijo a mi amo:
acuerdo de que en vLrestra casa solía andar una culebra.
-Me
Sin duda que debe ser ella la culpable. Y claro, como es larga, to-
ma el cebo, y aunque se le caiga encima la trampilla, como no en-
tra entera dentro de la trampa, vuelve a salir.
Lo que dijo este vecino pareció razonable a todos y alteró mu-
cho a mi amo, y desde entonces ya no dormía tan a pierna suelta,
pues cualquier gusano de la madera que sonase de noche, pensa-
ba que era la culebra que le estaba royendo eI arca. Y al instante
se ponía en pie, cogía un garrote que, desde que le dijeron 1o de
la culebra, ponía a la cabecera de la cama, y daba en la pecadora
JJ gatot f?-tonefa.
34 Porque dice el refrán que mejor salsa es el hambre".
"la
69
LAZARILLO DE TORMES .CAPITULO DOS
del arca grandes garcotazos para espantar Ia culebra. Hacía tal es-
truendo que despertaba a los vecinos, y a mí no me dejaba dor-
mir. Luego venía a mi lecho y revolvía entre las pajas, y a mí con
ellas, pensando que la culebra se había ocultado entre Iz pqa o
entre mi ropa, porque la gente le decía que estos animales buscan
calor de noche, y por eso van a las cunas de los niños, y a veces
los muerden y los hacen peligrar.'s Yo las más de las veces me ha-
cía el dormido.
Por las mañanas, me decía mi amo:
-Lázaro, ¿no has oído nada esta noche? Pues anduve tras la
culebra. Creo que írá a meterse en tu cama, porque son muy frías
y buscan calor.
35 peligrar: 'correr riesgo de perder la vida'. El comentario de la gente sobre las culebras
obedece a una creencia popular.
70
EL SILBO DEL (CULEBRO>
quiera que no me muerda porque
-Dios -contestabayo-,
le tengo mucho miedo.
Por todo esto, mi amo andaba tan falto de sueño, que la cule-
bra el culebro, para ser más exactos- no se atrevía a levan-
-o
tarse para roer algo del arca. Pero de día, mientras el clérigo esta-
ba en la iglesia o andaba por el pueblo, yo hacía mis asaltos.
Cuando regresaba, veía los daños y el poco remedio que podía
poner, así que, en cuanto llegaba la noche, como yahe dicho, an-
daba por la casa como un trasgo.36
Yo empecé a temer que con aquellas diligencias nocturnas en-
contrase la llave que tenía debajo de las pajas, así que me pareció
más seguro metérmela de noche en la boca. Porque desde que vi-
ví con el ciego, mi boca se convirtió en una bolsa donde llegué a
guardar hasta doce o quince maravedís, todo en medias blancas,
sin que me estorbasen para comer." EraIa única manera de tener
una moneda, porque a menudo el maldito ciego no me dejaba
costura ni remiendo sin rebuscar.
En fin, que, como acabo de decir, cada noche me metí aIaIIa-
ve en la boca, y dormía sin miedo de que el brujo de mi amo die-
se con ella. Pero cuando la desdicha ha de venir, de nada sirven
las precauciones. Qriso el destino por mejor decir, mis pe-
-o,
cados- que una noche, mientras dormía, la llave se me colocara
en la boca, que debía tener abíerta, de tal manera y posición, que
el aire y el resoplido que yo echaba salía por el mango hueco de la
llave, ft pata mi desgracia, silbaba fuerte. Lo oyó el sobresaltado
de mi amo y creyó sin duda que era el silbo de la culebra, y algún
parecido debía de haber. Así que se levantó despacito y sin hacer
36 El trasgo o duendees un espíritu o diablillo que hace travesuras en las casas.
37 Es decir, queLánaro llegaba a meterse en la boca entre 48 y 60 monedas.
LAZARILLO DE TORMES . CAPÍTULO DOS
ruido, y con el garrote en la mano se acercó a tientas hacia el so-
nido de la culebra, hasta que se paró junto a mí, muy quieto, para
no espantarla, porque estaba convencido de que la culebra se ha-
bía ocultado entre las pajas donde yo estaba echado, buscando el
calor de mi cuerpo. Y de pronto, levantó bien el palo para mat^f-
la de un garcotazo y 1o descargó con toda su fuerza sobre mi ca-
beza. Fue tan grande e1 golpe, que me dejó sin sentido y muy
descalabrado.
Yo debí dar algunos quejidos de dolor, y entonces mi amo, se-
gún contó luego, se dio cuenta de que había descargado sobre mí
el terrible golpe. F,mpezó a llamarme a voces para despert^rme y,
al tocarme, notó en las manos la mucha sangre que perdía y advir-
tió el daño que me había hecho. A toda prisa fue a buscar lumbre,
LAZARILLO DE TORMES . CAPÍTULO DOS
volvió con una velay me halló lamentándome, todavía con media
.llave en la boca yla otra media fuera, porque nunca la había de-
samparado del todo. LaIIave estaba, más o menos, como cuando
silbaba.
El matador de culebras miró con sofpresa la llave, me la sacó
entera de la boca, y entonces se dio cuenta de que las muescas
eran iguales a las de la llave de su arca. Fue a probarla, y compro-
bó la fechoría." El cruel cazador debió decirse: uYa he encontra-
do el ratón y la culebra que me daban guerra y se comían todas
mis posesiones>>.
De 1o que sucedió en los tres días siguientes no puedo asegufar
nada, porque los pasé sepultado en el vientre de la ballena-'e Pero
doy fe de 1o que acabo de contar, porque' después de volver en
mí, oí a mi amo relatarlo con mucho detalle a todos los que venían
por casa.
Al cabo de tres días recobré el sentido y me vi echado en mis
pajas, con toda Ia cabeza cubierta de emplastoso' de aceite y un-
güentos. Lleno de espanto' pregunté:
es esto?
-¿Qlé respondió cruel sacerdote-, Que ya he
verdad e1
-En -me
cazado los ratones y culebras que me robaban.
Me vi tan maltratado que en seguida sospeché mi mal.
En esto entró una vieja que hacía ensalmos,ot acompañada de
varios vecinos, f emprczafon a quitarme los trapos dela cabezay a
38 fecboría: mala acción.
39 trn la Biblia se cuenta que el profeta Jonás pasó tres días en el vientre de una ballena.
De manera indirecta, el protagonista puede referirse también a otro episodio bíblico
en que Jesucristo resucitó a su amigo Lázaro, que llevaba tres días muerto.
40 emplasto: pomada que se aplica sobre 1as heridas.
+t hac¡a ,nrol*or'. curaba diciendo oraciones, haciendo cruces sobre las heridas y ponien-
do sobre ellas pomadas y aceite.
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LAZARO, SANADO
curarme el ganotazo. Y al ver que había recobrado el sentido, se
alegraron mucho y me dijeron:
ha',uelto en sí, de manera que esto no será nada. Dios 1o
-Ya
quiera.
Volvieron ahablar de mis males y a reírse, y yo, desdichado de
mí, a llorarlos. Pero al menos me dieron de comer, porque estaba
muerto de hambre, aunque apenas me pudieron remediar.Y así,
poco a poco, a los quince días me levanté del lecho y estuve fuera
de peligro, medio sano, pero con hambre.
Al día siguiente de ponerme en pie, el señor mi amo me cogió
de la mano y me sacó fuera de casa, y y^ enla caIIe, me dijo:
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LAZARILLO DE TORMES . CAPÍTULO DOS
mi servicio. Así
desde hoy eres libre. Ya no estás a
-Lázaro,
que búscate otro amo y vete con Dios. Yo no quiero en ml com-
pañ,ía un criado tan diligente como tú. Tienes que haber sido
mozo de ciego. Si no, no me 1o explico.
Y se santiguó como si yo estuviera endemoniado. Luego se
metió en casa y cerró la puerta.
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