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Arenas

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Las arenas del alma.

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La misión de EDITORIAL VIDA es proporcionar los


recursos necesarios a fin de alcanzar a las personas para
Jesucristo y ayudarlas a crecer en su fe.

© 2004 EDITORIAL VIDA


Miami, Florida

Edición: Madeline Díaz

Diseño interior: Grupo Nivel Uno, Inc.

Diseño de cubierta: Grupo Nivel Uno, Inc.

Reservados todos los derechos.

ISBN: 0-8297-4357-X

Categoría: Vida cristiana

Impreso en Estados Unidos de América


Printed in the United States of America

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Contenido

Dedicatoria 7

Reconocimientos 9

Prólogo por Alberto Motessi 11

Introducción: 13
Menos el cielo

Capítulo uno: 17
Me lo dicen tus ojos

Capítulo dos: 31
Un almuerzo divino

Capítulo tres: 41
Amigos de carne quemada

Capítulo cuatro: 51
El directorio del Reino
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Capítulo cinco: 61
Cuando debió y pudo

Capítulo seis: 75
La noche del día

Capítulo siete: 83
El desierto personal,
primer día de camino

Capítulo ocho: 99
El desierto espiritual,
segundo día de camino

Capítulo nueve: 115


El desierto ministerial,
tercer día de camino

Capítulo diez: 133


Mucho más que peces

Capítulo once: 145


Hay movimiento allá arriba

Capítulo doce: 155


El grito de un ángel

Conclusión: 169
Lo has hecho bien

Acerca del autor 173


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Prólogo

C
ada vez que lo escucho personalmente, ministra
de manera poderosa a mi corazón. En medio de
ilustraciones que hacen reír a carcajadas, las ver-
dades que comparte son como espadas afiladas que pene-
tran hasta lo más profundo del alma. Es uno de los comu-
nicadores más sobresalientes que conozco.
Pero si solo lo reconociéramos como un gran
predicador y un excelente comunicador, no estaría-
mos haciendo una evaluación pertinente. Dante
Gebel representa para mí el tipo de líder que marca la
historia.
Es la clase de dirigente que provoca cambios,
levanta la fe de la gente y es capaz de influenciar a toda
una generación. Hace años soñé con cosas y personas
como Dante.

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LAS ARENAS DEL ALMA

Soñé con una época cuando masivamente el mundo


sería lleno de la gloria de Dios, la gente se inclinaría
frente a su Majestad y Jesucristo sería la noticia núme-
ro uno.
Más tarde pensé, por un momento gracias a Dios
muy corto, que esos sueños tal vez eran parte de algo
así como un «Hollywood evangélico», una «ciencia
ficción religiosa», o simplemente «mis fiebres juveni-
les». ¡No! ¡Mil veces no! A esta altura de mi vida y
ministerio estoy viendo los más grandes sueños hechos
realidad. Ciudades y regiones inundadas por el evange-
lio, Jesucristo reconocido como Señor, multitudes
viniendo a sus Pies. Y entre mis mejores sueños realiza-
dos están los hombres como Dante Gebel.
Por hombres como Dante estoy dispuesto a dar mi
vida. Creo en los jóvenes. Creo en su música, sus «san-
tos desórdenes», sus pasiones, sus intenciones, «sus
benditas locuras». Cuando se escriba la historia de esta
época, Dante Gebel será recordado como otro Martín
Lutero, otro Carlos Spurgeon, otro Billy Graham. Su
espíritu innovador lo hace marchar cien años luz delan-
te de otros. Así fueron y son los reformadores, los que
hacen la historia y cambian el rumbo de las multitudes.
Gracias Dante por atreverte, a pesar del status quo reli-
gioso, y gracias por reflejarlo en esta obra literaria.
Gracias Dante, por otro buen libro de tu pluma
que bendecirá a todos aquellos que alguna vez transita-
ron por los desiertos.
Recibo «Las arenas del alma» con una cálida bien-
venida y la recomiendo con todo mi corazón

Dr. Alberto H. Mottesi

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Introducción

Menos el cielo

E
l viento sopla sin piedad sobre la cima del monte.
El rostro arrugado del hombre parece más dema-
crado de lo normal, está cansado, extenuado.
Sin embargo, su problema no se debe a la falta de
sueño, lo último que quisiera hacer ahora es dormir.
Tiene el cansancio que producen la crisis, que golpea
su alma con más impetuosidad que este viento irrespe-
tuoso que se cuela entre sus cabellos color nieve.
Su figura se recorta encorvada sobre el horizonte,
apenas apoyada, casi suspendida sobre su bastón arque-
ado. Lleva una eternidad en silencio, contemplando la
nada. Bueno, tal vez lleve allí solo unos quince minu-
tos, pero para él, significan una dolorosa eternidad.
El hombre está inmerso en una de esas crisis infi-
nitas que carecen de sentido. Conoce ese desierto
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LAS ARENAS DEL ALMA

como la palma de su mano; pero nunca como esta


mañana le ha parecido tan amargo, tan inerte. Tan
mortalmente desolador.
A lo lejos, un águila reposa con recelo, haciendo
movimientos nerviosos con su cabeza. Es casi un deta-
lle inmerso en el faraónico desierto. El hombre apenas
pestañea, siente envidia del ave. Sueña, como lo haría
muchos años después un conocido rey, y coquetea con
la idea de tener alas y escapar lejos, donde no haya cri-
sis, o por lo menos, donde no importen tanto.
Pero aun así, el anciano de ojos fatigados no siente
que la peor de las soledades provenga del desierto. Al
fin y al cabo la arena, que se empecina en colarse en su
alma, en esta última semana ha llegado a formar parte
de él mismo. Al principio es molesta, pero luego, tórri-
da, logra amalgamarse en sus pulmones. El patriarca ya
no respira en paz. Un profundo dolor lo invade por
completo, y él lo toma como parte de las reglas de este
juego del que hubiese querido no formar parte.
Al páramo desolador no es a lo que teme. Al fin
de cuentas, él es un hombre de desiertos.
El hombre teme por el cielo.
Como un inmenso telón gris, el infinito se desnu-
da ante él como una gran cortina de bronce, inexpug-
nable, impersonal.
Aprieta su viejo bastón con sus flacos dedos, mien-
tras observa como un cielo grisáceo coloca un marco de
soledad que hiere las profundidades de su alma.
—El cielo no debería estar así —masculla.
Pero el cielo no lo oye. Y en complicidad con el vien-
to solano, castiga el rostro del viejo hombre, crispando
sus pocos cabellos y lo que aún le queda de su corazón.

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Menos el cielo

¿Cuánto tiempo más llevará parado allí? Eso es lo


que menos importa, por lo menos por ahora. Sabe
que su reloj acaba de detenerse. Que de seguir giran-
do el mundo, de seguro lo hará sin él. Es que en las
crisis no se hace uso del módulo del tiempo.
Estimados fotógrafos, sean respetuosos y guarden sus
cámaras; este no es un buen momento para tomar una
postal. Si el patriarca logra salir de esta situación, segura-
mente querrá borrar estos minutos de su álbum personal.
Un hombre no recuerda con placer esta estación
de la vida, aunque hayan pasado muchos años y solo
se trate de una foto amarillenta o color sepia.
¿Sacarías una fotografía del ataúd de tu hijo? Por
supuesto que no. Seguramente, si el destino te golpea
inmerecidamente y el infortunio llega a los tuyos de esta
forma, querrás recordar a ese ser amado con vida. Por esa
misma razón, insisto, no saques fotografías de este sitio.
Permite que elabore su duelo en paz en la cima del
monte. Tal vez no logre hacerlo del todo bien, pero
por lo menos, un hombre siempre debe intentarlo.
No quiero arriesgar una teoría, y mucho menos
pretendo hacer un juicio de valores cuando no estoy
en sus zapatos. Pero si no conociera la talla de este
hombre, definitivamente, pensaría que esta es una
carga que no puede llevar. Es, digamos, demasiado
pesada para un solo mortal.
En pocos minutos, este anciano estará obligado a
cometer un asesinato. No me mires así, no hay una manera
más religiosa de decirlo para lograr que suene más espiritual.
Si quieres, podemos disfrazarlo de reverencia y
decir que solo hará un sacrificio. Seguramente nos hará
sentir mejor y le dará cierto marco épico a la historia.

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LAS ARENAS DEL ALMA

Pero se nos escapa el detalle de que este hombre no es


simplemente un sacerdote. Es mucho más que un ado-
rador a punto de presentar un holocausto.
Es un padre.
Arquea las cejas y frunce el ceño. Tan sabio y tan
viejo. Con tantos planes y tan cansado. Tantas cosas por
hacer y esta crisis que llega para arruinarlo todo, que se
ha empecinado en corroer el presente e hipotecar el
futuro. ¿Querías oír una historia que sonara injusta?
Aquí tienes una. Este hombre merecía envejecer en paz,
vivir sus mejores años altos sin sobresaltos.
Pero su historia no comenzó en este monte. Esto es
apenas un posible y trágico final. Quizás pueda existir una
coartada, una salida alternativa para este callejón de frus-
tración y soledad. Estoy seguro de ello. El epílogo del
patriarca no puede esculpirse en la roca del solitario monte
Moriah. Se supone que para cada crisis, haya una solución.
Pero eso no es lo que más inquieta al anciano.
El viento se está tornando cada vez más poco pia-
doso, y se filtra entre las rocas y sus pensamientos. El
único testigo silencioso es el águila, que observa sigilo-
samente desde una peña, con movimientos nerviosos y
casi imperceptibles.
Lo único inalterable es el horizonte.
—El cielo no debería estar así —insiste entre dientes.
Tiene razón, en cualquier crisis de la vida, todo
puede cambiar y llenarse de inestabilidad. Menos el cielo.
El cielo no debería ser de bronce.
No hay razones para que permanezca impoluta-
mente gris.
De igual modo, Abraham sabe que el epílogo de su
crisis tiene hora, fecha y lugar. Lo cual no es poco.

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Common questions

Con tecnología de IA

El prólogo enfatiza que un verdadero líder es aquel capaz de desafiar el status quo y provocar cambios significativos en las multitudes. Líderes como Dante Gebel son celebrados por su capacidad de fortalecer la fe, inspirar a las generaciones y dirigir a las personas hacia la transformación, similar a los grandes reformadores religiosos del pasado .

El texto critica la percepción de las crisis personales como ineludibles y subraya que son enfrentadas sin el recurso del tiempo convencional. Sugiere que las crisis son momentos en los que las personas deben lidiar con retos que parecen insuperables, y el sufrimiento es visto como una carga injustamente pesada para un solo individuo. Esta crítica se contextualiza en la imagen del protagonista que, aunque sabio, se ve frustrado por las dificultades abrumadoras de su situación .

El prólogo describe que las ilustraciones de Dante Gebel tienen un impacto poderoso, haciendo reír a carcajadas con su humor mientras las verdades que transmite penetran profundamente en el alma como espadas afiladas, lo que hace que su mensaje sea efectivo y memorablemente impactante .

El viento, descrito como implacable e irrespetuoso, actúa como una manifestación externa de la crisis interna del protagonista, exacerbando su agotamiento y añadiendo al sentimiento de desesperación. Es un símbolo de las circunstancias adversas que remueven el núcleo de su ser, así como el despojo de su paz interna .

En la narrativa del anciano en la cima del monte, el tiempo se percibe como congelado; su reloj metafóricamente se ha detenido, significando que el mundo sigue girando, pero sin su participación. Este tratamiento del tiempo indica que durante las crisis, la percepción temporal se distorsiona, sintiéndose los momentos de desesperación como eternidades dolorosas .

Las reflexiones del protagonista sobre el cielo, al imaginar un cielo impolutamente gris que debería permanecer constante, contrastan con su desesperación, evidenciando una lucha entre la esperanza de encontrar estabilidad y la aceptación de una realidad inmutable. Esto crea un conflicto interno que representa su búsqueda de aceptación ante una crisis que parece injusta .

El águila sirve como un contraste significativo con la situación del anciano; mientras el protagonista siente envidia de su libertad y capacidad de escape, el ave permanece serena y observadora en medio del desierto, simbolizando una alternativa deseada de libertad y desapego emocional que el protagonista anhela .

El desierto simboliza las crisis personales del protagonista, quien se encuentra en una etapa de soledad y desesperación. El cielo, descrito como de bronce e inexpugnable, representa una barrera impersonal que no responde a las súplicas del protagonista, intensificando su sensación de aislamiento y lucha interna. Este escenario simboliza el sufrimiento y el peso de la carga emocional en su vida .

Dante Gebel es caracterizado como un líder revolucionario, innovador, y capaz de marchar cien años luz adelante de otros por su espíritu reformista, similar a figuras históricas como Martín Lutero, Carlos Spurgeon y Billy Graham. Su capacidad de provocar cambios, levantar la fe y modificar el rumbo de multitudes lo destaca como una figura que será recordada históricamente .

El silencio en el monte observado por el anciano resalta su aislamiento y el peso de su crisis personal. Actúa como un ambiente introspectivo que profundiza la sensación de soledad existencial. Es también un espacio para la contemplación personal, en el que el protagonista enfrenta sus miedos y busca respuestas dentro de sí mismo .

La misión de EDITORIAL VIDA es proporcionar los
recursos necesarios a fin de alcanzar a las personas para
Jesucristo y ayudar
Contenido
Dedicatoria
7
Reconocimientos
9
Prólogo por Alberto Motessi
11
Introducción:
13
Menos el cielo
Capítulo uno:
17
Me
Capítulo cinco:
61
Cuando debió y pudo
Capítulo seis: 
75
La noche del día
Capítulo siete: 
83
El desierto personal, 
primer
Prólogo
11
C
ada vez que lo escucho personalmente, ministra
de manera poderosa a mi corazón. En medio de
ilustraciones que ha
LAS ARENAS DEL ALMA
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Soñé con una época cuando masivamente el mundo
sería lleno de la gloria de Dios, la gente se inclinarí
Introducción
Menos el cielo
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E
l viento sopla sin piedad sobre la cima del monte.
El rostro arrugado del hombre parece más
como la palma de su mano; pero nunca como esta
mañana le ha parecido tan amargo, tan inerte. Tan
mortalmente desolador.
A lo
¿Cuánto tiempo más llevará parado allí? Eso es lo
que menos importa, por lo menos por ahora. Sabe
que su reloj acaba de deten

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