Leyendas y mitos ecuatorianos cortos

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El primer documento describe el mito del huacay sinqui, un joven que descuidó a su madre enferma para ir a un baile y fue castigado por el dios Tupa convirtiéndolo en un ave que llora por la…

Unidad Educativa Mara Auxiliadora LENGUA Y LITERATURA

Nombre: Curso: Fecha: Valeria Estefana Veloz Jara Primero de Bachillerato 21 de Octubre 2013
MITO EL HUACAY SIQUI La referencia de este ser zoomorfo proveniente del norte de la provincia de Pichincha. Segn cuenta la historia, el huacay sinqui es un joven que tena una madre muy enferma. El, la cuidaba todas las noches, sin embargo una de esas noches se retir de la compaa de su madre para comprar remedios, pero en el camino se top con una muchacha de quien estaba enamorado, que precisamente lo invito a un baile, l erradamente acept olvidando completamente a su moribunda madre, entonces durante la fiesta se le acercaron para avisarle que su madre haba fallecido, a lo que l respondi casi sin importancia "ya habr tiempo de llorar". As entonces como Tupa, el dios supremo, se enoj tanto con l, luego de ver su poco valor sentimental hacia su madre lo castigo convirtindole en un ave que llora durante las noches. Los campesinos mestizos e indgenas lo describen como un ave que sale de las quebradas a las seis de la tarde y emite un canto lgubre parecido al llanto humano. En sus recorridos ataca a las personas ocasionndoles accidentes, y cuando encuentra a su paso prendas y paales de nios que estn secndose fuera de las casas, los mira y los nios se vuelven llorones, segn dicen.

LEYENDA

EL GALLITO DE LA CATEDRAL

En los tiempos en que Quito era una ciudad llena de imaginarias aventuras, de rincones secretos, de oscuros zaguanes y de cuentos de vecinas y comadres, haba un hombre muy recio de carcter, fuerte, aficionado a las apuestas, a las peleas de gallos, a la buena comida y sobre todo a la bebida. Era este don Ramn Ayala, para los conocidos "un buen gallo de barrio". Entre sus aventuras diarias estaba la de llegarse a la tienda de doa Mariana en el tradicional barrio de San Juan. Dicen las malas lenguas que doa Mariana haca las mejores mistelas de toda la ciudad. Y cuentan tambin los que la conocan, que ella era una "chola" muy bonita, y que con su belleza y

sus mistelas se haba adueado del corazn de todos los hombres del barrio. Y cada uno trataba de impresionarla a su manera. Ya en la tienda, don Ramn Ayala conversaba por largas horas con sus amigos y repeta las copitas de mistela con mucho entusiasmo. Con unas cuantas copas en la cabeza, don Ramn se exaltaba ms que de costumbre, sacaba pecho y con voz estruendosa enfrentaba a sus compinches: "Yo soy el ms gallo de este barrio! A m ninguno me ningunea!" Y con ese canto y sin despedirse bajaba por las oscuras calles quiteas hacia su casa, que quedaba a pocas cuadras de la Plaza de la Independencia. Como bien saben los quiteos, arriba de la iglesia Mayor, reposa en armona con el viento, desde hace muchos aos, el solemne "Gallo de la Catedral". Pero a don Ramn, en el xtasis de su ebriedad, el gallito de la Catedral le quedaba corto. Se paraba frente a la iglesia y exclamaba con extrao coraje: - "Qu gallos de pelea, ni gallos de iglesia! Yo soy el ms gallo! Ningn gallo me ningunea, ni el gallo de la Catedral!". Y segua as su camino, tropezando y balancendose, hablando consigo mismo, - "Qu tontera de gallo!" Hay personas que pueden acabar con la paciencia de un santo, y la gente dice que los gritos de don Ramn acabaron con la santa paciencia del gallito de la Catedral. Una noche, cuando el "gallo" Ayala se acercaba al lugar de su diario gritero, sinti un golpe de aire, como si un gran pjaro volara sobre su cabeza. Por un momento pens que solo era su imaginacin, pero al no ver al gallito en su lugar habitual, le entr un poco de miedo. Pero don Ramn no era un gallo cualquiera, se puso las manos en la cintura y con aire desafiante, abri la boca con su habitual valenta. Pero antes de que completara su primera palabra, sinti un golpe de espuela en la pierna. Don Ramn se balanceaba y a duras penas poda mantenerse en pie, cuando un picotazo en la cabeza le dej tendido boca arriba en el suelo de la Plaza Grande. En su lamentable posicin, don Ramn levant la mirada y vio aterrorizado al gallo de la Catedral, que lo miraba con mucho rencor.

Don Ramn ya no se sinti tan gallo como antes y solo atin a pedir perdn al gallito de la Catedral. El buen gallito, se apiad del hombre y con una voz muy grave le pregunt: - Prometes que no volvers a tomar mistelas?- Ni agua volver a tomar, dijo el atemorizado don Ramn.- Prometes que no volvers a insultarme?, insisti el gallito.- Ni siquiera volver a mirarte, dijo muy serio.- Levntate, pobre hombre, pero si vuelves a tus faltas, en este mismo lugar te quitar la vida, sentenci muy serio el gallito antes de emprender su vuelo de regreso a su sitio de siempre. Don Ramn no se atrevi ni a abrir los ojos por unos segundo. Por fin, cuando dej de sentir tanto miedo, se levant, se sacudi el polvo del piso, y sin levantar la mirada, se alej del lugar. Cuentan quienes vivieron en esos aos, que don Ramn nunca ms volvi a sus andadas, que se volvi un hombre serio y muy responsable. Dicen, aquellos a quienes les gusta descifrar todos los misterios, que en verdad el gallito nunca se movi de su sitio, sino que los propios vecinos de San Juan, el sacristn de la Catedral, y algunos de los amigos de don Ramn Ayala, cansados de su mala conducta, le prepararon una broma para quitarle el vicio de las mistelas. Se ha escuchado tambin que despus de esas fechas, la tienda de doa Mariana dej de ser tan popular y las famosas mistelas de a poco fueron perdiendo su encanto. Es probable que doa Mariana haya finalmente aceptado a alguno de sus admiradores y vivido la tranquila felicidad de los quiteos antiguos por muchos aos. Es posible que, como les consta a algunos vecinos, nada haya cambiado. Que don Ramn, despus del gran susto, y con unas cuantas semanas de por medio, haya vuelto a sus aventuras, a sus adoradas mistelas, a la visin maravillosa de doa Mariana, la "chola" ms linda de la ciudad y a las largas conversaciones con sus amigos. Lo que s es casi indiscutible, es que ni don Ramn, ni ningn otro gallito quiteo, se haya atrevido jams a desafiar al gallito de la Catedral, que sigue solemne, en su acostumbrada armona con el viento, cuidando con gran celo, a los vecinos de la franciscana capital de los ecuatorianos.

Common questions

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Myth and legend serve as powerful conduits for imparting moral lessons within Ecuadorian cultural narratives. The myth of el Huacay Siqui cautions against neglecting familial duties, transforming a moral lesson into a narrative of eternal consequence. The legend of El Gallito de la Catedral reinforces community standards, condemning arrogance and excess while promoting moderation and responsibility. These narratives leverage supernatural elements to resonate deeply with cultural values, making moral principles memorable and reinforcing ethical behavior in society .

Both legends illustrate transformation as a consequence of moral failings. In the myth of el Huacay Siqui, the transformation from human to a bird symbolizes eternal mourning and regret following the negligent actions towards a loved one. Similarly, the legend of El Gallito de la Catedral interprets don Ramón's confrontation with the gallito as a catalyst for personal transformation, inducing responsibility and seriousness. Each narrative uses transformation to address moral failings, emphasizing cultural repercussions for failing societal values .

In both stories, alcohol consumption acts as a catalyst for the protagonists' downfall. For don Ramón Ayala, alcohol emboldens his arrogance, leading to his public confrontations with El Gallito de la Catedral. It symbolizes his moral vice and contributes to his eventual transformation. In the story of el Huacay Siqui, although not directly mentioned, similar themes of indulgence and distraction appear, wherein the protagonist's priorities shift away from filial responsibilities, akin to the neglect fueled by substance indulgence .

The resolution of don Ramón's story can indeed be interpreted as a metaphor for societal change. It reflects the potential for individual transformation through community intervention, highlighting the role of collective actions in shaping personal behavior. The collaboration of the community in confronting don Ramón mirrors societal efforts to curb reckless behavior, advocating for responsibility and moderation as communal values. This reflects broader societal change, where individual growth is intertwined with community influence, promoting a harmonious social fabric .

In both legends, supernatural influence is central to character development and fate. In the myth of el Huacay Siqui, the character is transformed into a bird by the supreme god Tupa as punishment, reflecting divine intervention in personal failings. This supernatural act leads to the protagonist's perpetual mourning. In El Gallito de la Catedral, although the gallito's movements are orchestrated by humans, its actions are perceived as supernatural, serving as a deterrent and transforming don Ramón's behavior. Thus, supernatural elements catalyze change and reinforce moral lessons by showcasing the consequences of characters' actions .

The story structure of El Gallito de la Catedral, with its buildup of don Ramón's habitual behavior followed by a supernatural intervention, effectively conveys its moral message. The initial depiction of don Ramón's arrogance and reckless demeanor sets the stage for community-based corrective action. The climactic confrontation with the supernatural gallito acts as a turning point, catalyzing self-reflection and behavioral change. This structure reinforces the moral lesson by showing a progression from vice to realization, culminating in personal transformation and societal reintegration .

The transformation of El Gallito de la Catedral into a symbol of moral authority signifies societal intervention in personal morality. Initially a mere weather vane, it gains symbolic weight as it imposes consequences on don Ramón for his irresponsible behavior. This transformation represents collective community values, which prioritize responsibility and moderation over excess and arrogance. The gallito's actions serve as a metaphorical punishment, reinforcing social norms and discouraging disruptive behavior .

The myth of el Huacay Siqui reflects a cultural emphasis on familial responsibilities, particularly the expectation of caring for one's parents. The young man's failure to provide adequate care to his dying mother demonstrates a breach of duty, which is harshly punished by the supreme god Tupa. The transformation into a bird that epitomizes eternal mourning symbolizes perpetual regret for neglecting familial duties, highlighting the sacred cultural value of respecting and caring for one's elders .

Birds in the myth of el Huacay Siqui symbolize transition and eternal remorse. The transformation of the protagonist into a bird reflects the permanence of his regret and serves as a corporeal embodiment of mourning. This symbolism evokes the continuous, mournful cries that resemble human weeping, signifying an immortal reminder of unfulfilled familial duties. The bird becomes a living metaphor for emotional burdens and the consequence of neglect, underscoring the importance of honoring one's familial obligations .

Community intervention plays a crucial role in a resolution in the legend of El Gallito de la Catedral. The neighbors and friends, along with the sacristan, orchestrate a plan to address don Ramón's disruptive behavior by staging an encounter with the gallito. This collective action signifies the community's proactive approach towards maintaining social harmony and serves as a corrective mechanism to restore socially acceptable behavior. Such intervention underscores the communal responsibility towards promoting ethical conduct and communal well-being .

Unidad Educativa María Auxiliadora 
LENGUA Y LITERATURA 
Nombre:  
Valeria Estefanía Veloz Jara 
Curso:  
Primero de Bachille
LEYENDA 
EL GALLITO DE LA CATEDRAL 
 
En los tiempos en que Quito era una ciudad llena de imaginarias aventuras, 
d
sus mistelas se había adueñado del corazón de todos los hombres del barrio. 
Y cada uno trataba de impresionarla a su manera.
Don Ramón ya no se sintió tan gallo como antes y solo atinó a pedir perdón 
al gallito de la Catedral. El buen gallito, se ap

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