Haba una vez una laguna muy apacible en la que vivan muchas ranas.
De diversos charcos llegaban otras, atradas por las noticias que circulaban sobre la paz y la alegra del lugar.
Se deca que las aguas serenas y transparentes servan como fiel espejo para las coquetas y tambin que eran tan claras, que poda contemplarse el fondo sombreado de verdes musgos. Por las noches, la luna venia a reflejarse en las aguas oscuras y las converta en radiante planta. Bajo su luz haba serenatas y cortejos de amores, perfumados por el aroma de las nomeolvides que crecan en la orilla.
Las ranas vagaban contentas por el lugar y disponan de mucho tiempo libre, porque les resultaba muy fcil cazar bichitos entre los enormes pastizales de las orillas.
Pero un da decidieron que deseaban tener un rey. Le pidieron al cielo que les mandara uno para que las gobernase y pusiera orden y rigor en sus vidas. El padre de los dioses, sonriendo, les arrojo un leo, que al caer sacudi las tranquilas aguas. Al principio tuvieron miedo y se mantuvieron alejadas, pero luego, al notar que el leo flotaba serenamente, fueron acercndose y saltaron sobre el hasta hundirlo en el fondo. Miren que tonto es este rey ! Es intil gritaban algunas. Queremos otro rey ! Decan a coro
Este no puede darnos ordenes se quejaban.
Entonces el padre de los dioses les envi un inmenso lagarto, que con sus grandes dientes comenz a morderlas y a perseguirlas por toda la laguna.
Desde entonces, ya no hubo paz. Muchas ranas huan, otras permanecan escondidas entre los pastos de la orilla y asustadsimas clamaban al cielo para que el lagarto se fuera. Pero el padre de los dioses les dijo:
- Como no supieron disfrutar del bien de la libertad ahora sufren del mal de la tirana.