Horacio Quiroga Horacio Quiroga Nacimiento 31 de diciembre de 1878 Salto, Uruguay Defuncin 18 de febrero de 1937 (58 aos) Buenos
Aires, Argentina Seudnimo Horacio Quiroga Ocupacin escritor Nacionalidad Uruguay
Gnero Cuentista, dramaturgo y poeta Movimientos Naturalista y modernista
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 Bueno s Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), cuentista, dramaturgo y poeta urugua yo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vvida, naturalista y mode rnista.2 Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe. La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes de caza y los suicid ios, culmin por decisin propia, cuando bebi un vaso de cianuro en el Hospital de Cln icas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 aos de edad, tras enterarse de que pad eca de cncer de prstata.3 Biografa Nacimiento Horacio Quiroga fue el segundo hijo del matrimonio de Prudencio Quiroga y Pastor a Forteza. En el momento de su nacimiento, su padre haba sido, por dieciocho aos, el Vice-Cnsul argentino en Salto. Antes de cumplir dos meses y medio, el 14 de ma rzo de 1879 su padre muri al dispararse accidentalmente con una Barret calibre 50 que llevaba en la mano. Adolescencia y formacin Horacio Quiroga a los 19 aos, frente a su casa natal en Salto (Uruguay). Hizo sus estudios en Montevideo, capital de Uruguay hasta terminar el colegio se cundario. Estos estudios incluyeron formacin tcnica (Instituto Politcnico de Montev ideo) y general (Colegio Nacional), y ya desde muy joven demostr un enorme inters por la literatura, la qumica, la fotografa, la mecnica, el ciclismo y la vida de ca mpo. A esa temprana edad fund la Sociedad de Ciclismo de Salto y viaj en bicicleta desde Salto hasta Paysand (120 km). En esta poca pasaba largusimas horas en un taller de reparacin de maquinarias y her ramientas. Por influencia del hijo del dueo empez a interesarse por la filosofa. Se autodefinira como franco y vehemente soldado del materialismo filosfico. Simultneamente tambin trabajaba, estudiaba y colaboraba con las publicaciones La R evista y La Reforma. Poco a poco, fue puliendo su estilo y hacindose conocido. An se conserva su primer cuaderno de poesas, que contiene 22 poemas de distintos est ilos, escritos entre 1894 y 1897. Durante el carnaval de 1898, el joven poeta conoci a su primer amor, una nia llama da Mara Esther Jurkovski, que inspirara dos de sus obras ms importantes: Las sacrif icadas (1920) y Una estacin de amor. Pero los desencuentros provocados por los pa dres de la joven que reprobaban la relacin, debido al origen no judo de Quiroga prec ipitaron la separacin definitiva. Pars
En 1897 fund la Revista de Salto. Despus del suicidio de su padrastro, que presenc i, Horacio decidi invertir la herencia recibida en un viaje a Pars. Estuvo contando el tiempo de viaje cuatro meses ausente. Sin embargo, las cosas no salieron como haba planeado: el mismo joven orgulloso que haba partido de Montevideo en primera clase, regres en tercera, andrajoso, hambriento y con una larga barba negra que y a no se quitara nunca ms. Resumi sus recuerdos de esta experiencia en Diario de via je a Pars (1900). El Consistorio del Gay Saber y primeros libros Al volver a su pas, Quiroga reuni a sus amigos Federico Ferrando, Alberto Brignole , Julio Jaureche, Fernndez Saldaa, Jos Hasda y Asdrbal Delgado, y fund con ellos el Co nsistorio del Gay Saber,4 una especie de laboratorio literario experimental donde todos ellos probaran nuevas formas de expresarse y preconizaran los objetivos mod ernistas. Pese a su corta existencia, el Consistorio presidi la vida literaria de Montevideo y las polmicas con el grupo de Julio Herrera y Reissig. La alegra que le provoc la aparicin de su primer libro (Los arrecifes de coral, poe mas, cuentos y prosa lrica, publicado en Buenos Aires en 1901, dedicado a Lugones ) se vio trgicamente opacada una vez ms por las muertes de dos de sus hermanos, Prud encio y Pastora, vctimas de la fiebre tifoidea en el Chaco. El funesto ao de 1901 guardaba an otra espantosa sorpresa para el escritor: su ami go Federico Ferrando, que haba recibido malas crticas del periodista montevideano Germn Papini Zas, comunic a Quiroga que deseaba batirse a duelo con aqul. Horacio, preocupado por la seguridad de Ferrando, se ofreci a revisar y limpiar el revlver que iba a ser utilizado en la disputa. Inesperadamente, mientras inspeccionaba e l arma, se le escap un tiro que impact en la boca de Federico, matndolo instantneame nte. Llegada al lugar la polica, Quiroga fue detenido, sometido a interrogatorio y posteriormente trasladado a una crcel correccional. Al comprobarse la naturalez a accidental y desafortunada del homicidio, el escritor fue liberado tras cuatro das de reclusin. La pena y la culpa por la muerte de su querido compaero llevaron a Quiroga a diso lver el Consistorio y a abandonar el Uruguay para pasar a la Argentina. Cruz el Ro de la Plata en 1902 y fue a vivir con Mara, otra de sus hermanas. En Buenos Aire s el artista alcanzara la madurez profesional, que llegara a su punto clmine durant e sus estancias en la selva. Adems, su cuado lo inici en la pedagoga, consiguindole t rabajo bajo contrato como maestro en las mesas de examen del Colegio Nacional de Buenos Aires. Misiones y el Chaco Designado profesor de castellano en el Colegio Britnico de Buenos Aires en marzo de 1903, Quiroga quiso acompaar, en junio del mismo ao y ya convertido en un fotgra fo experto, a Leopoldo Lugones en una expedicin a Misiones, financiada por el Min isterio de Educacin, en la que el insigne poeta argentino planeaba investigar una s ruinas de las misiones jesuticas en esa provincia. La excelencia de Quiroga com o fotgrafo hizo que Lugones aceptara llevarlo, y el uruguayo pudo documentar en i mgenes ese viaje de descubrimiento. La profunda impresin que le caus la jungla misionera marcara su vida para siempre: seis meses despus Quiroga invirti el ltimo dinero que le quedaba de su herencia (si ete mil pesos) en comprar unos campos algodoneros en el Chaco, ubicados a siete kilmetros de Resistencia, a orillas del Ro Saladito. El proyecto fracas en el aspec to econmico, principalmente por problemas de Quiroga con sus peones aborgenes, per o la vida de Horacio se enriqueci al convertirse, por primera vez, en un hombre d e campo. Su narrativa, en consecuencia, se benefici con el profundo conocimiento de la cultura rural y de sus hombres, en un cambio estilstico que el escritor man tendra para siempre. Cuentista Al regresar a Buenos Aires luego de su fallida experiencia en el Chaco, Quiroga abraz la narracin breve con pasin y energa. Fue as que en 1904 public el notable libro de relatos El crimen de otro, fuertemente influido por el estilo de Edgar Allan Poe, que fue reconocido y elogiado, entre otros, por Jos Enrique Rod. Estas prime ras comparaciones con el Maestro de Boston no molestaban a Quiroga, que las escuch ara con complacencia hasta el fin de su vida, respondiendo a menudo que Poe era s u primer y principal maestro.
Durante dos aos Quiroga trabaj en multitud de cuentos, muchos de ellos de terror r ural, pero otros en forma de deliciosas historias para nios pobladas de animales que hablan y piensan sin perder las caractersticas naturales de su especie. A est a poca pertenecen la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje co n Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y su so berbio y horroroso El almohadn de plumas, publicado en la celebrrima revista argen tina Caras y Caretas en 1905, que lleg a publicar ocho cuentos de Quiroga al ao. A poco de comenzar a publicar en ella, Quiroga se convirti en un colaborador famos o y prestigioso, cuyos escritos eran buscados vidamente por miles de lectores. El amor y la selva En 1906 Quiroga decidi volver a su amada selva. Aprovechando las facilidades que el gobierno ofreca para la explotacin de las tierras, compr una chacra (junto con V icente Gozalbo) de 185 hectreas en la provincia de Misiones, sobre la orilla del Alto Paran, y comenz a hacer los preparativos destinados a vivir all, mientras ensea ba Castellano y Literatura. Durante las vacaciones de 1908, el literato se traslad a su nueva propiedad, cons truyendo las primeras instalaciones y comenzando a edificar el bungalow donde se establecera. Enamorado de una de sus alumnas la adolescente Ana Mara Cires, le dedic su primera n ovela, titulada Historia de un amor turbio. Quiroga insisti en la relacin frente a la oposicin de los padres de la alumna obteniendo por fin el permiso para casars e y llevarla a vivir a la selva con l. Los suegros de Quiroga, preocupados por lo s riesgos de la vida salvaje, siguieron al matrimonio y se trasladaron a Misione s con su hija y yerno. As, pues, el padre de Ana Mara, su madre y una amiga de est a, se instalaron en una casa cercana a la vivienda del matrimonio Quiroga. En 1911 Ana Mara dio a luz a su primera hija, Egl Quiroga, en su casa de la selva. Durante ese mismo ao, el escritor comenz la explotacin de sus yerbatales en socied ad con su amigo uruguayo Vicente Gozalbo y, al mismo tiempo, fue nombrado Juez d e Paz (funcionario encargado de mediar en disputas menores entre ciudadanos priv ados y celebrar matrimonios, emitir certificados de defuncin, etc.) en el Registr o Civil de San Ignacio. Las tareas de Quiroga como funcionario merecen mencin apa rte: olvidadizo, desorganizado y descuidado, tom la costumbre de anotar las muert es, casamientos y nacimientos en pequeos trozos de papel a los que archivaba en una lata de galletas. Ms tarde adjudicara conductas similares al personaje de uno de sus cuentos. Al ao siguiente naci su hijo menor, Daro. En cuanto los nios aprendieron a caminar, Quiroga decidi ocuparse personalmente de su educacin. Severo y dictatorial, exiga q ue cada pequeo detalle estuviese hecho segn sus exigencias. Desde muy pequeos, los acostumbr al monte y a la selva, exponindolos a menudo midiendo siempre los riesgos al peligro, para que fueran capaces de desenvolverse solos y de salir de cualqui er situacin. Fue capaz de dejarlos solos en la jungla por la noche o de obligarlo s a sentarse al borde de un alto acantilado con las piernas colgando en el vaco. El varn y la nia, sin embargo, no se negaban a estas experiencias que aterrorizaban y exasperaban a su madre y las disfrutaban. La hija aprendi a criar animales silv estres y el nio a usar la escopeta, manejar una moto y navegar, solo, en una cano a. Industrias rurales y tragedia Entre 1912 y 1915 el escritor, que ya tena experiencia como algodonero y yerbater o, emprendi una denodada bsqueda de salidas econmicas mediante la explotacin de los recursos naturales de sus tierras. Destil naranjas, fabric carbn, elabor resinas y m uchas otras actividades similares, pero slo cosech fracasos monetarios. Mientras tanto, criaba ganado, domesticaba animales salvajes, cazaba y pescaba c on profusin. La literatura sigui siendo, en esta etapa, el norte de su vida: la re vista Fray Mocho de Buenos Aires public numerosos cuentos de Quiroga, muchos de e llos ambientados en la selva y poblados de personajes tan naturalistas que parec en reales. Pero la esposa de Quiroga no estaba contenta: no lograba adaptarse a la vida sel vtica y peda a su esposo, una y otra vez, que regresaran a Buenos Aires o, si l que ra quedarse, que le permitiera volver sola. Ante la cerrada negativa del literato
a ambas posibilidades, e inmersa en una gravsima crisis depresiva, Ana Mara sum un a nueva tragedia en la vida de Quiroga, suicidndose con veneno en 1915 despus de u na violenta pelea con el escritor. Sufri una espantosa agona de ocho das, muriendo luego entre horribles sufrimientos y dejando a Horacio y a los nios sumidos en la ms oscura desesperacin. Buenos Aires Tras el suicidio de su esposa, Quiroga se traslad con sus hijos a Buenos Aires, d onde recibi un cargo de Secretario Contador en el Consulado General uruguayo en e sa ciudad, tras arduas gestiones de unos amigos orientales que deseaban ayudarlo . A lo largo del ao 1917 habit con los nios en un stano de la avenida Canning (hoy Ral Scalabrini Ortiz) 164, alternando sus labores diplomticas con la instalacin de un taller en su vivienda y el trabajo en muchos relatos que iban siendo publicados en prestigiosas revistas como las ya mencionadas, P.B.T. y Pulgarcito. La mayora de e llos fueron recopilados por Quiroga en varios libros, el primero de los cuales f ue Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) (por decisin expresa del autor, e l ttulo no lleva coma).5 La redaccin del libro le haba sido solicitada por el escri tor Manuel Glvez, responsable de Cooperativa Editorial de Buenos Aires, y el volu men se convirti de inmediato en un enorme xito de pblico y de crtica, consolidando a Quiroga como el verdadero maestro latinoamericano del relato breve. 5 Al ao siguiente se estableci en un pequeo departamento de la calle Agero, al tiempo que apareci su celebrado Cuentos de la selva, coleccin de relatos infantiles prota gonizados por animales y ambientados en la selva misionera. Quiroga dedic este li bro a sus hijos, que lo acompaaron durante ese perodo de pobreza en el hmedo stano d e dos pequeas habitaciones y cocina-comedor. Con dos importantes ascensos en el escalafn consular (primero a cnsul de distrito de segunda clase y luego a cnsul adscrito) lleg tambin su nuevo libro de cuentos, E l salvaje (1919). Al ao siguiente, siguiendo la idea del Consistorio, fund Quiroga la Agrupacin Anaconda, un grupo de intelectuales que realizaba actividades cultu rales en Argentina y Uruguay. Su nica obra teatral (Las Sacrificadas) se public en 1920 y se estren en 1921, ao en que sala a la venta Anaconda y otros cuentos, otro libro de cuentos. El importantsimo diario argentino La Nacin comenz tambin a public ar sus relatos, que a estas alturas gozaban ya de una impresionante popularidad. Colabor tambin en La Novela Semanal. Entre 1922 y 1924, Quiroga particip como secr etario de una embajada cultural a Brasil (cuya Academia de Letras lo distingui es pecialmente) y, de regreso, vio publicado su nuevo libro: El desierto (cuentos). Por mucho tiempo el escritor se dedic a la crtica cinematogrfica, teniendo a su car go la seccin correspondiente de la revista Atlntida, El Hogar y La Nacin. Tambin esc ribi el guion para un largometraje (La jangada florida) que jams lleg a filmarse. Poc o tiempo despus, fue invitado a formar una Escuela de Cinematografa. El proyecto, financiado por inversionistas rusos y que contara con la inclusin de Arturo S. Mom , Gerchunoff y otros, no prosper. Nuevos amores Poco despus, Horacio regres a Misiones. Nuevamente enamorado, esta vez era de una joven de 17 aos, Ana Mara Palacio, intent convencer a los padres de que la dejasen ir a vivir con l a la selva. La negativa de stos y el consiguiente fracaso amoroso inspir el tema de su segunda novela, Pasado amor, publicada en 1929. En ella nar ra, como componentes autobiogrficos de la trama, las mil estratagemas que debi pra cticar para conseguir acceso a la muchacha: arrojando mensajes por la ventana de ntro de una rama ahuecada, envindole cartas escritas en clave e intentando cavar un largo tnel hasta su habitacin para secuestrarla. Finalmente, cansados ya del pr etendiente, los padres de la joven la llevaron lejos y Quiroga se vio obligado a renunciar a su amor. En una parte de su vivienda, Horacio instal un taller en el que comenz a construir una embarcacin a la que bautizara Gaviota. En su casa ahora convertida en astillero f ue capaz de concluir esta obra y, puesta ya en el agua, la pilote ro abajo desde S an Ignacio hasta Buenos Aires, realizando con ella numerosas expediciones fluvia les. A principios de 1926 Quiroga volvi a Buenos Aires y alquil una quinta en el partid
o suburbano de Vicente Lpez. En la cspide misma de su popularidad, una importante editorial le dedic un homenaje, del que participaron, entre otros, figuras litera rias como Arturo Capdevila, Baldomero Fernndez Moreno, Benito Lynch, Juana de Iba rbourou, Armando Donoso y Luis Franco. Amante de la msica clsica, Quiroga asista con frecuencia a los conciertos de la Aso ciacin Wagneriana, aficin que altern con la lectura incansable de textos tcnicos y m anuales sobre mecnica, fsica y artes manuales. Para 1927, Horacio haba decidido criar y domesticar animales salvajes, mientras p ublicaba su nuevo libro de cuentos, quiz el mejor, Los desterrados. Pero el enamo radizo artista haba fijado ya los ojos en la que sera su ltimo y definitivo amor: M ara Elena Bravo, compaera de escuela de su hija Egl, que sucumbi a sus reclamos y se cas con l en el curso de ese mismo ao sin haber cumplido 20 aos. Amistades literarias Adems de los ya mencionados Leopoldo Lugones y Jos Enrique Rod, la infatigable labo r de Quiroga en el mbito literario y cultural le granje la amistad y admiracin de g randes e influyentes personalidades. De entre ellos se destacan la poeta argenti na Alfonsina Storni y el escritor e historiador Ezequiel Martnez Estrada. Quiroga llamaba cariosamente a este ltimo mi hermano menor. Caras y Caretas, mientras tanto, public diecisiete artculos biogrficos escritos por Quiroga, dedicados a personajes como Robert Scott, Luis Pasteur, Robert Fulton, H.G. Wells, Thomas de Quincey y otros. En 1929 Quiroga experiment su nico fracaso de ventas: la ya citada novela Pasado a mor, que solo vendi en las libreras la exigua cantidad de cuarenta ejemplares. A l a vez comenz a tener graves problemas de pareja. Otra vez la selva A partir de 1932 Quiroga se radic por ltima vez en Misiones, en lo que sera su reti ro definitivo, con su esposa y su tercera hija (Mara Elena, llamada Pitoca, que haba nacido en 1928). Para ello, y no teniendo otros medios de vida, consigui que se promulgase un decreto trasladando su cargo consular a una ciudad cercana. Los ce los dominaban a Quiroga, quien pens que en medio de la selva podra vivir tranquilo con su mujer y la hija de su segundo matrimonio. Pero un avatar poltico provoc un cambio de gobierno, que no quiso los servicios de l escritor y lo expuls del consulado. Algunos amigos de Horacio, como el escritor salteo (de Salto, Uruguay) Enrique Amorim, tramitaron la jubilacin argentina para Quiroga. Comenzando a partir de este problema, el intercambio epistolar entre Q uiroga y Amorm se hizo numeroso. Las cartas que se conservan demuestran que Horac io haca partcipe a su confidente de la mayor parte de sus problemas casi todos de nd ole ntima y familiar, pidindole consejos y ayuda: a la mujer de Quiroga al igual que su infortunada antecesora no le gustaba la vida en el monte y las peleas y viole ntas discusiones se volvieron diarias y permanentes. En esta poca de frustracin y dolor sali a la venta una coleccin de cuentos ya public ados titulada Ms all (1935). A partir de su inters en las obras de Munthe e Ibsen, Quiroga se decant por nuevos autores y estilos, y comenz a planear su autobiografa. La enfermedad, el abandono, el final En ese ao de 1935 Quiroga comenz a experimentar molestos sntomas, aparentemente vin culados con una prostatitis u otra enfermedad prosttica. Las gestiones de sus ami gos dieron frutos al ao siguiente, concedindosele una jubilacin. Al intensificarse los dolores y dificultades para orinar, su esposa logr convencerlo de trasladarse a Posadas, ciudad en la cual los mdicos le diagnosticaron hipertrofia de prstata. Pero los problemas familiares de Quiroga continuaran: su esposa e hija lo abandon aron definitivamente, dejndolo solo y enfermo en la selva. Ellas volvieron a Buenos Aires, y el nimo del escritor decay completamente ante esta grave prdida. Cuando el estado de la enfermedad prosttica hizo que no pudiese aguantar ms, Horac io viaj a Buenos Aires para que los mdicos tratasen sus padecimientos. Internado e n el prestigioso Hospital de Clnicas de Buenos Aires a principios de 1937, una ci ruga exploratoria revel que sufra de un caso avanzado de cncer de prstata, intratable e inoperable. Mara Elena, entristecida, estuvo a su lado en los ltimos momentos, as como gran parte de su numeroso grupo de amigos. Por la tarde del 18 de febrero, una junta de mdicos explic al literato la gravedad de su estado. Algo ms tarde, Quiroga pidi permiso para salir del hospital, lo que
le fue concedido, y pudo as dar un largo paseo por la ciudad. Regres al hospital a las 23. Al ser internado Quiroga en el Clnicas, se haba enterado de que en los stanos se en contraba encerrado un monstruo: un desventurado paciente con espantosas deformid ades similares a las del tristemente clebre ingls Joseph Merrick (el Hombre Elefant e). Compadecido, Quiroga exigi y logr que el paciente llamado Vicente Batistessa fuer a liberado de su encierro y se lo alojara en la misma habitacin donde estaba inte rnado el escritor. Como era de esperar, Batistessa se hizo amigo y rindi adoracin eterna y un gran agradecimiento al gran cuentista. Desesperado por los sufrimientos presentes y por venir, y comprendiendo que su v ida haba acabado, el soberbio Horacio Quiroga confi a Batistessa su decisin: se ant icipara al cncer y abreviara su dolor, a lo que el otro se comprometi a ayudarlo. Es a misma madrugada (19 de febrero de 1937) y en presencia de su amigo, Horacio Qu iroga bebi un vaso de cianuro que lo mat pocos minutos despus entre espantosos dolo res.6 Su cadver fue velado en la Casa del Teatro de la Sociedad Argentina de Escr itores (SADE) que lo cont como fundador y vicepresidente. Tiempo despus, sus resto s fueron repatriados a su pas natal. Su obra Seguidor de la escuela modernista fundada por Rubn Daro y obsesivo lector de Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, Quiroga se sinti atrado por temas que abarcaban lo s aspectos ms extraos de la Naturaleza, a menudo teidos de horror, enfermedad y suf rimiento para los seres humanos. Muchos de sus relatos pertenecen a esta corrien te, cuya obra ms emblemtica es la coleccin Cuentos de amor de locura y de muerte. Por otra parte se percibe en Quiroga la influencia del britnico Rudyard Kipling ( Libro de las tierras vrgenes), que cristalizara en su propio Cuentos de la selva, delicioso ejercicio de fantasa dividido en varios relatos protagonizados por anim ales. Su Declogo del perfecto cuentista, dedicado a los escritores noveles, establece c iertas contradicciones con su propia obra. Mientras que el declogo pregona un est ilo econmico y preciso, empleando pocos adjetivos, redaccin natural y llana y clar idad en la expresin, en muchas de sus relatos Quiroga no sigue sus propios precep tos, utilizando un lenguaje recargado, con abundantes adjetivos y un vocabulario por momentos ostentoso. Al desarrollarse an ms su particular estilo, Quiroga evolucion hacia el retrato rea lista (casi siempre angustioso y desesperado) de la salvaje Naturaleza que lo ro deaba en Misiones: la jungla, el ro, la fauna, el clima y el terreno forman el an damiaje y el decorado en que sus personajes se mueven, padecen y a menudo mueren . Especialmente en sus relatos, Quiroga describe con arte y humanismo la tragedi a que persigue a los miserables obreros rurales de la regin, los peligros y padec imientos a que se ven expuestos y el modo en que se perpeta este dolor existencia l a las generaciones siguientes. Trat, adems, muchos temas considerados tab en la s ociedad de principios del siglo XX, revelndose como un escritor arriesgado, desco nocedor del miedo y avanzado en sus ideas y tratamientos. Estas particularidades siguen siendo evidentes al leer sus textos hoy en da. Algunos estudiosos de la obra de Quiroga opinan que la fascinacin con la muerte, los accidentes y la enfermedad (que lo relaciona con Edgar Allan Poe y Baudelair e) se debe a la vida increblemente trgica que le toc en suerte. Sea esto cierto o n o, en verdad Horacio Quiroga ha dejado para la posteridad algunas de las piezas ms terribles, brillantes y trascendentales de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Anlisis de su obra En su primer libro, Los arrecifes de coral, compuesto por 18 poemas, 30 pginas de prosa potica y 4 relatos, Quiroga pone en evidencia su inmadurez y confusin adole scente. Punto aparte para los relatos, en los cuales est ya en germen el estilo m odernista y naturalista que identificara al resto de su obra. Sus dos novelas Historia de un amor turbio y Pasado amor tratan sobre el mismo t ema que obsesionaba al autor en su vida personal: los amores entre hombres maduros y jovencitas adolescentes. En la primera de ellas Quiroga divide la accin en tres etapas. En la primera, una nia de 9 aos se enamora de un hombre adulto. En la segunda parte, el hombre, que
no se haba percatado del amor de la nia, pasados ocho aos (ella tiene ahora 17) com ienza a cortejarla. En la tercera parte el hombre narra la ltima etapa de su amor : han pasado diez aos desde que la joven lo ha abandonado. La accin se inicia aqu: es el tiempo presente de la novela. En Pasado amor la historia se repite: un hombre maduro regresa a un lugar luego de aos de ausencia y se enamora de una jovencita a la que haba amado siendo nia. Conociendo la historia personal de Quiroga, se evidencian las caractersticas auto biogrficas de ambas novelas: hasta el nombre de la protagonista de Historia de un amor turbio es Egl (as se llamaba la hija de Quiroga, de una de cuyas compaeritas se enamor el escritor y que llegara a ser su segunda esposa). Los avatares erticos de Quiroga con muchachas muy jvenes pueblan el drama de estas dos novelas, con especial hincapi en la oposicin de sus padres, rechazo que Quiro ga haba aceptado como parte integrante de su vida y con el que debi lidiar siempre . Dejando a un lado el teatro de Quiroga, poco difundido y al que los crticos siemp re han llamado un error, lo ms trascendente de su obra son los cuentos cortos, gnero en que el autor alcanza la madurez, impulsando en el mismo sentido a toda la na rrativa latinoamericana. Es Horacio Quiroga el primero que se preocupa por los aspectos tcnicos de la narr ativa breve, puliendo incansablemente su estilo (para lo cual vuelve y rebusca s iempre sobre los mismos temas) hasta alcanzar la casi perfeccin formal de sus ltim as obras. Claramente influido por Rubn Daro y los modernistas, poco a poco el modernismo del oriental comienza a volverse decadente, describiendo a la naturaleza con minuci osa precisin pero dejando en claro que la relacin de ella con el hombre siempre re presenta un conflicto. Extravos, lesiones, miseria, fracasos, hambre, muerte, ata ques de animales, todo en Quiroga plantea el enfrentamiento entre naturaleza y h ombre tal como lo hacan los griegos entre Hombre y Destino. La naturaleza hostil, por supuesto, casi siempre vence en la narrativa quiroguiana. La morbosa obsesin de Quiroga por el tormento y la muerte es aceptada mucho ms fcil mente por los personajes que por el lector: la tcnica narrativa del autor present a protagonistas acostumbrados al riesgo y al peligro, que juegan segn reglas clar as y especficas. Saben que no deben cometer errores porque la selva no perdona, y , al caer, lo hacen con algo de espritu deportivo y suelen morir, dejando al lector ansioso y angustiado. La naturaleza es ciega pero justa; los ataques sobre el campesino o el pescador (un enjambre de abejas enfurecidas, un yacar, un parsito hematfago, una serpiente, la crecida, lo que fuese) son simplemente lances de un juego espantoso en el que el hombre intenta arrancar a la naturaleza unos bienes o recursos (como intent Q uiroga en la vida real) que ella se niega en redondo a soltar; una lucha desigua l que suele terminar con la derrota humana, la demencia, las muertes o, simpleme nte, con la desilusin. Hipersensible y excitable, dado a amores imposibles, frustrado en sus empresas c omerciales pero an as emocional y sumamente creativo, Quiroga abrev en su propia vi da trgica y en la naturaleza a la que estudi y padeci, con su frrea voluntad de trab ajador y su sutil mirada de minucioso observador para construir una obra narrati va a la que la mayor parte de los crticos consideraron (y an consideran) poticamente autobiogrfica. Tal vez en este realismo interno u orgnico de las piezas de Quiroga re ida el irresistible encanto que an hoy ejercen sobre los lectores, que, sin darse cuenta, descubren en sus pginas la verdadera naturaleza del escritor que, tal ve z como muy pocos en la literatura latinoamericana, fue capaz de susurrar sus pro pias palabras al odo, aunque a veces el murmullo se transforme en un grito desesp erado.