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Estrellas vivas. Antología de poesía cursi
Estrellas vivas. Antología de poesía cursi
Estrellas vivas. Antología de poesía cursi
Libro electrónico276 páginas1 horaEspañol

Estrellas vivas. Antología de poesía cursi

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¡Cursi! ¿Pero qué es eso? ¿Un insulto? ¿Un piropo? ¿Un adjetivo neutro, tipo «azul», «ondulado»? En esta antología de poesía, de carácter transatlántico, reunimos a doce poetas que dialogan a través de este concepto escurridizo, profundamente cargado de significado y que está ligado directamente con varias preguntas importantes de nuestro presente. Estrellas vivas introduce por primera vez el estudio de las cursilerías a través de una antología precedida por una introducción crítica que problematiza y celebra, enreda y desenreda qué nos atrae y qué nos repele de la poesía cursi. La sentimentalidad exacerbada, el juego que hace explotar el decoro, la feminidad hiperbólica y a veces el amor y las tonterías se unen aquí, en esta constelación repleta de vida y de vidas.
Selección e introducción crítica de Berta García Faet y Juanpe Sánchez López. Con poemas de:

Fernanda Laguna, argentina, nacida en 1972.

¡Qué suerte que no soy Cecilia!
Así puedo mirarla...

Marina Mariasch, argentina, nacida en 1973.

voy a tener que elegir entre decir la verdad y tener novio
me parece

Víctor López Zumelzu, chileno, nacido en 1982.

Yo a veces pienso en Bárbara y en el verano como un tatuaje espumoso en el corazón de todos los surfistas...

Mariano Blatt, argentino, nacido en 1983.

dios gustaba tanto de vos
que desapareció
y bue ahí se inventó la poesía...

Luis Eduardo García, mexicano, nacido en 1984.

Suena estúpido, pero tuve una visión del futuro.
Vi que alguien anotó al margen de este poema
«demasiado lirismo dulzón». Así que estoy
en un dilema, ¿debo cambiar el lirismo
dulzón por algo más templado (tal vez algo
experimental en el que cada tres versos
se repita la palabra «decolonizar»)
o debo ceñirme al comentario
y escribir esto con letras de miel?...

Tuti Curani, argentina, nacida en 1990.

ahora tu abrazo es un sweater nuevo que emociona

María Belén Milla Altabás, peruana, nacida en 1991.

quise hablar de tu corazón
semitransparente entre overoles y bebés
no de mi daño individual, no de la piel
bronceada de mi exnovio Arquíloco de
Paros

Alba Flores Robla, española, nacida en 1992.

pienso en los amigos que ahora no conozco

Kevin Castro, peruano, nacido en 1993.

y esos niños serían los rockstars de la nueva literatura
y los nuevos poetas serían menores de diez años

Adrián Maceda, gallego, nacido en 1997 (por decisión del autor, los poemas en gallego no se han traducido al castellano).

e fosforescemos?

Juan Carlos Panduro, español, nacido en 1998.

los chicos saben al pan duro que comen los patos

Paula Melchor, española, nacida en el 2000.

Pienso mucho en cómo me gustaría
poder ser feliz en cualquier sitio.
IdiomaEspañol
EditorialLetraversal
Fecha de lanzamiento13 mar 2026
ISBN9791399098457
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    Estrellas vivas. Antología de poesía cursi - Fernanda Laguna

    INTRODUCCIÓN

    ¡Cursi! ¿Pero qué es eso? ¿Un insulto? ¿Un piropo? ¿Un adjetivo neutro, tipo «azul», «ondulado»?

    Comencemos por decir que «cursi» es una palabra muy cargada, y sin embargo confusa. Significa cosas muy distintas según quién y cómo la pronuncie. Provoca reacciones fuertes. Pero confiemos en poder salir un poco del lío. Explicándonos algo. Lo que se pueda. Todo no se va a poder explicar, eso lo adelantamos.

    La obra de las poetas que recogemos en esta antología es muy heterogénea. Tanto en relación consigo mismas (en algunas, sus poéticas han ido variando con el tiempo) como entre ellas. Por ejemplo, podríamos decir que, si el criterio para estudiar sus diferencias fuera la densidad retórica o la falta de ella, en un extremo estaría la poesía (a primera vista) planísima de Fernanda Laguna y, en otro, la poesía tupida de María Belén Milla Altabás. Y así podríamos estampillar muchos otros contrastes, de grado o rotundos. Lo que pasa es que aquí no nos importan demasiado. Creemos que la escritura lírica de estas autoras, a veces (es una cuestión de fogonazos en unas; en otras, algo así como un proyecto), comparte una cierta cursilería.

    ¿Qué es la cursilería?

    Cosa complicada. Hay mucha bibliografía al respecto, mucho debate... Como concepto hay quien lo fusiona con el kitsch, con el camp, con lo «cute»... Nosotras queremos que todo ese fondo, que hemos querido estudiar porque somos muy estudiosas, la verdad, quede por debajo, y traer a escena nuestra visión.

    Distinguimos dos modos de lo cursi, aplicado a la poesía. El primero no nos interesa demasiado. Llamémosle «cursi

    i

    ». No queremos decir que se trate de poesía cursi «mala» o incluso de «falsa poesía» (un aparte: si sí quisiéramos decirlo, estaríamos, entre otras cosas, haciendo un uso peyorativo de lo cursi que entronca con el clasismo inherente a la acuñación de lo cursi y del kitsch en el siglo

    xix

    y primeras décadas del

    xx

    ). Sí queremos decir que no nos interpela porque lo que hace esta poesía es insistir en estereotipos (ideológicos) y clichés (estilísticos) que tienen que ver con viejas asociaciones entre la poesía y la hiper-sentimentalidad qua hiper-feminidad y viceversa. Digamos que esta poesía, o momentos de ella, hace un uso de ciertos códigos (mundos referenciales, tácticas lingüísticas) tan repetido, monocromo, acrítico y poco íntimo (la paradoja es que esta poesía se pretende muy íntima…) que nos resulta cansino.

    Aunque, ¡ay!, la crítica cultural nos fuerza, en este punto, a compartir viaje con compañeros indeseables, de tics un tanto misóginos. Porque hay quien desprecia este tipo de poesía cursi, que en efecto a nosotras tampoco nos suele apasionar, por razones que no compartimos. Su énfasis está en que es una poesía demasiado emocional. Implícita o explícitamente, demasiado «de mujeres» (o «para mujeres»). En cambio nuestro énfasis está en que esta poesía se está demasiado quieta: toma como verdades inmutables ciertos (y bastantes) lugares comunes.

    (Habla Juanpe: Nos referimos a esa poesía que usa de forma determinada palabras o expresiones o estructuras o formas que están tan cristalizadas que casi –o no tan casi– han perdido su significado, su potencia lírica. Un ejemplo para mí bastante claro es el uso reiterado y estereotípico que se ha hecho en la poesía de la imagen de la luna y que resulta muchas veces perezoso o poco ingenioso o empalagoso y casi siempre poco propositivo. Y sin embargo, por ejemplo, aquí el uso que hacen las autoras de la imagen manida es o juguetona o de desvío o confrontacional y/o muchas cosas más. Es decir, proponen movimiento. ¿Qué es ese movimiento? Difícil de definir porque en cada caso puede suponer algo diferente, pero sí que alude a ese conocimiento de que hay algo enquistado o enquilosado o poco ventilado o estático o inactivado que necesita ser puesto en movimiento. ¿Es consciencia sobre la tradición? Puede ser, pero no sólo poética. Y en este sentido, el uso que hacen las autoras que aquí reunimos de la imagen de la luna, por ejemplo, es ilustrativo de ese movimiento –que puede ser juego o rechazo o mil cosas más, ya digo–: como en los versos de Fernanda Laguna «La luna nos saluda / y se esconde en el cielo violeta»; o en los de Adrián Maceda «Tú pides yo espacio, u nos solidamos, / pezón purpurina de mínima luna, / únicas demás y mimos».)

    (Habla Berta: esta poesía «cursi

    i

    », para mí, tiene mucho que ver con haber aceptado que la única manera de hacer poesía es mediante la metáfora racional —con algún que otro toque de oralidad—. Me parece bien la metáfora racional, pero puede haber vida más allá de ella… Veo en este tipo de poesía poca pregunta y demasiada respuesta, y poca curiosidad por las grandes aventuras —estéticas en tanto que éticas, políticas, religiosas…— que han vivido o están viviendo otras escritoras, hoy y ayer, aquí y en todas partes. Y aquí caben dos acotaciones. La primera, que la poesía «cursi

    i

    » no tiene por qué reproducir los códigos de la hiper-sentimentalidad y la hiper-feminidad. Se me hacen cursis de este primer modo también otro tipo de poéticas, o casos concretos de ellas, que bien pueden dedicarse a «xerogragiar» otra clase de leitmotiv. Vamos, que puede haber «cursilería

    i

    » hasta en la mal llamada «poesía del silencio», no sólo en la mal llamada «poesía confesional». Al final, es una cuestión de entrega o no entrega al rastreo existencial y estético, y de ejecución. Así que nadie estamos a salvo de ser cursis… Y oye, tampoco pasaría nada. Nuestro enfoque en esta antología no es prescriptivo, es descriptivo —por inducción— y loativo de las obras que más nos llaman a loarlas; desinteresado, pero no necesariamente hostil, a las que no. Segundo: qué cuenta como lugar común y poesía trillada y qué cuenta como deseo de cruzarlo y destrillarla es algo que depende de cuál sea el status quo ideológico y estilístico de cada tiempo y espacio. Por esta razón, qué ha de ser «cursi

    i

    » y qué no es algo sujeto al cambio histórico, al contexto, a la comparación. ¡Es más! Muchas de las poéticas que amamos beben de viejas «cursilerías

    i

    ». ¿Cómo olvidarnos del sustrato modernista? ¡Y más todavía! Muchas de las poéticas que amamos son tan peculiares que no sabemos bien si ubicarlas en el universo de lo «cursi

    i

    », o no, o a medias…)

    El segundo modo de poesía cursi sí nos interesa. Llamémoslo, claro, «cursi

    ii

    ». Coincide con la «cursi

    i

    » en su sentimentalidad casi siempre sin decoro y en su feminidad insistente, hiperbólica. En un afán de no reprimirse: una expresión subjetiva y emotiva (autobiográfica o no, autoficcional o no, es igual). Y en un nombrar afectos y universos que con frecuencia se leen, desde la mirada rápida y hegemónica que no entiende de capas, como «típicos de las cosas de chicas» (otra paradoja: estas «cosas de chicas»... ¡bien que las poetizaban los señores románticos decimonónicos con tremenda rimbombancia!). Temáticas asiduas: amores, desamores… Más últimamente: amistades, hijidades, animalidades, «queeridades»… Pero importante: este tipo de poesía sabe, y nos deja saber que sabe, que está haciendo uso de una constelación de códigos muy connotados. No desconoce ni este pasado connotativo ni su vibración polémica. Convenciones, parentelas, motivos que tienen su historia, su historia de su recepción, su historia de malentendidos arrastrados y vueltos a arrastrar. Por eso más que de cursilería podríamos hablar de «neocursilería» o «post-cursilería» o «cursilería con un twist».¹ No sabemos cómo llamarla que no quede largo y raro... O, peor, postmoderno (¡de veras que no quisiéramos que nuestra cursilería se «camp-izara», por favor…!). Así que dejémoslo así: «cursilería

    ii

    ». Existe como fenómeno poético diferenciado (aunque poroso y variable), y vale la pena prestarle atención.

    Ahora: ¿qué es eso de hacer uso de códigos connotados… más o menos a sabiendas? Es importante aclarar que no es que estas poetas, en estos poemas, no se tomen en serio esos códigos: no es que sean pura broma, no es que los satiricen, ridiculicen y por esa vía los impugnen (en una especie de voltereta que terminara por instituir lo anti-cursi en el corazón de lo cursi). Puede que esto sí ocurra de vez en cuando. Lo más habitual, sin embargo, es que esa utilización más o menos consciente de los códigos que solemos asociar con lo «cursi

    i

    » (sentimentalidad, feminidad y un cierto «mal hacer», ya sea por exceso —churruguerismo fallido— o por defecto —sencillez que no logra sino simplonería—) vaya más allá de la intención irónica. Tal vez podamos hablar de post-ironía y de meta-ironía, en ciertos casos. Pero quizás sea más fácil y más verdad hablar de juego. Porque cuando jugamos, creemos y no creemos en esa otra realidad que alza el juego: creemos en ella mientras estamos «dentro» de él… Pero si acaso alguien pinchara nuestra burbuja y nos preguntara qué tal, diríamos que no nos olvidamos de que sigue habiendo un

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